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EEUU en la Primera Guerra Mundial, la victoria que definió el camino de una gran potencia


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Al carpintero Guy Ford le gustaba ver a los peces bailotear alrededor de su barco cuando partió hacia Europa para combatir en una guerra que definiría el siglo por delante.

Pronto Ford perdió su inocencia. Pero a diferencia de tantos estadounidenses jóvenes que pelearon en la Primera Guerra Mundial, vivió para ver la transformación de su país de una nación ensimismada en una potencia mundial.

Antes del 6 de abril de 1917, Estados Unidos todavía era, según el escritor Walter Lippmann, un país en el que “el dinero gastado en barcos de guerra hubiera sido mejor empleado en escuelas”.

Hace 100 años, Estados Unidos le declaró la guerra a Alemania y, tras la victoria de 1918, puso en marcha lo que pasó a ser conocido como el “Siglo Estadounidense”.


El sargento Kevin Harmon (izq.) y el soldado David Aguirre, del cuerpo de Marines de EEUU, izan la bandera frente a un monumento a los caídos en la Primera Guerra Mundial, en el cementerio de Mount Mora, en Montana, el 6 de abril. Jessica Stewart AP

Estados Unidos primero

Guy Ford, hijo único, nacido en Roncenverte, Virginia Occidental, se acercaba a los 30 años cuando comenzó la guerra en agosto de 1914, tres años antes de que Estados Unidos se incorporase al conflicto.

El presidente Woodrow Wilson fue reelegido en 1916 con el eslogan “Nos mantuvo afuera de la guerra”. Otra frase que gustó mucho: “Estados Unidos primero”.

Cuando se declaró la guerra, el ejército de Estados Unidos era más pequeño que el de Dinamarca y mucho más pequeño que el de Bélgica

Luc De Vos, profesor de historia militar de Leuven University

En Europa, ambos bandos estaban enfrascados en una guerra de trincheras, con bombardeos constantes y ataques con gases en el norte de Francia y en Bélgica. Algunos días había miles de bajas en una carnicería sin precedentes.

Una nieta de Ford, Mary Thompson, que vive en Virginia Occidental, hizo el mismo recorrido que su abuelo y vio todas las tumbas y los sitios donde hubo combates.

“No me imagino a un chico del condado de Summers, en Virginia Occidental, que viene a este país y marcha hacia las bombas”, comentó.

Ni tampoco se lo podían imaginar la mayoría de los estadounidenses.

Fueron Vitales

A pesar del furor en torno a la destrucción causada por los alemanes y sus atrocidades, no fue hasta el 2 de abril de 1917 que Wilson pidió ir a la guerra en un discurso ante el Congreso. “Hundieron barcos estadounidenses, muchos estadounidenses murieron, en formas que nos han sacudido”, expresó. Cuatro días después, el Congreso accedió y Estados Unidos entró a la guerra.

Para entonces, ya habían muerto millones de personas. El ingreso de Estados Unidos cambió todo.

“Estaba todo estancado”, comentó el profesor de historia militar Luc De Vos, de la Leuven University. Les tomó más de un año a Guy Ford y cientos de miles de estadounidenses estar listos para el combate. Cuando se declaró la guerra, “el ejército de Estados Unidos era más pequeño que el de Dinamarca y mucho más pequeño que el de Bélgica”, agregó el académico.

Ford partió el 26 de mayo de 1918. En un diario relató que el mar estaba agitado, que hacían prácticas de tiro y que “el viento arrastraba pescados que jugaban” cerca del barco.

El 4 de julio, cuando otros en Estados Unidos festejaban el Día de la Independencia, su diario dice que recorría la campiña francesa hacia el frente de combate. “Me dieron un abrigo antes de partir. Incursión aérea esa noche”.

Hacía una travesía de 850 kilómetros (530 millas) por Francia hasta la región de Verdún. La guerra entraba en su etapa final, aunque el desenlace todavía parecía incierto.

La llegada de 2.1 millones de soldados estadounidenses inclinó la balanza.

“En un momento clave del equilibrio de fuerzas, llegan dos millones de estadounidenses, jóvenes, entusiastas, y atacan por todas partes”, dijo De Vos.

Los muertos

Un siglo después, los campos de Meuse-Argonne donde combatió Ford siguen siendo pastizales y bosques donde alguna vez se escondieron soldados estadounidenses y alemanes.

En un momento clave, en el otoño de 1918, la ofensiva de Meuse-Argonne fue la operación más grande y más sangrienta emprendida por las fuerzas expedicionarias estadounidenses. Involucró a 1.2 millones de soldados y duró 47 días. Fallecieron 26,000 soldados estadounidenses, aunque Ford no figuró entre ellos.

 
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Publicado por en 20 abril, 2017 en Noticias relacionadas

 

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Arthur Zimmermann


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Arthur Zimmermann (nacido el 5 de octubre de 1864 y fallecido el 6 de junio de 1940) fue un político alemán, que destacó especialmente por ser el ministro de Asuntos Exteriores del Imperio alemán entre el 22 de noviembre de 1916 y el 6 de agosto de 1917, fecha en la cual dimitió de su cargo.

