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Archivos diarios: 1 septiembre, 2014

Breve referencia histórica y geográfica de Bélgica en 1914


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Llevamos días hablando de la ocupación de Bélgica y queremos aprovechar para explicar el entorno histórico y geográfico de este país.

El reino de Bélgica lindaba con Francia por el oeste, suroeste y sur. La frontera con Francia tenía en 1914 614 kilómetros; al este limitaba Bélgica con el Gran Ducado de Luxemburgo, con una frontera de 129 kilómetros, la frontera con el Imperio Alemán, localizada también en el este, tenía una extensión de 97 kilómetros. Al norte y noreste confinaba con los Países Bajos, con una frontera de 431 kilómetros. Así mismo su costa del Mar del Norte tenía una extensión de 67 kilómetros.

La suma general del territorio era la de un triángulo irregular, cuya base suroeste se apoya en la frontera con Francia y cuyo remate, confinando con los países bajos, miraba hacia el nordeste.

La superficie total del Reino era de 29.450 kilómetros cuadrados y su población de 7.500.000 habitantes.

Según los historiadores el nombre de Bélgica deriva de una tribu que hacia el siglo II a.C., ocupó al país después de arrojar de la zona a los celtas, que fueron sus primeros pobladores. En esta región considerada parte de las Galias, vivían 47 pueblos o tribus que opusieron gran resistencia a Julio César, que logró dominarlos hacia el año 50 a.C.

La metrópoli de Bélgica en tiempos de los romanos era Duro Castrorum, hoy Reims, y el país sufrió varias divisiones territoriales.

En el siglo VII los habitantes del país eran paganos, pudiéndose decir que hasta el siglo XII no se cristianizaron por completo.

La historia de Bélgica apenas registra hechos de importancia hasta después de la era feudal.

El estado llano comenzó a figurar hacia el siglo XII, tomando fuerza y representación los municipios, hasta el punto que muchas ciudades por sí silas pudieron levantar ejércitos.

Los belgas lucharon especialmente contra los reyes de Francia en la Guerra de los Cien Años, debido a que los intereses materiales y mercantiles llevaban a las ciudades belgas a favorecer la causa de Inglaterra.

En el siglo XI las fábricas, los mercados y las ferias eran numerosos en Bélgica.

En el siglo XII se estableció la unificación de pesas y medidas.

En el siglo XIII l ciudad de Brujas era uno de los depósitos más importantes de la célebre Liga Hanseática.

En el siglo XIV las manufacturas de Bruselas surtían a toda Francia y las naves matriculadas en el puerto de Amberes tenían invadidos casi todos los puertos de Europa con un comercio casi mundial.

La salazón del arenque, el hierro laminado, la talla del diamante, el esmalte, la pintura al óleo y otros inventos tuvieron a Bélgica por su país de origen.

Después de las adquisiciones territoriales en Francia hechas por Felipe el Atrevido y por Felipe el Bueno, los Países Bajos en general y con ellos Bélgica pasaron a la casa de Austria por el casamiento de María, única hija de Carlos el Temerario, último duque de Borgoña, con el archiduque Maximiliano, hijo del emperador de Alemania Federico III.

Al fallecer la duquesa María, su hijo Felipe el Hermoso se casó con doña Juana la Loca, hija de los Reyes de Castilla y, por virtud de ese matrimonio, el estado belga pasó a poder de Carlos V de Alemania y I de España.

Más tarde, en tiempos ya de Felipe II, empezaron las guerras llamadas de Flandes y de los Países Bajos, resultado de las cuales fue le independencia de Holanda, o sea, de las 7 provincias unidas.

La mayor parte de Bélgica, esto es, las provincias católicas, funcionaron continuamente bajo el dominio de España, hasta que, por sucesivos tratados, la Península fue perdiendo territorios y Francia, en 1794, llevó a cabo la invasión y conquista de aquellas provincias.

El tratado de Campo Formio sancionó esto hechos.

Por los tratados de París de 1814 y 1815, Francia perdió Bélgica, que fue unida a Holanda para formar parte de los Países Bajos, hasta que en 1830 los belgas se declararon independientes y ofrecieron la corona al rey Luis Felipe de Francia, que aceptó.

Puede decirse que la independencia de Bélgica se debió casi por completo el apoyo resuelto que le prestó Inglaterra.

Gran Bretaña, con el concurso de Francia, fue en efecto la que firmó la independencia belga, cuando Prusia preparaba ya sus tropas para ayudar a Guillermo I de los Países Bajos a someter la sublevación belga.

