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Archivo de la etiqueta: Primera Guerra Mundial

Armisticio del 11 de noviembre de 1918


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El Armisticio del 11 de noviembre de 1918, también conocido como Armisticio de Compiègne, fue un tratado firmado el 11 de noviembre de 1918 entre los Aliados y el Imperio alemán, en un vagón de un tren en el bosque de Compiègne, con el fin de terminar las hostilidades en el Frente Occidental en la Primera Guerra Mundial.

Pintura que representa a la firma del armisticio en el vagón. De izquierda a derecha están el Almirante alemán Ernst Vanselow, el Conde alemán Alfred von Oberndorff del Ministerio de Relaciones Exteriores, el General alemán von Winterfeldt Detlof (con casco), el Oficial Naval británico Capitán Jack Marriott, y de pie delante de la mesa, Matthias Erzberger, jefe de la delegación alemana. Detrás de la mesa están los dos oficiales de la marina británica, el Contraalmirante George Hope, Primer Lord del Mar almirante sir Rosslyn Wemyss, y los representantes de Francia, el Mariscal Ferdinand Foch (de pie), y el General Maxime Weygand.

Para la entente, los participantes eran completamente militares:

  • El Mariscal de Francia Ferdinand Foch, comandante supremo de los Aliados.
  • El General Maxime Weygand, jefe de Estado Mayor de Foch (posteriormente Comandante en Jefe en 1940).
  • Primer Lord del Mar Almirante Rosslyn Wemyss, representante británico.
  • Contralmirante George Hope, oficial de la marina británica.
  • El Capitán Jack Marriott, oficial de la marina británica.

Por el Imperio alemán:

  • Matthias Erzberger, un político civil.
  • El Conde Alfred von Oberndorff, desde el Ministerio de Relaciones Exteriores.
  • El Mayor General Detlof von Winterfeldt, del Ejército
  • El Capitán Ernst Vanselow, de la Marina.

El General Weygand no se menciona en la copia francesa del documento armisticio.

Términos

Los siguiente términos que figuran son los principales:1

  • Terminación de las hostilidades militares dentro de las seis horas de la firma.
  • El retiro inmediato de todas las tropas alemanas de Francia, Bélgica, Luxemburgo y Alsacia-Lorena.
  • Posterior eliminación de todas las tropas alemanas del territorio en el lado oeste del Rin, más de 30 km a la redonda del lado derecho del Rin, también de las ciudades de Maguncia, Coblenza y Colonia con el consiguiente ocupación de ellas por las tropas aliadas y estadounidenses.
  • La eliminación de todas las tropas alemanas en el Frente Oriental del territorio alemán, ya que era el 1 de agosto de 1914.
  • La renuncia del Tratado de Brest-Litovsk con Rusia y del Tratado de Bucarest con Rumania.
  • El internamiento de la flota alemana.
  • Entrega de material: 5000 cañones, 25 000 ametralladoras, 3000 morteros, 1700 aviones, 5000 locomotoras y 150 000 vagones de ferrocarril.

Portada del The New York Times en el día del Armisticio, el 11 de noviembre 1918.

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Publicado por en 11 noviembre, 2018 en 1918, Claves

 

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Fotos 1918


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Aquí va un avance de imagenes de los que veremos este año en nuestro blog, aprovecho para desearos Feliz Año:

Francotirador francés y su perro, en el frente
Soldados británicos heridos por gas mostaza en un ataque alemán en Bethune (Francia)
En Regents Park, en Londres. Enfermeras de EEUU de la Cruz Roja cuidando a pacientes
Enfermera americana con una máscara de gas
Mujeres alemanas buscando en la basura en la posguerra en Alemania
Soldados británicos en un tanque
Soldados americanos en segunda línea en Dieffmatten (Alsacia)
Una niña con un refugiado frances en la estación Gard du Nord
Soldados muertos en la batalla de Cambrai (Flesquieres, Francia)
Tropas francesas pasando entre ruinas en Verdún
Explosión cerca de Furnes (Bélgica)
Soldados muertos en una trinchera
Con la guerra finalizada, un soldado de vuelta a casa conociendo a su hija

 

Moda “económica” durante la guerra

 

 
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Publicado por en 1 enero, 2018 en 1918

 

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Edmund Allenby


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Edmund Henry Hynman Allenby, 1.er vizconde Allenby de Felixtow y de Meggido (Nottinghamshire, 23 de abril de 1861 – Londres, 14 de mayo de 1936), fue un mariscal de campo británico.

