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22 de Abril de 1916 – Las deportaciones de Lille

22 Abr

Las deportaciones de Lille

Al igual que las demás poblaciones de Francia, la del Lille ubicada al norte, en la región de Picardía sobre el Río Deûle a pocos kilómetros de la frontera con el Reino de Bélgica, recibió la noticia de la movilización general el 01 de Agosto de 1914 en horas de la tarde, los sentimientos se mezclaron porque, durante varios días, la espera había sido difícil de soportar , por lo que los jóvenes tomaron las armas para cumplir con el deber cívico, aunque sin un entusiasmo nacionalista exultante. Toda esperanza de una posible paz, se derrumbo el 03 de Agosto cuando la guerra con el Imperio Alemán ya era una realidad.

La ciudad pertenecía al sistema defensivo entablado por el mando del ejército que unía la fortaleza de Maubeuge con el puerto militar de Dunquerque. Sin embargo sus defensas perimetrales habían sido en gran parte desmanteladas dado que según el Alto Mando, la ciudad carecía de un real valor estratégico. Sin embargo, esta decisión política causó controversia cuando la invasión de Bélgica por parte de los alemanes en base al Plan Schlieffen amenazaba la región Norte del país. El 17 de agosto, el Estado Mayor del Ejército puso la ciudad en zona de guerra, y ordenó la reconstrucción de las defensas cuando la amenaza se hacía cada vez más palpable.

Sin embargo, en ese momento, la población está preocupada por las crecientes oleadas de refugiados que buscan protección que llegaban de Bélgica, las áreas ya invadidas y Maubeuge, que había capitulado el 08 de Septiembre. Grupos de atacantes alemanes hicieron breves incursiones sin oposición. Por ejemplo, el 11 de septiembre Uhlans célebre unidad de caballería alemana cruzó la ciudad, donde cafés y cines estaban llenos de clientes y consumidores. Durante esos días muy confusos, el prefecto Charles Delesalle tomó medidas para defender Lille y recuperar algunas tropas, sin embargo la coordinación con el mando regional establecido en Dunquerque era sumamente difícil. Para su suerte, el avance alemán se dio más al sur.

El final de la Batalla del Marne y el inicio de la llamada “carrera hacia el Mar”, cambio radicalmente la situación, en este contexto de agitación, el Estado Mayor decidió defender Lille. Se enviaron tropas territoriales de Dunkerque y Arras. A principios de octubre, los alemanes intentaron tomar la ciudad desde el este y el sur. Escaramuzas y combates tuvieron lugar en el área alrededor de los fuertes e incluso dentro de la ciudad amurallada, el 8 y 9 de octubre. A pesar que no tiene un gran efecto militar, convenció a los alemanes de que Lille ya no era una “ciudad abierta”. El 10 de octubre, ya que las autoridades se negaron a entregar la ciudad, el mando alemán decidió iniciar el bombardeo que duro tres días. El fuego fue dirigido parcialmente hacia los suburbios industriales del sur (fábricas textiles) y del este (fábricas de ingeniería), pero sobre todo a los distritos centrales (prefectura, el ayuntamiento, la estación de tren, mercados cubiertos y las calles comerciales). Los sitiadores intentaban intimidar al gobierno y aumentar la ansiedad entre la población. Alrededor de 5.000 proyectiles destruyeron e incendiaron edificios, mientras que un violento combate tuvo lugar a menudo a las puertas de la ciudad entre los atacantes y las tropas territoriales, tropas “chasseur”(cazadores) ligeros y goumiers marroquíes.

Las personas tomaron refugio en las bodegas y sótanos mal equipados para dar cabida a una población que estaba ansiosa, angustiada y sin preparación para tal prueba. La resistencia cesó en la madrugada del 13 de octubre. El Coronel de Pardieu, al mando de la pequeña guarnición, decidió entregarse. Sin munición y superados en número, los defensores de Lille estaban luchando una batalla perdida. La ciudad no tenía ya suministro de energía o agua y los distritos centrales estaban en ruinas. Cerca de 1.300 edificios habían sido destruidos o quemados. Cerca de 200 civiles habían muerto durante los combates. Por su parte, los alemanes no tenían duda alguna acerca de la importancia militar, estratégica, económica y simbólica de tomar Lille, que les hubiera gustado haber logrado sin luchar.

Los “vencedores” hicieron sentir su presencia desde el primer momento. Rápidamente, había patrullas militares a través de la ciudad, mientras que los soldados se instalaban en las cafeterías del centro o paseaban por las calles cantando, mientras que los civiles retomaban a sus actividades normales. Los ocupantes instalaron señales en la calle en alemán como así también carteles que anunciaban las polémicas decisiones del gobernador: no hacer la guerra a los civiles, pero se debía garantizar la seguridad del ejército alemán. A su vez se tomaron 60 rehenes designados incluidos: el prefecto de la región Norte, el obispo, el alcalde y concejales municipales, industriales y periodistas prominentes.