Su nombre ha quedado en la Historia asociado al famoso Telegrama Zimmermann, durante la Primera Guerra Mundial, que fue uno de los elementos que acabaron por influir en el ánimo de los Estados Unidos para abandonar su neutralidad en el conflicto y unirse a las filas de los Aliados en contra de las Potencias Centrales, de las que formaba parte el Imperio alemán. Su objetivo desde el principio fue incitar a México a entrar en la primera guerra mundial apoyando al Imperio Alemán. El gobierno mexicano rechazó la propuesta debido a que en esos momentos se vivía una situación tensa entre los Estados Unidos y México, además de otros problemas, como ser una nación que había salido recientemente de una revolución.

Igualmente, participó en el desarrollo de los planes tendentes a apoyar al movimiento de independencia irlandés, así como en el apoyo de los Bolcheviques para efectuar una labor de zapa en el interior del Imperio ruso en contra de los zares.

Primeros pasos

Arthur Zimmermann nació en la localidad de Marggrabova (hoy Olecko, en Masuria, en la actual Polonia) en la Prusia oriental, el 5 de octubre de 1864, falleciendo debido a una neumonía en Berlín. Efectuó estudios de Derecho entre 1884 y 1887 en Königsberg, igualmente en Prusia oriental, así como en Leipzig.

Inició su carrera profesional con el ejercicio de la profesión de abogado, obteniendo con posterioridad un Doctorado en Derecho. En 1893 pasó a la carrera diplomática, entrando en el servicio consular en Berlín. Su primer destino en el extranjero fue en China, a donde llegó en 1896, pasando luego a Cantón en 1898, para acceder posteriormente a la categoría de cónsul, en 1900. Mientras se hallaba destinado en Extremo Oriente se produjo en China la revuelta de los Boxers, que conoció pues de primera mano.

Tras haber sido llamado desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, fue nombrado viceministro 1911 para, el 24 de noviembre de 1916, en plena Primera Guerra Mundial, aceptar ser nombrado ministro, sucediendo en sus funciones a Gottlieb von Jagow. No obstante, desde algunos años atrás ya asumía la mayor parte de las negociaciones del Ministerio con los mandatarios extranjeros, con motivo de la timidez enfermiza del ministro titular, von Jagow. Es de destacar que fue el primer ministro de Asuntos Exteriores del Imperio alemán que no poseía orígenes en la aristocracia, aunque sí era originario de la Prusia Oriental, como buena parte de la nobleza imperial alemana.

El Kronrat

En tanto que ministro de Asuntos Exteriores del Imperio alemán, tomó parte igualmente en lo que se conoce como Kronrat, es decir, las deliberaciones que tuvieron lugar en el verano de 1914 entre el káiser Guillermo II y el canciller alemán, Theobald von Bethmann-Hollweg, en el curso de las cuáles se tomó la decisión de apoyar al Imperio austrohúngaro tras el asesinato del arquiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo, decisión que desembocó en el estallido de la Primera Guerra Mundial. Posteriormente, Arthur Zimmermann rechazaría el uso del término Kronrat, ya que la opinión del kaiser Guillermo II fue decisiva en la discusión, aunque el canciller Bethmann-Hollweg, así como el propio Zimmermann, aprobaron la decisión de aquél.

La ejecución de la enfermera Edith Cavell

Arthur Zimmermann, desde su cargo de ministro de Asuntos Exteriores, fue igualmente quien tuvo que dar las pertinentes explicaciones en el caso de la ejecución de la enfermera británica Edith Cavell por parte de un pelotón de ejecución alemán el 12 de octubre de 1915, debido a que había ayudado a varios centenares de soldados de los Aliados a escapar desde la Bélgica ocupada por los alemanes hacia Holanda, territorio neutral en esa guerra. El incidente había tenido una honda repercusión en la prensa y la opinión pública tanto del Reino Unido como de los todavía neutrales Estados Unidos, y había acabado ya por convertirse en un problema de política internacional para el Imperio alemán.

Arthur Zimmermann empezó por afirmar que «era una lástima que la señora Cavell hubiese tenido que ser ejecutada», pero que ello era necesario. Prosiguió aceptando que era algo terrible tener que ejecutar a una mujer, pero que era necesario prestar atención a las consecuencias que se derivarían del hecho de que un Estado, especialmente si se hallaba en situación de guerra, no castigase a las mujeres después de que estas hubiesen cometido crímenes que afectasen a la seguridad de las fuerzas armadas de dicho Estado. Ninguna corte penal (y menos aún en el caso de una jurisdicción sometida a la ley marcial) hubiera hecho una tal distinción (puesto que el hombre y la mujer son iguales ante la ley), etc. Afirmó que tenía ante él el veredicto del tribunal y que estaba «convencido de que ningún tribunal del mundo hubiese emitido un veredicto distinto», prosiguiendo con frases del mismo tenor.

