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Soldados franceses en Granezza después de la victoriosa batalla del río Piave


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THE ALLIED ARMIES ON THE ITALIAN FRONT, 1917-1918

Soldados franceses distribuyendo banderas francesas a niños italianos , 14 de julio de 1918. Fotografía posiblemente tomada en Granezza durante las celebraciones después de la victoriosa batalla del río Piave . Fotografía: Ernest Teniente Brooks .

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Publicado por en 14 julio, 2018 en Imagenes

 

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Así evitó Italia «in extremis» que España entrara en la Primera Guerra Mundial


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  • La reconstrucción de la Armada tras el desastre del 98 corrió a cargo de tecnología británica que, a cambio, exigió a España su apoyo en un posible conflicto con Alemania. Solo la inesperada neutralidad de Italia evitó que nuestro país entrara de inicio en la contienda.
Soldados canadienses en la Segunda Batalla de Passchendaele (1917), en un autocromo registrado en color real - ABC

Soldados canadienses en la Segunda Batalla de Passchendaele (1917), en un autocromo registrado en color real – ABC

En el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial, a pesar del bombardeo bibliográfico, muchos detalles han quedado en segundo plano. ¿Cómo de cerca estuvo España de involucrarse en el conflicto?¿De parte de qué bando lo hubiera hecho? Más allá de la opinión generalizada: España estaba comprometida con Inglaterra y Francia a que, cuando Italia entrará en la guerra, uniría en ese mismo instante su flota a las potencias aliadas. Solo la indecisión de Italia evitó que nuestro país se sumergiera en un conflicto que dejó tras de sí alrededor de 20 millones de muertos.

De las cenizas del desastre de 1898, la Armada española trató de resurgir con el llamado proyecto Ferrándiz –en referencia al ministro de la marina que lo impulsó– que planeaba la modernización de los pocos buques, totalmente obsoletos, supervivientes del combate contra EE.UU. y la construcción de nuevos acorazados. Nadie dudaba de la necesidad de modernidad la Armada puesto que España seguía viviendo rodeada de mares, pero muchos cuestionaban que nuestro país contara con la tecnología y la industria requeridas para acometer un plan tan ambicioso. «¡Que inventen otros!», la famosa afirmación de Miguel de Unamuno, sirve de síntesis sobre falta de fe en la ciencia española que se respiraba en esos años. Si Alfonso XIII quería modernizar la Armada iba a necesitar de la ayuda de alguna potencia puntera.

No obstante, tras el desastre de Cuba lo que menos tenía España era apoyos internacionales y, en un tiempo donde «el derecho era la fuerza», se temía que otra potencia aprovechara la debilidad española para conquistar Canarias, Baleares, Ceuta, Melilla o alguna de las posesiones africanas. De hecho, existen pruebas de que Estados Unidos trató de convencer a las potencias europeas para apropiarse de Canarias y repartirse el resto de las posesiones españolas. Afortunadamente para nuestro país, las rivalidades entre naciones hicieron imposible ponerse de acuerdo: el contexto de tensión previo a la Primera Guerra Mundial jugó a favor de España.

Gran Bretaña al rescate de la Armada

Antes de poder sacar provecho a esta situación y conseguir la tecnología para reconstruir la Armada, la Monarquía de Alfonso XIII debía hacer frente a dos obstáculos: la quiebra económica del estado y el aislamiento internacional de España. Las medidas de austeridad y recorte del gasto público impulsadas por Miguel de Villanueva –ministro de Hacienda– dieron sus frutos y permitieron disminuir la enorme deuda que había dejado la Guerra de Cuba. Pero salir del aislamiento político era una tarea más complicada pues España no tenía mucho que aportar y sí mucho que pedir.

La cooperación militar entre España y Gran Bretaña, con el objetivo de dotar a nuestra Armada de elementos disuasorios contra los germanos se plasmó en 1907

En 1904, la alianza entre Gran Bretaña y Francia, dos enemigos históricos, para hacer frente al aumento de poder del Imperio alemán dieron la oportunidad a España de ganar peso internacional. Después de repartirse la mayor parte de Marruecos, Gran Bretaña y Francia cedieron a España el norte del país, a excepción de Tánger que se convirtió en un puerto internacional. Por supuesto, Alemania denunció el reparto y forzó la celebración de una conferencia en Algeciras, en 1906, donde los españoles ejercieron de anfitriones y se alinearon definivamente con la «Entente».

