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Archivo de la categoría: 1917

Edmund Allenby


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Edmund Henry Hynman Allenby, 1.er vizconde Allenby de Felixtow y de Meggido (Nottinghamshire, 23 de abril de 1861 – Londres, 14 de mayo de 1936), fue un mariscal de campo británico.

Edmund Allenby dejando Jerusalén a través de la Puerta de Jaffa.

Sus padres fueron Hynman Allenby y Catherine Anne Cane. Se educó en el Haileybury College antes de ingresar a la Real Academia Militar de Sandhurst en 1880. En 1882 fue comisionado como teniente al 6.º de Dragones y fue enviado a Sudáfrica con su regimiento. Tras servir en la caballería en Canterbury fue hecho capitán y regresó a Sudáfrica en 1888.

En 1891, después de un intento fallido, ingresó a la Escuela Superior en Camberley. En 1897 fue promovido a mayor y fue enviado a Irlanda con la Brigada Mayor.

Al estallar la Segunda Guerra de los Bóers fue regresado a su regimiento y se embarcó a Sudáfrica. Participó en Colesberg, Klip Drift y Dronfield Ridge.

Participó en la Segunda Guerra de los Bóers y se desempeñó como inspector general de la caballería entre 1910 y 1914. Durante la Primera Guerra Mundial, comandó con prestancia en el Medio Oriente.

Su victoria sobre los turcos en Gaza (1917) llevó a la toma de Jerusalén (9 de diciembre de 1917), y su triunfo en Megido (19–21 de septiembre de 1918), junto con la ocupación de Damasco y Alepo, terminaron con el dominio otomano en Siria. Su éxito se debió parcialmente al uso ingenioso de la caballería y otras fuerzas móviles, siendo recordado como el último gran militar británico de la caballería montada.

Como alto comisionado de Egipto entre 1919 y 1925, dirigió ese país hasta su reconocimiento como estado soberano en 1922. Murió debido a un aneurisma cerebral.

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Publicado por en 9 diciembre, 2017 en 1917, Ejército Británico, Personajes

 

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6 de Diciembre de 1917 – Explosión de Halifax


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Halifax Explosion blast cloud restored.jpgLa Explosión de Halifax es como se le denomina al desastre ocurrido el 6 de diciembre de 1917 en el puerto de Halifax, en Nueva Escocia (Canadá), provocado por el choque entre el buque de carga francés SS Mont-Blanc (cargado de explosivos de guerra) y el barco de vapor noruego SS Imo. El incidente causó la muerte de alrededor de 2000 personas, 9000 quedaron heridas y provocó daños en toda la ciudad.

Desastre

El 6 de diciembre de 1917 a eso de las 7:30 am, el buque carguero francés SS Mont-Blanc dejó su lugar de anclaje fuera de la bocana del puerto de Halifax para unirse a un convoy que se estaba formando en otro puerto cercano en la bahía Bedford Basin, donde se formaba todos los convoyes antes de salir ya rumbo a Europa. Estaba cargado con 2300 toneladas de ácido pícrico húmedo y seco, 200 de trinitrotolueno, 10 de algodón de pólvora y 35 de benceno, una mezcla altamente explosiva, estibada en cubierta.

Al mismo tiempo el barco de vapor noruego SS Imo salía de Bedford Basin con destino a Nueva York para cargar alimentos hacia Bélgica, que viajaría solo por lo rápido que era para la época esta embarcación fue forzada a trasladarse a un extremo del canal, seguramente por ir demasiado rápido, por lo que hizo contacto visual con el buque francés a ¾ de milla (unos 1.350 metros aproximadamente).

Devastación en Halifax dos días después de la explosión. El SS Imo es visible al otro lado del estrecho.

El buque noruego estaba en un curso de intercepción, por lo que el capitán del Mont-Blanc llevo su embarcación hacia la costa de Dartmouth, reduciendo su velocidad al mínimo para tener dirección y alrededor de 2 minutos más tarde ordenó parar las máquinas.

Alrededor de las 8:40 am, al no dar paso el Imo, el Mont-Blanc trató de cambiar su rumbo para que ambos buques se cruzaran por su estribor, pero fue demasiado tarde para esa maniobra y la proa del barco noruego se empotró contra el buque carguero abriéndole un socavón en estribor de unas dimensiones considerables, de inmediato y debido al golpe el benceno se inflamó y empezó a arder, conscientes del peligro y sin tener aparatos anti-incendios a bordo, intentaron hundir el barco pero ya era tarde, se avecinaba una catástrofe sin igual, abandonaron el barco y remaron para dar aviso a todos lo que pudieran, el Mont-Blanc ya a la deriva se acercaba al muelle número 9 y la zona comercial y financiera de Halifax. El incendio duró 20 minutos, atrayendo a varias personas curiosas del espectáculo, sin tener conciencia del peligro, y al poco tiempo a las 9:06 haría explosión el Mont-Blanc.

Noticias relacionadas con el evento:

Imágenes inéditas: La explosión que causó una masacre en la Primera Guerra Mundial

© Victor Magnus

Una de las explosiones más grandes de la historia producidas por el hombre quedó inmortalizada en las fotografías de un marino británico. Un siglo después del desastre de Halifax, que se cobró la vida de miles de personas, salen a la luz.

Por primera vez se han hecho públicas las fotografías tomadas por el teniente de la Marina Real británica Victor Magnus que inmortalizaron la explosión de Halifax, desastre ocurrido en diciembre de 1917 en el puerto homónimo en Canadá, cuando un buque de guerra francés chocó contra una embarcación noruega, informa ‘Mail Online‘.La causa del suceso fue que el buque de carga francés, el SS Mont-Blanc, llevaba explosivos a bordo. Los expertos aseguran que se trata de la mayor explosión de la historia causada por el hombre antes del desarrollo de las armas nucleares. Fue tan fuerte que casi arrasó la ciudad de Halifax, causando 2.000 muertos y 9.000 heridos.

© Victor Magnus

Las fotografías han sido descubiertas por la hija de Victor, Ann Foreman, de 89 años. La mujer no tenía ni idea de que un trozo de la historia hubiera permanecido guardado en su casa durante casi 100 años.

Ann Foreman ha entregado las fotografías al Museo Imperial de la Guerra en Londres. “Mi padre era un gran fotógrafo, siempre llevaba una cámara en el cuello. Tomaba fotografías todo el tiempo, nunca pedía posar a nadie, solo sacaba fotos”.

© Victor Magnus

“Tuvo mucha suerte al sobrevivir, sobre todo porque la ciudad quedó destruida”, cuenta Ann. “Tomó algunas fotos en la costa y parecía como el Blitz en Londres”. Ann cuenta que se siente muy orgullosa de su padre tras haber descubierto las fotos. “Nunca habló de eso y es la primera vez que las veo.”

Durante la Segunda Guerra Mundial, Victor sirvió en la Guardia Nacional y después se dedicó al cultivo de manzanas, aunque nunca perdió el interés por el mar. Estuvo casado, tuvo tres hijos y seis nietos, y murió en 1969.

Explosión de Halifax
Lugar Halifax, Nueva Escocia, Canadá
Coordenadas 44°40′09″N 63°35′47″O 
Fecha 6 de diciembre de 1917
9:04:35 (AST)
Muertos Aprox. 2000
Heridos Aprox. 9000
 
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Publicado por en 6 diciembre, 2017 en 1917

 

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Declaración de Mayo


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La Declaración de Mayo de 1917 fue una proclama de los diputados eslavos del sur del Parlamento de Cisleitania a favor de la unión de los territorios de población serbia, croata y eslovena en una nueva unidad administrativa en el Imperio Austrohúngaro. Su rechazo por el Gobierno austriaco, que defendió la estructura administrativa dual, hizo que el movimiento que nació de la Declaración se fuese radicalizando hasta reclamar abiertamente la independencia en 1918.

