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Arthur Zimmermann


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Arthur Zimmermann (nacido el 5 de octubre de 1864 y fallecido el 6 de junio de 1940) fue un político alemán, que destacó especialmente por ser el ministro de Asuntos Exteriores del Imperio alemán entre el 22 de noviembre de 1916 y el 6 de agosto de 1917, fecha en la cual dimitió de su cargo.

Su nombre ha quedado en la Historia asociado al famoso Telegrama Zimmermann, durante la Primera Guerra Mundial, que fue uno de los elementos que acabaron por influir en el ánimo de los Estados Unidos para abandonar su neutralidad en el conflicto y unirse a las filas de los Aliados en contra de las Potencias Centrales, de las que formaba parte el Imperio alemán. Su objetivo desde el principio fue incitar a México a entrar en la primera guerra mundial apoyando al Imperio Alemán. El gobierno mexicano rechazó la propuesta debido a que en esos momentos se vivía una situación tensa entre los Estados Unidos y México, además de otros problemas, como ser una nación que había salido recientemente de una revolución.

Igualmente, participó en el desarrollo de los planes tendentes a apoyar al movimiento de independencia irlandés, así como en el apoyo de los Bolcheviques para efectuar una labor de zapa en el interior del Imperio ruso en contra de los zares.

Primeros pasos

Arthur Zimmermann nació en la localidad de Marggrabova (hoy Olecko, en Masuria, en la actual Polonia) en la Prusia oriental, el 5 de octubre de 1864, falleciendo debido a una neumonía en Berlín. Efectuó estudios de Derecho entre 1884 y 1887 en Königsberg, igualmente en Prusia oriental, así como en Leipzig.

Inició su carrera profesional con el ejercicio de la profesión de abogado, obteniendo con posterioridad un Doctorado en Derecho. En 1893 pasó a la carrera diplomática, entrando en el servicio consular en Berlín. Su primer destino en el extranjero fue en China, a donde llegó en 1896, pasando luego a Cantón en 1898, para acceder posteriormente a la categoría de cónsul, en 1900. Mientras se hallaba destinado en Extremo Oriente se produjo en China la revuelta de los Boxers, que conoció pues de primera mano.

Tras haber sido llamado desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, fue nombrado viceministro 1911 para, el 24 de noviembre de 1916, en plena Primera Guerra Mundial, aceptar ser nombrado ministro, sucediendo en sus funciones a Gottlieb von Jagow. No obstante, desde algunos años atrás ya asumía la mayor parte de las negociaciones del Ministerio con los mandatarios extranjeros, con motivo de la timidez enfermiza del ministro titular, von Jagow. Es de destacar que fue el primer ministro de Asuntos Exteriores del Imperio alemán que no poseía orígenes en la aristocracia, aunque sí era originario de la Prusia Oriental, como buena parte de la nobleza imperial alemana.

El Kronrat

En tanto que ministro de Asuntos Exteriores del Imperio alemán, tomó parte igualmente en lo que se conoce como Kronrat, es decir, las deliberaciones que tuvieron lugar en el verano de 1914 entre el káiser Guillermo II y el canciller alemán, Theobald von Bethmann-Hollweg, en el curso de las cuáles se tomó la decisión de apoyar al Imperio austrohúngaro tras el asesinato del arquiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo, decisión que desembocó en el estallido de la Primera Guerra Mundial. Posteriormente, Arthur Zimmermann rechazaría el uso del término Kronrat, ya que la opinión del kaiser Guillermo II fue decisiva en la discusión, aunque el canciller Bethmann-Hollweg, así como el propio Zimmermann, aprobaron la decisión de aquél.

La ejecución de la enfermera Edith Cavell

Arthur Zimmermann, desde su cargo de ministro de Asuntos Exteriores, fue igualmente quien tuvo que dar las pertinentes explicaciones en el caso de la ejecución de la enfermera británica Edith Cavell por parte de un pelotón de ejecución alemán el 12 de octubre de 1915, debido a que había ayudado a varios centenares de soldados de los Aliados a escapar desde la Bélgica ocupada por los alemanes hacia Holanda, territorio neutral en esa guerra. El incidente había tenido una honda repercusión en la prensa y la opinión pública tanto del Reino Unido como de los todavía neutrales Estados Unidos, y había acabado ya por convertirse en un problema de política internacional para el Imperio alemán.