La cooperación militar entre España y Gran Bretaña, con el objetivo de dotar a nuestra Armada de elementos disuasorios contra las ambiciones germanas, se plasmó en 1907 con la visita a Cartagena del Rey Eduardo VII. Los británicos sabían que de estallar un conflicto internacional «la Royal Navy» no podría alejarse mucho del Canal de la Manchay del Mar del Norte, pues allí concentraría la flota alemana sus ataques, y Francia sería incapaz de enfrentarse en solitario con Italia y Austrio-Hungría. Devolver a la vida la escuadra española se antojaba una inversión necesaria para los intereses de la «Entente» en el Mediterráneo.

Como el historiador Agustín Ramón Rodríguez González explica en su libro «Jaime Janer Robinson: Ciencia y Técnica para la reconstrucción de la Armada» (Navalmil Ediciones), «los gobiernos británicos no tuvieron el menor reparo en transferir tecnología, desde diseños y personal especializado, hasta materiales que no se fabricaban en España, para que nuestro país se lanzara a construir acorazados “dreadnoughts“», los más punteros de Europa. Así, con solo tres de estos buques modernos y otros siete barcos desfasados España pasó de ser una irrelevancia naval a ser una potencia estimable en el Mediterráneo.

A cambio, Alfonso XIII se comprometía a intervenir a favor de Francia y Gran Bretaña llegado el caso de estallar una guerra contra Alemania y sus aliados, entre otros, el Imperio Austro-Húngaro e Italia con amplia presencia militar en el Mare Nostrum. La preocupación del Estado Mayor francés era que no fueran capaces de trasladar a tiempo el XIX Cuerpo de Ejército, donde estaban sus tropas de élite y la Legión Extranjera, desde Argelia y Túnez hasta el corazón de Europa. En el caso de que la flota combinada de España y Francia no pudieran derrotar a la de Italia y Austria, los franceses se planteaban incluso desembarcar las tropas directamente en un puerto español de la zona de Levante.

50.000 españoles para atacar Italia

Las previsiones británicas iban todavía más allá sobre lo que esperaban del compromiso español. Aunque nunca se llegó a concretar, se barajó constituir una fuerza expedicionaria anfibia de unos 50.000 españoles para amenazar el litoral italiano y sus islas colindantes. De hecho, el Gobierno español ofreció 100.000 soldados para la defensa de la frontera francesa con Italia que no se materializó solo debido a las reticencias del Estado Mayor francés y de su jefe Joseph Joffre.

Así y todo, cuando parecía inevitable que España tomara parte por sus aliados de la «Entende» y a los que les debía la reconstrucción de su armada, Italia rompió en el último momento con el guión previsto. Argumentando que, en contra de los términos pactados, Austria había sido la agresora se negó a unirse al bando que había lanzado el primer disparo. En agosto de 1914, los italianos no hicieron honor a sus compromisos firmados con Alemania y permanecieron neutrales. Sin la esperada ayuda de los italianos, la flota austriaca nada pudo hacer para evitar el traslado de tropas francesas desde África.

Una vez superada esta fase del conflicto –que terminó por convertir Europa en una inmensa red de trincheras y barro– España perdió su importancia estratégica y se vio libre de sus obligaciones,lo que le permitió declararse neutral. Curiosamente, Italia sí terminó por entrar en la guerra un año después, pero lo hizo en el bando de la Triple Entente, formada por el Reino Unido, Francia y el Imperio ruso.

Los esfuerzos fueron dirigidos a convencer a la sociedad civil de la necesidad de intervenir a través de una prensa que se vendió al bando más generoso

El 7 de agosto de 1914, la Gaceta de Madrid publicaba un real decreto por el que el gobierno del conservador Eduardo Dato se creía en el «deber de ordenar la más estricta neutralidad a los súbditos españoles con arreglo a las leyes vigentes y a los principios del Derecho Público Internacional». Durante el resto del conflicto, no hubo mucho empeño en implicar a España en la guerra porque, básicamente, a la mayoría de líderes europeos le bastaba con que se mantuviera neutral.

