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Archivos Mensuales: noviembre 2016

El capitán que emergió del fango un siglo después


El Pais

  • Arqueólogos belgas identifican a un militar neozelandés muerto en la I Guerra Mundial y localizan a su familia
La llamada Trinchera de la Muerte de Diksmuide, en Flandes (Bélgica). Delmi Álvarez

La llamada Trinchera de la Muerte de Diksmuide, en Flandes (Bélgica). Delmi Álvarez

Cuarenta centímetros bajo tierra, Flandes aloja una inmensa y desordenada necrópolis de 150.000 soldados fallecidos durante la Primera Guerra Mundial, tantos como habitantes tiene la ciudad de Salamanca. El disperso camposanto es en realidad un conjunto de fosas comunes y tumbas improvisadas en medio del fragor de la batalla que se extiende por todo el frente de guerra. Cada cierto tiempo, una nueva construcción remueve el terreno y el subsuelo belga escupe huesos. Uno de sus últimos hallazgos ha causado sorpresa: un capitán neozelandés ha sido identificado con nombre y apellidos 101 años después de su muerte.

Simon Verdegem no lo sabía entonces, pero un adolescente de excursión puede sacar a un soldado de cien años de oscuridad. Una visita del instituto le abrió los ojos. Recorrió las trincheras de la Gran Guerra y se movió por los mismos estrechos pasillos en los que los soldados malvivieron entre piojos, ratas, fango y metralla. Aquel día, con 16 años, rodeado de sus compañeros de clase, tomó una decisión: se quedaría a vivir entre 1914 y 1918. Siguió el camino marcado. Leyó libros. Estudió Historia.

Ahora, a sus 33 años, se mueve por la sala explicándolo todo. Aquí un rifle británico, allí un casco alemán, al lado, un cañón de artillería. Abre bolsas de plástico y muestra huesos. Trozos de columna vertebral. Un cráneo. Un fémur. Las estanterías metálicas y las cajas de cartón alejan la sensación de estar en un museo, aunque cualquiera de sus objetos podría formar parte de una exposición. Las paredes alternan el ladrillo con un blanco descuidado, y las armas, consumidas por el óxido, hace tiempo que no intimidan a nadie. Es el almacén de la empresa Ruben Willaert a las afueras de Brujas. La compañía acude a la llamada de las constructoras para analizar los restos de soldados y tratar de averiguar a quién pertenecen, cómo murieron y a qué edad. Después, la mayoría acaba enterrado en el anonimato en uno de los muchos cementerios militares desperdigados por la geografía belga.

Poner nombre y apellido a los huesos un siglo después rara vez sucede. De los 70 cuerpos que ha analizado Verdegem, solo ha identificado uno. En un primer momento solo sabían de él su unidad y rango. Pero sucedió algo inesperado. “Encontramos un medallón muy sucio, y cuando lo limpié aparecieron unas iniciales. Nunca olvidaré ese momento”. También hallaron su silbato y unos prismáticos con las mismas iniciales. El arqueólogo leyó las letras H.J.I.W. y las cotejó con la lista de fallecidos de su regimiento: No hubo duda. Era Henry John Innes Walker, un capitán neozelandés integrado en las tropas inglesas. “Al principio no estábamos seguros de que fueran las iniciales de un soldado. Podían haber sido las de su esposa”, explica Verdegem.

La repercusión fue inmediata. Medios neozelandeses entrevistaron a su familia, sobrinos de avanzada edad que calificaban el descubrimiento de “milagro” y le recordaban pasando páginas de fotos en blanco y negro mientras señalaban con el dedo. “El de esta foto es tío Jack. Y el de aquella”. Su muerte está documentada el 25 de abril de 1915 en la batalla de Ypres, desde donde envió numerosas cartas que la prensa de su país publicó regularmente. Tenía 25 años. “No hay demasiadas noticias hoy. Tanta lluvia como siempre, y las trincheras llenas de barro pegajoso, pero hoy, por primera vez en semanas ha salido el sol y es glorioso”, comienza su última misiva, tres meses antes de su muerte.

Para Didier Pontzeele, jefe del servicio de sepulturas de guerra belga, que cada año recorre miles de kilómetros entre Francia y Bélgica para supervisar los cementerios, su prioridad son los cráneos y fémures de esos hombres. “Me da igual que sean alemanes, belgas o australianos. Son jóvenes que han dado la vida por su país. Aunque sigan siendo desconocidos, es mejor que sean enterrados respetuosamente”.

En las trincheras de Diksmuide, ahora reconstruidas y convertidas en atractivo turístico para recordar un conflicto que costó la vida a 9,3 millones de personas, un grupo de escolares franceses camina acompañado de Brigitte Hovine, profesora jubilada, que les narra la historia de ese pedazo de tierra. Curiosos y preguntones, su actitud hace pensar que el arqueólogo Simon Verdegem no será el único en quedarse a vivir entre 1914 y 1918 para seguir el rastro de soldados como Henry John Innes Walker, el capitán que emergió del fango 101 años después.

