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Archivo de la categoría: Iconos de guerra

Iconos de guerra (14) La guerra de los recuerdos


El Mundo

Postales conmemorando al Mariscal Hindenburg. | Franz Muller via Europea CC-by-SA 3.0

Objetos cotidianos, enseres bélicos, personajes insólitos que nos revelan pequeños detalles de una terrible contienda que debía durar unas semanas y se prolongó durante años y que retratan el alma de una sociedad en guerra.

La guerra de los recuerdos.- Postales, pisapapeles, abrecartas… fueron cuatro años de guerra con tropas desplazadas a cientos de kilómetros de sus hogares y en las que las tanto las noticias como la moral se transmitían por carta y se respondían con ‘souvenirs’, como estas postales del Mariscal Hindenburg que han servido de inspiración para la portada de este Especial. La Gran Guerra ha dejado un amplio rastro hasta nuestros días y, con la llegada de Internet y los sitios ‘online’ de subastas, ha resurgido el interés de los coleccionistas que hasta ahora se habían inclinado más por su ‘secuela’, la Segunda Guerra Mundial, en especial en Francia. Pero más allá de los ‘cazadores de tesoros’ el centenario de la guerra ha permitido desempolvar los recuerdos en miles de familias europeas cuyos abuelos vivieron la guerra en carne propia. Y también gracias a Internet y a una ambiciosa iniciativa europea, Europeana, es posible rebuscar entre miles de recuerdos familiares y material de archivo gubernamental de más de 20 países para que cada uno pueda construir su propia versión de la guerra. | Foto: Franz Muller via Europea CC-by-SA 3.0
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Publicado por en 21 julio, 2014 en Iconos de guerra

 

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Iconos de guerra (13) Batallones de mujeres


El Mundo

El batallón de la muerte | Rheta Childe Dorr via Wikimedia Commons

Objetos cotidianos, enseres bélicos, personajes insólitos que nos revelan pequeños detalles de una terrible contienda que debía durar unas semanas y se prolongó durante años y que retratan el alma de una sociedad en guerra.

Batallones de mujeres.- «Las mujeres soldado de Rusia, la novedad más asombrosa de la revolución, si no de la guerra en sí, serán en mi opinión, junto con los Cosacos, el elemento necesario para liderar al desmoralizado y desorganizado ejército ruso hacia la primera línea del frente». Así describía la periodista estadounidense y ferviente sufragista Rheta Childe Dorr el poderío del Batallón de la Muerte formado por mujeres en Rusia y liderado por María Botchkareva, ‘Yashka’ [‘Inside the Russian Revolution’, 1917], con las que pasó unos días camino del frente en Polonia. Según su recuento, Botchkareva se unió al regimiento de tropas de Siberia y resultó herida hasta en tres ocasiones. En 1917, desesperada por la deserción en masa de soldados en los albores de la revolución, se dirigió a la Duma: «Dejadme hacer una leva de mujeres. Iremos a donde los hombres no quieran ir. Lucharemos cuando ellos corran. Las mujeres devolverán a los hombres a las trincheras». María Botchkareva —en la imagen, liderando el batallón junto a la mujer de blanco— contó su historia en ‘Yashka, mi vida como campesina, exiliada y soldado’ [Léalo aquí en inglés]. Así fue el comienzo del Batallón de la muerte en Petrogrado, que tras un duro entrenamiento fue enviado al frente, cerca de la localidad de Smorgon. Posteriormente se formarían otros dos batallones y cuatro unidades de Comunicaciones compuestos sólo por mujeres.

Las autoridades rusas veían estas formaciones como un arma propagandística en su campaña por continuar con la contienda. Sin embargo, y a pesar de que el batallón de Botchkareva demostró en la batalla su valía, las unidades de mujeres no contaron con el apoyo necesario. La estocada final llegó el 24 de octubre de 1917, cuando recibieron órdenes de presentarse en el Palacio de Invierno para un desfile. Sin embargo, cuando llegaron se les ordenó la defensa del Gobierno Provisional. Lo intentaron, pero poco pudieron ante las masas bolcheviques. Algunas mujeres fueron objeto de abusos físicos y sexuales por parte de la Guardia Roja y los soldados. El 30 de noviembre de ese año, todas las unidades militares de mujeres fueron desmanteladas por decreto.

 
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Publicado por en 20 julio, 2014 en Iconos de guerra

 

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Iconos de guerra (11) La lucha de las minorías


El Mundo

Tiradores senegaleses en Alsacia (Fotograma) Vea el filme. | Centro Nacional del Cine de Francia

Objetos cotidianos, enseres bélicos, personajes insólitos que nos revelan pequeños detalles de una terrible contienda que debía durar unas semanas y se prolongó durante años y que retratan el alma de una sociedad en guerra.

La lucha de las minorías.- Tiradores senegaleses, nativos americanos, aborígenes australianos, soldados indios… La Primera Guerra Mundial, heredera de un mundo repartido en imperios coloniales, contó con una inusitada variedad étnica en primera línea de batalla que a veces, en las grandes pinceladas, pasa desapercibido. El ejército indio, por ejemplo, contribuyó con más de un millón de personas, entre ellos, cerca de 140.000 lucharon en Francia, y más de 650.000 en la antigua Mesopotamia. Lo que no sospechaban las brigadas de la colonia británica era cuál sería el primer enemigo a batir en el Frente Occidental: la climatología.