Edmund Allenby dejando Jerusalén a través de la Puerta de Jaffa.

Sus padres fueron Hynman Allenby y Catherine Anne Cane. Se educó en el Haileybury College antes de ingresar a la Real Academia Militar de Sandhurst en 1880. En 1882 fue comisionado como teniente al 6.º de Dragones y fue enviado a Sudáfrica con su regimiento. Tras servir en la caballería en Canterbury fue hecho capitán y regresó a Sudáfrica en 1888.

En 1891, después de un intento fallido, ingresó a la Escuela Superior en Camberley. En 1897 fue promovido a mayor y fue enviado a Irlanda con la Brigada Mayor.

Al estallar la Segunda Guerra de los Bóers fue regresado a su regimiento y se embarcó a Sudáfrica. Participó en Colesberg, Klip Drift y Dronfield Ridge.

Participó en la Segunda Guerra de los Bóers y se desempeñó como inspector general de la caballería entre 1910 y 1914. Durante la Primera Guerra Mundial, comandó con prestancia en el Medio Oriente.

Su victoria sobre los turcos en Gaza (1917) llevó a la toma de Jerusalén (9 de diciembre de 1917), y su triunfo en Megido (19–21 de septiembre de 1918), junto con la ocupación de Damasco y Alepo, terminaron con el dominio otomano en Siria. Su éxito se debió parcialmente al uso ingenioso de la caballería y otras fuerzas móviles, siendo recordado como el último gran militar británico de la caballería montada.

Como alto comisionado de Egipto entre 1919 y 1925, dirigió ese país hasta su reconocimiento como estado soberano en 1922. Murió debido a un aneurisma cerebral.

 
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Publicado por en 9 diciembre, 2017 en 1917, Ejército Británico, Personajes

 

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Declaración de Corfú


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La Declaración de Corfú fue el acuerdo alcanzado en el verano de 1917 entre el Comité Yugoslavo, formado por políticos eslavos austrohúngaros en el exilio, y el Gobierno del Reino de Serbia para formar un nuevo Estado yugoslavo cuando finalizase la Primera Guerra Mundial y fue una de las circunstancias que hizo posible la creación del Reino de Yugoslavia.

Debilitadas ambas partes reunidas en Corfú por la postura Aliada, la hostilidad italiana a la formación de un nuevo Estado, y la revolución en Rusia, las dos acordaron, tras largas y tensas negociaciones que duraron más de un mes, sus objetivos de guerra y las características del nuevo Estado yugoslavo que deseaban formar. La declaración conjunta que surgió del acuerdo supuso un impulso para la propaganda yugoslavista pero no logró una estrecha colaboración entre las partes durante el año y medio que aún duró la contienda mundial.

Soldados Serbios en Corfu durante la Primera Guerra Mundial

Contexto

A pesar de proclamar un objetivo común -la unificación de las tres comunidades bajo los Karađorđević- pronto el Comité Yugoslavo y el Gobierno serbio de Pašić mostraron sus diferencias sobre cómo lograrlo. Se sucedieron las recriminaciones mutuas por la postura que debía mantenerse para oponerse al Tratado de Londres, las negociaciones para tratar de lograr el respaldo búlgaro a la Triple Entente o la organización de voluntarios para el frente. La postura Aliada, que no favorecía en principio la disolución de Imperio, la hostilidad italiana y la Revolución de Febrero en Rusia -que privó a Pašić de su principal adalid en la negociación diplomática y le obligó a contemporizar, moderando su panserbianismo- forzaron la cooperación de ambas partes.Para lograrla Pašić invitó a los representantes del Comité a Corfú en la primavera de 1917. Por su parte, el Comité Yugoslavo también tuvo que moderar sus demandas ante las ambiciones territoriales italianas, reconocidas por la Entente en el Tratado de Londres, que amenazaban los territorios que consideraban propios.

Las negociaciones, que duraron más de un mes, fueron tensas y llenas de recriminacines, pero resultaron en la Declaración de Corfú del 20 de julio de 1917.

Partes negociadoras

Los dos principales responsables de la redacción de la Declaración de Corfú fueron el primer ministro serbio Nikola Pašić y el político croata exiliado Ante Trumbić, presidente del Comité. Pašić y los políticos cercanos a la corte habían mantenido el objetivo de una simple expansión a una Gran Serbia por medio de conquistas territoriales a costa del Imperio Austro-Húngaro derrotado como pretensión mínima, defendiendo en otros momentos la unión eslava, oscilando entre ambos objetivos durante la guerra.