Por el artículo 65 del acta final de Congreso de Viena, Bélgica formaba, con las provincias de los Países Bajos, el reino de este nombre, bajo soberanía del príncipe de Orange-Nassau. Sin embargo, Bélgica, eminentemente católica, no aceptaba de buen grado la supremacía de los holandeses protestantes, y el hecho de que Guillermo I persiguiera a los obispos católicos por reclamar contra la ley fundamental del estado, que otorgaba a un príncipe protestante el derecho de intervenir en los asuntos religiosos de los católicos, determinó que los belgas comenzasen a acariciar la idea de lograr la independencia absoluta de su país.

El 26 de agosto de 1830 se alborotó el pueblo de Bruselas y su actitud de rebeldía fue secundada por Lieja.

El movimiento se extendió rápidamente.

Para contener la sublevación el rey Guillermo envió a su hijo el príncipe de Orange, con un ejército que atacó Bruselas, trabándose un sangriento combate en las calles de la ciudad.

Pero el pueblo belga se levantó en masa y los holandeses del rey Guillermo no tuvieron nada que hacer y fueron derrotados.

Por efecto de este descalabro, Guillermo I acudió a las potencias que le aseguraron la posesión de Bélgica.

Rusia y Austria eludieron el compromiso contraído y abandonaron a Guillermo I a su suerte. En cambio Prusia se apresuró a ofrecer su ejército al rey de Holanda, pero, al notificar el embajador de Prusia en París, Barón de Werther, al Ministro de Negocios Extranjeros de Luis Felipe, Conde de Molé, las intenciones de su soberano, se encontró con la declaración de que si las tropas prusianas entraban Bélgica, inmediatamente entrarían en el mismo territorio las francesas.

El Conde de Molé defendió esta actitud invocando el principio de no intervención, adoptado por los prohombres de la revolución de julio, aunque en el fondo tal conducta obedecía a la seguridad que se tenía de que Francia fuese secundad por Inglaterra y a la esperanza de que el trono de Bélgica fuese ocupado por un príncipe de la casa de Orleáns.

El último propósito de Francia no fue secundado por Inglaterra porque si bien esta deseaba la independencia de Bélgica, quería también sustraerla de la influencia francesa.

El protocolo que el 15 de octubre formaron Lord Aberdeen y Mr. Tallyllerand y, precisamente a causa de los citados deseos de Inglaterra, se consiguió que Francia no pretendiese en modo alguno anexionarse Bélgica ni colocar en su trono a un príncipe de su casa; que la definitiva situación de Bélgica se resolvería por virtud de un acuerdo diplomático de las cinco grande potencias y que éstas no se opondrían a establecer como soberano del nuevo estado a un príncipe de la casa de Nassau.

Tan pronto como este protocolo quedó ultimado, Inglaterra se negó resueltamente a atender la demanda de socorro que le hizo Guillermo I.

De no haber existido el acuerdo previo entre Inglaterra y Francia que dejamos trascrito y que constituyó, por decirlo así, la base fundamental de la independencia belga, es casi seguro que Bélgica, al emanciparse de los Países Bajos habría caído en manos de su vecina Francia.

Por fin los representantes de las cinco grandes potencias que debían determinar acerca de la suerte de Bélgica, se reunieron en Londres; pero al iniciarse las conferencias, su Congreso nacional, convocado en Bruselas, declaró la independencia de aquella nación, instauró la monarquía constitucional como forma de gobierno y acordó que los príncipes de la casa de Nassau quedasen excluidos del trono.

Estos sucesos acontecidos en Bruselas hicieron sospechar desde los primeros momentos que aquéllos se habían verificado con la aquiescencia y hasta el apoyo de Francia y que ésta no renunciaba a su propósito de que se coronase rey de Bélgica el Duque de Nemours, hijo segundo de Luis Felipe.

Austria, Rusia, Prusia y esencialmente Inglaterra vieron con disgusto extraordinario los manejos franceses, llegándose a tal tirantez de relaciones con Francia que, durante algunos días, se creyó inminente una conflagración. Si no se llegó a tal extremo fue porque Francia, ante los acontecimientos que se le echaban encima y tal vez no creyéndose lo suficientemente fuerte para hacerles frente, depuso su actitud, cejo e sus ambiciones y cuando una diputación del Congreso belga se presentó en París para ofrecer la corona al Duque de Nemours, el rey declinó el ofrecimiento en nombre de su hijo, publicando el 17 de febrero de 1831 una declaración en la que así lo hizo constatar.

A partir de esa decisión del Rey de Francia, ya nada se opuso a que prosperase la independencia del nuevo reino.

A raíz de la proclamación concertaron varios tratados, firmándose el primero en Londres el 4 de noviembre de 1831, quedando en ellos reconocida la independencia del reino de Bélgica, constituido este por las provincias de Brabante, Lieja, Namur, Hainault, Flandes Oriental y Occidental, parte de Limburgo y Amberes.