Su actuación fue sumamente criticada en su momento por toda la opinión pública, tanto de los países en guerra con las Potencias Centrales como entre los países neutrales, pero en cualquier caso deben ser situadas en el contexto de la época y la sociedad en la que se generaron. Hay que recordar que en ambos bandos se produjeron frecuentes fusilamientos de soldados y civiles (véase por ejemplo al respecto el caso de la bailarina holandesa Mata Hari, fusilada por Francia bajo la acusación de espionaje el 15 de septiembre de 1917).

Paz en el Este

En marzo de 1917, habida cuenta de la perspectiva de un inminente hundimiento del Frente Oriental debido a la situación política en el Imperio ruso, Zimmermann tomó la decisión personal de promover su iniciativa llamada Paz en el Este ante los revolucionarios rusos, propuesta de la mayor importancia estratégica en esas fechas para Alemania y las Potencias Centrales, y que logró imponer tanto al káiser Guillermo como al Ejército alemán.1 Hizo a los bolcheviques rusos la propuesta siguiente:

  • el cese de los combates a lo largo de toda la línea del frente;
  • la recíproca retirada de todos los territorios ocupados por cada uno de los contendientes;
  • un acuerdo amistoso respecto de Polonia, Lituania y Curlandia;
  • la promesa de colaborar con Rusia en su reconstrucción y desarrollo;
  • finalmente, Lenin y los líderes bolcheviques que se hallaban en esos momentos asilados en Suiza recibirían la autorización para regresar a Rusia en un tren cerrado y sellado que les conduciría allí a través de territorio alemán.

Dichas propuestas, en el caso de ser aceptadas, deberían liberar un alto número de divisiones de los ejércitos de las Potencias Centrales que en esos momentos combatían contra el Ejército ruso en el Frente Oriental, permitiendo que fuesen trasladadas al Frente Occidental, lo que a su vez lograría reforzar a las tropas allí empeñadas en los combates contra el resto de los Aliados en una larga y costosa guerra de trincheras, dándoles la superioridad necesaria para intentar romper el frente y decidir así el resultado de la guerra antes de la posible entrada en la guerra de los Estados Unidos.

El plan presentado por Zimmermann tuvo éxito, aunque por lo demás dejó tras de sí para el futuro un problema político importante: la Revolución bolchevique, que había triunfado en parte debido a la intervención de Arthur Zimmermann.

La misión del nuncio Pacelli

El Telegrama Zimmermann’ tal y como fue enviado por el embajador alemán en Washington al embajador alemán en México, cifrado usando un libro de códigos.

A finales de junio de 1917, Zimmermann tuvo ante sí la primera ocasión de verdad para hacer progresar unas negociaciones de paz. En el curso de varias reuniones que mantuvieron con el nuncio apostólico en Baviera, Eugenio Pacelli (quien ulteriormente sería elegido papa con el nombre de Pío XII), y con Uditore Szioppa, quienes estaban en una misión de prospección, el canciller Bethmann-Hollweg y Arthur Zimmermann escucharon sus proyectos. Según dichas propuestas, no habría anexión de territorios, no se desplazaría la frontera con el Imperio ruso, Polonia se convertiría no obstante en un estado independiente, todos los territorios ocupados por las Potencias Centrales en Francia y en Bélgica serían evacuados por las tropas alemanas, y Lorena sería restituida a Francia. La única contrapartida sería la devolución a Alemania de todas sus antiguas colonias.

Su dimisión

El 6 de agosto de 1917, Zimmermann dimitió de su cargo de ministro de Asuntos Exteriores, para ser reemplazado por Richard von Kühlmann.

El motivo principal para su dimisión fue el célebre telegrama que Zimmermann había enviado el 16 de enero de 1917. Dos años y medio después del inicio de la Primera Guerra Mundial, los Estados Unidos seguían observando una estricta neutralidad en el conflicto que enfrentaba a los Aliados con las Potencias Centrales en una guerra de trincheras en el norte de Francia y en Bélgica, sin intervenir en la lucha. A pesar de que la reelección como presidente de los Estados Unidos de Woodrow Wilson lo había sido con el lema «no estamos en guerra, gracias a mí», las consecuencias del telegrama ayudaron a que cada vez le resultase más difícil mantener su promesa y conservar la neutralidad de los Estados Unidos en la guerra.

 
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Publicado por en 16 enero, 2017 en 1917, Diplomáticos/Políticos, Personajes

 

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Heinrich von Eckardt


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Heinrich von Eckardt fue embajador del Imperio Alemán en México, oficina asumida alrededor de 1915 donde pasó la mayor parte de su tiempo como embajador durante la Primera Guerra Mundial. Después de la salida del presidente Victoriano Huerta (que apoyaba más la tesis alemana) en 1914, su sucesor Venustiano Carranza tenía una posición perceptiblemente negativa para con Alemania; von Eckardt creyó que tanto Carranza como los órganos gubernamentales eran ” prototipos de la vulgaridad y depravación”. Su actitud hacia el presidente seguía siendo amarga a pesar de las tentativas de Carranza por suprimir las publicaciones anti-Alemanas, que él describió como ” mediocridad pujante”.