Nuestro país ya no tenía mucho que aportar y, lejos de ofrecer prebendas o beneficios a los líderes españoles para ingresar en la guerra, los esfuerzos fueron dirigidos a convencer a la sociedad civil de la necesidad de intervenir a través de una prensa que, en ocasiones, se vendió al bando más generoso. No en vano, según varios documentos históricos, Alfonso XIII siguió convencido en todo momento de que lo más provechoso era entrar en la guerra en apoyo de sus viejos aliados.

 

 
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Publicado por en 29 octubre, 2015 en Noticias relacionadas

 

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29 de Mayo de 1915 – Italia, la guerra y los medios aliados


Italia, la guerra y los medios aliados

Las potencias de la Entente Cordiale, recibieron con sumo alivio, el cumplimiento de lo estipulado en el Pacto secreto firmado en Londres a fines del mes de Abril de 1915, cuando el Reino de Italia, finalmente luego de varias vacilaciones le declaró la guerra a su ex aliado de la Triple Alianza, el Imperio Austro-Húngaro.

La mayor parte de la población civil mostró entusiasmo y apoyo a su Rey y a su Gobierno, dado que estaban deseosos de recuperar el territorio que consideraban propio como la de reunirse en un solo estado con sus hermanos “irredentos”, del otro lado de la frontera, este tipo de manifestaciones patrióticas no solo se dieron en la península, sino también en aquellos lugares donde habitaban importantes comunidades, como los suburbios de Londres, New York y otras ciudades alrededor del mundo.

A pesar de no ser un pueblo con tradición guerrera, aunque si de nostalgias por las viejas glorias del antiguo romano, los italianos mostraron un gran fervor patriótico por el ingreso de su Nación a la contienda en apoyo a la causa de los aliados.

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Publicación del periódico londinense Daily Telegraph sobre manifestaciones de los italianos en apoyo al ingreso de su país en la guerra.
 
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Publicado por en 29 mayo, 2015 en 1915

 

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23 de Mayo de 1915 – Italia le declara la guerra al Imperio Austro-Húngaro


Italia le declara la guerra al Imperio Austro-Húngaro

Desde 1882, el Imperio Alemán, el Austro-Húngaro y el Reino de Italia, formaban la llamada Triple Alianza o Potencias Centrales, un mecanismo de defensa, creado y sostenido por el Canciller de Hierro Otto von Bismarck con el objetivo de aislar de manera diplomática a la Tercera República Francesa. A pesar de sus esfuerzos la tirantez entre Roma y Viena, jalonada por años de rencillas y diferencias territoriales, no había disminuido.

A pesar que Italia había sido unificada hacia 1870, bajo la guía del Reino de Piemonte, varios de sus connacionales habían quedado dentro del territorio del Imperio de los Habsburgo, como los territorios de Trentino, Tirol del Sur, el Puerto de Trieste, la costa de Dalmacia y varias islas del Mar Adriático, esta situación genero continúas rencillas entre las dos naciones, teóricamente “aliadas”.

Durante la llamada “Crisis de Julio”, posterior al Atentado de Sarajevo, donde un joven nacionalista bosnio, mato al Archiduque Franz Ferdinand heredero del trono austro-húngaro y su esposa, la condesa Sofía Chotek, el gobierno italiano encabezado por el Primer Ministro Antonio Salandra se negó apoyar la intenciones de su aliada de castigar militarmente al Reino de Serbia, presunto autor intelectual del magnicidio, mediante sendos telegramas enviados por su Ministro de Relaciones Exteriores, el Marqués Antonio di San Giuliano a sus colegas aliados, el Conde Leopold von Berchtold y Gotlieb von Jagow. Los intercambios diplomáticos se desarrollaron durante todo el mes, entre las capitales de las principales naciones europeas, sin embargo todas fracasaron.