El primer soberano belga, Leopoldo I de Coburgo, fue un modelo de reyes constitucionales y ya es su época se inició a gran escala el desarrollo de la riqueza de la nueva nación.

A la muerte de Leopoldo I, acaecida en 1865, subió al trono Leopoldo II, durante cuyo reinado el florecimiento belga llegó a su máximo esplendor. Leopoldo II, que murió al poco tiempo, cedió a Bélgica la propiedad de sus dominios coloniales del Congo africano, conocido a partir de entonces como Congo Belga.

Al no tener sucesión directa Leopoldo II, subió al trono el monarca que reinaba en Bélgica en 1914, Alberto I.

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Publicado por en 1 septiembre, 2014 en Claves

 

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August von Mackensen


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August von Mackensen (Haus Leipnitz (hoy Trossin), Sajonia; 6 de diciembre de 1849 – Burghorn (hoy Habighorst), Baja Sajonia; 8 de noviembre de 1945) fue un militar, con el grado de mariscal prusiano. Ejerció papeles de mando durante la Primera Guerra Mundial, convirtiéndose en uno de los más importantes líderes militares de Alemania durante este período.

Biografía

Nacido como Anton Ludwig Friedrich August Mackensen, hijo de Louis y Marie Louise Mackensen.

Antes de entrar en el Ejército estudió Agronomía en la Universidad de Halle, aunque sin llegar a concluir los estudios.

Trayectoria militar en la Primera Guerra Mundial

En el estallido de la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914 tras el Atentado de Sarajevo, Mackensen se encontraba al mando del XVII Cuerpo de Ejército (desde 1908), adscrito al 8º Ejército mandado por Maximilian von Prittwitz y posteriormente por Paul von Hindenburg, y tomó parte en las batallas de Gumbinnen y Tannenberg. En el mismo año de 1914 toma el mando del recién constituido 9º Ejército, recibiendo además la orden Pour le Mérite por las actuaciones de su Ejército en la zona de Lodz y Varsovia. Entre abril y octubre de 1915 Mackensen se encuentra en la Galitzia austríaca al mando del 11º Ejército, contribuyendo a la toma de Przemysl y Lemberg.

En octubre de 1915 Mackensen fue puesto al mando de una campaña conjunta de los ejércitos de las Potencias Centrales contra Serbia (la llamada Campaña de Serbia de 1915), logrando finalmente doblegar la resistencia tenaz del Ejército serbio. Tras haber avanzado sobre Belgrado, erigió un monumento a los soldados serbios caídos heroicamente en defensa de la ciudad, pronunciando estas palabras: «Hemos combatido contra un ejército del cual sólo habíamos escuchado cuentos de hadas».

Durante 1916 participó en una campaña contra el Reino de Rumania, a las órdenes de Erich von Falkenhayn (la llamada Campaña de Rumania de 1916). Mackensen estaba al mando de un Ejército de tipo multinacional, formado por soldados búlgaros, otomanos y alemanes, con los que llevó a cabo una brillante campaña.

August von Mackensen

Tras la exitosa campaña en Rumania fue condecorado con la Schwarzer Adler (Águila Negra), la más alta condecoración otorgada por el rey de Prusia, y ascendido a mariscal de campo.

Desde 1917 y hasta el final de la guerra estuvo a cargo del Gobierno militar alemán en Rumania. Su última campaña en combate fue el intento de destruir al reorganizado Ejército rumano (tras rechazar la Ofensiva Kerensky), pero el intento fracasó (batalla de Marasesti), con fuertes pérdidas para ambos bandos. Al final de la guerra fue hecho prisionero en Hungría por las tropas francesas del general Louis Franchet d’Esperey, siendo internado como prisionero de guerra hasta su puesta en libertad en diciembre de 1919.

En 1920 Mackensen dejó el Ejército. Aun siendo contrario al establecimiento del nuevo régimen republicano (la República de Weimar) quiso evitar el lanzamiento público de una campaña de disensiones. No obstante cambió de idea en 1924 y utilizó su propia imagen pública como héroe de la Primera Guerra Mundial para apoyar a los grupos monárquicos de ideología profundamente conservadora. Se convirtió entonces en un activo participante en las organizaciones y asociaciones de tipo militarista y parafascista, como el Stahlhelm, Bund der Frontsoldaten o la Sociedad Schlieffen.

Falleció el 8 de noviembre de 1945, recién terminada la Segunda Guerra Mundial, a la edad de 95 años, tras haber vivido en la “Vieja Prusia”, el Imperio alemán, la República de Weimar, la Alemania Nazi y la ocupación militar aliada en la posguerra.