Arthur Zimmermann empezó por afirmar que «era una lástima que la señora Cavell hubiese tenido que ser ejecutada», pero que ello era necesario. Prosiguió aceptando que era algo terrible tener que ejecutar a una mujer, pero que era necesario prestar atención a las consecuencias que se derivarían del hecho de que un Estado, especialmente si se hallaba en situación de guerra, no castigase a las mujeres después de que estas hubiesen cometido crímenes que afectasen a la seguridad de las fuerzas armadas de dicho Estado. Ninguna corte penal (y menos aún en el caso de una jurisdicción sometida a la ley marcial) hubiera hecho una tal distinción (puesto que el hombre y la mujer son iguales ante la ley), etc. Afirmó que tenía ante él el veredicto del tribunal y que estaba «convencido de que ningún tribunal del mundo hubiese emitido un veredicto distinto», prosiguiendo con frases del mismo tenor.

Su actuación fue sumamente criticada en su momento por toda la opinión pública, tanto de los países en guerra con las Potencias Centrales como entre los países neutrales, pero en cualquier caso deben ser situadas en el contexto de la época y la sociedad en la que se generaron. Hay que recordar que en ambos bandos se produjeron frecuentes fusilamientos de soldados y civiles (véase por ejemplo al respecto el caso de la bailarina holandesa Mata Hari, fusilada por Francia bajo la acusación de espionaje el 15 de septiembre de 1917).

Paz en el Este

En marzo de 1917, habida cuenta de la perspectiva de un inminente hundimiento del Frente Oriental debido a la situación política en el Imperio ruso, Zimmermann tomó la decisión personal de promover su iniciativa llamada Paz en el Este ante los revolucionarios rusos, propuesta de la mayor importancia estratégica en esas fechas para Alemania y las Potencias Centrales, y que logró imponer tanto al káiser Guillermo como al Ejército alemán.1 Hizo a los bolcheviques rusos la propuesta siguiente:

  • el cese de los combates a lo largo de toda la línea del frente;
  • la recíproca retirada de todos los territorios ocupados por cada uno de los contendientes;
  • un acuerdo amistoso respecto de Polonia, Lituania y Curlandia;
  • la promesa de colaborar con Rusia en su reconstrucción y desarrollo;
  • finalmente, Lenin y los líderes bolcheviques que se hallaban en esos momentos asilados en Suiza recibirían la autorización para regresar a Rusia en un tren cerrado y sellado que les conduciría allí a través de territorio alemán.

Dichas propuestas, en el caso de ser aceptadas, deberían liberar un alto número de divisiones de los ejércitos de las Potencias Centrales que en esos momentos combatían contra el Ejército ruso en el Frente Oriental, permitiendo que fuesen trasladadas al Frente Occidental, lo que a su vez lograría reforzar a las tropas allí empeñadas en los combates contra el resto de los Aliados en una larga y costosa guerra de trincheras, dándoles la superioridad necesaria para intentar romper el frente y decidir así el resultado de la guerra antes de la posible entrada en la guerra de los Estados Unidos.

El plan presentado por Zimmermann tuvo éxito, aunque por lo demás dejó tras de sí para el futuro un problema político importante: la Revolución bolchevique, que había triunfado en parte debido a la intervención de Arthur Zimmermann.

La misión del nuncio Pacelli

El Telegrama Zimmermann’ tal y como fue enviado por el embajador alemán en Washington al embajador alemán en México, cifrado usando un libro de códigos.

A finales de junio de 1917, Zimmermann tuvo ante sí la primera ocasión de verdad para hacer progresar unas negociaciones de paz. En el curso de varias reuniones que mantuvieron con el nuncio apostólico en Baviera, Eugenio Pacelli (quien ulteriormente sería elegido papa con el nombre de Pío XII), y con Uditore Szioppa, quienes estaban en una misión de prospección, el canciller Bethmann-Hollweg y Arthur Zimmermann escucharon sus proyectos. Según dichas propuestas, no habría anexión de territorios, no se desplazaría la frontera con el Imperio ruso, Polonia se convertiría no obstante en un estado independiente, todos los territorios ocupados por las Potencias Centrales en Francia y en Bélgica serían evacuados por las tropas alemanas, y Lorena sería restituida a Francia. La única contrapartida sería la devolución a Alemania de todas sus antiguas colonias.