Las autoridades militares querían que se reanudaran las actividades económicas, por lo que presionaron a las tiendas a que reabriesen aunque fue impuesto la utilización de pases de circulación y el toque de queda. La lista de prohibiciones e instrucciones se hacia cada vez más larga, como la ayuda de los soldados que evadieron el cautiverio, entrega armas, la utilización obligatoria de la hora alemana, la destrucción de palomas para evitar que fuesen enviados mensajes, prohibición de peleas de gallos, requisiciones, la prohibición de la prensa enemiga y la imposición de productos a partir de 1916. También introdujeron carnets de identidad obligatorios principios de ese año.

Lille tenía la condición de ser una fortaleza en el territorio del Sexto Ejército alemán, compuesto principalmente por bávaros, aunque también había unidades procedentes de Prusia, Hannover y Würtemberg. El General de Infantería Von Heinrich fue designado como Gobernador Militar de la región, mientras que su adjunto el General Von Graevenitz estaba a cargo de la comandancia de la ciudad. Ambos eran responsables de la policía y el sistema de justicia militar, un cuerpo de suministros, una rama del cuerpo de inspectores relacionados a los servicios (pases, agua, fortalezas, el frente de batalla, etc.), incluyendo el personal militar y civil.

Ambos oficiales no reconocieron al prefecto Félix Trépont, el representante del Estado en tiempos de guerra, alentando así a la descentralización de la autoridad. Sin embargo era ambigua desde que el alcalde Charles Delesalle, al ser rehén, no tenía autonomía política. Por lo que se vio obligado a colaborar, convirtiéndose en un agente de ejecución del gobernador. Durante el primer año de la ocupación, dos conferencias semanales se llevaron a cabo en la Kommandantur (Comandancia, sede de las autoridades militares alemanas) para discutir las medidas que debian tomarse para la gestión de la ciudad. Sin embargo, sirvieron principalmente para exigir al alcalde la transmisión de órdenes e instrucciones. Cualquier protesta que se realizaba fue rechazada generalmente cuando los intereses alemanes estaban en juego. Del mismo modo, la justicia militar actuó en un número creciente de casos (infracciones de todo tipo) y dejó a los jueces franceses para juzgar los delitos o usos indebidos de las asignaciones militares locales. La policía francesa a menudo actuaba como mediadora como el envió cartas o avisos.

Sin dudas los habitantes sentían que los habían despojado de su ciudad, dado que los ocupantes se encontraban en todas partes. El hecho que Lille se encontrara a menos de 20 kilómetros de las líneas de batalla – transformo a la ciudad en una base de apoyo del ejército alemán, lo que significó que muchos soldados estaban a diario, junto con los civiles que mantenían tiendas en el centro de la ciudad.

Pese a las privaciones de la dura ocupación, los civiles trataban de desarrollar sus tareas de manera normal, resistiendo subterráneamente de manera pacífica generalmente burlándose del aspecto hosco de los ocupantes, aunque los más osados ayudaban a soldados prisioneros a huir aunque el riesgo era alto, y quienes eran descubiertos recibían duras penas, hasta la misma muerte.

Sin embargo a medida que la guerra avanzaba, las medidas de la ocupación militar alemana se endurecían, llegando a un punto máximo, el 22 de Abril de 1916, cuando el General Von Graevenitz, emitió una proclama por lo cual serían deportados hombres y mujeres. La causa era que debido al bloqueo británico, se hacia cada vez más difícil el abastecimiento de alimentos a la población civil, por lo que al fracasar el pedido de voluntarios, el Gobierno Imperial había decidido obligar a las personas para trabajar en los alrededores de la ciudad, aunque con la promesa que solo desempeñarían tareas rurales. Todos los habitantes a excepción de los niños menores de 14 años y sus madres como así también los ancianos, debían prepararse para ser transportados en el corto plazo, pudiendo llevar un equipaje de 30 kilogramos.

Sin dudas era una muestra más de la dureza que impartía el Imperio Alemán en los territorios ocupados que no hacía más que elevar la protestas de los gobiernos no solo beligerantes sino también de los neutrales.

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Proclama del Comandante Militar alemán de la ciudad de Lille, General Von Graevenitz sobre la deportación de hombres y mujeres para realizar trabajos agrícolas.
 
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Obreros franceses de Lille a la espera de la entrega de documentos para trabajar por parte de las autoridades militares alemanas.
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Publicado por en 22 abril, 2016 en 1916

 

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