Finalmente el 28 de Julio de 1914, Austria-Hungría le declaró la guerra a Belgrado, lo que desencadeno una reacción en cadena de las alianzas, y si bien la Entente Cordiale respondió, las Potencias Centrales no, dado que Italia se negó, alegando que la alianza al ser de tipo defensiva, la liberaba de participar del conflicto porque Viena era en este caso la agresora. Iniciado el conflicto, el Conde von Berchtold intento negociar compensaciones territoriales con el recientemente designado Ministro, Conde Sidney Sonnino, sin embargo ante el rechazo del Jefe del Estado Mayor del Ejército, Conde Conrad von Hötzendorff, debió renunciar, siendo reemplazado por el Barón de origen húngaro Stephan Burián von Rajecz, quien se negaba a cualquier tipo de negociación.

Sin embargo, el mismísimo Káiser Guillermo II insistía en atraer a Italia, por lo que presiono para designar como embajador en Roma, al Príncipe Bernhard von Büllow, hombre de su entera confianza y Canciller a inicios del Siglo XX, quien intentó mediar para tratar de satisfacer las diferencias, teniendo una cierta simpatía por las reivindicaciones italianas. Por su parte el Gobierno de Salandra llevó adelante la llamada política de “Sacro Chantaje” que consistía en negociar con ambos bandos en conflicto la participación en el mismo a cambio de ganancias territoriales.

Finalmente el 26 de Abril de 1915, se firmó en Londres un tratado secreto por el cual el Reino de Italia se comprometía a romper la Triple Alianza y declarar la guerra a sus antiguos aliados, a cambio de la adquisición de los territorios reivindicados, los firmantes fueron, el Ministro de Relaciones Exteriores británico Sir Edward Grey, y los embajadores de Francia, Paul Cambon, del Imperio Ruso Conde Alexander Benkendorf, y por supuesto el del país intersado, el Marques Guglielmo Imperiali di Francavilla.

El primer paso, fue dado el 04 de Mayo, cuando el Primer Ministro Salandra presentó ante el Parlamento una moción para denunciar al Tratado de la Triple Alianza alegando que era contrario a los intereses de la nación, siendo aprobada por una abrumadora mayoría por parte de los senadores y los diputados. Pese a este éxito, la situación política era sumamente compleja, por lo que Salandra presentó su renuncia el 13 de Mayo, sin embargo tres días después, el Rey Vittorio Emanuele III se negó. Para esa misma jornada, presionado por Berlín, el Barón Burián von Rajecz estableció una serie de concesiones para presentar a Roma, que fueron presentadas en la mañana del 21 de Mayo, por el embajador Barón Kajetan Mérey von Kapos-Mére al Ministro Sonnino. Ese mismo día, la Cámara de Diputados le otorgó al Gobierno pleno poder para la entrada a la guerra por 407 votos a 74, siendo refrendada por la de Senadores por 262 a 2. La tensión iba en aumento, como fue el incidente ocurrido en Berlín donde un joven agredió al embajador May Bolati, siendo detenido de inmediato, además personalmente el Canciller Theobald von Bethmann-Hollweg presento las disculpas al diplomático.
Al día siguiente, el Primer Ministro Salandra en uso del poder recientemente otorgado, y con el apoyo del Rey, entregó al General Luigi Cadorna, Jefe del Estado Mayor del Ejército italiano, la orden de movilización. Para esa misma jornada, la tensión iba en aumento, un marinero austro-húngaro de origen italiano fue condenado a muerte en la Base de Pula sobre el Mar Adriático luego de intentar matar al almirante Anton Haus, mientras hacía un llamamiento a unirse sus compatriotas.
Finalmente luego de una tensa jornada, en la mañana del 23 de Mayo de 1915, el embajador italiano en Viena, Giuseppe Avarna di Gualtieri, le entregaba al Conde Burián von Rajecz la declaración formal de guerra, por lo que le fueron entregados los papeles necesarios para abandonar el país junto a sus familia y a los funcionarios de la sede diplomática. Por su parte, el gobierno alemán, informado por el embajador Príncipe Gottfried von Hohenlohe- Schillingfürst, respaldo al Imperio Austro-Húngaro, aunque mantendrá la posición de neutralidad con Roma.