Su dimisión

El 6 de agosto de 1917, Zimmermann dimitió de su cargo de ministro de Asuntos Exteriores, para ser reemplazado por Richard von Kühlmann.

El motivo principal para su dimisión fue el célebre telegrama que Zimmermann había enviado el 16 de enero de 1917. Dos años y medio después del inicio de la Primera Guerra Mundial, los Estados Unidos seguían observando una estricta neutralidad en el conflicto que enfrentaba a los Aliados con las Potencias Centrales en una guerra de trincheras en el norte de Francia y en Bélgica, sin intervenir en la lucha. A pesar de que la reelección como presidente de los Estados Unidos de Woodrow Wilson lo había sido con el lema «no estamos en guerra, gracias a mí», las consecuencias del telegrama ayudaron a que cada vez le resultase más difícil mantener su promesa y conservar la neutralidad de los Estados Unidos en la guerra.

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Publicado por en 16 enero, 2017 en 1917, Diplomáticos/Políticos, Personajes

 

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22 de Octubre de 1915 – Los medios de prensa y el “asesinato” de Edith Cavell


Los medios de prensa y el “asesinato” de Edith Cavell

El fusilamiento de la enfermera británica Edith Cavell por parte de las autoridades alemanas en la ocupada Bélgica, despertó una ola de indignación no solo en Gran Bretaña, sino también en las demás naciones aliadas y sobretodo en las neutrales.

Si bien hasta las mismas autoridades aliadas coincidían en que la ejecución se había en marcado dentro de las leyes militares internacionales dictaminada en la Convención de Ginebra de 1909, los medios de prensa al divulgar la noticia, ponían una vez más de manifiesto el “barbarismo alemán”.

El fusilamiento de Cavell, era otra muestra, junto con las atrocidades cometidas en Leuven y Dinant durante la conquista de Bélgica, o los hundimientos por parte de U-Boats de los transatlánticos RMS Lusitania y SS Arabic, de la falta de piedad de los súbditos del Káiser Wilhelm II.

Los medios de prensa, generalmente exageraban estos hechos con fines propagandísticos, los objetivos eran varios, como galvanizar la moral de los ciudadanos civiles, ayudar con el esfuerzo bélico a los soldados en el frente, y sobretodo tratar de influir sobre las poblaciones de las naciones neutrales.

Por ejemplo en una editorial del periódico londinense Daily Telegraph del 22 de Octubre de 1915, además de presentar la ejecución de la enfermera Cavell como un hecho de crueldad sin comparación, expresaba las quejas que había recibido el Káiser por parte del Rey de la neutral España, Alfonso XIII, que había sido informado por el embajador Rodrigo Saavedra y Vinent, 2º Marques de Villalobar, uno de los principales promotores, junto con miembros de la embajada de los Estados Unidos, para evitar la ejecución.

La decisión llevada a cabo por las autoridades alemanas tuvo la clara intención de amedrentar a la población civil, sin embargo su efecto fue contraproducente, dado que aumentaba el rechazo del país frente a la opinión pública de las principales naciones neutrales.

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Editorial del Daily Telegraph sobre las consecuencias de la ejecución de la enfermera Edith Cavell.
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Crónica del New York Times.
 
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Publicado por en 22 octubre, 2015 en 1915

 

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12 de Octubre de 1915 – El fusilamiento de Edith Cavell


El fusilamiento de Edith Cavell

Pese a que a lo largo de la historia las relaciones entre el Imperio Alemán y el Reino de Bélgica habían sido amistosas, debido en gran parte a que las casas reinantes estaban emparentadas, el Alto Mando del Ejército del Káiser Wilhelm II, no dudo en aplicar el Plan Schlieffen violando la neutralidad del territorio nacional belga en Agosto de 1914.

Los oficiales alemanes creyeron que la campaña se reduciría a un desfile, sin embargo envalentonados por el Rey Alberto I, las fuerzas belgas demostraron una capacidad de resistencia sorprendente, que retraso por varios días y semanas el meticuloso plan. El presunto paseo se convirtió en una lucha ciudad por ciudad, aldea por aldea, calle por calle. Esta situación enfureció a los soldados alemanes que adoctrinados en los cuarteles sobre la posible presencia de francotiradores comenzaron a tomar represalias contra la población civil, ejecutando de manera sumaria a hombres, mujeres, ancianos y hasta niños, con el objetivo de amedrentar, siendo célebres las llamadas masacres de Dinant y Leuven, incendiando en esta última la majestuosa universidad y su biblioteca donde se encontraban 300.000 libros medievales.