August von Mackensen

General Von Mackensen.jpg

August von Mackensen

Generalfeldmarschall
Años de servicio 1869-1919 (50 años)
Lealtad Alemania
Condecoraciones Pour le Mérite
Schwarzer Adler
Mandos XVII Cuerpo de Ejército
9º Ejército
11º Ejército
Participó en Primera Guerra Mundial
Batalla de Gumbinnen
Batalla de Tannenberg (1914)
Campaña de Serbia (1915)
Campaña de Rumania (1916)
Batalla de Marasesti

Nacimiento 6 de diciembre de 1849
Trossin (Sajonia)
Fallecimiento 8 de noviembre de 1945
Habighorst (Baja Sajonia)
 
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Publicado por en 1 septiembre, 2014 en Ejército alemán, Personajes

 

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El cuchillo de trinchera


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Las bayonetas eran un complemento letal en la Primera Guerra Mundial, pero con el paso del tiempo y debido a cambios en las condiciones de la contienda eran, para la mayoría de las tropas, demasiado largas y pesadas para hacer un buen uso de ellas en el combate. Durante las patrullas nocturnas si encontraban un enemigo, el enfrentamiento cuerpo a cuerpo era la única opción. En 1915 apareció el cuchillo de combate con el desarrollo de armas blancas pequeñas para su uso en la lucha cuerpo a cuerpo (en las trincheras sobre todo). El cuchillo de trinchera, vio amplio uso durante la Primera Guerra Mundial y llegó en muchos casos a ser adquiridos de forma privada por los combatientes, tuvo muchas variaciones y distinciones.

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La gran mayoría de estos cuchillos incluían una manopla, puño americano o llave de pugilato en la empuñadura, para poder atacar con cualquier parte del arma. Esto dotó a los cuchillos de mucha popularidad y eficacia, ya que podían ser armas cortantes y de contusión.

Cuchillos de Trinchera en el ejército Alemán

El Nahkampfmesser alemán fue UN cuchillo de combate estándar durante la Primera Guerra Mundial. Se mantuvo en servicio de forma modificada hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. La mayor parte de estos cuchillos tenían empuñaduras de madera y losa, forros metálicos y eran muy sólidos. Según una fuente autorizada, los cuchillos de trinchera alemanes emitidos de la Primera Guerra Mundial eran “…, de uso convencional, cuchillos cortantes y contundentes …” “… de aproximadamente seis pulgadas de largo, “de un solo filo … aunque las hojas de doble filo se encuentran ocasionalmente.

Cuchillos de Trinchera en el ejército Británico

El ejército británico y sus aliados de la Commonwealth (por ejemplo, Australia, Canadá y Nueva Zelanda) utilizaron una amplia variedad de cuchillos de trinchera durante la Primera Guerra Mundial. Algunos eran modelos comerciales basados ​​en los cuchillos de Bowie . Otros eran tipos más especializados , tales como dagas con un mango de aluminio de forma cilíndrica que fue diseñado para ajustarse cómodamente cuando la mano del usuario estaba cerrada. Hoja de aproximadamente 10 cm. Muchas versiones estandarizadas fueron hechas por contratistas del gobierno y se emitieron oficialmente . La mayoría tenía empuñaduras de madera y losa, forros metálicos y eran muy sólidos . Durante la Segunda Guerra Mundial, el cuchillo Fairbairn – Sykes Fighting fue ampliamente utilizado en fuerzas como los Royal Marines , Regimiento de Paracaidistas , Special Boat Service y el SAS . Aunque no es un verdadero ” cuchillo de trinchera ” de por sí , la Fairbairn – Sykes fue utilizado para fines similares.

Cuchillos de Trinchera en el ejército Americano

El primer cuchillo oficial que EE.UU. aprobó para su emisión de servicio era el cuchillo de trinchera M1917 diseñado por Henry Disston & Sons, y en base a ejemplos de cuchillos de trinchera del ejército francés. El M1917 ofreció una hoja triangular eestilete, mango de madera , metal protector de nudillos y una empuñadura redonda. El M1917 resultó insatisfactorio en el servicio, y una versión ligeramente mejorada , el M1918 , se aprobó en cuestión de meses . A pesar de esto , la M1918 es casi idéntica a la M1917 , que difieren principalmente en la forma y el aspecto para la protección de nudillos . El M1917 y M1918 con frecuencia sufrieron hojas rotas . Su utilidad limitada y falta de popularidad en general dio lugar a que se intentara encontrar un cuchillo sustituto.

Ese fue el Mark I , que fue diseñado por una junta de oficiales del Ejército de EE.UU. para remediar ciertas deficiencias del M1917/18 . Aprobado a finales de 1918 , la mayoría de los cuchillos Mark I se completaron demasiado tarde para ver el servicio en las trincheras de la Primera Guerra Mundial.

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Publicado por en 1 septiembre, 2014 en Armamento

 

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