El ingreso del Reino de Italia a la conflagración, aportaba a las potencias aliadas 1.7 millones de hombres, 204 buques de guerra en servicio y una potente fábrica de armamentos, además de abrir un nuevo frente en el Mediterráneo y en los Alpes, que complicaba la planificación del desarrollo estratégico de las operaciones militares de las Potencias Centrales.

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Representación artistica sobre manifestaciones de apoyo al Rey Vittorio Emanuele III luego de declarada la guerra.
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Publicación del Periódico Corriere Della Sera sobre el hecho.
 
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Publicado por en 23 mayo, 2015 en 1915

 

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04 de Mayo de 1915 – Italia denuncia la Triple Alianza


Italia denuncia la Triple Alianza

En 1882, bajo la guía del llamado “Canciller de Hierro” Otto von Bismarck, se había firmado una alianza defensiva-ofensiva entre el Imperio Alemán, el Austro-Húngaro y el Reino de Italia, con el objetivo de aislar a la Francia republicana. Sin embargo desde el inicio las rencillas entre Viena y Roma se mantuvieron debido a las históricas disputas territoriales aún no saldadas desde las guerras de unificación.

El llamado “irredentismo” propugnado por los sucesivos gobiernos parlamentarios italianos, ambicionaba ocupar los territorios poblados en su mayoría por compatriotas suyos, de Istria, Trentino o Tirol del Sur, Dalmacia del Norte y la región del Puerto de Trieste, todos en manos de la monarquía de los Habsburgo, por lo que la tensión en el seno de la alianza era cada vez más evidente.

Luego del Atentado de Sarajevo del 28 de Junio de 1914, el belicoso Ministro de Relaciones Exteriores Austro-Húngaro, Conde Leopold Berchtold, con el ánimo de ganar el apoyo en el previsible ataque al Reino de Serbia al que acusaba junto a otros colegas ministros de estar detrás del magnicidio, comenzó una ronda de consultas con los embajadores de sus aliados, y si bien tuvo el apoyo inmediato del embajador alemán Conde Heinrich von Tschirschky und Bögendorff, quien realizo las gestiones pertinentes ante su gobierno y el mismísimo Káiser Guillermo II, su colega italiano Guiseppe Avarna, mostró más reserva, aunque realizó consultas a su superior en Roma, el Marqués di San Giuliano, quien informó que su país no estaba dispuesto a ir a la guerra por una cuestión de ese tipo.

Durante la llamada “Crisis de Julio”, en la cual durante casi un mes se sucedieron importantes intercambios diplomáticos entre los diferentes gobiernos que pusieron a prueba las alianzas existentes, y mientras la Entente Cordiale entre Rusia, Francia y Gran Bretaña, mostró cohesión, la Triple Alianza comenzaba a resquebrajarse, ya que si bien el Káiser Wilhelm II desde un principio libro un “cheque en blanco” a las acciones austro-húngaras el Gobierno del Primer Ministro Antonio Salandra con el apoyo del Rey Víctor Manuel III, rehusaba cumplir con sus obligaciones alegando que el pacto solo era de carácter defensivo, por lo que el intento de Viena de atacar a los serbios no comprometía su apoyo.

Ante el inicio de la guerra en Agosto de 1914, el Reino de Italia declaró la estricta neutralidad, y comenzó a aplicar la llamada Política del “Sacro Chantaje” que consistía en presentar de manera secreta demandas territoriales a los contendientes para apoyar a quien las satisficiera, desde un principio el Conde von Bertchold trató de acordar con su contra-parte, el recientemente designado Conde Sydney Sonino, sin embargo se encontró con la fuerte oposición del Jefe del Estado Mayor del Ejército, el Conde Conrad von Hötzendorf quien prefería ir a la guerra antes que ceder territorio, por lo que debió renunciar, siendo reemplazado por el inflexible Conde de origen húngaro Stephan Burian von Rajecz. Esta situación no desanimo al Káiser Wilhelm II, quien decidió designar como embajador en Roma a su hombre de confianza y antiguo canciller, el Conde Karl von Büllow, quien entendiendo las pretensiones italianas intento mediar, pero sus gestiones fracasaron.