El parlamento serbio en el exilio aprobó la creación del Reino de Yugoslavia en una reunión celebrada en el Teatro Municipal de la isla griega de Corfú.

La declaración se firmó cerca del final de la Primera Guerra Mundial, en la isla de Corfú el 20 de julio de 1917 por el Comité Yugoslavo, formado por políticos austrohúngaros en el exilio, que representaban a los eslovenos, croatas y serbios que vivían en el Imperio austrohúngaro y, por otra parte, por los representantes del Reino de Serbia, con el patrocinio político de Gran Bretaña y Francia, en virtud del principio de autodeterminación nacional que habían proclamado como uno de sus objetivos en la contienda. La reunión no contó con representantes del Reino de Montenegro, pero el antiguo primer ministro de este país, Andrija Radović, enemistado con el rey Nicolás I de Montenegro, también en el exilio, respaldó la Declaración. Radović había fundado en Ginebra en febrero de 1917 el Comité Montenegrino para la Unificación Nacional, cercano a Pašić, que prefirió tratar con este que con el Gobierno montenegrino en el exilio.

Términos de la Declaración

La Declaración fue «el primer paso hacia la construcción del nuevo Estado de Yugoslavia», que habría de llamarse «Reino de los serbios, croatas y eslovenos», y preveía el establecimiento de una monarquía parlamentaria basada en la dinastía Karađorđević, un territorio indivisible y poder unificado, con las tres denominaciones nacionales y los alfabetos latino y cirílico iguales ante la ley, libertad religiosa y sufragio universal. La Declaración afirmaba que serbios, croatas y eslovenos formaban una única nación, que deseaba su unificación de acuerdo al derecho de autodeterminación. Las banderas de cada comunidad tendrían igualdad con la de la nación. Se declaraba la necesidad de convocar una Asamblea Constituyente para establecer una Constitución que sería el origen de todos los poderes del nuevo Estado.La aprobación de la constitución debía hacerse por mayoría cualificada y ser aprobada por el rey de Serbia y la asamblea.

Nikola Pašić, primer ministro serbio, en el exilio, firmó la Declaración con los representantes del Comité Yugoslavo, aparcando temporalmente las diferencias entre ambos.

 «Este Estado será una garantía de independencia nacional y de su civilización y progreso nacional, y una poderosa defensa contra la presión de los alemanes», concluía la Declaración.

La forma del Estado, centralista o federal, quedaba sin definir claramente, y la interpretación de ciertos pasajes de la declaración fue contradictoria.La declaración fue un acuerdo con concesiones mutuas entre los partidarios de un Estado federal y aquellos que abogaban por uno centralista, A pesar de incluir únicamente los asuntos en los que las dos partes habían logrado ponerse de acuerdo, el pacto mostró intención de cooperación y fue celebrado internacionalmente por los partidarios de la unión de los eslavos del sur.

Consecuencias

Como consecuencia de la Declaración, el nuevo Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos se creó el 1 de diciembre de 1918, tras la victoria de la Entente. La Declaración sirvió como base a las instrucciones que la delegación del nuevo Estado de los Eslovenos, Croatas y Serbios, formado por los territorios con población eslava del sur del Imperio austrohúngaro, recibió antes de partir a Belgrado a finales de noviembre 1918 para tratar la formación del nuevo Estado yugoslavo con los representantes del Reino de Serbia.

Trumbić, antiguo miembro del Comité, fue nombrado ministro de Exteriores,y Pašić fue alejado temporalmente del poder a los pocos días, por decisión del regente Alejandro.

 
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Publicado por en 20 julio, 2017 en Tratados

 

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Las penurias de la población civil


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“Tal como estaba previsto, hay en el barrio una extrema penuria de harina y carne. Por consiguiente, la ración de pan queda fijada en 150 gramos por adulto y 75 por niño menor de diez años. Vosotros, panaderos, debéis elaborar una lista exacta de vuestros cliente, adultos y niño, que debéis controlar severamente. Para los carniceros, tomaréis en seguida las mismas disposiciones, la ración será de 75 gramos para los adultos y 47 gramos para los niños. Deberéis racionar según las instrucciones recibidas las legumbres y las patatas y recomendaréis rigurosamente que por economía no se pelesn las patatas antes de cocerlas.”

