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Manfred von Richthofen


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Tarjeta postal de Manfred von Richthofen

Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen (Breslavia, Imperio alemán; 2 de mayo de 1892 – Vaux-sur-Somme, Francia; 21 de abril de 1918) fue un militar y aviador alemán; más conocido como el Barón Rojo (Der rote Baron), fue un piloto que consiguió derribar ochenta aeroplanos enemigos durante la Primera Guerra Mundial antes de ser abatido en la mañana del 21 de abril de 1918 cerca del río Somme, en el norte de Francia.

Héroe de los alemanes y respetado por sus enemigos durante la Primera Guerra Mundial, permitía escapar a sus víctimas malheridas. Su unidad fue responsable del derribo de 151 aviones británicos, contra 66 de las propias, durante el mes de abril de 1917. Por ello recibió la medalla Pour le Mérite.

Sus aviones, el caza biplano Albatros D.II y luego el triplano Fokker Dr.I, le permitían una amplia capacidad de maniobras y piruetas. Sin embargo, la mayoría de sus victorias en combates aéreos las consiguió en un avión tipo Albatros.

Biografía

Infancia y juventud

Nació el 2 de mayo de 1892 en la capital de Silesia, Breslavia (hoy Wroclaw, perteneciente a Polonia). De niño se trasladó con su familia a Schweidnitz (hoy Swidnica, Polonia). Era el mayor de tres hermanos. Miembro de la familia aristocrática terrateniente Richthofen, el padre de Manfred había llegado a ocupar un alto cargo en el regimiento de Ulanos Nº 12, una unidad perteneciente a la poderosa caballería prusiana. Manfred y su hermano pequeño Lothar quisieron seguir los pasos de su padre, alistándose jóvenes en el ejército imperial. Practicó caza y equitación y cuando completó su adiestramiento como cadete, se alistó en los Ulanos (caballería alemana), siendo nombrado tres años después teniente del primer regimiento.

Primera Guerra Mundial

Durante la Primera Guerra Mundial, von Richthofen pasó de la caballería (donde ganó la condecoración de la Cruz de Hierro) a la infantería, pero en esta modalidad no prosperó, ya que las condiciones que se vivían en las trincheras eran inhumanas y “muy aburridas”, según sus palabras. Finalmente encontró su lugar bajo el Sol alistándose en la aviación, donde demostró una gran capacidad con esta arma, completamente innovadora para lo que hasta entonces había sido la guerra (la producción de aviones se incrementó desde los 300, que tenían todos los contrincantes al principio de la contienda, hasta los 150.000 al finalizar).

El Albatros biplano II, con el que el Barón Rojo consiguió la mayor parte de sus victorias.

No logró destacar en la academia de aviadores, aunque luego demostró ser muy capaz en combate. En el principio sólo se dedicó a observar y fotografiar el frente oriental, pero lo que él quería eran aventuras.

En la Luftstreitkräfte, su encuentro con otro gran aviador, Oswald Boelcke, fue decisivo para su éxito. Boelcke lo seleccionó para el escuadrón de caza Jagdsstaffel o Jasta 2. Ya su primer combate fue una victoria. Sucedió sobre el cielo de Cambrai, Francia, el 17 de septiembre de 1916. Durante estos primeros meses se destacó por su agudeza visual y su innato don para afrontar el peligro. Sus compañeros decían que su personalidad se transformaba cuando cogía los mandos de su avión.

Durante los 20 meses siguientes, destacaría como el mejor as de la aviación alemana durante toda la Primera Guerra Mundial. Llegaría a superar el número de victorias de Boelcke: 40, un récord hasta entonces. En su victoria 11 consiguió derribar el biplano del as británico Lanoe Hawker. En enero de 1917 recibió la Cruz Pour le Mérite.

Fokker DR.I. Réplica del famoso triplano utilizado por Manfred von Richthofen.

Circo volador Jasta 11

En 1917 se le confirió el comando del Jasta 11, que luego fue conocido como el “Circo volador” por los vivaces colores que presentaban sus 14 aviones, los cuales, al igual que un circo, se trasladaban por ferrocarril al lugar adonde se los requería. Se ganó el apodo de Barón Rojo porque su avión estaba pintado de rojo para que sus rivales lo reconocieran; hábil maniobra psicológica, pues sus enemigos le temían mucho y admiraban su gran destreza guerrera. Llegó a dirigir 58 misiones con total éxito, en las cuales derribó a unos 80 aviones, algo que nadie llegó a superar en ningún bando durante el resto de la guerra. En abril sumó él solo 20 derribos. Sus hombres insinuaban que su líder tenía un comportamiento suicida. Pocos meses después recibió el encargo de dirigir la primera ala de caza de la historia aérea, la JG 1, integrada por los Jasta 4, 6, 10 y 11. Esta unidad llegó a derribar 644 aviones con sólo 56 bajas. Su hermano Lothar, alcanzó 40 victorias al final de la guerra en esta unidad, Kurt Wolff, 33 victorias y Karl Allmenroder 30 derribos. Todos lograron la Cruz Pour le Mérite.

Herido casi mortalmente

El 6 de julio de 1917 recibió una bala perdida en el cráneo, que le provocó una terrible herida lesionándole el cerebro; pero él continuó volando pese a estar claramente incapacitado para soportar alturas. Se comportaba como si fuera inmune a la muerte, no tomando precauciones e incluso violando las fundamentales reglas de vuelo que había escrito en su manual. Llevó vendada la cabeza durante mucho tiempo. Poco después recibió con alegría un Fokker Dr.I, un triplano que también pintó de rojo, y que tenía gran agilidad, aunque si se mantenía en rumbo fijo durante muchos minutos, se convertía en presa fácil.

Muerte

Restos del avión de Richthofen.

Según las fuentes oficiales, fue el capitán canadiense Roy Brown el que consiguió matar al piloto alemán, aunque nuevas investigaciones apuntan a que fue el soldado de infantería australiano William John “Snowy” Evans el que disparó desde tierra la bala del .303 que acabó con su vida. La bala entró por el lado derecho del pecho y le causó heridas en los pulmones, el hígado, el corazón, la arteria aorta y la vena cava antes de salir. Según la opinión de los forenses, apenas contó con un minuto antes de perder la consciencia y solo un par de ellos en morir. Poco se sabe sobre el soldado Evans, aparte de que murió en 1925, y probablemente falleció sin imaginar que él podía ser el causante de la muerte del piloto más famoso de la historia. Roy Brown dejó escrito un libro sobre sus combates y detalló todo sobre el último vuelo del Barón.

