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Marie Christine Barrault y el oculto lado femenino de la Primera Guerra Mundial

28 Oct

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  • La actriz de Rohmer y Woody Allen estará el 3 y 4 de noviembre en el Centro CA 660 de CorpArtes.

“Te amamos querido soldado conocido o desconocido, ¡nuestro defensor! Te sentimos un poco como nuestro hijo, nuestro hermano. Y al mismo tiempo, te admiramos, te confundimos con el respeto y el fervor que tenemos por nuestra bandera, por la patria”. Así comienza la carta que Yvonne Pitrois, una amateur escritora sorda francesa, publicaba en su propio periódico en plena Primera Guerra, bajo el título Carta de una francesa a nuestros soldados. Con este texto comienza también el espectáculo Mujer en guerra, que llega a Chile como parte de las conmemoraciones de los 100 años de la Primera Guerra Mundial.

En escena, el pianista Hugues Leclère y la reconocida actriz Marie Christine Barraultm a través de la lectura dramatizada de diferentes textos poéticos o históricos, va desvelando el papel de la mujer en el conflicto: “En la selección de textos que hicimos hay de todo. Mujeres muy nacionalistas, que animaban a los soldados y que me parecen un poco ridículas. Pero también recogimos la voz de las mujeres que sufrieron, que no tendrán más hombres en su vida, que perdieron a sus padres, sus hermanos, sus futuros maridos. En fin, estamos acostumbrados a oír la versión masculina de la guerra, de los hombres que sufrieron tanto en las trincheras en una guerra que fue horrible. Pero el conflicto marcó también un gran cambio en la vida de las mujeres”.

Así es como al discurso más conservador de una desconocida Yvone Pitrois, Barrault y Leclère contraponen la visión más crítica y pesimista de una consagrada Colette, que en el periódico satírico La Bayoneta publicaba una especie de apología a las madres, víctimas también de la guerra, titulada “A las mamás”. “¿Qué mamá?” -se pregunta Colette-. “No podemos olvidar a ninguna. Porque desde el inicio de la guerra todas tienen cada una más grande que la otra el corazón, la esperanza, el don y el dolor”.

Barrault reconoce que la Primera Guerra marcó también un momento de emancipación social de la mujer, que accedió a actividades que le estaban vedadas hasta ese momento, como el trabajo en las industrias de armas o textil, obligando incluso al gobierno a fijar un sueldo mínimo en 1915, lo que queda reflejado además en el espectáculo: “Las mujeres hasta la guerra estuvieron en una especie de servidumbre. Amaban, admiraban, pero como sirvientas: el hombre decidía todo. Y de un momento a otro, en cuatro años, se volvieron agricultoras, responsables de su granjas, comerciantes. Tomaron el lugar de los hombres”.

Los textos de Clara Malraux son a juicio de la actriz los que mejor grafican este cambio de situación: “Malraux lo explica muy bien. Estaba a punto de comprometerse con un oficial con el que se aburría mucho y tuvo la valentía de romper el compromiso y se dio cuenta de que a partir de ese momento su vida le pertenecía. Y de hecho, eso trajo luego problemas cuando los hombres volvieron de la guerra encontraron que las mujeres habían ocupado su sitio y no estaban dispuestas a devolverlo”, destaca Barrault.

La pieza no sólo incluye textos de mujeres, sino que da un espacio a la arenga populista de René Viviani, presidente del Consejo de Ministros en 1914, llamando a las mujeres a reemplazar a los hombres en el trabajo por el bien de la patria. Y otro para Antígonas eternas del Nobel de literatura 1915, Romain Rolland, reconocido pacifista que se refugió en Suiza durante el conflicto.

Todos estos escritos van acompañados por el piano de Leclère que se pasea por  las composiciones de Cécile Chaminade, Mel Bonis, Lili Boulanger, Claude Debussy y Erik Satie, intentando hacer un dúo con las palabras recitadas por Barrault, conocida como “la más melómana de las actrices francesas”.

Rohmer y Woody Allen

La experimentada actriz que visitará Chile está lejos ya de aquélla Marie Christine Barrault que se estrenaba en el cine en 1969 bajo la dirección de un joven Eric Rohmer en uno de sus primeros éxitos, Mi noche en casa de Maud. Tras esa experiencia, Barrault participaría en Cousin, cousine, que le traería una nominación al Oscar como mejor actriz. Y como pasa también hoy, la notoriedad del Oscar haría que un joven Woody Allen la invitara a participar en Stardust memories en 1980, donde hizo de una joven casada de la que Allen, un cineasta en plena crisis existencial, se enamora perdidamente: “Fue una experiencia emocionante grabar con él, durante varios meses en Nueva York. Nos entendimos muy bien en el rodaje, pero yo me sentía como una turista en su película”.

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Publicado por en 28 octubre, 2014 en Noticias relacionadas

 

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