Von Eckardt es conocido por ser a quien iba dirigido el telegrama de Zimmermann, un telegrama enviado por el Ministro de Asuntos Exteriores alemán Arthur Zimmermann el 16 de enero de 1917. El mensaje primero fue enviado al embajador alemán de los Estados Unidos, Juan von Bernstorff, para evitar que sea interceptado. Él lo retransmitió a von Eckardt el 19 de enero. Sin embargo, pese a eso, el telegrama fue interceptado por el Reino Unido al ser trasmitido por von Bernstorff a von Eckardt y descifrado por Room 40. En el telegrama, Zimmermann daba instrucciones a von Eckardt para acercarse al presidente Venustiano Carranza, primero con el fin de formar una alianza con Alemania, y segundo; en caso de romperse las relaciones de Alemania con Estados Unidos, atacar los E.E.U.U. con ellos y ayudar a persuadir a Japón en la ayuda de dicho ataque. El telegrama fue dejado vago y dijeron a von Eckardt para resolver los detalles mismos como él los presentó a Carranza. También le pidieron llamar a Carranza la atención de intervenir en la batalla del Atlántico y de la posibilidad que pueda fomentar tentativas maneras de obligar al Reino Unido por una paz.

A pesar de el descubrimiento del telegrama por los Estados Unidos y la Gran Bretaña, el Ministro de Asuntos Exteriores acercado Eckardt Cándido Aguilar de von y le dio la oferta al mes después de que el mensaje fuera enviado. Aguilar era comprensivo, pero ambos él y Carranza rechazaron eventual Alemania, principalmente debido al lanzamiento prematuro. México temió influencia americana, aunque, y von Eckardt podía algo sacudir Carranza, que pidió los periódicos favorable-Aliados para invertir su postura. Estos informes Alemán-céntricos von inicialmente llevado Eckardt para creer el armisticio eran un mito propagandic. La confusión adicional dio lugar a un periódico de Guadalajaran que traslapaba el sentimiento favorable-Alemán con von Eckardt’ instrucciones de s para los informes de favorable-Carranza cuando Carranza’ el anticlericalism de s hizo el periódico criticar la iglesia católica, llevando al church’ boicoteo y von Eckardt’ de s; tentativas fracasadas de s de engatusarlos fuera de él. Von Eckardt fue previamente el embajador alemán para el reino de Montenegro durante las guerras de los Balcanes. Él estaba presente el 27 de abril de 1913 en que Austria exigió al rey Nicolás que Montenegro regresara la región de Shkodër a Albania.

 
 

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Telegrama Zimmermann


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El Telegrama Zimmermann tal y como fue enviado por el embajador alemán en Washington al embajador en México. Cada palabra cifrada fue enviada en un grupo de cuatro o cinco números, usando un libro de códigos.

El telegrama Zimmermann fue un telegrama enviado por Arthur Zimmermann, ministro de Asuntos Exteriores del Imperio Alemán, el 16 de enero de 1917 (durante la Primera Guerra Mundial), a su embajador en México, conde Heinrich von Eckardt. En el mismo se instruía al embajador para que acercara al Gobierno mexicano una propuesta para formar una alianza contra los Estados Unidos. Fue interceptado por los servicios británicos de espionaje, y su contenido aceleró la entrada de los Estados Unidos en la guerra.

Contenido del telegrama

El mensaje inicial del embajador Arthur Zimmermann incluía propuestas de alianza entre México y el Imperio Alemán, mientras que éste aún trataría de permanecer neutral ante Estados Unidos. En el caso de que ésta política fallara, la nota diplomática sugería que el gobierno mexicano debería unirse a la causa alemana, y lanzar un ataque militar contra los Estados Unidos. Para este fin, Alemania se comprometía a prestar asistencia financiera y armamentística a México para que este país recuperase por la fuerza los territorios de Texas, Nuevo México y Arizona, que México había perdido en la Intervención estadounidense en México debido a los Tratados de Guadalupe-Hidalgo en 1848, aunque no se mencionó posibilidades de ayuda alemana para recuperar California.

Traducción al castellano

Nos proponemos comenzar el primero de febrero la guerra submarina, sin restricción. No obstante, nos esforzaremos para mantener la neutralidad de los Estados Unidos de América.
En caso de no tener éxito, proponemos a México una alianza sobre las siguientes bases: hacer juntos la guerra, declarar juntos la paz; aportaremos abundante ayuda financiera; y el entendimiento por nuestra parte de que México ha de reconquistar el territorio perdido en Nuevo México, Texas y Arizona. Los detalles del acuerdo quedan a su discreción [de Von Eckardt].
Queda usted encargado de informar al presidente [de México] de todo lo antedicho, de la forma más secreta posible, tan pronto como el estallido de la guerra con los Estados Unidos de América sea un hecho seguro. Debe además sugerirle que tome la iniciativa de invitar a Japón a adherirse de forma inmediata a este plan, ofreciéndose al mismo tiempo como mediador entre Japón y nosotros.
Haga notar al Presidente que el uso despiadado de nuestros submarinos ya hace previsible que Inglaterra se vea obligada a pedir la paz en los próximos meses.