Fue enterrado con todos los honores militares por los mismos británicos, quienes le rindieron tributo. Su ataúd —cubierto de flores como ofrenda— fue llevado a hombros por seis miembros del escuadrón 209. En el momento del entierro, soldados australianos presentaron armas y lanzaron tres salvas en su honor. En su lápida, que se encuentra en el mismo lugar donde cayó, se puede leer su epitafio:

Aquí yace un valiente, un noble adversario y un verdadero hombre de honor.

Que descanse en paz.

Tras su muerte, el mando del Jasta 11 fue asumido por Wilhelm Reinhardt, el cual murió en un accidente aéreo en julio de 1918, sucediéndole Hermann Göring, quien era uno de los ases más destacados de la aviación de caza en esos momentos, habiendo obtenido 22 victorias en la guerra.

El Barón Rojo dejó un libro, escrito en 1917, durante su convalecencia por el disparo en la cabeza. Lo tituló El avión rojo de combate, donde afirmaba que combatía en la aviación buscando una consecuencia para su vida.

Manfred von Richthofen
Capitán
Años de servicio 1911 – 1918
Apodo Barón Rojo
Lealtad Flag of the German Empire Imperio Alemán
Condecoraciones
Participó en Primera Guerra Mundial

Nacimiento 2 de mayo de 1892
Breslau, Bandera de Imperio alemán Imperio alemán
Fallecimiento 21 de abril de 1918 (25 años)
Vaux-sur-Somme, Bandera de Francia Francia
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Publicado por en 17 septiembre, 2017 en 1916, Ejército alemán, Personajes

 

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30 de Mayo de 1916 – Tres hurras por Suiza !!!


Tres hurras por Suiza !!!

El 13 de mayo de 1916, representantes de la Cruz Roja Alemana firmaron en Londres, gracias a su inmunidad diplomática, con su contraparte británica, un tratado por el cual ambos beligerantes se comprometían a trasladar a los prisioneros con problemas físicos y/o psíquicos a hogares y aposentos en Suiza, sede del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), además de ser un territorio neutral.

Sin dudas, los arduos esfuerzos de una entidad creada para socorrer a las víctimas de la guerra creada a mediados del siglo pasado comenzaban a dar sus primeros frutos. Es justo mencionar que también tuvo una clara participación el Vaticano, dado que el Papa Benedicto XV, realizo importantes esfuerzos para lograr acercar posiciones entre los estados beligerantes, siendo apoyado en varias ocasiones por el Presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson.

En las primeras horas del 30 de Mayo de 1916, un tren procedente de Alemania arribaba a la estación de la aldea alpina de Chateau d’Oex, descendiendo 27 oficiales y 488 suboficiales y soldados británicos, junto a otros 200 militares de otras naciones. Eran los primeros prisioneros que arribaban en base al Tratado firmado un par de días antes. La población los recibió de una manera sumamente amistosa y cordial.

Al mediodía, en un gran banquete, y luego que una banda del Ejército Suizo interpretase “God Save The King” el embajador británico Sir Evelyn Graft Duff pronunció un discurso en el cual además de darles la bienvenida, agradeció de manera emotiva a Suiza por permitir el alojamiento no solo de los presentes sino del arribo de más compatriotas en un futuro cercano. Al finalizar pidió tres hurras por el país anfitrión.

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Oficiales, suboficiales y soldados británicos prisioneros arribando a la estación ferroviaria de la aldea suiza de Chateau d’Oex.
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En primer plano el embajador Sir Evelyn Graft Duff expresando su discurso en el banquete de bienvenida.
 
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Publicado por en 30 mayo, 2016 en 1916

 

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11 de Octubre de 1915


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Primer Ministro Paul Eyschen

El 11 de octubre de 1915, el sistema político luxemburgués se desmoronó por la muerte de su Primer Ministro Paul Eyschen. Cuando estalló la guerra, Eyschen tenía 73 años, habiendo ocupado su cargo durante 27 años, por lo que su gobierno era el único que habían conocido muchos luxemburgueses. Durante el primer año de ocupación alemana, había sido un punto de apoyo para el pueblo luxemburgués. Eyschen había tenido también mucha importancia para María Adelaida, quien nunca había sido preparada para su cargo. La Gran Duquesa, 53 años más joven que él, era considerada políticamente ingenua y peligrosamente partidaria de una monarquía constitucional. Las últimas tensiones maquillaron relativamente estos hechos.

Eyschen tenía la confianza de la Cámara de los Diputados, y había logrado mantener un gobierno que contenía a la mayoría de las facciones políticas del país, aparentemente gracias tan sólo a su fuerte personalidad.  Las tensiones producidas por la ocupación alemana empeoraron la cuestión de la unidad nacional rompiendo la alianza anticlerical existente previa al conflicto entre socialistas y liberales, de modo que privaba tanto a los clericales como a los anticlericales de una mayoría legislativa. Los conservadores católicos eran el grupo mayoritario, pero no contaban con la suficiente mayoría como para formar un gobierno de coalición.

 
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Publicado por en 11 octubre, 2015 en 1915

 

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19 de Junio de 1915 – El SPD y la guerra


El SPD (Sozialdemokratische Partei Deutschlands (Partido Socialdemócrata Alemán) y la guerra

El SPD Sozialdemokratische Partei Deutschlands (Partido Socialdemócrata Alemán), era la organización política y sindical más importante de Alemania. Su primer antecedente fue la Allgemeiner Deutscher Arbeiterverein – ADAV ( Asociación General de Trabajadores de Alemania), fundada el 23 de Mayo de 1863, bajo el impulso del abogado Ferdinand Lassalle, de carácter reformista contraria a los ideales que propugnaba Kart Marx y sus partidarios.

En Agosto de 1869, la fusión de diferentes corrientes dio nacimiento al SDAP – Partido Socialdemócrata Obrero de Alemania, liderado por Wilhelm Liebknecht más afín a los principios marxistas. Seis años después en el llamado Congreso de Gotha, la fusión de la ADAV y el SDAP, dio paso al Partido Socialista Obrero de Alemania, que no se aparto de la línea reformista, por lo que recibió duras críticas por parte de Marx y Friedrich Engels.