La Declaración

El 30 de mayo de 1917, el día en que volvía a reunirse el Reichsrat austriaco tras un largo periodo de gobierno sin parlamento, los diputados croatas de Istria y Dalmacia se unieron a sus colegas eslavos del grupo parlamentario yugoslavo (Jugoslavenski klub) para reclamar la creación de una nueva unidad territorial democrática que englobase las áreas de población serbia, croata y eslovena, modificando la división en dos del Compromiso Austrohúngaro de 1867.La Declaración no presuponía una derrota austrohúngara en la guerra y era compatible con el mantenimiento de la dinastía Habsburgo, pero no con el sistema de poder dual acordado por el emperador Francisco José y la aristocracia magiar en 1867. Por otro lado, tampoco tenía posibilidades de salir adelante en caso de una victoria total de los Imperios Centrales, que hubiese dejado intacta la estructura del Imperio: se basaba en la posibilidad de una paz pactada entre los dos bandos que diese lugar a reformas territoriales en el Estado. Cuando esta paz no tuvo lugar, el movimiento yugoslavista fue radicalizándose, pasando de las medidas dentro del Imperio a la defensa de la independencia.

Consecuencias

La Declaración recibió el apoyo del Partido Croata por los Derechos y de algunos diputados serbios en el Parlamento autónomo de Croacia-Eslavonia, disidentes de la Coalición gobernante, siendo rechazada por los frankovci, partidarios del gobierno imperial. La Coalición Croato-serbia, favorable en secreto al proyecto, decidió no pronunciarse sobre la misma al hallarse en el gobierno de la región, temerosa de la reacción del gobierno de Budapest. Stjepan Radić y sus partidarios del Partido Campesino Croata también respaldaron la Declaración.

En la región de Bosnia-Hercegovina, única no perteneciente a alguna de las dos unidades administrativas imperiales sino gobernada por el ministerio de finanzas común austrohúngaro, la Declaración llevó a los partidos a convertir sus programas al yugoslavismo.

En los territorios de población eslovena, en Istria y en Dalmacia la declaración impulsó el nacimiento de un movimiento de protesta nacionalista que reclamaba como mínimo la aplicación del programa de la declaración, exigiendo el derecho de autodeterminación. La radicalización del movimiento llevó a los más serios motines en Cisleitania protagonizados por soldados eslovenos regresados de Rusia, en mayo de 1918 y a la defensa de la Declaración entre los marineros eslovenos que participaron en el motín de las unidades navales de la bahía de Cattaro a comienzos de año. En el mismo mes de mayo el partido socialdemócrata esloveno se unió al movimiento a favor de la Declaración.

El movimiento en favor de la Declaración no se frenó ni con las victorias austro-germanas en el frente italiano ni el temporal abandono por parte de la Entente de su intención de desmembrar el Imperio en enero de 1918 (debido a la posibilidad de lograr una paz negociada). En enero de 1918 el Grupo parlamentario Yugoslavo, aprovechando la Paz de Brest-Litovsk, solicitó que se tratase internacionalmente la situación de los serbios, croatas y eslovenos del Imperio. En marzo representantes de los partidos eslavos se reunieron en Zagreb para tratar de aumentar la cohesión del movimiento, aunque sin contar aún con el respaldo de la Coalición Croato-serbia.

Acontecimientos relacionados

La Declaración precedió por escasos meses a la Declaración de Corfú del 20 de julio de 1917, acordada por el gobierno del Reino de Serbia y los representantes del Comité Yugoslavo, en el que ambas partes se comprometían a tratar de lograr un nuevo estado que uniese a los eslavos del sur del Imperio austrohúngaro con los estados serbio y montenegrino lo que suponía, a diferencia de la de Mayo, la disolución del Imperio.

 
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Publicado por en 30 mayo, 2017 en 1917, Tratados

 

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Los motivos de la germanofilia


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  • Discurso pronunciado en el Ateneo de Madrid (Sección de Ciencias Históricas), el 25 de mayo de 1917, al discutirse la actitud de España ante la guerra.

ESPAÑA ANTE LA GUERRA: LA INDEFENSION MATERIAL

SI ALGUIEN me preguntase ahora cuál es en los días que corren la preocupación
inmediata de los españoles, cuál debe ser el punto sobre que descarguen su máximo
esfuerzo los que sientan la ambición de formular las aspiraciones del pueblo español,
poniéndole frente a frente de sus necesidades morales y materiales y haciéndoselas
comprender con claridad, yo respondería al preguntante que mirase hacia sí, hacia su
propia vida personal, que contemplase también su hogar, sus negocios o su profesión
habituales, el campo, por reducido que sea, de su actividad cotidiana, y me dijese
después si no advierte que todo ello está trastornado, alterado por este acontecimiento
exorbitante: la guerra; la guerra, en la que cada día nos importa menos el aspecto
militar; la guerra, que con su dedo inexorable ha hecho vibrar las fibras más escondidas
de nuestra alma, ha removido todas las rutinas y ha puesto a nuestro pueblo en el
trance,’para muchos insoportable, para todos grave, de fallar y tomar partido en un
problema moral; la guerra, que prepara para mañana, para el día después de la paz, entre
las convulsiones actuales, una nueva revolución.

Jamás ante un suceso de magnitud tamaña se ha encontrado un pueblo menos
preparado que el pueblo español para afrontarlo. Y cuenta que nuestra preparación es
doble, tiene dos aspectos, íntimamente ligados el uno con el otro (vosotros decidiréis
cuál es más grave): no teníamos preparación diplomática ni militar, no teníamos política
europea; no teníamos tampoco preparación moral, no conocíamos los datos del
problema, y carecíamos de la cultura interna necesaria para improvisar una apreciación
de los valores morales que están en litigio.

Es justo proclamar que aquella primera falta de preparación militar, política y
diplomática, es de lo más castizo que se conoce y que con ello no hacemos más que
continuar una tradición española varias veces secular. Si yo fuese inclinado a empavesar
mis discursos con escarceos históricos, me sería fácil demostrar que desde hace casi tres
siglos todos los sucesos capitales en la historia del mundo nos cogen siempre
desprevenidos, y que a favor de esa estúpida imprevisión, de ese atolondramiento
nacional, han ido desenvolviéndose todas las desventuras españolas, desde la
liquidación y aventamiento del antiguo imperio nuestro, pasando por el naufragio de
nuestra independencia y por las últimas guerras coloniales, hasta la miserable empresa de Marruecos, donde no se sabe qué duele más, si el estéril sacrificio de la nación
o el ridículo de que nuestra impotencia nos cubre. Ese descuido, ese abandono, esa
necesidad entronizados en el Gobierno de España han tenido por causa inmediata la
ligereza, la ignorancia, las intrigas, la rapacidad de reyes y ministros, y por causa y
fundamento últimos la resignación y mansedumbre del pueblo, del triste, ignorante,
hambriento pueblo español, que no ha tenido nunca bríos para levantarse fusil en mano
contra sus pastores y en un escarmiento ejemplar imponerles la lección adecuada a su
delincuencia. No penséis que esa preparación de que hablo, que esa indefensión actual
de la nación española, reconocida por sus ministros en estos meses, nazca de otras
causas que las apuntadas; es la misma abyección, la misma impericia que bajo Carlos
III, la misma alocada petulancia que bajo Godoy, la misma oligarquía ya imperante en
las guerras coloniales, la que ahora, al cabo de años de paz, al cabo de gastos sin cuento,
al cabo de lecciones tan rudas como el Tratado de París, nos ha puesto frente a la guerra
europea sin ejército, peor que sin ejército, con una nómina de militares que absorbe
cientos de millones sin que tuviéramos un regimiento completo; sin diplomacia,
entregada la representación de España en el extranjero a unos cuantos señoritos
aristócratas, que usurpan el manejo de intereses importantes del país sin otro motivo que
el de ser miembros de familias distinguidas.

Ha sido preciso que la guerra estalle y que los Gobiernos se hayan encontrado sin esos dos instrumentos de acción; ha sido preciso que una vez más tropecemos con la realidad inexorable para que un presidente del Consejo de ministros dijera en las Cortes: “¡No tenemos ejército, no tenemos cónsules ni diplomáticos.!”