Intercepción británica

El Telegrama Zimmermann fue interceptado y descifrado lo suficiente como para poder leer un esbozo de su contenido, por los criptógrafos Nigel de Grey y William Montgomery de la unidad de la Inteligencia Naval Británica conocida como “Habitación 40” (en inglés Room 40), a cargo del almirante William R. Hall. Esto fue posible porque el código de cifrado utilizado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania (llamado 0075) había sido analizado y parcialmente descifrado, se cree que utilizando mensajes ya descifrados y un libro de códigos anterior capturado por Wilhelm Wassmus, un agente alemán que trabajaba en el Oriente Medio.

El Gobierno británico, que quería exponer al gobierno estadounidense el contenido incriminatorio del telegrama, estaba en un dilema: si se publicaba el telegrama, los jefes del espionaje alemán supondrían (con razón) que su código había sido roto y lo modificarían de inmediato; si los británicos no publicaban el telegrama, perderían una oportunidad única para que los Estados Unidos se unieran a la guerra e inclinaran la balanza hacia el lado aliado. El mensaje fue enviado además durante un período en que los sentimientos antialemanes se vivían con particular intensidad en los EE. UU.: un submarino de la Kaiserliche Marine había torpedeado, según el gobierno germano “por error“, el RMS Lusitania un barco de pasajeros británico, con la pérdida de varios cientos de vidas estadounidenses que viajaban a bordo.

Había otro problema más grave: Gran Bretaña tampoco podía mostrar el telegrama al gobierno de los Estados Unidos sin generar sospechas, pues debido a su gran importancia, el mensaje había sido enviado desde Berlín al embajador alemán en Washington, DC, el conde Johann Heinrich von Bernstorff, para ser retransmitido al embajador alemán en México, Heinrich von Eckardt, por tres rutas separadas.

Los británicos habían obtenido el telegrama por una de éstas líneas telegráficas, pues el gobierno de Washington le habían otorgado acceso a sus líneas telegráficas diplomáticas privadas a los diplomáticos alemanes, en un esfuerzo para acelerar el proyecto pacifista del Presidente Woodrow Wilson. Los diplomáticos alemanes no estaban preocupados por usar esta línea telegráfica estadounidenses dado que los mensajes iban cifrados, teniendo en cuenta que los Estados Unidos no tenían tecnología de cifrado, y que los agentes de espionaje estadounidense no tenían órdenes de detectar y descifrar los mensajes diplomáticos de otras naciones. Además el telegrama había sido enviado por un diplomático alemán desde la Embajada estadounidense en Berlín con rumbo a Copenhague, y desde ese punto fue remitido vía cable submarino con rumbo a la embajada alemana en los Estados Unidos pasando por Gran Bretaña, donde fue interceptado.

Si los agentes británicos revelaban el origen del telegrama, se hubiera cometido un suicidio político, pues eso hubiera significado admitir que Gran Bretaña también espiaba las comunicaciones diplomáticas estadounidenses (a través de las cuales viajaban los telegramas del espionaje alemán). Hay personas que indican que en ese caso los Estados Unidos no hubieran declarado la guerra a Alemania, y posiblemente los Imperios Centrales hubieran resistido más tiempo a la Triple Entente o inclusive hubieran ganado la Gran Guerra.

El Gobierno británico había estimado que la embajada alemana en Washington D.C. enviaría el mensaje hacia su embajada en Ciudad de México usando el sistema telegráfico comercial para evitar las sospechas estadounidenses, al tratarse de un envío de telegrama entre dos países neutrales. Por tanto, los agentes británicos sospechaban que una copia del telegrama de Zimmermann podría existir en la oficina de telégrafos en la Ciudad de México a manera de constancia de recepción. De obtenerse una copia del telegrama, ésta podría ser remitida por Gran Bretaña al gobierno de los Estados Unidos bajo la excusa de que había sido obtenida por el espionaje británico en México (y no interceptando la línea telegráfica de EE.UU.), sin hacer referencia al origen del descubrimiento.

Por tanto, el espionaje británico se contactó a un agente en México, conocido sólo como el Señor H, que obtuvo una copia del telegrama en la oficina central de correos y telégrafos de Ciudad de México. Para suerte de los agentes británicos, el telegrama al embajador alemán en México había sido enviado utilizando un código viejo, que podía ser descifrado en su totalidad, presumiblemente porque la embajada alemana en México no tenía los códigos secretos más nuevos o porque no se consideró posible que los espías británicos pudieran interceptar un telegrama germano en Estados Unidos.

El telegrama fue entregado por el almirante William Hall al Ministro de Relaciones Exteriores británico, Arthur James Balfour, quien a su vez lo remitió al presidente Woodrow Wilson mediante el embajador estadounindense en Londres, Walter Page.