En 1878, el Canciller de Hierro, Otto von Bismarck lo ilegalizó por considerarlo revolucionario y republicano, sin embargo sus miembros continuaron presentando a elecciones como independientes logrando una nutrida representación en el Reichstag, destacándose por el impulso de leyes de carácter social, como sostenidos ataques a varias políticas emblemáticas, como por ejemplo el presupuesto militar y naval.
En 1890, con la renuncia del Canciller von Bismarck, el Káiser Wilhelm II, ansioso de congraciarse con las clases medias y bajas, permitió que el partido fuera legalizado, tomando el nombre de SPD Sozialdemokratische Partei Deutschlands (Partido Socialdemócrata Alemán), participando en las elecciones de ese año, logrando 1.400.000 votos y 35 escaños en el Reichstag. Entre sus más destacados dirigentes se encontraban August Bebel, Karl Kaustky y Eduard Bernstein. Si bien el programa mantenía aspectos revolucionarios, en la práctica el reformismo, es decir lograr sustanciales mejoras a la clase proletaria mediante la aprobación de leyes laborales, en vez de la revolución violenta, permitió no solo el apoyo de los obreros, sino de una gran parte de la clase media urbana que le permitió en 1905 llegar a 400.000 afiliados y en 1912, a ser la primera fuerza en el Reichstag con 110 diputados sobre 409. Si bien lograron durante esos años la aprobación de importantes leyes, el poder real era más bien limitado, ya que se encontraba concentrado en su mayoría en las manos del Káiser quien imponía al Canciller y ordenaba la marcha de los asuntos de Estado a su gusto.

El asesinato del Archiduque Franz Ferdinand y su esposa la condesa Sofía Chotek en Sarajevo a fines de Junio de 1914, y la posterior llamada “Crisis de Julio” planteo un serio desafío al SPD, dado que entre sus políticas estaban enfocadas hacia el pacifismo e internacionalismo por sobre el militarismo reinante. El líder parlamentario Hugo Haase mantuvo junto a sus principales colaboradores varias reuniones con el Canciller Theobald von Bethmann Hollweg, quien estaba sumamente preocupado por actitud que tomará la mayor bancada parlamentaria, ya que su oposición podía trabar la aprobación de los créditos militares, necesarios para las futuras campañas militares.
Después de varios encuentros, la cúpula del SPD, puso como reparo que en caso de conflicto solo apoyaría en caso de que fuese defensivo. Era los que el Canciller y los Altos Mandos del Ejército estaban esperando. Finalmente a fines de Julio de 1914, la movilización de las tropas rusas, llevó al Káiser a declarar la guerra, presentando a su nación como víctima de una agresión. Esto llevó al apoyo de los líderes socialdemócratas, entre ellos Friedrich Ebert y Phillipe Scheidemann, con la excepción de Rosa Luxemburg y Kart Liebknecht, hijo de uno de los fundadores del partido.

La postura fue cambiando con el correr de los meses, muchos líderes y parlamentarios del ala izquierda comenzaban a criticar el curso de la guerra, ya que para ellos había dejado de ser defensiva.

Finalmente el 19 de Junio de 1915, Haase, Bernstein y Kautsky, emitieron el llamado Manifiesto “Das Gebot der Stunde”, desde la ciudad de Leipzig, en donde criticaban el carácter de la guerra que se había convertido de agresión, además de denunciar de las intenciones expansionistas, citando textualmente discursos de políticos conservadores y de miembros de la nobleza.

Si bien aún la mayoría de los parlamentarios creían que la guerra era necesaria, los líderes e intelectuales más importantes comenzaban a denunciarla dado que había perdido el carácter defensivo dando paso a las ambiciones del Káiser y la clase dominante, representada por los grandes industriales, terratenientes y la siempre poderosa casta militar prusiana.

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Eduard Bernstein, Karl Kautsky y Hugo Haase, autores del Manifiesto sobre la oposición a la guerra que debería adoptar la socialdemocracia alemana.
 
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Publicado por en 19 junio, 2015 en 1915

 

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OPAQ recuerda ataques con gas en I Guerra Mundial


Noticia en 20minutos

Foto: ORGANIZACIÓN PARA LA PROHIBICIÓN DE LAS ARMAS QUÍM

Foto: ORGANIZACIÓN PARA LA PROHIBICIÓN DE LAS ARMAS QUÍM

La Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) marcó el centenario del primer uso a gran escala de gas tóxico con fines bélicos — en la Primera Guerra Mundial — con un tributo el martes a todas las víctimas de esas armas en el último siglo.

Cerca de los campos donde Alemania usó por primera vez gas de cloro en su ataque del 22 de abril de 1915, el director de la OPAQ, Ahmet Uzumcu, dijo que la organización nunca podrá interrumpir su tarea. “Nuestro éxito no puede medirse en armas destruidas.

Debe extenderse a prevenir el desarrollo y producción de nuevas armas”, dijo Uzumcu. Durante una ceremonia en el poblado de Ypres, Uzumcu depositó una ofrenda floral en honor a las víctimas, y clarines entonaron el toque de silencio.

Algunas de las mayores batallas de la Primera Guerra Mundial se libraron en el área de Ypres. Los Aliados y Alemania usaron tantas armas químicas durante la guerra de 1914 a 1918 que granjeros siguen desenterrándolas de sus campos. Los ejércitos rivales lanzaron 146 ataques con gas en Bélgica, que cubrió una pequeña parte del Frente Occidental Los alemanes usaron unas 150 toneladas de gas en su primer ataque. Alemania al final usó 68.000 toneladas. Los aliados usaron aún más: 82.000 toneladas. Las armas químicas mataron a casi 100.000 personas y lesionaron a 1 millón durante la guerra.

Pero el reto para la OPAQ sigue siendo enorme. La magnitud de los arsenales pudiera ser similar, pero su efectividad ha aumentado significativamente. “En apenas 18 años hemos visto la destrucción de 87% de todas las armas químicas declaradas, 63.000 toneladas métricas, de 72.000 toneladas métricas”, dijo Uzumcu. “Esa cifra es en lo fundamental componentes químicos para preparar agentes como el sarín e incluye 98% del arsenal químico total declarado por Siria”, dijo. Incluso en la actualidad, monitores de la organización reportan que se ha usado gas de cloro repetidamente en la guerra civil de Siria.

Ver más en: http://www.20minutos.com/noticia/b74917/opaq-recuerda-ataques-con-gas-en-i-guerra-mundial/#xtor=AD-1&xts=513357

 
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Publicado por en 22 abril, 2015 en 1915, Noticias relacionadas

 

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Otto von Bismarck


Otto Eduard Leopold von Bismarck-Schönhausen, Príncipe de Bismarck y Duque de Lauenburg (Schönhausen, 1 de abril de 1815–Friedrichsruh, 30 de julio de 1898) conocido como Otto von Bismarck, fue un estadista, burócrata, político y prosista alemán, considerado el fundador del Estado alemán moderno. Durante sus últimos años de vida se le apodó el «Canciller de Hierro» por su determinación y mano dura en la gestión de todo lo relacionado con su país, que incluía la creación de un sistema de alianzas internacionales que aseguraran la supremacía de Alemania, conocido como el Reich.