Lo mismo debieron pensar los tiradores senegaleses, cuerpo colonial de los franceses que en realidad reunía mercenarios de todo el África occidental y que llevó más de 170.000 efectivos a tierras galas. Británicos y franceses contrataron en torno a 140.000 chinos para limpiar los campos de batalla, y alrededor de 3.500 indios americanos encontraron en las filas canadienses el lugar donde canalizar su sangre guerrera y cumplir con los códigos de honor de sus tribus. Y unos 400 aborígenes australianos cruzaron el globo para venir a pelear en suelo europeo. Pertenecían a un grupo social sin apenas derechos y con durísimas condiciones de vida, pero en el ejército pudieron cobrar como el resto y ser tratados como iguales. | Vea el filme en Europeana.

 
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Publicado por en 19 julio, 2014 en Iconos de guerra

 

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Iconos de guerra (10) Matar el rato


El Mundo

Mecheros grabados en el frente. | Jane Kimball

Objetos cotidianos, enseres bélicos, personajes insólitos que nos revelan pequeños detalles de una terrible contienda que debía durar unas semanas y se prolongó durante años y que retratan el alma de una sociedad en guerra.

Matar el rato.- Horas, días, meses acuclillados en una trinchera. El desgaste psicológico de la guerra de posiciones se contaba entre los peores enemigos del soldado y muchas veces ayudaba tener algo entre manos. Práctica habitual en los conflictos bélicos, el denominado ‘arte de trinchera’ vivió su apogeo durante la Primera Guerra Mundial.

Los despojos de la batalla eran a menudo aprovechados por soldados y civiles para realizar objetos conmemorativos de la guerra. Abrecartas, anillos, ceniceros, floreros… El latón de los proyectiles constituía una de las materias primas favoritas en el frente con las que elaborar estos objetos que luego los soldados enviaban a sus seres queridos o guardaban como recuerdo de la campaña. Otras veces llegaban incluso a cambiarlos por comida y cigarrillos en los momentos más duros de la contienda. También era habitual que se enseñara a aquellos convalecientes por heridas en el frente a bordar o hacer punto como actividades de rehabilitación.

Es más, como señala Jane Kimball, exhaustiva coleccionista estadounidense y autora del libro ‘Trench Art: An Illustrated History’, las constricciones de primera línea de trinchera limitaban mucho el tipo de objetos que se podían realizar y gran parte de lo que ha llegado a nuestros días está realizado por soldados en la retaguardia o convalecientes, civiles oriundos de las zonas de batalla o prisioneros de guerra. Y ojo, advierte, Kimball, los cartuchos decorados de menor tamaño, sobre todo los de 37 milímetros, pueden en ocasiones contener aún explosivos y estallar un siglo después.

 
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Publicado por en 18 julio, 2014 en Iconos de guerra

 

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Iconos de guerra (9) Artistas en guerra


El Mundo

Ernst Hemingway | Biblioteca presidencial JFK

Objetos cotidianos, enseres bélicos, personajes insólitos que nos revelan pequeños detalles de una terrible contienda que debía durar unas semanas y se prolongó durante años y que retratan el alma de una sociedad en guerra.

Artistas en guerra.-Poetas, pintores, novelistas… la nómina de artistas que participaron en la Primera Guerra Mundial es extensa. Para todos la experiencia constituyó una nutritiva fuente de ideas y emociones que volcaron luego en sus obras. El servicio de conducción de ambulancias de los norteamericanos resultó especialmente popular entre hombres de letras angloparlantes: Ernst Hemingway (en la foto, al volante de una ambulancia de la Cruz Roja en Italia), John Dos Passos, Somerset Maughan… y así hasta dos docenas de nombres que luego ocuparían su lugar en la historia de la Literatura por méritos propios.

«Algunos se apuntaban por la aventura y la gloria, otros porque creían que EEUU tenía una deuda histórica con Francia, otros por razones altruistas.Había tantos motivos como hombres se alistaban al servicio», explicaba Henry Sleeper, uno de los responsables del denominado American Field Service. El cuerpo de ambulancias era la opción para los ‘caballeros’ de entrar en acción aunque no diesen la talla física como reclutas, como era el caso de Hemingway, con problemas de visión, o el miope Dos Passos, con quien coincidió en el servicio. Además, el American Field Service, que daba servicio en París, reclutaba directamente sus conductores de las universidades estadounidenses e instituciones como Harvard y Yale llegaron a dar nombre a una unidad: «Aunque parezca complejo, a menudo conseguíamos entregar a los pacientes en un hospital de París entre 12 y 14 horas después de haber resultado heridos, incluso los que venían de Arras o más al norte, hacia Ypres», explica F. C. Cutler en un artículo publicado al poco de volver del frente. Los literatos no fueron los únicos en ponerse al volante.