Efectos

México

Mapa del territorio mexicano en 1917 (verde oscuro), mostrando el territorio prometido a México en el telegrama Zimmermann en verde claro.

Al poco tiempo de recibirse el telegrama, el presidente mexicano Venustiano Carranza comisionó un consejo militar para verificar la validez del proyecto propuesto por el Imperio Alemán; el resultado, como era de esperarse para una época tan turbulenta, confirmaba que sería desastroso el resultado de una ofensiva mexicana para recuperar sus antiguos territorios. Si bien era una aspiración mexicana recuperar esas tres provincias (no se ha confirmado si el proyecto alemán contemplaba California), ello traería graves consecuencias políticas y sociales entre la población y eventualmente terminaría en una nueva guerra con los Estados Unidos.

Un ataque militar mexicano traería una severa respuesta bélica de los Estados Unidos, país que ya en esos años contaba con un ejército de tierra y una marina de guerra bastante más numerosos y mucho mejor armados que las fuerzas análogas de México. Además, la Gran Guerra seguía desarrollándose tenazmente en Europa, donde aún Alemania luchaba en dos frentes y se enfrentaba al bloqueo naval de la Royal Navy británica, por lo cual parecía casi imposible que el Imperio Alemán estuviera en condiciones de proveer armas a México en cantidad suficiente para las graves hostilidades que se avecinarían.

Inclusive en caso de éxito, México también carecía de la capacidad para reubicar a la población angloparlante entre sus fronteras, más aún tomando en cuenta que los civiles estadounidenses de esas regiones solían estar armados y serían fuente de continuos conflictos y revueltas; el gobierno mexicano tampoco tenía recursos ni medios para movilizar colonos leales a México a esos territorios.

Por otro lado, el Gobierno Mexicano estaba más preocupado por la Expedición Punitiva al mando del General John J. Pershing para capturar a Pancho Villa, siendo que la rebelión armada de Emiliano Zapata en Oaxaca y regiones vecinas estaba en pleno auge, por lo cual las fuerzas armadas mexicanas estaban ya bastante ocupadas en sofocar las revueltas de Zapata y Villa, siendo imposible que actuasen eficazmente en una guerra exterior. La situación interna de México mostraba que el régimen de Venustiano Carranza ni siquiera podía asegurar su pleno control sobre todo México, lo cual hacía riesgoso para Carranza embarcarse en un conflicto internacional teniendo ya un conflicto interno muy complicado. Considerando los muchos y graves factores adversos, Carranza declinó la oferta de Arthur Zimmermann el 14 de abril de ese mismo año, fecha para la cual Estados Unidos ya había entrado a la Gran Guerra y retirado a sus tropas de suelo mexicano. De esta manera, Carranza mantuvo el poder sin asuntos complejos de política internacional a sus espaldas y se pudo dedicar a reorganizar la política interna de México.

Alemania

En el Telegrama Zimmermann se instruía al embajador germano en México para que se acercara al régimen de Venustiano Carranza con una propuesta para formar una alianza contra los Estados Unidos, pero solamente si dicho país lanzaba un ataque contra Alemania. La intención última del Imperio Alemán consistiría más bien en evitar la entrada de Estados Unidos en la contienda causando un ataque mexicano que sirviera como una distracción al gobierno de Woodrow Wilson y lo disuadiera de ayudar a la Triple Entente.

En un movimiento impredecible, el ministro Arthur Zimmermann confirmó en Berlín la autenticidad de su telegrama el 3 de marzo de 1917, y lo repitió días después en un discurso el 29 de marzo tratando de explicar su visión de la situación. Para empezar, Zimmermann alegó que no había escrito una carta directamente a Venustiano Carranza, sino que le había dado instrucciones a su embajador en México por una vía “que le parecía segura“. También sostuvo Zimmermann que a pesar de la ofensiva submarina alemana, él esperaba que los Estados Unidos permanecieran neutrales. Zimmermann sostuvo que su propuesta al Gobierno Mexicano sólo sería entregada si los Estados Unidos declaraban la guerra a las Potencias Centrales, y creía que sus instrucciones eran absolutamente leales para con los Estados Unidos pues en realidad apenas reclamaba neutralidad al gobierno estadounidense, amenazando con promover una invasión mexicana sólo como último recurso. De hecho, Zimmermann reprochó al presidente Wilson el haber roto relaciones con el Imperio Alemán con excesiva rudeza después de que el telegrama hubiera sido interceptado, por lo cual el conde Von Bernstorff, embajador alemán en Washington D.C., no tuvo oportunidad para explicar la actitud alemana, concluyendo que el Gobierno estadounidense había declinado negociar.