320px-Bismarck_pickelhaubeCursó estudios de leyes y, a partir de 1835, trabajó en los tribunales de Berlín y Aquisgrán, actividad que abandonó tres años más tarde para dedicarse al cuidado de sus posesiones territoriales. En 1847 entró a formar parte del parlamento prusiano, donde muy pronto se convirtió en líder del ala conservadora. Se enfrentó duramente a la revolución de 1848, y por esa época comenzó a perfilar lo que sería su principal objetivo político: la unificación de Alemania y la creación del Reich desde preceptos autoritarios y antiparlamentarios.

En 1862, tras ser nombrado primer ministro de Prusia, emprendió una importante reforma militar que le permitió disponer de un poderoso ejército para llevar a cabo sus planes de unificación alemana. De esta forma, en 1864 consiguió arrebatar a Dinamarca los ducados de Lauenburgo, Schleswig y Holstein y, dos años más tarde, después de la lucha contra Austria, consiguió la anexión de Hesse, Fráncfort, Hannover y Nassau, lo que dio lugar a la creación de la Confederación de Alemania del Norte, con Bismarck como canciller. Por último, la guerra contra Francia supuso la adhesión de Baviera, entre otros estados, y en 1871 se proclamó el Segundo Imperio Alemán en el Palacio de Versalles de París. Bismarck se convirtió en primer ministro de Prusia y canciller. Durante los 19 años que se mantuvo en el poder llevó a cabo una política conservadora, enfrentándose inicialmente a los católicos y combatiendo a la socialdemocracia. Fue también el organizador de la Triple Alianza, con Italia y Austria-Hungría, creada en 1882 para aislar a Francia.

La política interior de Bismarck se apoyó en un régimen de poder autoritario, a pesar de la apariencia constitucional y del sufragio universal destinado a neutralizar a las clases medias (Constitución federal de 1871). Inicialmente gobernó en coalición con los liberales, centrándose en contrarrestar la influencia de la Iglesia católica (Kulturkampf) y en favorecer los intereses de los grandes terratenientes mediante una política económica librecambista; en 1879 rompió con los liberales y se alió con el partido católico (Zentrum), adoptando posturas proteccionistas que favorecieran el crecimiento industrial alemán. En esa segunda época centró sus esfuerzos en frenar el movimiento obrero alemán, al que ilegalizó aprobando las Leyes Antisocialistas, al tiempo que intentaba atraerse a los trabajadores con la legislación social más avanzada del momento.

En política exterior, se mostró prudente para consolidar la unidad alemana recién conquistada: por un lado, forjó un entramado de alianzas diplomáticas (con Austria, Rusia e Italia) destinado a aislar a Francia en previsión de su posible revancha; por otro, mantuvo a Alemania apartada de la vorágine imperialista que por entonces arrastraba al resto de las potencias europeas. Fue precisamente esta precaución frente a la carrera colonial la que le enfrentó con el nuevo emperador, Guillermo II (1888-1918), partidario de prolongar la ascensión de Alemania con la adquisición de un Imperio ultramarino, asunto que provocó la caída de Bismarck en 1890. Al faltarle el apoyo del emperador Guillermo II, quien había subido al trono en 1888, Bismarck presentó su dimisión en 1890 y se retiró a vivir al campo. Falleció en Friedrichsruh el 30 de julio de 1898 a los 83 años de edad.

 
 

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24 de Febrero de 1915 – El racionamiento en Alemania


El racionamiento en Alemania

Desde el principio del conflicto, los dirigentes del Imperio Alemán, empezando por el mismo Káiser Guillermo II, eran consiente, sobre todo luego de la declaración de guerra del Imperio Británico, que debido a la posición territorial sería pasible de un bloqueo marítimo, por lo que se vería privado de un sin número de productos, que iban desde industriales hasta alimenticios.

A pesar que la flota de U-boats (submarinos) de la Kriegmarine (Marina de Guerra Imperial), hacían un gran esfuerzo, la Royal Navy, lentamente comenzaba a cerrar el cerco que amenazaba con estrangular no solo el esfuerzo de guerra de las fuerzas armadas, sino principalmente a la población civil, es por ello que llevó al gobierno a establecer cartillas de racionamiento semanal para los principales alimentos, como pan, café y mantequilla, básicas en la dieta de la mayoría de los ciudadanos alemanes.

Para dar el ejemplo, el mismo Káiser y su familia recibieron sus propias cartillas sumándose así, de manera “figurada” al esfuerzo de toda la nación.

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Publicación del periódico británico Daily Telegraph donde se mofa de las cartillas de racionamiento entregadas a los alemanes, entre ellos el mismísimo Káiser y su familia.
 
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Publicado por en 24 febrero, 2015 en 1915

 

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28 de Enero de 1915 – Batalla de Hartmannswillerkopf – Los alemanes ocupan la cumbre


Batalla de Hartmannswillerkopf. Los alemanes ocupan la cumbre

El imponente monte Hartmannswillerkopf, en la región de los montes Vosgos en la provincia en ese momento alemana de Alsacia, desde el inicio de las hostilidades comenzó hacer visto por parte de ambos bandos como un punto estratégico clave para poder dominar toda zona para organizar futuras operaciones ofensivas.

Si bien hubo combates previos, la batalla se inicio el 19 de Enero de 1915, cuando varios regimientos alemanes pertenecientes al Grupo de Ejército bajo el mando del General Hans Gaede, lanzaron una ofensiva con el objetivo de llegar a la imponente cima, y si bien tuvieron ciertos avances, la dura resistencia de los célebres regimientos de Chasseurs Alpins (Cazadores Alpinos) franceses bajo el mando del Teniente Francois Canavy, evitó que pudiesen lograrlo, aunque prácticamente quedaron cercados.

El 21 de Enero, un masivo ataque de 3 regimientos intentaron aliviar la situación de sus camaradas, sin embargo fueron rechazados, debido a que los alemanes contaban con una mejor artillería de montaña, sobretodo los potentes morteros Minenwerfer, que disparo durante la jornada unos 20 proyectiles de 50 kg.

Al día siguiente, el bombardeo sobre las posiciones francesas continúa, por lo que lleva al Teniente Canavy, retirarse hacia las propias líneas de retaguardia con los supervivientes, una vez ocupada las posiciones, los alemanes tomaron prisioneros que al reconocerles una gran valentía les permiten desfilar con las armas al hombro mientras marchan hacia el cautiverio.
Si bien finalmente la cumbre estaba en manos alemanas luego de duros combates en el cual ambos bandos habían sufrido unas mil bajas, era solo el comienzo, ya que el Grand Quartier Général (Gran Cuartel General Francés) bajo el mando del General Joseph Joffre no estaba dispuesto a abandonar tan importante punto estratégico.