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Publicado por en 30 noviembre, 2016 en Noticias relacionadas

 

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Cámara superlenta: Así disparaban los aviones de la Primera Guerra Mundial (VIDEO)


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  • Gracias a un mecanismo desarrollado en esa época era posible disparar una ametralladora fija sin dañar la hélice.

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El canal de YouTube The Slow Mo Guys, especializado en mostrar diferentes experimentos en cámara superlenta, ha recreado a muy poca velocidad el disparo de una ametralladora utilizada por los aviones de combate en la Primera Guerra mundial. El objetivo era comprobar de qué manera las balas pasaban entre las aspas de la hélice sin tocarla.

Para ello, los anfitriones del canal, Gavin Free y Daniel Grunchy, se trasladaron a un desierto de Nevada (EE.UU.) e instalaron una ametralladora original de aquella época en una estructura que simulaba las parte delantera de un avión con un motor y una hélice. A continuación procedieron a disparar mientras un equipo especial grababa en cámara lenta.

De esta forma se pudo observar cómo las municiones salían disparadas entre las aspas sin siquiera rozarlas. Tal fenómeno es posible gracias a un mecanismo sincronizador entre el motor y la ametralladora que interrumpía el disparo del arma cuando una de las palas de la hélice pasaba delante del cañón.

Tras mostrar el funcionamiento del mecanismo, los dos expertos desincronizaron el motor y grabaron nuevamente lo que sucedía. Tal como era previsto, las balas atravesaron en repetidas ocasiones la hélice. Sin embargo, esta continuaba funcionando sin problemas.

 
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Publicado por en 30 noviembre, 2016 en Noticias relacionadas

 

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Exposición sobre la Primera Guerra Mundial. La Gran Guerra en Grandes Líneas


La Razon

Desde hoy 30 de noviembre, a las 19:30 horas, en la Casa de Cultura Sala Botí, de Torrelodones de Madrid, se inaugura esta exposición titulada «La Gran Guerra en grandes líneas» (1914-1918) con la presencia del embajador de Bélgica en España Pierre Labouverle, exposición retrospectiva del Ministerio de Asuntos Exteriores de Bélgica, dedicada al centenario de la I Guerra Mundial. La muestra está dirigida a todos los públicos y permanecerá abierta hasta el 12 de diciembre de 2016, con entrada libre y gratuita.

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El 28 de junio de 1914, el primer disparo de la Primera Guerra Mundial resonó en Sarajevo. Nadie hubiera pensado que Europa estaría en llamas y que el fuego se propagaría a la tierra entera durante cuatro años. Lieja, Tannenberg, Gallipoli, Tabora, Tsingtoa, Ypres, Tesalónica, le Chemin des Dames… La Primera Guerra Mundial es una conflagración universal a una escala nunca vista antes. De Chile a Samoa, soldados de al menos cincuenta países diferentes – de Bélgica, Francia, Reino Unido, Rusia, Nueva Zelanda, Australia, Portugal, África del Sur, Congo, Estados Unidos, Canadá, Alemania, Austria, Turquía, Italia, Serbia, por nombrar tan sólo algunos – luchan por tierra, mar y aire. En el sofocante calor de Camerún, en las nieves eternas de los Alpes, en el barro de Westhoek (las esquinas occidentales de Flandes)… en todas partes, el tumulto de las armas y soldados con hambre, frio, sed y dolor.

Dentro del país, la situación no está mejor. «Poor Little Belgium» ya fue invadida y saqueada durante los primeros meses de la guerra. Los cuatro años de ocupación alemana que siguieron, se hicieron sentir a todos los niveles y solo provocaron paro, pobreza y hambre. A pesar de esto, esta guerra, que causó muchas víctimas, también está al origen de evoluciones tecnológicas y medícales, de revoluciones políticas y sociales que, entre otras cosas, han preparado el camino hacia el sufragio universal.

La exposición «la Gran Guerra en grandes líneas» cuenta la historia de la Primera Guerra Mundial en el ámbito internacional, belga y local. Relata los temas más importantes, las grandes batallas y los momentos claves de esta historia. También evidencia unos episodios menos conocidos. Es una visión única de las numerosas caras de la Guerra.

La Exposición itinerante que viajará durante 4 años a diferentes ciudades del mundo: Singapur, Vilnius, Budapest, Ottawa, Kiev, Riga, Colonia, La Habana, Ankara, Brasilia, Tokio, Madrid, Washington, Los Ángeles, Atlanta, New York y Cambera, y narra la Historia de la Gran Guerra basándose en textos, fotos, documentos y anécdotas.

 
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Publicado por en 30 noviembre, 2016 en Noticias relacionadas

 

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