Pues con ser tan grave este daño, aún me aflige más, como hombre y como
español, la otra falta de preparación ante la guerra: la falta de preparación moral, ¿por
qué no llamar a las cosas por su nombre?, la incultura de los sentimientos morales, que
ha impedido a los españoles ver desde el primer día la causa de la justicia.

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Publicado por en 25 mayo, 2017 en 1917

 

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Arthur Zimmermann


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Arthur Zimmermann (nacido el 5 de octubre de 1864 y fallecido el 6 de junio de 1940) fue un político alemán, que destacó especialmente por ser el ministro de Asuntos Exteriores del Imperio alemán entre el 22 de noviembre de 1916 y el 6 de agosto de 1917, fecha en la cual dimitió de su cargo.

Su nombre ha quedado en la Historia asociado al famoso Telegrama Zimmermann, durante la Primera Guerra Mundial, que fue uno de los elementos que acabaron por influir en el ánimo de los Estados Unidos para abandonar su neutralidad en el conflicto y unirse a las filas de los Aliados en contra de las Potencias Centrales, de las que formaba parte el Imperio alemán. Su objetivo desde el principio fue incitar a México a entrar en la primera guerra mundial apoyando al Imperio Alemán. El gobierno mexicano rechazó la propuesta debido a que en esos momentos se vivía una situación tensa entre los Estados Unidos y México, además de otros problemas, como ser una nación que había salido recientemente de una revolución.

Igualmente, participó en el desarrollo de los planes tendentes a apoyar al movimiento de independencia irlandés, así como en el apoyo de los Bolcheviques para efectuar una labor de zapa en el interior del Imperio ruso en contra de los zares.

Primeros pasos

Arthur Zimmermann nació en la localidad de Marggrabova (hoy Olecko, en Masuria, en la actual Polonia) en la Prusia oriental, el 5 de octubre de 1864, falleciendo debido a una neumonía en Berlín. Efectuó estudios de Derecho entre 1884 y 1887 en Königsberg, igualmente en Prusia oriental, así como en Leipzig.

Inició su carrera profesional con el ejercicio de la profesión de abogado, obteniendo con posterioridad un Doctorado en Derecho. En 1893 pasó a la carrera diplomática, entrando en el servicio consular en Berlín. Su primer destino en el extranjero fue en China, a donde llegó en 1896, pasando luego a Cantón en 1898, para acceder posteriormente a la categoría de cónsul, en 1900. Mientras se hallaba destinado en Extremo Oriente se produjo en China la revuelta de los Boxers, que conoció pues de primera mano.

Tras haber sido llamado desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, fue nombrado viceministro 1911 para, el 24 de noviembre de 1916, en plena Primera Guerra Mundial, aceptar ser nombrado ministro, sucediendo en sus funciones a Gottlieb von Jagow. No obstante, desde algunos años atrás ya asumía la mayor parte de las negociaciones del Ministerio con los mandatarios extranjeros, con motivo de la timidez enfermiza del ministro titular, von Jagow. Es de destacar que fue el primer ministro de Asuntos Exteriores del Imperio alemán que no poseía orígenes en la aristocracia, aunque sí era originario de la Prusia Oriental, como buena parte de la nobleza imperial alemana.

El Kronrat

En tanto que ministro de Asuntos Exteriores del Imperio alemán, tomó parte igualmente en lo que se conoce como Kronrat, es decir, las deliberaciones que tuvieron lugar en el verano de 1914 entre el káiser Guillermo II y el canciller alemán, Theobald von Bethmann-Hollweg, en el curso de las cuáles se tomó la decisión de apoyar al Imperio austrohúngaro tras el asesinato del arquiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo, decisión que desembocó en el estallido de la Primera Guerra Mundial. Posteriormente, Arthur Zimmermann rechazaría el uso del término Kronrat, ya que la opinión del kaiser Guillermo II fue decisiva en la discusión, aunque el canciller Bethmann-Hollweg, así como el propio Zimmermann, aprobaron la decisión de aquél.

La ejecución de la enfermera Edith Cavell

Arthur Zimmermann, desde su cargo de ministro de Asuntos Exteriores, fue igualmente quien tuvo que dar las pertinentes explicaciones en el caso de la ejecución de la enfermera británica Edith Cavell por parte de un pelotón de ejecución alemán el 12 de octubre de 1915, debido a que había ayudado a varios centenares de soldados de los Aliados a escapar desde la Bélgica ocupada por los alemanes hacia Holanda, territorio neutral en esa guerra. El incidente había tenido una honda repercusión en la prensa y la opinión pública tanto del Reino Unido como de los todavía neutrales Estados Unidos, y había acabado ya por convertirse en un problema de política internacional para el Imperio alemán.

Arthur Zimmermann empezó por afirmar que «era una lástima que la señora Cavell hubiese tenido que ser ejecutada», pero que ello era necesario. Prosiguió aceptando que era algo terrible tener que ejecutar a una mujer, pero que era necesario prestar atención a las consecuencias que se derivarían del hecho de que un Estado, especialmente si se hallaba en situación de guerra, no castigase a las mujeres después de que estas hubiesen cometido crímenes que afectasen a la seguridad de las fuerzas armadas de dicho Estado. Ninguna corte penal (y menos aún en el caso de una jurisdicción sometida a la ley marcial) hubiera hecho una tal distinción (puesto que el hombre y la mujer son iguales ante la ley), etc. Afirmó que tenía ante él el veredicto del tribunal y que estaba «convencido de que ningún tribunal del mundo hubiese emitido un veredicto distinto», prosiguiendo con frases del mismo tenor.

Su actuación fue sumamente criticada en su momento por toda la opinión pública, tanto de los países en guerra con las Potencias Centrales como entre los países neutrales, pero en cualquier caso deben ser situadas en el contexto de la época y la sociedad en la que se generaron. Hay que recordar que en ambos bandos se produjeron frecuentes fusilamientos de soldados y civiles (véase por ejemplo al respecto el caso de la bailarina holandesa Mata Hari, fusilada por Francia bajo la acusación de espionaje el 15 de septiembre de 1917).

Paz en el Este

En marzo de 1917, habida cuenta de la perspectiva de un inminente hundimiento del Frente Oriental debido a la situación política en el Imperio ruso, Zimmermann tomó la decisión personal de promover su iniciativa llamada Paz en el Este ante los revolucionarios rusos, propuesta de la mayor importancia estratégica en esas fechas para Alemania y las Potencias Centrales, y que logró imponer tanto al káiser Guillermo como al Ejército alemán.1 Hizo a los bolcheviques rusos la propuesta siguiente:

  • el cese de los combates a lo largo de toda la línea del frente;
  • la recíproca retirada de todos los territorios ocupados por cada uno de los contendientes;
  • un acuerdo amistoso respecto de Polonia, Lituania y Curlandia;
  • la promesa de colaborar con Rusia en su reconstrucción y desarrollo;
  • finalmente, Lenin y los líderes bolcheviques que se hallaban en esos momentos asilados en Suiza recibirían la autorización para regresar a Rusia en un tren cerrado y sellado que les conduciría allí a través de territorio alemán.

Dichas propuestas, en el caso de ser aceptadas, deberían liberar un alto número de divisiones de los ejércitos de las Potencias Centrales que en esos momentos combatían contra el Ejército ruso en el Frente Oriental, permitiendo que fuesen trasladadas al Frente Occidental, lo que a su vez lograría reforzar a las tropas allí empeñadas en los combates contra el resto de los Aliados en una larga y costosa guerra de trincheras, dándoles la superioridad necesaria para intentar romper el frente y decidir así el resultado de la guerra antes de la posible entrada en la guerra de los Estados Unidos.

El plan presentado por Zimmermann tuvo éxito, aunque por lo demás dejó tras de sí para el futuro un problema político importante: la Revolución bolchevique, que había triunfado en parte debido a la intervención de Arthur Zimmermann.

La misión del nuncio Pacelli

El Telegrama Zimmermann’ tal y como fue enviado por el embajador alemán en Washington al embajador alemán en México, cifrado usando un libro de códigos.