Texto dirigido por el subprefecto de Valenciennes (Francia) a los alcaldes de los barrios, enero 1917

Valenciennes 1917

 

 
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Publicado por en 15 enero, 2017 en 1917

 

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Fotos 1917


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Aquí va un avance de imagenes de los que veremos este año en nuestro blog, aprovecho para desearos Feliz Año:

Soldado americano con máscara antigas
Soldados australianos cerca de Ypres (Bélgica)
Restos de esqueletos de caballos en Slaviski (Polonia)
Soldados americanos embarcando hacia la guerra posan con mascotas: un perro y un mapache
Tropas británicas moviéndose cerca de Ypres
Soldados americanos
Soldados italianos con perros
Un perro de la Cruz Roja buscando soldados heridos
Soldados rusos rindiéndose
Una joven estadounidense reparando uniformes de guerra
Paloma mensajera de EEUU, con su número en las alas
Puerto de Kiel
Ruinas del puente en La Ferte Sous Jouatre (Francia)
Soldados muertos en la batalla de Cambrai (Flesquieres, Francia)
Racionamiento de comida en Reino Unido: azúcar, mantequilla, carne, pan y pan rallado
Buscando en los bolsillos de soldados muertos
Río Marne con el puente destruido
Escolares llevando flores a tumbas de soldados, en Folkestone
 
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Publicado por en 1 enero, 2017 en 1917, Imagenes

 

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Cámara superlenta: Así disparaban los aviones de la Primera Guerra Mundial (VIDEO)


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  • Gracias a un mecanismo desarrollado en esa época era posible disparar una ametralladora fija sin dañar la hélice.

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El canal de YouTube The Slow Mo Guys, especializado en mostrar diferentes experimentos en cámara superlenta, ha recreado a muy poca velocidad el disparo de una ametralladora utilizada por los aviones de combate en la Primera Guerra mundial. El objetivo era comprobar de qué manera las balas pasaban entre las aspas de la hélice sin tocarla.

Para ello, los anfitriones del canal, Gavin Free y Daniel Grunchy, se trasladaron a un desierto de Nevada (EE.UU.) e instalaron una ametralladora original de aquella época en una estructura que simulaba las parte delantera de un avión con un motor y una hélice. A continuación procedieron a disparar mientras un equipo especial grababa en cámara lenta.

De esta forma se pudo observar cómo las municiones salían disparadas entre las aspas sin siquiera rozarlas. Tal fenómeno es posible gracias a un mecanismo sincronizador entre el motor y la ametralladora que interrumpía el disparo del arma cuando una de las palas de la hélice pasaba delante del cañón.

Tras mostrar el funcionamiento del mecanismo, los dos expertos desincronizaron el motor y grabaron nuevamente lo que sucedía. Tal como era previsto, las balas atravesaron en repetidas ocasiones la hélice. Sin embargo, esta continuaba funcionando sin problemas.

 
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Publicado por en 30 noviembre, 2016 en Noticias relacionadas

 

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Exposición sobre la Primera Guerra Mundial. La Gran Guerra en Grandes Líneas


La Razon

Desde hoy 30 de noviembre, a las 19:30 horas, en la Casa de Cultura Sala Botí, de Torrelodones de Madrid, se inaugura esta exposición titulada «La Gran Guerra en grandes líneas» (1914-1918) con la presencia del embajador de Bélgica en España Pierre Labouverle, exposición retrospectiva del Ministerio de Asuntos Exteriores de Bélgica, dedicada al centenario de la I Guerra Mundial. La muestra está dirigida a todos los públicos y permanecerá abierta hasta el 12 de diciembre de 2016, con entrada libre y gratuita.

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El 28 de junio de 1914, el primer disparo de la Primera Guerra Mundial resonó en Sarajevo. Nadie hubiera pensado que Europa estaría en llamas y que el fuego se propagaría a la tierra entera durante cuatro años. Lieja, Tannenberg, Gallipoli, Tabora, Tsingtoa, Ypres, Tesalónica, le Chemin des Dames… La Primera Guerra Mundial es una conflagración universal a una escala nunca vista antes. De Chile a Samoa, soldados de al menos cincuenta países diferentes – de Bélgica, Francia, Reino Unido, Rusia, Nueva Zelanda, Australia, Portugal, África del Sur, Congo, Estados Unidos, Canadá, Alemania, Austria, Turquía, Italia, Serbia, por nombrar tan sólo algunos – luchan por tierra, mar y aire. En el sofocante calor de Camerún, en las nieves eternas de los Alpes, en el barro de Westhoek (las esquinas occidentales de Flandes)… en todas partes, el tumulto de las armas y soldados con hambre, frio, sed y dolor.