A pesar de haber conquistado la mayor parte del territorio belga, las autoridades alemanes continuaron con su política de represalias, sobretodo desde el nombramiento en Diciembre de 1914 como Gobernador Militar del Mayor General, Barón Moritz von Bissing quien aplico una dura política, pese a las protestas desoídas del encargado d ela administración civil, el Barón Oskar von der Lancken, contra los civiles que iba desde la requisa de víveres para el esfuerzo bélico como el encarcelamiento y fusilamiento para todo aquel que alterase el orden y la paz.

Ante estos atropellos el cardenal Désire-Joseph Mercier, denunciaba constantemente al recientemente designado Papa Benedicto XV, las atrocidades cometidas por los alemanes contra sacerdotes y civiles. Finalmente en Enero de 1915, distribuyó una Carta Pastoral titulada “Patriotism and Endurance” para ser leída desde los púlpitos de las iglesias, que expresaba el repudio a la represión enemiga y llamaba a la resistencia pacífica. En respuesta, las autoridades del Gobierno Militar decretaron su arresto domiciliario junto a otros sacerdotes.

Otro caso resonante fue el de la enfermera de origen británico, Edith Cavell, nacida el 04 de Diciembre de 1842, en el poblado de Swaderston en las cercanías a Norwich. Sus devotos padres, un vicario y una maestra le habían inculcado al igual que a sus tres hermanos menores a compartir con los menos afortunados, a pesar de los escasos ingresos de la familia. Finalizado sus estudios secundarios y después de un breve periodo como institutriz, se formó como enfermera en el Hospital de Londres, bajo la “matrona” Eva Luckes.

En 1907, gracias a sus habilidades, fue reclutada por el Doctor Antoine Depage para ser “madrina” de la L’École Belge d’Infirmières Diplômées (Escuela Belga de Graduados de Enfermería) en Bruselas, capital del Reino de Bélgica. Tres años después decidió publicar la revista especializada “L’infirmière” (La Enfermera). Hacia 1911, gracias a su desempeño, había logrado formar profesionales para 3 hospitales, 24 escuelas y 13 jardines de infantes en todo el país.

Ante el estallido de la guerra en Agosto de 1914, y luego de lograr visitar a su madre recientemente viuda, se hizo cargo en Bruselas de la escuela de enfermería de la Cruz Roja, sin abandonar su responsabilidad anterior.

En Noviembre de 1914, cuando el país se encontraba bajo la ocupación alemana, Cavell comenzó a dar refugio a soldados británicos, franceses, belgas, que habían quedado heridos o rezagados, como así también civiles, para ayudarles a huir al vecino y neutral Reino de los Países Bajos. La operación consistía en que el influyente Príncipe Reginald de Croy era el encargado de entregar documentos falsos desde su castillo de Bellignes en las cercanías de la ciudad de Mons, para que luego los refugiados fueran acogidos en Bruselas no solo por la enfermera, sino por otros ciudadanos, como Louis Séverin, para luego huir hacia la frontera holandesa gracias a los guías aportados por el arquitecto Philippe Baucq. Estas acciones violaban la ley militar imperante, por lo que las autoridades alemanas comenzaron a sospechar de las acciones de Cavell.

El 03 de Agosto de 1915, fue arrestada, acusada de albergar soldados aliados, siendo denunciada por Gaston Quien, y encerrada en la prisión de Saint-Gilles por un periodo de 10 semanas, las dos últimas en confinamiento solitario. Durante este tiempo realizó tres exposiciones ante la policía (los días 8, 18 y 22 de Agosto) reconociendo que había sido una pieza fundamental en el traslado de 60 soldados británicos, 15 franceses y unos 100 civiles belgas en edad militar hacia la frontera, de los cuales la mayoría habían sido cobijados en su casa.