A finales de junio de 1917, Zimmermann tuvo ante sí la primera ocasión de verdad para hacer progresar unas negociaciones de paz. En el curso de varias reuniones que mantuvieron con el nuncio apostólico en Baviera, Eugenio Pacelli (quien ulteriormente sería elegido papa con el nombre de Pío XII), y con Uditore Szioppa, quienes estaban en una misión de prospección, el canciller Bethmann-Hollweg y Arthur Zimmermann escucharon sus proyectos. Según dichas propuestas, no habría anexión de territorios, no se desplazaría la frontera con el Imperio ruso, Polonia se convertiría no obstante en un estado independiente, todos los territorios ocupados por las Potencias Centrales en Francia y en Bélgica serían evacuados por las tropas alemanas, y Lorena sería restituida a Francia. La única contrapartida sería la devolución a Alemania de todas sus antiguas colonias.

Su dimisión

El 6 de agosto de 1917, Zimmermann dimitió de su cargo de ministro de Asuntos Exteriores, para ser reemplazado por Richard von Kühlmann.

El motivo principal para su dimisión fue el célebre telegrama que Zimmermann había enviado el 16 de enero de 1917. Dos años y medio después del inicio de la Primera Guerra Mundial, los Estados Unidos seguían observando una estricta neutralidad en el conflicto que enfrentaba a los Aliados con las Potencias Centrales en una guerra de trincheras en el norte de Francia y en Bélgica, sin intervenir en la lucha. A pesar de que la reelección como presidente de los Estados Unidos de Woodrow Wilson lo había sido con el lema «no estamos en guerra, gracias a mí», las consecuencias del telegrama ayudaron a que cada vez le resultase más difícil mantener su promesa y conservar la neutralidad de los Estados Unidos en la guerra.

 
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Publicado por en 16 enero, 2017 en 1917, Diplomáticos/Políticos, Personajes

 

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Heinrich von Eckardt


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Heinrich von Eckardt fue embajador del Imperio Alemán en México, oficina asumida alrededor de 1915 donde pasó la mayor parte de su tiempo como embajador durante la Primera Guerra Mundial. Después de la salida del presidente Victoriano Huerta (que apoyaba más la tesis alemana) en 1914, su sucesor Venustiano Carranza tenía una posición perceptiblemente negativa para con Alemania; von Eckardt creyó que tanto Carranza como los órganos gubernamentales eran ” prototipos de la vulgaridad y depravación”. Su actitud hacia el presidente seguía siendo amarga a pesar de las tentativas de Carranza por suprimir las publicaciones anti-Alemanas, que él describió como ” mediocridad pujante”.

Von Eckardt es conocido por ser a quien iba dirigido el telegrama de Zimmermann, un telegrama enviado por el Ministro de Asuntos Exteriores alemán Arthur Zimmermann el 16 de enero de 1917. El mensaje primero fue enviado al embajador alemán de los Estados Unidos, Juan von Bernstorff, para evitar que sea interceptado. Él lo retransmitió a von Eckardt el 19 de enero. Sin embargo, pese a eso, el telegrama fue interceptado por el Reino Unido al ser trasmitido por von Bernstorff a von Eckardt y descifrado por Room 40. En el telegrama, Zimmermann daba instrucciones a von Eckardt para acercarse al presidente Venustiano Carranza, primero con el fin de formar una alianza con Alemania, y segundo; en caso de romperse las relaciones de Alemania con Estados Unidos, atacar los E.E.U.U. con ellos y ayudar a persuadir a Japón en la ayuda de dicho ataque. El telegrama fue dejado vago y dijeron a von Eckardt para resolver los detalles mismos como él los presentó a Carranza. También le pidieron llamar a Carranza la atención de intervenir en la batalla del Atlántico y de la posibilidad que pueda fomentar tentativas maneras de obligar al Reino Unido por una paz.

A pesar de el descubrimiento del telegrama por los Estados Unidos y la Gran Bretaña, el Ministro de Asuntos Exteriores acercado Eckardt Cándido Aguilar de von y le dio la oferta al mes después de que el mensaje fuera enviado. Aguilar era comprensivo, pero ambos él y Carranza rechazaron eventual Alemania, principalmente debido al lanzamiento prematuro. México temió influencia americana, aunque, y von Eckardt podía algo sacudir Carranza, que pidió los periódicos favorable-Aliados para invertir su postura. Estos informes Alemán-céntricos von inicialmente llevado Eckardt para creer el armisticio eran un mito propagandic. La confusión adicional dio lugar a un periódico de Guadalajaran que traslapaba el sentimiento favorable-Alemán con von Eckardt’ instrucciones de s para los informes de favorable-Carranza cuando Carranza’ el anticlericalism de s hizo el periódico criticar la iglesia católica, llevando al church’ boicoteo y von Eckardt’ de s; tentativas fracasadas de s de engatusarlos fuera de él. Von Eckardt fue previamente el embajador alemán para el reino de Montenegro durante las guerras de los Balcanes. Él estaba presente el 27 de abril de 1913 en que Austria exigió al rey Nicolás que Montenegro regresara la región de Shkodër a Albania.

 
 

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Telegrama Zimmermann


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El Telegrama Zimmermann tal y como fue enviado por el embajador alemán en Washington al embajador en México. Cada palabra cifrada fue enviada en un grupo de cuatro o cinco números, usando un libro de códigos.

El telegrama Zimmermann fue un telegrama enviado por Arthur Zimmermann, ministro de Asuntos Exteriores del Imperio Alemán, el 16 de enero de 1917 (durante la Primera Guerra Mundial), a su embajador en México, conde Heinrich von Eckardt. En el mismo se instruía al embajador para que acercara al Gobierno mexicano una propuesta para formar una alianza contra los Estados Unidos. Fue interceptado por los servicios británicos de espionaje, y su contenido aceleró la entrada de los Estados Unidos en la guerra.

Contenido del telegrama

El mensaje inicial del embajador Arthur Zimmermann incluía propuestas de alianza entre México y el Imperio Alemán, mientras que éste aún trataría de permanecer neutral ante Estados Unidos. En el caso de que ésta política fallara, la nota diplomática sugería que el gobierno mexicano debería unirse a la causa alemana, y lanzar un ataque militar contra los Estados Unidos. Para este fin, Alemania se comprometía a prestar asistencia financiera y armamentística a México para que este país recuperase por la fuerza los territorios de Texas, Nuevo México y Arizona, que México había perdido en la Intervención estadounidense en México debido a los Tratados de Guadalupe-Hidalgo en 1848, aunque no se mencionó posibilidades de ayuda alemana para recuperar California.

Traducción al castellano

Nos proponemos comenzar el primero de febrero la guerra submarina, sin restricción. No obstante, nos esforzaremos para mantener la neutralidad de los Estados Unidos de América.
En caso de no tener éxito, proponemos a México una alianza sobre las siguientes bases: hacer juntos la guerra, declarar juntos la paz; aportaremos abundante ayuda financiera; y el entendimiento por nuestra parte de que México ha de reconquistar el territorio perdido en Nuevo México, Texas y Arizona. Los detalles del acuerdo quedan a su discreción [de Von Eckardt].
Queda usted encargado de informar al presidente [de México] de todo lo antedicho, de la forma más secreta posible, tan pronto como el estallido de la guerra con los Estados Unidos de América sea un hecho seguro. Debe además sugerirle que tome la iniciativa de invitar a Japón a adherirse de forma inmediata a este plan, ofreciéndose al mismo tiempo como mediador entre Japón y nosotros.
Haga notar al Presidente que el uso despiadado de nuestros submarinos ya hace previsible que Inglaterra se vea obligada a pedir la paz en los próximos meses.

Intercepción británica

El Telegrama Zimmermann fue interceptado y descifrado lo suficiente como para poder leer un esbozo de su contenido, por los criptógrafos Nigel de Grey y William Montgomery de la unidad de la Inteligencia Naval Británica conocida como “Habitación 40” (en inglés Room 40), a cargo del almirante William R. Hall. Esto fue posible porque el código de cifrado utilizado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania (llamado 0075) había sido analizado y parcialmente descifrado, se cree que utilizando mensajes ya descifrados y un libro de códigos anterior capturado por Wilhelm Wassmus, un agente alemán que trabajaba en el Oriente Medio.