Dentro del país, la situación no está mejor. «Poor Little Belgium» ya fue invadida y saqueada durante los primeros meses de la guerra. Los cuatro años de ocupación alemana que siguieron, se hicieron sentir a todos los niveles y solo provocaron paro, pobreza y hambre. A pesar de esto, esta guerra, que causó muchas víctimas, también está al origen de evoluciones tecnológicas y medícales, de revoluciones políticas y sociales que, entre otras cosas, han preparado el camino hacia el sufragio universal.

La exposición «la Gran Guerra en grandes líneas» cuenta la historia de la Primera Guerra Mundial en el ámbito internacional, belga y local. Relata los temas más importantes, las grandes batallas y los momentos claves de esta historia. También evidencia unos episodios menos conocidos. Es una visión única de las numerosas caras de la Guerra.

La Exposición itinerante que viajará durante 4 años a diferentes ciudades del mundo: Singapur, Vilnius, Budapest, Ottawa, Kiev, Riga, Colonia, La Habana, Ankara, Brasilia, Tokio, Madrid, Washington, Los Ángeles, Atlanta, New York y Cambera, y narra la Historia de la Gran Guerra basándose en textos, fotos, documentos y anécdotas.

 
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Publicado por en 30 noviembre, 2016 en Noticias relacionadas

 

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La neutralidad española en la Primera Guerra Mundial y su impacto económico


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Hace ya 100 años de la Primera Guerra Mundial (1914 – 1916) y en algunos países de Europa aprovechan este centenario para realizar algunos actos conmemorativos y recordar aquella barbarie, en España la tenemos muy olvidada a pesar de las enormes implicaciones que para nuestro país tuvo tal evento pese a nuestra neutralidad

imagendsdsdsdA principios del siglo pasado, España, lejos de ser la potencia que había sido, dirigiendo los designios de medio mundo, se encontraba en una complicada situación. Tras haber perdido sus últimos territorios de ultramar y con ellos buena parte de su flota y casi todo lo que le quedaba de prestigio, se enfrentaba en Marruecos a una guerra incesante y en su propia casa al ascenso de los movimientos obreros cada vez más radicales.

Es por eso que nunca le fue requerida a nuestro país la adhesión a su causa por parte de ningún bando. Con un ejército que se encontraba anticuado, casi sin armada naval, y con el problema de Marruecos que desembocaron en crisis y huelgas como la Semana Trágica en 1909, España era un Estado de segundo rango, que carecía de la potencia económica y militar suficiente como para presentarse como un aliado deseable a cualquiera de las grandes potencias europeas en conflicto. Por eso ninguno de los países beligerantes protestó por la neutralidad española. Fue simplemente tenida como una declaración de impotencia, puesto que se basaba simplemente en que España carecía de los medios militares necesarios para afrontar una guerra moderna, independientemente del bando elegido, que con los dos se coqueteó.

La vinculación mediterránea de nuestro país y sus intereses en Marruecos ponían en contacto a la política exterior española con las de Inglaterra y Francia; por eso, las relaciones con estos dos países fueron más frecuentes y estrechas, aunque no siempre sus intereses coincidían con los españoles. La diplomacia franco-británica centró su objetivo ante el conflicto en evitar que España entrara en el área de influencia alemana. Por su parte, Alemania utilizó el acercamiento a España para atemorizar o dividir a sus adversarios.

En cuanto al impacto económico, se podría afirmar que el conflicto bélico tuvo una entidad y trascendencia capitales para el desarrollo del capitalismo español. Un verdadero rio de oro llegó a las arcas de los industriales y comerciantes españoles. El comercio exterior creció a un ritmo desconocido hasta entonces. De hecho, si en los años de la preguerra nuestra balanza comercial tenía un saldo negativo de entre 100 y 200 millones de pesetas, con el estallido bélico pasó a ser de unos 200 a 500 millones de saldo positivo. La razón era sencillamente que una serie de productos de exportación habían experimentado una gran demanda en el mercado extranjero y otros que hasta ahora no habían tenido más que un mercado nacional, debido a las circunstancias especiales de la guerra, resultaron rentables para otras naciones.