Antes del consejo de guerra, reconoció su culpabilidad al firmar una declaración en la cual expreso que había recibido misivas de agradecimiento de los soldados que habían llegado sanos y salvo a Gran Bretaña vía los Países Bajos. Con esto quedaba establecido que no solo había ayudado al enemigo llegar a un país vecino, sino también a uno con el que el Imperio Alemán estaba en estado de guerra.

La pena establecida por la Ley Militar alemana, era la muerte, dado que el párrafo 58 del Código establecía“”Será condenado a muerte por traición a cualquier persona que, con la intención de ayudar a la Potencia enemiga, o de causar daño a las tropas alemanas o aliadas, es culpable de uno de los crímenes del párrafo 90 del Código Penal alemán.” Cuyo título era “Conducir soldados al enemigo”, aunque tradicionalmente no era castigado con la pena capital. Además, las penas según el párrafo 160, en caso de la guerra, se aplicaban tanto a extranjeros como alemanes.

Por otro parte, el documento de la Primera Convención de Ginebra protegía al personal médico, siempre y cuando su accionar no fuera para encubrir acciones beligerantes, como expresaba el artículo 7º de la versión vigente desde 1906. Sin embargo las autoridades alemanas justificaron el proceso en base a su propia ley e intereses.

Por su parte, el gobierno británico nada podía hacer, sin embargo no era el caso de los Estados Unidos, país neutral, por lo que el Primer Secretario de la Legación en Bruselas, Hugo Gibson advirtió al Gobierno Militar de ocupación, que sin dudas la ejecución de la señorita Cavell dañaría aún más la reputación del Imperio Alemán, ante esto el Barón von der Lancken pidió clemencia dado que Cavell había ayudado a soldados heridos propios, sin embargo el duro Gobernador Militar de Bruselas, el Teniente General Traugott Martin von Sauberzweig, alegó que en defensa de los intereses del Estado, la enfermera, que era defendida por el prestigioso abogado Sadi Kirschen, y sus cómplices, Baucq, Séverin, Louise Thuliez y la condesa Jeanne de Belleville debían ser ejecutados.

Durante todo el proceso Cavell se mantuvo íntegra al igual que en la noche anterior a su ejecución en la cual le expreso calmadamente al reverendo anglicano Stirling Gahan al que se le había permitido verla y otorgarle la Sagrada Comunión.

“Patriotism is not enough. I must have no hatred or bitterness towards anyone.”

(“El patriotismo no es suficiente. No debo tener odio o rencor hacia nadie.”).

Sus palabras finales al capellán alemán y luterano de la prisión Paul Le Seur fueron:

“I am glad to die for my country”.

(Estoy alegre de morir por mi país).

Contrarreloj, desde su lecho, el enfermo embajador estadounidense Brand Whitlock le envio una carta al Teniente General Barón von Bissing pidiendo clemencia, mientras que su secretario Gibson, el asesor legal de la embajada Maitre de Leval y el embajador español Rodrigo Saavedra y Vinent, 2º Marques de Villalobar, conformaron esa misma medianoche una delegación para pedir a las autoridades alemanas piedad o por lo menos el aplazamiento de la sentencia.

A pesar de estos esfuerzos y del suyo mismo, el Barón von der Lancken permitió continuar con el procedimiento.

Finalmente en la mañana del 12 de Octubre de 1915, Cavell, junto a Baucq y otros 3 ciudadanos belgas ajenos a la causa fueron llevados al polígono de tiro de Schaerbeek, allí aguardaban dos pelotones compuesto por 16 soldados.

A las 07:00 hs. un pelotón compuesto por ocho hombres fusilo a la enfermera, mientras que otro de igual número lo hacía con Baucq, al no morir de manera instantánea el oficial a cargo de la ejecución le dio un tiro de gracia en la sien. Luego de la realización del certificado de defunción, el embajador español instruyó a un grupo de mujeres belgas para que la enterrasen en el cementerio de la prisión de Saint-Gilles.
La ejecución de la enfermera Cavell, a pesar de ser legalmente correcta, demostraba una vez más la falta de compasión de las autoridades alemanas, que sin dudas era rechazado no solo por las naciones beligerantes, sino también por las neutrales.

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Foto de la enfermera Edith Cavell en los días previos a la guerra y dibujo sobre su fusilamiento.
 
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Publicado por en 12 octubre, 2015 en 1915

 

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