El Gobierno británico, que quería exponer al gobierno estadounidense el contenido incriminatorio del telegrama, estaba en un dilema: si se publicaba el telegrama, los jefes del espionaje alemán supondrían (con razón) que su código había sido roto y lo modificarían de inmediato; si los británicos no publicaban el telegrama, perderían una oportunidad única para que los Estados Unidos se unieran a la guerra e inclinaran la balanza hacia el lado aliado. El mensaje fue enviado además durante un período en que los sentimientos antialemanes se vivían con particular intensidad en los EE. UU.: un submarino de la Kaiserliche Marine había torpedeado, según el gobierno germano “por error“, el RMS Lusitania un barco de pasajeros británico, con la pérdida de varios cientos de vidas estadounidenses que viajaban a bordo.

Había otro problema más grave: Gran Bretaña tampoco podía mostrar el telegrama al gobierno de los Estados Unidos sin generar sospechas, pues debido a su gran importancia, el mensaje había sido enviado desde Berlín al embajador alemán en Washington, DC, el conde Johann Heinrich von Bernstorff, para ser retransmitido al embajador alemán en México, Heinrich von Eckardt, por tres rutas separadas.

Los británicos habían obtenido el telegrama por una de éstas líneas telegráficas, pues el gobierno de Washington le habían otorgado acceso a sus líneas telegráficas diplomáticas privadas a los diplomáticos alemanes, en un esfuerzo para acelerar el proyecto pacifista del Presidente Woodrow Wilson. Los diplomáticos alemanes no estaban preocupados por usar esta línea telegráfica estadounidenses dado que los mensajes iban cifrados, teniendo en cuenta que los Estados Unidos no tenían tecnología de cifrado, y que los agentes de espionaje estadounidense no tenían órdenes de detectar y descifrar los mensajes diplomáticos de otras naciones. Además el telegrama había sido enviado por un diplomático alemán desde la Embajada estadounidense en Berlín con rumbo a Copenhague, y desde ese punto fue remitido vía cable submarino con rumbo a la embajada alemana en los Estados Unidos pasando por Gran Bretaña, donde fue interceptado.

Si los agentes británicos revelaban el origen del telegrama, se hubiera cometido un suicidio político, pues eso hubiera significado admitir que Gran Bretaña también espiaba las comunicaciones diplomáticas estadounidenses (a través de las cuales viajaban los telegramas del espionaje alemán). Hay personas que indican que en ese caso los Estados Unidos no hubieran declarado la guerra a Alemania, y posiblemente los Imperios Centrales hubieran resistido más tiempo a la Triple Entente o inclusive hubieran ganado la Gran Guerra.

El Gobierno británico había estimado que la embajada alemana en Washington D.C. enviaría el mensaje hacia su embajada en Ciudad de México usando el sistema telegráfico comercial para evitar las sospechas estadounidenses, al tratarse de un envío de telegrama entre dos países neutrales. Por tanto, los agentes británicos sospechaban que una copia del telegrama de Zimmermann podría existir en la oficina de telégrafos en la Ciudad de México a manera de constancia de recepción. De obtenerse una copia del telegrama, ésta podría ser remitida por Gran Bretaña al gobierno de los Estados Unidos bajo la excusa de que había sido obtenida por el espionaje británico en México (y no interceptando la línea telegráfica de EE.UU.), sin hacer referencia al origen del descubrimiento.

Por tanto, el espionaje británico se contactó a un agente en México, conocido sólo como el Señor H, que obtuvo una copia del telegrama en la oficina central de correos y telégrafos de Ciudad de México. Para suerte de los agentes británicos, el telegrama al embajador alemán en México había sido enviado utilizando un código viejo, que podía ser descifrado en su totalidad, presumiblemente porque la embajada alemana en México no tenía los códigos secretos más nuevos o porque no se consideró posible que los espías británicos pudieran interceptar un telegrama germano en Estados Unidos.

El telegrama fue entregado por el almirante William Hall al Ministro de Relaciones Exteriores británico, Arthur James Balfour, quien a su vez lo remitió al presidente Woodrow Wilson mediante el embajador estadounindense en Londres, Walter Page.

Efectos

México

Mapa del territorio mexicano en 1917 (verde oscuro), mostrando el territorio prometido a México en el telegrama Zimmermann en verde claro.

Al poco tiempo de recibirse el telegrama, el presidente mexicano Venustiano Carranza comisionó un consejo militar para verificar la validez del proyecto propuesto por el Imperio Alemán; el resultado, como era de esperarse para una época tan turbulenta, confirmaba que sería desastroso el resultado de una ofensiva mexicana para recuperar sus antiguos territorios. Si bien era una aspiración mexicana recuperar esas tres provincias (no se ha confirmado si el proyecto alemán contemplaba California), ello traería graves consecuencias políticas y sociales entre la población y eventualmente terminaría en una nueva guerra con los Estados Unidos.

Un ataque militar mexicano traería una severa respuesta bélica de los Estados Unidos, país que ya en esos años contaba con un ejército de tierra y una marina de guerra bastante más numerosos y mucho mejor armados que las fuerzas análogas de México. Además, la Gran Guerra seguía desarrollándose tenazmente en Europa, donde aún Alemania luchaba en dos frentes y se enfrentaba al bloqueo naval de la Royal Navy británica, por lo cual parecía casi imposible que el Imperio Alemán estuviera en condiciones de proveer armas a México en cantidad suficiente para las graves hostilidades que se avecinarían.

Inclusive en caso de éxito, México también carecía de la capacidad para reubicar a la población angloparlante entre sus fronteras, más aún tomando en cuenta que los civiles estadounidenses de esas regiones solían estar armados y serían fuente de continuos conflictos y revueltas; el gobierno mexicano tampoco tenía recursos ni medios para movilizar colonos leales a México a esos territorios.

Por otro lado, el Gobierno Mexicano estaba más preocupado por la Expedición Punitiva al mando del General John J. Pershing para capturar a Pancho Villa, siendo que la rebelión armada de Emiliano Zapata en Oaxaca y regiones vecinas estaba en pleno auge, por lo cual las fuerzas armadas mexicanas estaban ya bastante ocupadas en sofocar las revueltas de Zapata y Villa, siendo imposible que actuasen eficazmente en una guerra exterior. La situación interna de México mostraba que el régimen de Venustiano Carranza ni siquiera podía asegurar su pleno control sobre todo México, lo cual hacía riesgoso para Carranza embarcarse en un conflicto internacional teniendo ya un conflicto interno muy complicado. Considerando los muchos y graves factores adversos, Carranza declinó la oferta de Arthur Zimmermann el 14 de abril de ese mismo año, fecha para la cual Estados Unidos ya había entrado a la Gran Guerra y retirado a sus tropas de suelo mexicano. De esta manera, Carranza mantuvo el poder sin asuntos complejos de política internacional a sus espaldas y se pudo dedicar a reorganizar la política interna de México.

Alemania

En el Telegrama Zimmermann se instruía al embajador germano en México para que se acercara al régimen de Venustiano Carranza con una propuesta para formar una alianza contra los Estados Unidos, pero solamente si dicho país lanzaba un ataque contra Alemania. La intención última del Imperio Alemán consistiría más bien en evitar la entrada de Estados Unidos en la contienda causando un ataque mexicano que sirviera como una distracción al gobierno de Woodrow Wilson y lo disuadiera de ayudar a la Triple Entente.