Debido a las duras condiciones climáticas, los soldados tanto alemanes como franceses comenzaron a construir refugios en sus respectivas posiciones, como así también caminos para el abastecimiento y hasta un puesto teleférico.
Entre los días 26, 27 y 28 de Enero, los valientes regimientos de Chasseurs Alpins, reforzados por algunos regimientos de línea lanzaron esporádicos ataques con el objetivo de rechazar a los alemanes, sin embargo estos, gracias a sus fortificaciones y a la efectividad de su artillería lograron rechazarlos aunque con pérdidas similares a los de sus enemigos.
Las condiciones del crudo invierno llevaron a que el General Henri Putz, a cargo del llamado Destacamento Armado de los Vosgos, diese orden de frenar todo intento por reconquistar el Monte Hartmannswillerkopf, por lo que dio mayor tiempo a los alemanes para reforzar sus posiciones.

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Representación artística de una de las tantas cargas fallidas llevadas a cabo por los célebres Chasseurs Alpins en las duras condiciones climáticas y del terreno en los alrededores del Monte Hartmannswillerkopf.
 
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Publicado por en 28 enero, 2015 en 1915

 

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¿Las causas de la Primera Guerra Mundial? El reparto del mundo y el miedo al movimiento social


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Interesante entrevista al historiador Jacques R. Pauwels
Solidaire
Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
¿Fueron el atentado contra el archiduque de Austria o nobles motivaciones de paz, de democracia y de libertad las causas de la Primera Guerra Mundial? No, responde el escritor e historiador Jacques Pauwels. Las grandes potencias mundiales deseaban esta guerra desde hacía mucho tiempo para apropiarse de las colonias y para acabar de una vez por todas con las ideas revolucionarias que cada vez avanzaban más a toda Europa.«En general se suele explicar la Gran Guerra como un trueno en medio de un cielo azul. Se supone que nadie lo ha visto venir ni nadie lo ha deseado. […] En realidad, hacía veinte años que se acumulaban las nubes de la guerra. Era necesaria una guerra. Y las elites políticas de Europa la deseaban ya que consideraban que una guerra iba a suponer cosas fantásticas para ellas […].»

Hace años que Jacques Pauwels está totalmente enfrascado en la historia de las revoluciones y de las guerras. Ya ha publicado varias obras al respecto. La editorial EPO acaba de publicar, en neerlandés, su obra De Groote Klassenoorlog. 1914-1918 («1914-1918, la Gran Guerra de las clases», que el 20 de septiembre publicará en francés la Editorial Aden y por lo tanto se venderá en la ManiFiesta*), una obra imprescindible sobre la Primer Guerra Mundial. Considera que hubo dos causas principales de esta guerra, por una parte el imperialismo y, por otra, el miedo a la revolución.

«Las grandes potencias industriales, los grandes bancos y las grandes empresas querían nuevas colonias (o semicolonias sobre las que ejercería un control indirecto) debido a sus materias primas, su mano de obra barata y sus posibilidades de inversión. Es indudable que una de las principales razones de la guerra reside en ello». Veamos la explicación.

Volvamos a principios del siglo XX. ¿Acaso no se había repartido ya el mundo?

Jacques R. Pauwels: No del todo. China, por ejemplo, un inmenso país débil con un enorme mercado de salidas, seguía estando totalmente abierto.

Además, no todos los países estaban satisfechos con su parte. En el aspecto de las colonias Alemania era el pariente pobre. Pensaba poder fagocitar Bélgica. Además, Gran Bretaña estaba dispuesta a firmar un acuerdo al respecto. No había que llegar necesariamente a una guerra. La competencia entre los países imperialistas también se podía resolver por medio de acuerdos mutuos. Entre la elite inglesa había un grupo bastante importante que hubiera preferido colaborar con Alemania en vez de con Francia. Estas personas estaban dispuestas a ceder el Congo belga a Alemania para satisfacer a este país.

Por lo tanto, es normal Bélgica se implicara en esta guerra puesto que Bélgica también era un país imperialista.

Usted también habla de imperialismo social…

Jacques R. Pauwels: En efecto. Adquiriendo las colonias los países se podían desembarazar de sus ciudadanos «molestos»: las clases inferiores, que para la elite estaban superpobladas.

Se podían desembarazar de las personas demasiado pobres enviándolas a las colonias. El imperialismo era, por lo tanto, una manera de resolver los problemas sociales. Los pobres podían hacer carrera en las colonias. De este modo se convertían en patriotas en vez de seguir siendo unos pelmas. Dejándoles intervenir de manera agresiva en las colonias ya no planteaban el menor problema en la metrópoli.

Por ejemplo, había muchos hijos de agricultores sin trabajo debido a que la agricultura se estaba volviendo demasiado productiva. Se podía enviar a estos chavales al Congo como misioneros. Se envió allí a una veintena de misioneros de cada poblacho agrícola flamenco, se les puso un uniforme y a partir de entonces pudieron jugar a ser patrones en el país de los negros.

Usted afirma que el reto eran las colonias. En ese caso, ¿por qué no llevaron a cabo la lucha en las colonias?

Jacques R. Pauwels: Todo esto acabó en una guerra mundial porque se trataba de posesiones imperialistas, pero esta guerra se desarrolló en Europa porque los países imperialistas estaban principalmente en Europa, con dos excepciones: Estados Unidos y Japón, que se pudieron permitir no intervenir directamente. Otros países, como Italia y Bulgaria, esperaron un poco pero finalmente entraron en guerra cuando comprendieron que había algo que ganar en la aventura.

Mapa de las posesiones coloniales al principio de la guerra • Las causas de la Primera Guerra Mundial fueron el reparto de los nuevos mercados que ofrecía China, el reparto del petróleo de Mesopotamia, la lucha entre las grandes potencias imperialistas por las colonias. Mapa http://etudescoloniales.canalblog.com

¿No hubiera sido mejor permanecer neutrales en el caso de los países que no estaban concernidos directamente?

Jacques R. Pauwels: Confinarse en la neutralidad tampoco dejaba de ser peligroso. ¿Por qué entró en guerra Estados Unidos? No para salvar la democracia o algo por el estilo, eso es una tontería. Al ser un país imperialista, estaba al acecho de una ocasión para extenderse y China se encontraba en la lista de sus pretensiones. No es que quisieran conquistar China, sino que querían penetrar en ella en el plan económico: ahí había mercado para sus productos, posibilidades de inversión, contratos interesantes en la construcción del ferrocarril, etc.

Pero otros países también miraban de reojo a China, como Japón, por ejemplo. Alemania y Francia ya tenían concesiones ahí, unas minicolonias. Japón, el gran competidor de Estados Unidos, declaró la guerra a Alemania con un pretexto y lo que hizo inmediatamente fue conquistar en China este trozo que era de Alemania. Esto no le gustó a los estadounidenses. Estados Unidos tenía que intervenir, de lo contrario se iba a encontrar con las manos vacías al final de la guerra.

