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La Misión Hoyos y el cheque en blanco alemán: 5 y 6 de julio

05 Jul

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Hoyos, A, street scene5.JPG

Alexander Hoyos

La indecisión en Viena surgía por ser conscientes Berchtold y Hötzendorf que el juego de alianzas en Europa (la Triple Alianza contra la Triple Entente) podría generar una guerra a escala europea, siendo que se esperaba gestiones de diplomacia para evitarlo y así las grandes potencias dejaran que los austrohúngaros atacasen Serbia sin interferencias. Así, Austria-Hungría deseaba el respaldo de Alemania a sus acciones, pero que también la diplomacia de ambas potencias evitara una intervención militar de Rusia. De hecho, tanto en Viena como en Berlín se sabía que una intervención rusa en favor de Serbia implicaba que inmediatamente Francia, como aliada de Rusia, interviniera en la lucha. Otro escenario preocupante para Alemania era que en apoyo de Francia participe Gran Bretaña en la probable contienda, siendo así necesario para los diplomáticos alemanes evitar a toda costa la intervención británica y procurar la neutralidad del gobierno de Londres.

Ante esta situacón, el gobierno austrohúngaro dispuso enviar un “representante especial” a Berlín, el conde Alexander Hoyos, para interceder personalmente ante el canciller alemán Bethmann-Hollweg como enviado del emperador Francisco José. El 5 y 6 de julio, Erich von Falkenhayn y otros altos mandos militares del Reichsheer apoyaron al káiser Guillermo II y al canciller Bethmann-Hollweg para dar al embajador del Imperio austrohúngaro y al enviado especial de Franz Joseph I, Alexander Hoyos, la tranquilidad de que Alemania, en virtud de lo pactado en Triple Alianza, apoyaría sin reserva las acciones que el Imperio austrohúngaro sostuviese contra Serbia, aunque Bethmann-Hollweg se abstuvo de fijar algún límite a tales “acciones” descritas por Austria.

La necesidad de justificar una agresión austriaca como represalia debería tener un buen sustento ante la opinión pública europea, con el fin de poner a Rusia en una situación embarazosa donde no cupiera defender en modo alguno a Serbia. Para esto, Berchtold y Bethmann-Hollweg pactaron redactar un ultimátum a Serbia con el cual se pretendía humillar al pequeño reino y dar motivos a la intervencipon militar; de hecho el ultimátum debería quedar proyectado con condiciones tan humillantes que la corte de Belgrado jamas pudiera aceptarlas bajo riesgo de afrontar una revuelta interna.

Por otro lado, desde el 10 de julio se realizaban reuniones de alto nivel en San Petersbugo donde los jefes militares y navales de Rusia aseguraban al gobierno del zar Nicolás II que el país no estaba preparado para una guerra a gran escala contra Austria-Hungría, y menos todavía contra Alemania, lo cual hacía muy difícil a Rusia sostener con hechos sus promesas de ayuda a Serbia.

Si bien durante la gestión de los ministros Serguéi Witte y Pyotr Stolipin (muerto en 1911) se había logrado un gran crecimiento económico en Rusia, la aristrocracia zarista no olvidaba las gravísimas convulsiones políticas de 1905, causadas en parte por la derrota bélica contra Japón, lo cual desalentaba a Nicolás II de involucrar a Rusia en una guerra exterior. Si bien la alianza con Francia daba esperanzas a la corte rusa, aún se esperaba que Rusia resistiera un ataque dobe austro-alemán sólo con apoyo francés y británico, e implicando inclusive a Italia en los Balcanes si fuera necesario.

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Publicado por en 5 julio, 2014 en 1914

 

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