En un movimiento impredecible, el ministro Arthur Zimmermann confirmó en Berlín la autenticidad de su telegrama el 3 de marzo de 1917, y lo repitió días después en un discurso el 29 de marzo tratando de explicar su visión de la situación. Para empezar, Zimmermann alegó que no había escrito una carta directamente a Venustiano Carranza, sino que le había dado instrucciones a su embajador en México por una vía “que le parecía segura“. También sostuvo Zimmermann que a pesar de la ofensiva submarina alemana, él esperaba que los Estados Unidos permanecieran neutrales. Zimmermann sostuvo que su propuesta al Gobierno Mexicano sólo sería entregada si los Estados Unidos declaraban la guerra a las Potencias Centrales, y creía que sus instrucciones eran absolutamente leales para con los Estados Unidos pues en realidad apenas reclamaba neutralidad al gobierno estadounidense, amenazando con promover una invasión mexicana sólo como último recurso. De hecho, Zimmermann reprochó al presidente Wilson el haber roto relaciones con el Imperio Alemán con excesiva rudeza después de que el telegrama hubiera sido interceptado, por lo cual el conde Von Bernstorff, embajador alemán en Washington D.C., no tuvo oportunidad para explicar la actitud alemana, concluyendo que el Gobierno estadounidense había declinado negociar.

Se puede apreciar que había honestidad en el discurso de Zimmermann, pues tuvo ocasión para reflexionar sobre el impacto del telegrama y sus efectos, y aun así el ministro alemán estuvo preparado para presentar su plan original. Sin embargo, también se reveló que Zimmermann, como ministro de asuntos exteriores de Alemania carecía de datos serios sobre la verdadera fuerza bélica de los Estados Unidos y México, además de las delicadas relaciones entre los dos países vecinos tras la Ocupación estadounidense de Veracruz de 1914 y los efectos de la Revolución Mexicana en la estabilidad política de México. Probablemente Zimmermann tan solo contaba con el hecho que muchos mexicanos apoyaban la simple idea de atacar a los Estados Unidos, entonces como ahora percibido como un vecino poderoso con grandes ambiciones.

Estados Unidos

El sentir popular entre los estadounidenses era tanto antimexicano como antialemán. El general John “Black Jack” Pershing había pasado ya mucho tiempo tratando de capturar a Pancho Villa, quien era el responsable de muchos robos ganaderos en Estados Unidos, además de ser el autor intelectual del ataque a Columbus. Esta Expedición Punitiva, que había tenido gran costo tanto monetario como político para el Gobierno de los Estados Unidos, dejó como resultado final un desgaste desastroso para el Ejército estadounidense y grandes ganancias monetarias para los habitantes de las zonas que patrullaban en México. Inclusive las fuerzas de Pancho Villa lograron apropiarse de un avión estadounidense y lo utilizaron para espiar al enemigo.

El presidente Wilson, por tanto, estaba disconforme con los resultados y prefería detener la búsqueda en tanto que se celebraran las nuevas elecciones en México, que se instalara un nuevo gobierno, y que se promulgara una nueva constitución (la Convención Constitucional se encontraba reunida). Las noticias del telegrama tuvieron reacciones encontradas en el Gobierno de ambos países, dado que dicho tratado, en caso de realizarse, implicaba que México debería tener un Gobierno más amistoso para con los intereses de Estados Unidos. El 1 de marzo el Gobierno estadounidense publicó el contenido íntegro del telegrama en la prensa. Inicialmente el público estadounidense prefirió creer que el telegrama era un fraude británico diseñado para llevarlos a la guerra en el bando aliado. Esta creencia fue alimentada por los diplomáticos alemanes y mexicanos, e incluso por los pacifistas estadounidenses y proalemanes, que llamaban al telegrama una falsificación.

Aunque el Telegrama Zimmermann destacaba que el real interés de Alemania era que los Estados Unidos permanecieran neutrales mientras se atacaban sus envíos, la confirmación posterior de Arthur Zimmermann el 3 de marzo evocó un flujo de sentimientos antialemanes en los EE.UU. Woodrow Wilson respondió a ésta manifestación de hostilidad hacia los Estados Unidos solicitándole al Congreso que se armaran las naves estadounidenses para que se pudieran defender de potenciales ataques submarinos alemanes. Unos cuantos días después, el 2 de abril, Wilson solicita al Congreso que le declare la guerra a Alemania. El 6 de abril el Congreso acepta, llevando a los estadounidenses hacia la Gran Guerra.

Los submarinos alemanes habían atacado previamente naves estadounidenses cerca de las islas británicas, y puede considerarse que el Telegrama Zimmermann no fue la única causa para la entrada de los Estados Unidos en la Guerra; sin embargo, el telegrama desempeñó un papel crítico al cambiar la opinión pública sobre el conflicto. Fue percibido como especialmente traicionero que el telegrama fuera enviado por agentes alemanes usando la línea telegráfica de la embajada estadounidense en Berlín, con destino a la embajada alemana en Washington antes de pasar a México. En cuanto se convenció al público de que el telegrama era real, se hizo inevitable que los Estados Unidos entraran a la Primera Guerra Mundial.

 
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Publicado por en 16 enero, 2017 en 1917

 

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Las penurias de la población civil


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“Tal como estaba previsto, hay en el barrio una extrema penuria de harina y carne. Por consiguiente, la ración de pan queda fijada en 150 gramos por adulto y 75 por niño menor de diez años. Vosotros, panaderos, debéis elaborar una lista exacta de vuestros cliente, adultos y niño, que debéis controlar severamente. Para los carniceros, tomaréis en seguida las mismas disposiciones, la ración será de 75 gramos para los adultos y 47 gramos para los niños. Deberéis racionar según las instrucciones recibidas las legumbres y las patatas y recomendaréis rigurosamente que por economía no se pelesn las patatas antes de cocerlas.”

Texto dirigido por el subprefecto de Valenciennes (Francia) a los alcaldes de los barrios, enero 1917

Valenciennes 1917

 

 
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Publicado por en 15 enero, 2017 en 1917

 

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Fotos 1917


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Aquí va un avance de imagenes de los que veremos este año en nuestro blog, aprovecho para desearos Feliz Año:

Soldado americano con máscara antigas
Soldados australianos cerca de Ypres (Bélgica)
Restos de esqueletos de caballos en Slaviski (Polonia)
Soldados americanos embarcando hacia la guerra posan con mascotas: un perro y un mapache
Tropas británicas moviéndose cerca de Ypres
Soldados americanos
Soldados italianos con perros
Un perro de la Cruz Roja buscando soldados heridos
Soldados rusos rindiéndose
Una joven estadounidense reparando uniformes de guerra
Paloma mensajera de EEUU, con su número en las alas
Puerto de Kiel
Ruinas del puente en La Ferte Sous Jouatre (Francia)
Soldados muertos en la batalla de Cambrai (Flesquieres, Francia)
Racionamiento de comida en Reino Unido: azúcar, mantequilla, carne, pan y pan rallado
Buscando en los bolsillos de soldados muertos
Río Marne con el puente destruido
Escolares llevando flores a tumbas de soldados, en Folkestone
 
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Publicado por en 1 enero, 2017 en 1917, Imagenes

 

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Fokker Dr.I


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El Fokker Dr.I (Dreidecker, ‘triplano’ en alemán) fue un caza alemán de la Primera Guerra Mundial construido por la compañía de Anthony Fokker. Cuando irrumpió en el frente occidental a finales de 1917, pilotado por ases legendarios como el «Barón Rojo», Manfred von Richthofen , el reducido número de Dr.I alcanzó un impresionante palmarés de victorias en combate.Hay un modelo en el Museo Nacional de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

Historia

Los triplanos Sopwith Triplane entraron en servicio con el Royal Naval Air Service RNAS y, en no poca medida gracias a la tremenda agresividad y habilidad de sus pilotos, sembraron la inquietud entre los aviadores alemanes. Los triplanos entraron en acción durante la batalla de Arras, en abril de 1917. Cuando un triplano se estrelló tras las líneas alemanas, sus restos fueron estudiados hasta el menor detalle. Incluso el comandante del Servicio Aéreo Imperial alemán, el general von Höppner , elogió públicamente al caza británico. Hacia la primavera de 1917, casi todas las compañías importantes de aviación trataban de fabricar un caza triplano. Pero fue el astuto neerlandés Anthony Fokker quien consiguió el éxito. Estaba tan ansioso por aventajar a sus rivales que no sólo se dedicó a estudiar de cerca a los Sopwith triplanos volando en el frente, sino que consiguió apoderarse para su factoría de Schwerin, de forma completamente ilegal, de los restos del ejemplar estrellado.