Era como una lotería, quien no jugaba no podía ganar. En febrero de 1917, en Francia, el presidente del Consejo (jefe del gobierno de entonces, NDLR) había declarado que solo los países implicados en la guerra tendrían algo que decir en el reparto del mundo posterior a la guerra. En mi opinión, hay una relación entre esta declaración y el hecho de que en abril de ese mismo año Estados Unidos declarara la guerra a Alemania. Los ganadores de la guerra tenían la intención de recompensarse a sí mismos, los perdedores iban a perder, pero los neutrales no recibirían nada e incluso lo contrario, ya que quienes permanecieran neutrales podían ser sancionados porque no estaban en el campo de los vencedores.

¿Cómo es eso?

Jacques R. Pauwels: Tomemos el ejemplo de Portugal. En 1916 también los portugueses declararon la guerra a Alemania, no porque creyeran tener que estar ahí cuando se repartieran los premios, sino porque consideraron que iba a tener que pagar el precio de su neutralidad si no entraban en guerra. Sabían que ya antes de la guerra los británicos habían propuesto a Alemania las colonias portuguesas. Por consiguiente, los portugueses se dijeron que iban a perder sus colonias si permanecían neutrales. Así pues, los portugueses tenían mucho miedo de perderlo todo si permanecían neutrales. Y, ¿qué hizo Portugal? Declaró la guerra a Alemania, para gran desilusión de los británicos. ¿Tenía Portugal algo contra Alemania? No, nada en absoluto, pero por esas razones imperialistas no se podía permitir confinarse en su neutralidad.

Siempre se ha dicho que los británicos entraron en guerra porque los alemanes habían violado la soberanía belga, pero sin duda esa no fue la verdadera razón.

Jacques R. Pauwels. No, simplemente necesitaban una excusa, ya que de todos modos Gran Bretaña deseaba la guerra con Alemania. Ya había llegado en secreto a un acuerdo con Francia que obligaba al ejército británico a acudir en ayuda de los franceses.

¿Por qué llegaron los británicos a este acuerdo con los franceses? Porque querían la guerra con Alemania y sabían que Alemania siempre había sido enemigo de Francia. Los británicos y los franceses nunca habían sido amigos, pero se convirtieron en amigos porque tenían un enemigo común.

¿Por qué quería Gran Bretaña la guerra con Alemania?

Jacques R. Pauwels: La potencia política y económica de Gran Bretaña se basaba en el control de los siete mares: Britannia rules the waves, “Gran Bretaña gobierna los mares” . La flota británica tenía que seguir siendo tan importante como el conjunto de las demás para poder dominar a cualquiera. Pero a finales del Siglo XIX y principios del XX los alemanes también empezaron a construir barcos. Se trataba de barcos modernos que no navegaban gracias al carbón, sino al petróleo. Gran Bretaña tenía carbón, pero carecía de petróleo, por lo tanto tenía que comprar el petróleo a Estados Unidos, a la Standard Oil. Pero como era una gran potencia, a Gran Bretaña no le gustaba depender de Estados Unidos, ya que eran grandes rivales, incluso enemigos.

Gran Bretaña quería una fuente independiente de petróleo, así que se puso a buscar. Primero por Persia, el actual, Irán, donde los británicos habían llegado a un acuerdo con los rusos para repartirse el petróleo. Inmediatamente después se descubrió gran cantidad de petróleo en Mesopotamia, el actual Iraq, que formaba parte del Imperio Otomano, en aquel momento “el hombre enfermo de Europa”**. Ya antes de la guerra los británicos habían arramblado con una parte de este país y lo habían denominado Kuwait. Los británicos instalaron ahí, en el trono, a un emir, que era su amigo. No un demócrata, sino alguien bien dispuesto a hacer el juego.

Un poco después también se encontró petróleo en la ciudad de Mosul y Mesopotamia se convirtió claramente en el objeto del deseo de los británicos. Pero pertenecía a los otomanos y Mosul se encontraba más lejos, en el interior, y era difícil apropiarse de ella. Pero, ¿qué descubrieron entonces los británicos? Que el Imperio Otomano y Alemania tenían un proyecto común de construcción de un ferrocarril que uniera Bagdad y Berlín. Los alemanes tenían intención de llevar este petróleo de Mesopotamia a su propia marina de guerra. Y los británicos debían impedirlo costara lo que costara. ¿Cómo? Por medio de la guerra. Cuando estalló la guerra, el ejercito anglo-indio, que ya se encontraba en los alrededores, desembarcó inmediatamente en Mesopotamia.

El ejército británico en Europa era demasiado débil para luchar contra el ejército alemán. Por lo tanto, necesitaba aliados. Francia y Rusia, que también eran enemigos de Alemania, tenían ejércitos enormes. Y así fue como se llegó a un acuerdo militar con Francia.

¿Quiere usted decir que en realidad no faltaba más que una ocasión de entrar en guerra con Alemania?

Jacques R. Pauwels: ¡ Exacto! Y a los británicos les sirvió que Alemania invadiera Bélgica. Pretendieron que la violación de la neutralidad de Bélgica era un gran problema. Sin embargo, cuando los japoneses atacaron la concesión alemana en China, los británicos acudieron a ayudar a los japoneses sin preguntar, además, a China si podían atravesar el país. Aquello también era una violación. Los propios británicos lo habían hecho en China lo que los alemanes hicieron en Bélgica. La idea de que los británicos entraron en guerra para proteger a Bélgica era una enorme ficción, era una excusa.

En su libro demuestra que además del reparto del mundo, había una segunda razón para la guerra: era una ocasión de frenar el movimiento social.

Jacques R. Pauwels: En efecto. El imperialismo es un sistema que funciona a beneficio de los grandes actores del sistema capitalista: los bancos y las grandes empresas, que necesitan materias primas y que en el plano internacional están activos en el sector minero, en la construcción de ferrocarriles, etc. Estas personas tenían problemas con sus trabajadores.

Estos trabajadores empezaron a reclamar mejores condiciones de trabajo, crearon sindicatos, tenían sus propios partidos querían salarios más altos, más democracia, derecho a voto, etc. Para los capitalistas este movimiento social era una espina en el pie. Además, los partidos socialistas cada vez obtenían más votos. «¿Cuándo parará esto?», pensaba la elite, que a todas luces tenía miedo de una revolución.

Pero aunque esto no acabara en una revolución, aunque los socialistas simplemente tuvieran que ganar las elecciones (y estaban cerca de ello), la elite temía que todo cambiara. Había que poner fin a todo eso, hacer retroceder esta democratización.

