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03 de Abril de 1916 – La negativa griega

03 Abr

La negativa griega

Desde el inicio del desembarco de tropas de la Entente Cordiale a principios de Octubre de 1915 en el puerto del neutral Puerto griego de Salónica, varios acontecimientos han sucedido. A los pocos días, el Primer Ministro Liberal y partidario de la acción Elefetherios Venizelos renuncio como parte de una estrategia política, lo que permitió al neutralista y germanófilo Rey Constantino I, designar para al cargo a alguien de su agrado.

Por su parte las fuerzas francesas que habían cruzado la frontera en apoyo de sus aliados serbios, debieron retroceder luego de la Batalla de Krivolak ante los búlgaros, corriendo igual suerte los británicos en la de Kosturino. Ante este fracaso, el comandante en jefe, General Maurice Sarrail ordenó la retirada y el atrincheramiento alrededor de la ciudad-puerto.

El último día de 1915, tres aviones alemanes lanzaron un par de bombas, que no ocasionaron ningún tipo de daño, sin embargo, la reacción del General Sarrail, amo y señor, fue la de arrestar a los cónsules de las Potencias Centrales acusándolos de espías y saboteadores, embarcándolos rumbo a Marsella. Tres días después el Gobierno del recientemente designado como Primer Ministro Stephanos Skouloudis protestó de manera enérgica lo que consideraba un verdadero atropello a la soberanía de su país. Sin embargo, lo peor aún estaba por venir, ya que el día 11 de Enero de 1916, tropas francesas desembarcaban y tomaban posesión de la Isla de Corfú, sobre el Mar Jónico, con el objetivo de ayudar a la evacuación serbia que se inicio cuatro días después. Una vez más el Gobierno Griego protestó, decisión respaldada de manera firme por el Rey Constantino I quien el 20 de Enero en una entrevista ante medios estadounidense acuso a la Entente de tratar a su país del mismo modo que el Imperio Alemán hacia con Bélgica. Pese a esto, los reclamos cayeron en saco roto.

Poco menos de un mes después, tropas británicas desembarcaban en la Isla de Chios, frente a las costas del Imperio Otomano, haciendo caso omiso una vez más a la soberanía griega.

La desconfianza del Rey Constantino I hacia los aliados se han intensificado con el correr de los meses, con su consentimiento, el Ejército en su gran mayoría pro-germano realiza tareas de inteligencia enviando información muchas veces errónea a Berlín, donde los oficiales de inteligencia la comparten con sus colegas búlgaros. Sin dudas el monarca apoya la causa de las Potencias Centrales. Un caso claro es el del Teniente Avdis quien es descubierto interviniendo las líneas telefónicas del cuartel del General Sarrail, quien de inmediato lo remite a Atenas, donde será condecorado en abierta provocación, por el mismo Constantino con la Orden del Salvador.

Durante los siguientes meses, mientras que las fuerzas búlgaras por consejo de los asesores militares alemanes no cruzaban la frontera para evitar violar la neutralidad, las fuerzas de la Entente continuaban fortificando los alrededores de Salónica, un terreno llano, abierto, que está casi desprovisto de árboles, con vegetación de matorrales que no ofrece ninguna sombra en el calor del día. Pero este paisaje inhóspito es también el mejor lugar en el que el Ejército de Serbia, que se recupera de la pérdida de su país en Corfú, podría volver para luchar contra sus enemigos.

Las potencias de la Entente han presionado a Grecia para que los serbios viajen de nuevo por tierra, utilizando el ferrocarril, a través del país todavía neutral, evitando así los submarinos alemanes en el Mediterráneo. Sin embargo el 03 de Abril de 1916, el Primer Ministro Skouloudis niega su solicitud en un lenguaje diplomático sumamente humilde, luego que un día antes, los diputados que representaban a la región pedían la evacuación de los civiles por temor a las acciones bélicas. Las Potencias Centrales, afirma, sin duda van a ver tal disposición como un acto hostil por lo que dejarían de reconocer la neutralidad griega. No del todo sin razón, Skouloudis también se preocupa que el aumento del tráfico ferroviario sobrecargue el sistema y moleste a población local, además los soldados hambrientos van a poner más énfasis en la seguridad alimentaria ya complicada en toda la nación.

Otro temor, es que pese a las afirmaciones del Káiser Guillermo II, que su aliado búlgaro no va a invadir el territorio griego, la dura política establecida en el territorio de la recién conquistada Macedonia contra la minoría griega por parte del gobierno del Rey Ferdinand I, generan muchas dudas y sospechas, pese a la promesa realizada el mismo día, al embajador en Sofía, por parte del Primer Ministro Vasil Radoslavov.
Pese a la negativa del Gobierno Griego, el mando aliado continúa adelante con los preparativos necesarios para el traslado de las tropas serbias desde Corfú hacia Salónica, ansiosas por entrar en combate.

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Panorámica de la ciudad-puerto de Salónica.
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Tropas búlgaras atrincheradas en la frontera con Grecia.
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Publicado por en 3 abril, 2016 en 1916

 

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