El último prototipo de los talleres Schwerin era el D.VI (una designación de la compañía, no relacionada con el D.VI que más tarde se fabricaría) proyectado para la Luftfahrtruppen (fuerza aérea) del Imperio Austrohúngaro. En junio de 1917 el diseñador jefe Reinhold Platz con la colaboración del ingeniero jefe Möser rehízo rápidamente los planos, y el D.VI surgió a la luz hacia primeros de julio de 1917. Era el primer triplano alemán, y fue inmediatamente evaluado por el teniente Werner Voss , ya por entonces un famoso as.

Platz había diseñado anteriormente biplanos de caza extremadamente avanzados, con alas completamente cantilever, y proyectó de igual manera el D.VI, ya que la corta envergadura del triplano facilitaba el uso de alas sin riostras. los dos planos inferiores iban unidos a la parte superior e inferior del fuselaje, y los únicos montantes eran tubos de acero en ” V ” invertida que soportaban un plano superior situado muy por encima del fuselaje. Este plano era el único que disponía de alerones, controlados por medio de ligeras varillas. Movido por un motor rotativo Oberursel Ur.II de 110 cv, el D.VI se comportó excelentemente en las pruebas de vuelo, pero antes de ser enviado en agosto a Hungría, se aumentó la envergadura del plano superior y de los alerones. Para eliminar ligeras vibraciones alares, se añadieron montantes de madera ligera y sección currentilínea en ” I “, que unían los planos cerca de la punta. El armamento consistía en dos ametralladoras LMG 08/15 de 7,92 mm.

Desarrollos posteriores

Prototipo V.4, 1917.

El D.VI a menudo denominado incorrectamente V3, fue seguido por el primero de los Fokker en poseer un número Versuch (experimental), el V4. El 11 de junio de 1917 se encargaron dos triplanos V4, con alerones contrapesados y desescuadrados en las puntas alares. En agosto se pidió un cierto número de triplanos V7 con motores más potentes, tales como el Siemens-Halske Sh.III de 160 cv, el Oberursel Ur.III de 160 cv, el Le Rhône fabricado por Steyr de 145 cv y el Goebel Goe. III de 170 cv. Todos ellos tenían alas modificadas, con envergadura incrementada en pasos iguales de abajo arriba. Mantenían los montantes interalares en ” I ” y tenían alerones y timones de profundidad con contrapesos; los de los alerones se extendían hacia fuera de las puntas alares. Pese a la falta de datos disponibles, la potencia de su motor indica que los prototipos V de caza fueron probablemente superiores a los triplanos de serie.

Se construyó aún otro triplano de investigación, el D.VII, con una designación que se haría famosa aplicada a un caza completamente diferente, seis meses más tarde. Fokker era de la opinión de que el mejor motor de caza era el Mercedes D.III, de seis cilindros en línea refrigerados por agua, y una potencia de 160 cv. Convencido como siempre de que los fabricantes alemanes estaban “en contra suya” a causa de sus fantásticos éxitos y de su nacionalidad neerlandesa (y muy a menudo fue así), Fokker se lamentaba de que, al tener la compañía Albatros un contrato en exclusiva para la totalidad de los motores D.III, él se veía obligado a utilizar motores rotativos de inferior calidad. De hecho, los rotativos eran más apropiados para el ligero triplano, como demostró el D.VII. Este triplano único, construido en julio-agosto de 1917 al tiempo que los prototipos con motor rotativo, tuvo un motor D.III y resultó inevitablemente más grande y pesado. El diseño parecía estar equivocado en todas partes; el fuselaje debió ahondarse en el punto de unión con el plano inferior, el motor quedaba demasiado alto y la cabina hubo de desplazarse hacia atrás para compensar la masa del motor refrigerado por agua. La visibilidad y maniobrabilidad eran malas y el triplano D.VII fue rápidamente abandonado (para hacer justicia al motor, debe decirse que fue utilizado en el soberbio, y por otra parte distinto, caza biplano Fokker D.VII de 1918).

En primera línea y diseño final

Un modelo de Fokker Dr.I de la USAF.

Triplanos de la Jasta 26 en Erchin, Francia.

El teniente Voss empleó más de 20 horas en la evaluación de los dos prototipos triplanos V4 en agosto de 1917, hasta que a finales de ese mes los encontró satisfactorios. Por entonces ambos habían entrado en acción en el frente, pilotados en alguna ocasión por el propio Fokker (utilizando el uniforme de un oficial alemán, voló en misiones operativas para probar su mecanismo de sincronización, a pesar de ser ciudadano de un país neutral). Fokker recibió un pedido inmediato de 318 triplanos, designados Dr.I (Dr. de Dreidecker, triplano), excepto los tres primeros, denominados F.I.

Voss realizó su primer vuelo operacional en el Fok.103/17 (Fokker nº 103 del año 1917), el segundo prototipo V4, el 30 de agosto de 1917. En esta misión reclamó una victoria. Dos días después, el 1º de septiembre, von Richthofen consiguió su 60ª victoria pilotando el V4 original (102/17). Volando con la Jaddgeschwader 1 (JG1) de von Richthofen, los dos prototipos consiguieron éxito tras éxito. Voss monopolizó el segundo Dr.I (103/17) y consiguió un destacado palmarés de 20 victorias confirmadas en 24 días, antes de morir derribado en una lucha clásica, el 23 de septiembre, contra no menos de seis cazas Royal Aircrarf Factory S.E.5 a del 56º Squadron.

Los Dr.I de producción llegaron a la JG1 a partir del 12 de octubre de 1917. Su fama se había extendido ampliamente, y los pilotos de von Richthofen los esperaban ansiosos. Pero de hecho, las prestaciones del triplano no justificaban su reputación; básicamente era un representante rezagado de una especie a extinguir, la de los cazas con motor rotativo.

La estructura del Dr. I era típica de Fokker y Platz, con una construcción mixta muy resistente. Los planos eran casi totalmente de madera, con acero en las juntas principales y en las uniones de las riostras. Cada plano tenía una única caja de vigas, con largeros principales de madera dura ahusada (perforada según un patrón para aligerarla) unidos por costillas empotradas. Los bordes de fuga eran de cables, y de ahí su característica apariencia festoneada cuando el recubrimiento textil se barnizaba y estiraba. El corto fuselaje y la cola estaban cuidadosamente soldados en hormas de tubos de acero preconformado, añadiéndose carenajes de madera ligera previamente a su recubrimiento en tela. El tradicional tren de aterrizaje con resortes de caucho tenía el eje carenado con una aleta característica de muchos de los cazas Fokker. Otro rasgo común de la época era la ausencia de deriva; la única superficie vertical de cola era un simple timón redondeado que pivotaba en el extremo final de fuselaje. El pequeño depósito de combustible se encontraba inmediatamente detrás del motor y debajo de las ametralladoras; el armamento usual, raramente alterado en la práctica, consistía en dos ametralladoras LMG 08/15 (comúnmente apodadas “Spandau”) con tolvas de munición en el fuselaje, detrás del depósito, y las culatas dentro de la cabina.

Todos esos elementos juntos componían un caza sencillo, relativamente barato y muy ágil, que con el motor estándar sde 110 cv podía trepar más rápidamente que muchos aviones más potentes y girar con menor radio, un factor vital en el combate evolucionante. Pero la velocidad era mediocre incluso para los estándares de finales de 1917, y el alcance y la autonomía eran excepcionalmente pobres; sólo un piloto muy hábil podía mantener un Dr.I en vuelo más de 80 minutos, mientras que todos los cazas aliados tenían una autonomía de dos y hasta tres horas. El propio Fokker se maravillaba de que el triplano causara tanto alboroto cuando otros cazas eran más rápidos y de mayor alcance. En cuanto al diseñador, Platz, tampoco se sentía especialmente feliz por la construcción del triplano, y prefería con mucho los biplanos o, mejor aún, los monoplanos cantilever. En los años veinte, sus monoplanos sin riostras iban a convertir a Fokker en el mayor fabricante mundial de aviones civiles de transporte.