¿Qué se podía hacer en contra de esto? En primer lugar, se deportó a las colonias a los elementos más molestos. Este imperialismo social resolvió ya una parte del problema. El británico Cecil Rhodes afirmó que el imperialismo era necesario para evitar una guerra civil.

Pero no se podía deportar a todo el mundo. Hacia el década de 1900 cundía entre la elite un «miedo a la masa», la masa peligrosa que conocía un ascenso irresistible. La guerra era una solución para encauzar este problema. La elite quería volver a los tiempos de los señores que mandaban y de los esclavos que obedecían incondicionalmente. El objetivo era aniquilar las ideas revolucionarias, la vuelta atrás. Es precisamente el tipo de situación que se tiene en el ejército: nada de discusiones, nada de democracia y un bonito uniforme para todo el mundo. Se quería militarizar a la sociedad. Por consiguiente, se necesitaba una guerra y cuanto antes mejor.

¿Había prisa?

Jacques R. Pauwels: En aquel momento todas las partes pensaban que no podían perder. Los franceses, los británicos y los rusos tenían una alianza, la Triple Entente. Creían que juntos eran invencibles. Los alemanes tenían Austria-Hungría de su parte, sus generales geniales y una industria enorme detrás que podía fabricar los mejores cañones.

Además, si esperaban demasiado pudiera ser que los socialistas ganaran las elecciones y entonces la elite temía la revolución. Los británicos y los franceses, por ejemplo, no podían esperar demasiado tiempo, porque temían que estallara la revolución en Rusia. En ese caso, habrían perdido a este aliado y sin lugar a dudas ya no podrían resultar victoriosos.

En un momento dado ya no se pudo esperar más. El atentado en Sarajevo no fue la razón de la guerra sino el pretexto para lanzarse por fin a ella, de la misma manera que la violación de la neutralidad belga no había sido una razón para emprender la guerra contra Alemania. Necesitaban un pretexto.

La guerra tenía unas causas geoestratégicas y servía a unos intereses nacionales. Pero, es cruel enviar a la muerte a millones de personas por esas razones, ¿no?

Jacques R. Pauwels: Sí, es cínico y particularmente cruel. Pero a principios del siglo XIX lo que prevalecía era el pensamiento social darwiniano. La elite consideraba que se encontraba en lo más alto de la escala social y que estaba compuesta por los mejores. Racionalizaban toda esta violencia y todos estos muertos: había demasiadas personas y una guerra llegaba en el momento oportuno para hacer un poco de limpieza, para aligerar un poco las clases inferiores

Es un error pensar que estos generales fueran unos sádicos. Eran personas muy normales que aplicaban lo que entonces era una idea común, es decir, que había una jerarquía entre las personas y que ellos estaban en lo más alto y quienes estaban en lo más bajo eran molestos y peligrosos, además de demasiado numerosos. La elite consideraba que tenía derecho a controlar a los demás. ¡Eso también valía para la elite belga! Porque no hay que olvidar que lo que los belgas hicieron en el Congo es mucho más grave que lo que los alemanes hicieron en Bélgica. Pero la Bélgica mártir es un hermoso tema para nuestros manuales de historia…

Cuando se ven las cosas desde este punto de vista se comprende por qué estos generales enviaban a cientos de miles de hombres a la muerte. No porque fueran crueles, sino porque estaban convencidos de hacer lo correcto.

El escritor francés Anatole France dijo entonces: «Creemos morir por la patria, pero morimos por las industrias».

Jacques R. Pauwels: Se convenció a la gente que era noble morir por la patria: lo decía el cura y lo decía el burgomaestre, y la gente se lo tragaba.

El cura y el burgomaestre no eran los únicos en decirlo. Los partidos socialistas también lo dijeron justo antes de la guerra.

Jacques R. Pauwels: En efecto, esa es la razón por la que tantos hombres partieron a la guerra con tanto entusiasmo, porque los socialistas también lo decían, salvo en algunos países como Italia. De hecho, esta es la razón por la que los italianos fueron menos entusiastas de la guerra.

¿Por qué cambiaron de opinión los socialistas?

Jacques R. Pauwels: Hasta 1914 la mayoría de los socialistas todavía eran revolucionarios en teoría, pero ya no en la práctica. Habían trabajado en el seno del sistema por unas mejoras y unas reformas: tenían un poco más de democracia, se había ampliado el derecho a voto, la semana laboral era más corta, etc. Progresivamente los socialistas consideraron que las cosas empezaba a ir mejor. Con los beneficios del colonialismo (hacer trabajar a los negros) se podía pagar un poco mejor a los trabajadores de aquí. Por lo tanto, muchos socialistas lo consideraban una ventaja. Así fue como nació lo que Lenin denomina la aristocracia obrera. Para los simples trabajadores las cosas iban mejor. «¿Sigue siendo necesario hacer la revolución?», pensaban muchos socialistas. «Las cosas van bastante bien así, ¿no?».

Los dirigentes socialistas se volvieron cada vez más burgueses, formaban parte del sistema. El 21 de julio, [fiesta nacional belga] podían ir a estrechar manos a palacio…

Pero, ¡cuidado, no todos eran así! En Alemania había socialdemócratas que seguían siendo furibundamente hostiles a la guerra, lo mismo que Lenin en Rusia. Pero la mayoría se había aburguesado bastante. El sociólogo alemán Robert Michels ha estudiado el SPD alemán a partir de principios del siglo XIX. Su conclusión es que en el seno del partido obrero alemán se había desarrollado una jerarquía burguesa. Al largo plazo la dirección del partido tendría demasiado que perder con una revolución. No querían perder las cosas buenas que habían obtenido. Finalmente se pusieron de parte de la guerra.

Justo antes de la guerra los socialistas alemanes se habían reunido con el socialista francés Jean Jaurès***, entre otras personas, para pronunciarse en contra de la guerra, pero al día siguiente, finalmente aprobaron los créditos de guerra.

En las conmemoraciones de la Primera Guerra Mundial no se menciona lo que usted afirma del imperialismo y del temor a la revolución, por no decir que no se menciona en absoluto. ¿No es extraño?

Jacques R. Pauwels: ¡Pues sí! ¿Por qué no me han llamado todavía los periódicos De Standaard y De Morgen para hacer una entrevista? Tienen otras cosas que contar a la gente, a saber, que fue una guerra por la libertad, el derecho y la democracia. ¿Quién querría escuchar hoy que los estadounidenses entraron en guerra por objetivos imperialistas? ¿Quién no preferiría con mucho saber que fue para defender la democracia? Eso es lo que se dice todavía hoy.