Con el correr de las semanas era evidente que el conflicto entre Italia y Austria-Hungría era solo cuestión de tiempo, prueba de ello es que a principios de Abril de 1915, se sucedieron una serie de duros intercambios de notas diplomáticas en las cuales Viena se negó finalmente a las pretensiones territoriales italianas. La tensión iba en aumento, ya que el día 21 de ese mismo mes, hubo un intenso intercambio de disparos entre guardias fronterizos.

Finalmente luego de meses de contactos, el 26 de Abril de 1915, se firmó en sumo secreto el Tratado o Pacto de Londres, por el cual el Reino de Italia se comprometía a entrar en la guerra del lado de la Entente Cordiale a cambio que se le reconocieran las demandas territoriales exigidas.

El primer paso se cumplió, cuando el 04 de Mayo de 1915, ante el Parlamento a pleno, el Primer Ministro Salandra denuncio el tratado de la Triple Alianza alegando que era contrario a los intereses italianos, siendo aclamado por todos los diputados y senadores. La cuenta regresiva para la entrada a la guerra por parte del Reino de Italia había comenzado.

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Imagen. El Parlamento aclama al Primer Ministro Antonio Salandra luego de que esté denunciara el Tratado de la Triple Alianza.

 

 
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Publicado por en 4 mayo, 2015 en 1915

 

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27 de Diciembre de 1914 – Italia avanza sobre Albania


Italia avanza sobre Albania

Finalizada la Segunda Guerra Balcánica, las principales potencias europeas habían otorgado con la firma del Tratado de Londres, la independencia a la antigua provincia otomana de Albania, siendo designado como gobernante el Príncipe Wilhelm de Weid, quien llegó a la capital provisional de Durrës y como primera medida decidió designar a Turhan Pasha Përmeti como Primer Ministro, quien se rodeó de nobles procedentes del este del pequeño país.

Esto llevó a un levantamiento de tribus musulmanas en la región central, mientras que al sur, los griegos animaban la formación de un Gobierno Provisional en el Norte del Monte Eiprus, al mismo tiempo que el Gobierno Italiano fomentaba una rebelión con la implicación de varios ministros.

El estallido de la guerra en Agosto de 1914, complico de sobremanera la situación del Príncipe Wilhelm de Weid, debido a la presión de su virtual protector el Imperio Austro-Húngaro para el envío de tropas, sin embargo se negó alegando la política de neutralidad establecida por el Tratado de Londres. Finalmente el 07 de Septiembre ante una inestabilidad creciente debido a las constantes revueltas, decidió renunciar y aceptar un puesto en el Alto Mando del Ejército Imperial Alemán.

Esta situación fue aprovechada por el Gobierno del Primer Ministro griego Eleftherios Venizelos, quien decidió el día 27 de Octubre de 1914, ocupar definitivamente el sur del país, creando así la República Autónoma del Norte de Epiro, esta situación preocupo al Reino de Italia, que en respuesta ocupo el día 31, las estratégicas islas de Saseno y Sazan.
Para Noviembre de 1914, Essad Pasha Toptani, quien había quedado a cargo como Primer Ministro del Principado, debió exiliarse a Roma, dado que se había producido una nueva sublevación musulmana pro-otomana en el centro del país, luego que Estambul había entrado en guerra aliada con las Potencias Centrales.

La inestabilidad crónica preocupaba de sobremanera a Italia que contaba con importantes intereses en la región, y ante el temor de un posible avance griego o serbio, el 27 de Diciembre de 1914, tropas de marinería de la Regia Marina, ocuparon sin combatir el importante puerto de Valona y sus alrededores.

Esta sorpresiva acción, molesto de sobremanera al Imperio Austro-Húngaro, que anhelaba ocupar el anárquico país para tener un nuevo punto estratégico con el objetivo de poder atacar a los odiados serbios y sus aliados montenegrinos por su retaguardia. Era evidente que la relación entre los teóricos aliados de la Triple Alianza estaba en su punto más bajo. La desconfianza entre Viena y Roma aumentaba con el correr del tiempo.

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Caricatura sobre la reacción austro-húngara ante la ocupación italiana de parte del Principado de Albania.
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La bandera tricolor del Reino de Italia, ondea en la ciudad-puerto albanés de Valona.
 
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Publicado por en 27 diciembre, 2014 en 1914

 

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