Se puede apreciar que había honestidad en el discurso de Zimmermann, pues tuvo ocasión para reflexionar sobre el impacto del telegrama y sus efectos, y aun así el ministro alemán estuvo preparado para presentar su plan original. Sin embargo, también se reveló que Zimmermann, como ministro de asuntos exteriores de Alemania carecía de datos serios sobre la verdadera fuerza bélica de los Estados Unidos y México, además de las delicadas relaciones entre los dos países vecinos tras la Ocupación estadounidense de Veracruz de 1914 y los efectos de la Revolución Mexicana en la estabilidad política de México. Probablemente Zimmermann tan solo contaba con el hecho que muchos mexicanos apoyaban la simple idea de atacar a los Estados Unidos, entonces como ahora percibido como un vecino poderoso con grandes ambiciones.

Estados Unidos

El sentir popular entre los estadounidenses era tanto antimexicano como antialemán. El general John “Black Jack” Pershing había pasado ya mucho tiempo tratando de capturar a Pancho Villa, quien era el responsable de muchos robos ganaderos en Estados Unidos, además de ser el autor intelectual del ataque a Columbus. Esta Expedición Punitiva, que había tenido gran costo tanto monetario como político para el Gobierno de los Estados Unidos, dejó como resultado final un desgaste desastroso para el Ejército estadounidense y grandes ganancias monetarias para los habitantes de las zonas que patrullaban en México. Inclusive las fuerzas de Pancho Villa lograron apropiarse de un avión estadounidense y lo utilizaron para espiar al enemigo.

El presidente Wilson, por tanto, estaba disconforme con los resultados y prefería detener la búsqueda en tanto que se celebraran las nuevas elecciones en México, que se instalara un nuevo gobierno, y que se promulgara una nueva constitución (la Convención Constitucional se encontraba reunida). Las noticias del telegrama tuvieron reacciones encontradas en el Gobierno de ambos países, dado que dicho tratado, en caso de realizarse, implicaba que México debería tener un Gobierno más amistoso para con los intereses de Estados Unidos. El 1 de marzo el Gobierno estadounidense publicó el contenido íntegro del telegrama en la prensa. Inicialmente el público estadounidense prefirió creer que el telegrama era un fraude británico diseñado para llevarlos a la guerra en el bando aliado. Esta creencia fue alimentada por los diplomáticos alemanes y mexicanos, e incluso por los pacifistas estadounidenses y proalemanes, que llamaban al telegrama una falsificación.

Aunque el Telegrama Zimmermann destacaba que el real interés de Alemania era que los Estados Unidos permanecieran neutrales mientras se atacaban sus envíos, la confirmación posterior de Arthur Zimmermann el 3 de marzo evocó un flujo de sentimientos antialemanes en los EE.UU. Woodrow Wilson respondió a ésta manifestación de hostilidad hacia los Estados Unidos solicitándole al Congreso que se armaran las naves estadounidenses para que se pudieran defender de potenciales ataques submarinos alemanes. Unos cuantos días después, el 2 de abril, Wilson solicita al Congreso que le declare la guerra a Alemania. El 6 de abril el Congreso acepta, llevando a los estadounidenses hacia la Gran Guerra.

Los submarinos alemanes habían atacado previamente naves estadounidenses cerca de las islas británicas, y puede considerarse que el Telegrama Zimmermann no fue la única causa para la entrada de los Estados Unidos en la Guerra; sin embargo, el telegrama desempeñó un papel crítico al cambiar la opinión pública sobre el conflicto. Fue percibido como especialmente traicionero que el telegrama fuera enviado por agentes alemanes usando la línea telegráfica de la embajada estadounidense en Berlín, con destino a la embajada alemana en Washington antes de pasar a México. En cuanto se convenció al público de que el telegrama era real, se hizo inevitable que los Estados Unidos entraran a la Primera Guerra Mundial.

 
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Publicado por en 16 enero, 2017 en 1917

 

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El absurdo y secreto plan de Canadá para invadir EE.UU. tras la Primera Guerra Mundial


ABC.es

  • En 1920 un teniente coronel presentó un informe militar tan irracional que sus copias fueron quemadas

    wikimedia Oficiales de la policía montada del Canadá

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    Oficiales de la policía montada del Canadá

Puede que Canadá cuente con una extensión similar a la de sus vecinos del sur pero, a día de hoy, resultaría llamativo que se planteara invadir Estados Unidos. Y es que, la potencia militar de ambos parece incomparable y ambas regiones siempre han parecido unas aliadas inseparables. La realidad, sin embargo, era diferente en 1920, y así lo demuestra el que un teniente coronel del ejército canadiense ideara un plan secreto para (en caso de guerra) conquistar militarmente varias ciudades norteamericanas. Con todo, el informe presentado fue tan absurdo que una buena parte de sus copias fueron quemadas para que nunca se dieran a conocer.

Los detalles sobre esta descabellada misión del país de la policía montada han sido desvelados por el escritor Kevin Lippert en su nuevo libro «War Plan Red» («Plan de Guerra Rojo»). El texto –del cual se ha hecho eco la versión digital del diario «The Washington Post»- narra pormenorizadamente los conflictos de ambos países a lo largo de la Historia e, incluso, alguna que otra misión de espionaje que se lanzaron mutuamente (una de ellas, protagonizadas por el famoso aviador Charles Lindbergh).