Mi relato no pega en el marco actual. Mi mirada sobre la historia va contracorriente. Sin embargo, las personas que leen mi libro consideran que es una manera de comprender la historia. Si uno examina la historia de esta manera, se empieza a plantear preguntas sobre las guerras de hoy, a decirse que nuestros dirigentes nos suelen contar mentiras e incluso que dicen lo contrario de lo que piensan. Se llama contrarrevolución a la revolución, defensa al ataque. Vivimos tiempos orwellianos.

Para comprender la Primera Guerra Mundial hay que comprender el siglo XIX. La Primera Guerra Mundial es hija del siglo XIX. El siglo XIX es hijo de la Revolución Francesa y la Primera Guerra Mundial es la madre del siglo XX.

Y esta guerra mundial desencadenó una revolución que a su vez desencadenó una revolución mundial porque explicó cómo a través de la Revolución Rusa la guerra también tuvo influencia en China, en India y más lejos.

Últimamente he estado en el extremo sur de Chile, en Patagonia. En 1918 estallaron allí huelgas y revueltas, una minirrevolución que a todas luces estaba inspirada en la Revolución Bolchevique. Se aplastó aquella revolución, pero se hicieron concesiones para reducir su influencia. Chile fue el primer país con un Estado de bienestar y la razón fue esa, pero este tipo de cosas no se leen en ninguna parte.

Aquí, con ocasión de las conmemoraciones solo se nos habla de Westhoek, del Yser y de Ypres , y después también un poco de lo que pasó al otro lado de la frontera, en Verdun y en la Somme. Y, sin embargo, ¡fue una guerra mundial!

Notas de la traductora:

* ManiFiesta es la fiesta de la solidaridad que celebra cada año en Bélgica en semanario Solidarité.

** En palabras del zar ruso Nicolás I en 1853 durante una conversación con el embajador británico.

*** Recordemos que Jean Jaurès fue asesinado por un fanático nacionalista tres días después del estallido de la guerra precisamente por su postura en contra de ella.

Jacques R. Pauwels es escritor. Nació y creció en Bélgica, aunque reside en Canadá desde 1969. Es autor de El mito de la guerra buena: EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial, Hondarribia, Hiru, 2002; traducción de José Sastre. Su último libro es De Groote Klassenoorlog. 1914-1918, Editions EPO, 2014. En venta por internet en la página web PTB-shop (solo en neerlandés). El 20 de septiembre de 2014 se publicó en francés, Éditions Aden.

Fuente: http://www.solidaire.org/index.php?id=1340&type=98&tx_ttnews[tt_news]=38812&cHash=adb9dce2a3e925c554b941adcc46adb2

 

 
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Publicado por en 21 noviembre, 2014 en Noticias relacionadas

 

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España centro de espionaje en la Primera Guerra Mundial


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Este año se cumple un siglo del comienzo de la Primera Guerra Mundial. Conflicto al que no se le ha otorgado tanta importancia ni relevancia como a su sucesora la Segunda. Si bien algunos de los más destacados historiadores militares consideran que una fue consecuencia inevitable de la otra.

En ninguna de ellas España participó, al menos de forma directa. En la denominada Guerra del Catorce, España se declaró neutral lo que le permitió no tener que participar en las batallas que desangraron a Europa durante cuatro años. Pero, esta posición de no decantarse por ninguno de los dos bandos no impidió que se viera implicada en la contienda aunque, eso sí, de forma más sutil.

Wilhelm Canaris

Es conocido que los servicios de secretos de ambos bandos, por un lado los que se podrían definir como aliados o Entente liderados por Gran Bretaña y Francia y por otro la alianza liderada por los alemanes y el imperio Austro-Húngaro, desarrollaron una gran actividad en nuestro suelo patrio. Lo que es menos conocido son algunos de sus protagonistas. Por el lado alemán adquirió un gran protagonismo Wilhelm Canaris, perteneciente a la armada alemana fue el encargado de activar en España el espionaje alemán durante la contienda.

Hombre culto, políglota y de una especial sensibilidad y afecto por España supo implantar una red de colaboradores que permitió a Alemania hostigar en el Mediterráneo a la flota británica. Supo aglutinar los intereses políticos y militares de su patria de forma eficaz consiguiendo que España se convirtiera en un punto de referencia en materia de espionaje durante la Primera Guerra Mundial.

Hablaba perfectamente español y esto le permitió contactar y lograr la colaboración de personajes influyentes de la España de comienzos de siglo. Destacaron el banquero Ullmann y el empresario Echevarrieta. Estas dos personas fueron claves en cuanto que se unía el poder financiero con el poder naval de Echevarrieta, lo que le permitió a Canaris introducirse en el mundo de la marina militar española quien dependía para sus suministros del extranjero, entre ellos de los alemanes dejando de lado a los británicos.

Su objetivo fundamental fue consolidar una red de información y apoyo logístico para los submarinos alemanes que operaban en el Mediterráneo. Lo hizo y lo hizo bien hasta el punto de que las quejas del embajador británico al respecto fueron muy contundentes. Lo cierto es que Canaris, cuyo nombre en clave era el señor «Reed Rosas» utilizando la bahía de Cádiz y algunas islas menores de las Islas Baleares conseguía repostar los submarinos y aprovisionarles de víveres.

Hombre de fácil relación y trato afable, se ganó el apoyo para su causa no sólo de la sociedad civil sino también el de algunos de los altos mandos militares. Algunas fuentes sugieren que en está época conoció al que luego sería el general Franco. De lo que no cabe duda es que este oficial de la armada alemana suscitó la preocupación de los británicos y entendió que debía volver a Alemania para combatir a la flota británica en un puesto de primera línea de combate.

Intentó hacerlo pero, los italianos lo descubrieron gracias al chivatazo de un agente francés infiltrado en la embajada alemana en Madrid. El gobierno español intercedió por él y los italianos accedieron a ponerlo en libertad siempre que fuera entregado a los franceses. Lo metieron en un barco para así cumplir el acuerdo, pero consiguió convencer al capitán, que era español, de que no lo entregara sino que lo llevara a España de nuevo.

Posteriormente, consiguió llegar a Alemania donde asumió el mando de un submarino hasta el final de la guerra donde tuvo que hacer frente a la derrota de Alemania y una situación social en plena revolución.

Nunca perdió sus vínculos con España y este oficial tuvo un papel clave en la Guerra Civil Española y en la Segunda Guerra Mundial. Pero esa es otra historia que merece una atención singularizada. Lo cierto es que no se pueden entender muchos de los grandes eventos de nuestra contienda local sin la figura de este alemán que comenzó su relación con nuestro país sirviendo al suyo desde las labores de espionaje.

 
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Publicado por en 20 noviembre, 2014 en Noticias relacionadas

 

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