El circo volante de Richthofen

Modelo de un Fokker Dr.I en el Museo de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.

Durante un año escaso a partir de octubre de 1917, los 318 triplanos Fokker Dr.I, más los dos prototipos, se auparon a un lugar de privilegio en el panteón de la fama de la aviación militar. Como en el caso del Sopwith Triplane en el que se inspiraba, la razón principal de ello estribó en los brillantes aviadores que los pilotaron. Nunca ha existido en la Historia de la Aviación una unidad tan famosa como la JG1 de Richthofen, denominada a menudo ” el circo volante de Richthofen ” a causa del gran número de cazas bajo un mando único, de sus cuidadosamente planeadas y organizadas técnicas de combate y, principalmente, de sus brillantes y a menudo personalísimos esquemas de color. Naturalmente los 318 Dr.I de producción equiparon no sólo los cuatro Jagdstaffeln (escuadrones de caza) de la JG1, sino algunas otras Jagdgeschwader.

La brillante hoja de servicios del Dr.I se vio algo ensombrecida por una serie de accidentes en las dos primeras semanas de combate. La causa se localizó en un defecto de fabricación (algo sorprendente por la meticulosidad de la factoría de Schwerin), de forma que todos lo Dr.I debieron ser revisados en tierra. En muchos casos hubo que fabricar nuevos largeros alares, y la factoría pasó casi todo el mes de noviembre de 1917 ocupada en reparar o reconstruir urgentemente las alas de los Dr.I. Así pues, hasta finales de noviembre no empezó el Dr.I a ser numéricamente significativo en el frente occidental; y no deja de sorprender que un número relativamente pequeño de aviones de un diseño básicamente anticuado llegara a alcanzar una reputación tan enorme.

Esa reputación está, por supuesto, íntimamente ligada a la del “Barón Rojo” Rittmeister Manfred Freiherr von Richthofen, un aristócrata alemán que fue el as de mayor palmarés de la I Guerra Mundial y quizá el más famoso piloto de caza de todos los tiempos. Aunque la mayoría de sus victorias las había obtenido en otros tipos de avión, tales como el Albatros D.III , prefirió el Dr.I a otros biplanos más rápidos y continuó volando en él, casi siempre exclusivamente en misiones de combate durante 1918. En uno de los Dr.I en que volaba regularmente encontró la muerte el 21 de abril de 1918, tradicionalmente a manos del capitán Roy Brown, un canadiense que volaba con el 209º Squadron de la RAF (que se había creado hacía 20 días escasos), pero en realidad derribado casualmente por los ametralladores australianos William J. Evans y Robert Buie de la 53ª Batería de la artillería de campaña australiana, cuando volaba a tan baja altura en persecución de un Sopwith Camel sobre el frente del Somme. El Freiherr (título que no es exactamente el de barón) murió de un único balazo que penetró en su cuerpo siguiendo una trayectoria sesgada y que le atravesó el corazón. Fue enterrado con honores militares por sus enemigos; los restos de su Dr.I fueron recogidos por la RAF en Valheureux, y parte de ellos se conservan en el museo Richthofen de su ciudad natal. Su último avión (Fok.425/17) estaba pintado de rojo brillante con las superficies inferiores en azul pálido, pero no todos sus aviones eran rojos, y ese Dr.I en particular había consumido la mayor parte de su vida operativa pintado mitad en rojo, mitad en verde oscuro.

El último Dr.I fue entregado en mayo de 1918, época en que empezó a fabricarse con urgencia el marcadamente superior Fokker D.VIII para reemplazarlo. Nunca hubo más de 171 triplanos en servicio (el punto más alto se alcanzó a primeros de mayo de 1918, y el número había descendido a 125 hacia mediados de junio), y durante el verano la mayoría de los Dr.I supervivientes fueron transferidos a los Jastas de defensa del territorio en Alemania.

A pesar de ello, muchos ases continuaron utilizándolos; Josef Jacobs , del Jasta 7, aún conservaba dos ejemplares pintados de negro para su uso personal a finales de septiembre de 1918, mientras el resto de su Staffel volaba el D.VII. Otros famosos pilotos del Dr.I fueron Hermann Göering (22 victorias), Kurt Wolff (33), Werner Voss (48), Erich Löwenhardt (53), Ernst Udet (62), y naturalmente Manfred von Richthofen (80). El hermano de Manfred, Lothar, fue también un famoso piloto de caza, que sobrevivió a la guerra sólo para morir en un accidente aéreo en 1922. El único piloto latinoamericano del grupo fue el venezolano Carlos Meyer Baldo con 7 victorias.

Postguerra

Fokker Dr.I (serial 152/17) en demostración en la Zeughaus

Muy pocos triplanos sobrevivieron al armisticio . El avión serie 528/17 se mantuvo como banco de pruebas por el Deutschen für Versuchsanstalt Luftfahrt (Instituto de Investigación Alemán de Aviación) en Adlershof. Después de ser utilizados en el rodaje de dos películas, 528/17 se cree que se estrelló en algún momento a finales de 1930. El serie 152/17 , en el que Manfred von Richthofen obtuvo tres victorias, estuvo en exhibición en el museo Zeughausen Berlín.7 El triplano fue destruido por un bombardeo aliado durante la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, sólo unos pocos Dr.I originales sobreviven en los museos. Hay muchas réplicas que incluso vuelan. El Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio de Chile posee uno, y existe otro en el Museo del Aire en Cuatro Vientos, Madrid.

Variantes

  • D.VI – Prototipo original
  • V4 – 2 aparatos de preproducción evaluados en combate
  • V5 – Célula de un Dr.I equipada con un motor rotativo Goebel Goe. III de 160 cv experimental para la primera competición de tipos D
  • V6 – La versión más extendida, con motor Mercedes D.II de 120 cv
  • V7 – Equipado con un motor rotativo Siemens-Halske Sh.III de 160 cv con reductor y hélice cuatripala
  • V8 – Variante del V6 con tres planos en el morro y otros dos detrás de la cabina y la unidad de cola estándar del Dr.I
  • V9 – Versión biplana experimental construida en el otoño de 1917 con un motor rotativo Oberursel U.0 de 80 cv y con la sección central del plano superior sustentado por una pareja de montantes en trípode a cada lado
  • V10 – Versión estándar equipada con motor Oberursel Ur.III de 145 cv que le proporcionaba un techo de servicio de cerca de 9.500 m

Especificaciones

Referencia datos: Quest for Performance8

Fokker dr1 silhouette.PNG

Características generales

  • Tripulación: 1 piloto
  • Longitud: 5,77 m
  • Envergadura: 7,20 m
  • Altura: 2,95 m
  • Superficie alar: 18.7 m²
  • Peso vacío: 406 kg
  • Peso cargado: 586 kg
  • Planta motriz: 1× Motor rotativo de 9 cilindros Oberursel Ur.II.
    • Potencia: 110 cv 82 kW

Rendimiento

  • Velocidad máxima operativa (Vno): 185 km/h
  • Velocidad de entrada en pérdida (Vs): 72 km/h
  • Alcance: 300 km
  • Techo de servicio: 6.095 m
  • Régimen de ascenso: 5,7 m/s

Armamento

  • Ametralladoras: 2× Spandau MG 08 de 7,92 mm

Aeronaves similares

  • Bandera del Reino Unido Sopwith Triplane
  • Bandera del Reino Unido Sopwith Camel
Fokker Dr.I
Dr1repl.jpg

Fokker Dreidecker I en el Biggin Hill Air Show, 2007.


Tipo Avión de caza
Fabricante Bandera de los Países Bajos Fokker-Flugzeugwerke
Diseñado por Reinhold Platz
Primer vuelo 5 de julio de 1917
Estado Retirado
Usuario Bandera de Imperio alemán Imperio alemán
N.º construidos 320
 
 

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