Un plan descabellado

Este extraño plan fue ideado en los años 20 por el teniente coronel James «Buste» Brown quien, sabedor de la deuda que su país tenía con Estados Unidos tras la Primera Guerra Mundial (unos 22 billones de dólares de la época), barajó la posibilidad de que ambas regiones entraran en guerra. Así pues, creó el «Defense Sceheme No. 1», un informe secreto según el cual aconsejaba llevar a cabo una serie de ataques relámpago sobre varias ciudades norteamericanas.

Entre las diferentes regiones sobre las que se haría esta ofensiva fugaz, el plan destacaba las de Seattle, Portland, Minneapolis y Detroit (relativamente cercanas al territorio canadiense). A su vez, la idea era que las tropas asaltaran –de este a oeste- diferentes enclaves a lo largo de toda la frontera extendiendo el límite del país. Según determina el propio libro, el plan fue precedido de una visita del propio Brown a Vermont disfrazado. Al regresar, señaló en un informe que los hombres de la zona eran «gordos y perezosos» y el ataque sería factible.

Lo curioso es que, según el libro, esta gigantesca operación únicamente se había ideado para ganar tiempo hasta que Gran Bretaña llegase a la zona en ayuda de Canadá. Ese sería el verdadero momento de la ofensiva total. Parece que el plan no fue recibido demasiado bien por los mandos, pues quemaron todas sus copias a causa de la vergüenza que les suponía que alguien lo encontrase. Al parecer, Estados Unidos nunca se enteró de esta absurda idea.

El «Plan Rojo»

Puede parecer que Brown se extralimitó en sus funciones, pero lo cierto es que –por su parte- Estados Unidos también planeó una gigantesca operación a comienzos del S.XX (y perfeccionado cuatro años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial) para conquistar Canadá. Su idea era apoderarse de Halifax (una ciudad ubicada en la costa, cerca de Nueva York) y desde allí invadir Montreal y Vermont. Por aquel entonces, incluso el aviador Lindbergh llevó a cabo una misión de espionaje fotográfico sobre la bahía de Hudson para ayudar a dar forma a este plan.

 
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Publicado por en 27 mayo, 2015 en Noticias relacionadas

 

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21 de Febrero de 1915 – El bloqueo alemán a Gran Bretaña y la posición de los Estados Unidos


El bloqueo alemán a Gran Bretaña y la posición de los Estados Unidos

Desde el inicio de la guerra en Agosto de 1914, la Kriegsmarine (Marina Imperial Alemana), a diferencia de las demás armadas, contaba con una importante cantidad de U-boats o submarinos, por lo que desde un principio fueron utilizados para contrarrestar el mayor potencial de la flota de superficie de la Royal Navy.

A finales de 1914, el Primer Lord del Almirantazgo Sir Winston Churchill, decidió llevar adelante una política de bloqueo contra los puertos alemanes por lo todos los barcos mercantes, no solo beligerantes, sino también neutrales, serían detenidos y se los decomisaría la carga, esto llevó a un entredicho diplomático de cierta intensidad con los Estados Unidos, que pese a las gestiones conciliadores del Ministro de Relaciones Exteriores Sir Edward Grey, la tensión no disminuyo.

Como respuesta a esta política, el Imperio Alemán, declaro el día 04 de Febrero de 1915, que las aguas marítimas que rodeaban a las Islas Británicas serían consideradas como zona de guerra, por lo que los navíos mercantes por más que llevaran banderas de estados neutrales serían hundidos. Sin embargo Gottlieb von Jagow, a cargo de los Asuntos Exteriores de Alemania, mediante una hábil maniobra diplomática, le informó al embajador en Washington el Conde Johann von Bernstorff, que debía comunicar de manera “secreta” que los buques de esa nación serían respetados, en un intento para granjearse el favor del Presidente demócrata y ciertamente pacifista Woodrow Wilson.

Esta situación no tardó en llegar a Londres, lo cual enfervorizó los ánimos de la mayoría de los ciudadanos, debido principalmente a las crónicas de los periódicos del día 21 de Febrero de 1915, que hablaban de “Instrucciones Secretas” entre los gobiernos alemán y estadounidense, a la vez que la llamada Foreign Office, con el Ministro Sir Grey a la cabeza, comenzaba a deliberar sobre las maneras de responder a la política de bloqueo “diferenciada” que había estipulado el enemigo.

A pesar de la hábil maniobra diplomática llevada a cabo por Alemania, la tensión entre el Imperio Británico y los Estados Unidos no fue más allá de un intercambio de telegramas que evitaron un resquebrajamiento mayor de las relaciones.

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Crónica del periódico londinense sobre las “instrucciones secretas” presentadas por el embajador alemán Conde Johann von Bernstorff al presidente estadounidense Woodrow Wilson.
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Crónica del mismo medio de comunicación sobre las reuniones en la Foreign Office para dar respuesta a la política de bloqueo llevada adelante por Alemania.
 
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Publicado por en 21 febrero, 2015 en 1915

 

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