El ejemplo más claro estuvo en la minería asturiana del carbón y en el hierro vasco. En el primer caso, pasamos de un carbón que por sus difíciles condiciones de explotación se hallaba en desventaja frente a otros carbones europeos, a un producto que aumentó su producción entre un 10 y un 20% anual durante los años de conflicto. Así, las explotaciones mineras del carbón pasaron de 17.000 empleados a más de 40.000 en los cuatro años de guerra. En el caso del hierro vasco multiplicó por 14 su cifra de negocio.

Otro sector que creció exponencialmente fue en del transporte marítimo.  El aumento de la demanda mundial y las dificultades provocadas por el bloqueo submarino alemán tuvieron como consecuencia una inmejorable situación para las navieras. Entre 1918 y 1920 se crearon 56 nuevas empresas de este tipo y los precios de los transportes marítimos habían crecido tanto que los dividendos de algunas de esas empresas llegaron a ser del orden del 500%. Esta situación se mantuvo incluso cuando Alemania declaró en 1917 la guerra submarina total y, en su afán por ahogar la economía inglesa, comenzó a hundir cualquier embarcación, fuese de la bandera que fuese, que comerciase con los ingleses. Esto dio lugar a esperpentos como el de tener que lamentar hundimientos de cargueros españoles (hasta el 25% de la flota mercante española) al tiempo que se daba permiso para reparar y luego zarpar a un submarino alemán en el puerto de Cádiz.

Otros sectores crecieron quizá menos espectacularmente, pero su avance se mantuvo más tiempo, como la industria textil catalana o el sector bancario. En términos generales puede afirmarse que toda la actividad económica española se vio muy estimulada por la Primera Guerra Mundial. Y así, empresarios y financieros obtuvieron pingües ganancias con sus negocios (el número de bancos se duplicó en estos años), pero no ocurrió lo mismo para los trabajadores. La inflación de los productos de primera necesidad, así como el desigual reparto de la riqueza y de las cargas tributarias –en un Estado aún clientelista y caciquil– provocaron las airadas denuncias de los sindicatos de clase y las asociaciones obreras.

Todo este “milagro” económico se evaporó poco después de terminar la guerra. El fin de las condiciones excepcionales supuso el fin de la gallina de los huevos de oro, y comenzó un nuevo drama para España. Las exportaciones cayeron un 39% y seis mil empresas echaron el cierre. La crisis de sobreproducción trajo consigo, además, un fuerte desempleo industrial y la lucha obrera se recrudeció. Además, se tuvo que luchar contra la mala prensa del letal virus de la gripe, que en la primavera de 1918 mató a más de 40 millones de personas en todo el mundo, más de 300.000 personas solo en nuestro país. Una enfermedad que no se originó en España (el primer caso fue en Estados Unidos), pero como país pobre, secundario y encima neutral, tuvo que cargar con la mala prensa.

 
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Publicado por en 22 septiembre, 2016 en Noticias relacionadas

 

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27 de Agosto de 1916 – La entrada en guerra de Rumanía


La entrada en guerra de Rumanía

En la noche del 27 de agosto de 1916, tres ejércitos rumanos (1.º, 2.º y Del Norte) se desplegaron de acuerdo al plan de campaña (llamado “Hipótesis Z”, que contenía también los objetivos políticos de la campaña), atacando Transilvania a través de los pasos de montaña de los Cárpatos. El 3.er Ejército debía cubrir el sur del país y proteger el avance en el norte, a donde se destinarían el 80 % de las fuerzas.

Los ataques lograron avances frente al débil 1.er Ejército austrohúngaro, que se retiró de las montañas. En un tiempo relativamente corto, las ciudades de Braşov, Făgăraş y Miercurea Ciuc fueron capturadas y las tropas rumanas alcanzaron las afueras de Sibiu. En todas partes, las tropas rumanas fueron calurosamente recibidas por la población rumana, que les proporcionó una ayuda considerable en términos de servicios, alojamientos, o de guía. Pero el Imperio austrohúngaro envió cuatro divisiones para reforzar sus líneas y, para mediados de septiembre, se detuvo la ofensiva rumana. Los rusos prestaron a Rumanía tres divisiones para las operaciones en el norte de Rumanía, pero escasos suministros.

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La invasión rumana de Austria-Hungría, agosto de 1916
 
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Publicado por en 27 agosto, 2016 en 1916

 

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