También estuvieron al volante el compositor Maurice Ravel, Walt Disney, Jean Cocteau y Gertrude Stein colaboró con los servicios sanitarios. Otros muchos, llegaron a las trincheras y lucharon en el frente: los escritores británicos Robert Graves, JRRTalkien y Vera Brittain, y el escultor Henry Moore, los pintores franceses George Braque y Fernand Leger, el poeta itliano Gabriele D’annunzio y su compatriota y escultor Umberto Boccioni, los pintores alemanes Otto Dix, Max Beckmann y Max Ernst, el compositor Carl Orff, el arquitecto Walter Gropius o los pintores austriacos Egon Schiele y Oskar Kokoschka.

 
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Publicado por en 17 julio, 2014 en Iconos de guerra

 

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Iconos de guerra (8) Arte y camuflaje


El Mundo

HMS Kilbride. | Wikimedia Commons

Objetos cotidianos, enseres bélicos, personajes insólitos que nos revelan pequeños detalles de una terrible contienda que debía durar unas semanas y se prolongó durante años y que retratan el alma de una sociedad en guerra.

Arte y camuflaje.-Los franceses empezaron una guerra del siglo XX con indumentaria del XIX. Poco tardaron en darse cuenta de que los llamativos pantalones rojos del uniforme que habían lucido en la contienda franco-prusiana casi 50 años antes eran sinónimo de muerte en una batalla donde las armas mataban con precisión a larga distancia. Los británicos ya venían aprendidos de sus múltiples aventuras coloniales, y ya en la Guerra de los Boer habían vestido íntegramente a sus soldados en tonos que se mimetizaban con su entorno. Pero fue en la Primera Guerra Mundial donde esta práctica alcanzó todo su esplendor.

En 1915, Francia no sólo cambió el color de los pantalones; también creó la primera unidad de camuflaje al mando del pintor Lucien-Victor Guirand de Scévola, que aplicó las artes plásticas a la deconstrucción visual de equipos y armamento. Cuenta Gertrude Stein que Pablo Picasso, padre del cubismo, al cruzarse en las calles de París con un camión pintado de camuflaje, exclamó: «Esto lo hemos creado nosotros».

Pero para cubistas, los barcos. En 1917 y ante el asedio de los temibles submarinos alemanes, fue otro pintor, el británico Norman Wilkinson, el que ideó un singular sistema para proteger los buques de su majestad: el camuflaje ‘razzle dazzle’ o ‘dazzle painting’. Dado que el formidable tamaño de los barcos hacía difícil hacerlos ‘desaparecer’ sobre las aguas, Wilkinson optó por lo contrario: hacerlos más llamativos pintándolos con motivos geométricos que distorsionasen las formas y engañasen al observador sobre el tamaño, la posición, y el rumbo de las naves, entorpeciendo así los cálculos para torpedearlos. La técnica se aplicó masivamente durante la Gran Guerra y se utilizó también en la Segunda Guerra Mundial.

 
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Publicado por en 16 julio, 2014 en Iconos de guerra

 

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Iconos de guerra (7) Morteros y proyectiles de gran calibre


El Mundo

Morteros y proyectiles de gran calibre de la Primera Guerra Mundial.

Objetos cotidianos, enseres bélicos, personajes insólitos que nos revelan pequeños detalles de una terrible contienda que debía durar unas semanas y se prolongó durante años y que retratan el alma de una sociedad en guerra.

Berta la gorda.- Se tradujo, más finamente, por el Gran Berta, pero lo cierto es que los alemanes apodaron este enorme mortero de la casa Krupp Dicke Bertha, esto es, la gorda, tal cual. Lo peor es que la leyenda cuenta que lo de Berta era en honor a la heredera del imperio industrial del mismo nombre. Aunque con el tiempo el apodo se aplicó a otros tipos de armamento, el verdadero fue el Howitzer de 42 centímetros, una descomunal mole de 43 toneladas y con capacidad para enviar sus tremendos proyectiles a más de 12 kilómetros de distancia.

El primero se fabricó en agosto de 1914 y entró en acción días después. Mejoraba considerablemente a su predecesor, el Gamma-Gerät, un dinosaurio de 150 toneladas. El Gran Berta tuvo su papel estelar en el ataque a las fortificaciones belgas, en especial las de Lieja. Consideradas hasta entonces inexpugnables, los alemanes las tomaron en tres días. Pero también actuó en batallas históricas como la de Ypres y Verdún. Su trayectoria, sin embargo, fue breve. En 1917 fueron desmantelados, al ser superados por morteros aliados de más largo alcance.

 
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Publicado por en 15 julio, 2014 en Iconos de guerra

 

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Iconos de guerra (6) El alambre de espino


El Mundo

Alemanes reparando la alambrada. | Biblioteca del Congreso de EEUU

Objetos cotidianos, enseres bélicos, personajes insólitos que nos revelan pequeños detalles de una terrible contienda que debía durar unas semanas y se prolongó durante años y que retratan el alma de una sociedad en guerra.

El alambre de espino.- Nos hemos acostumbrado a verlo cercando humildemente los campos, pero también, en sus versiones más sofisticadas, coronando desafiante vallas como la de Melilla y cercando prisiones como la de Guantánamo. Pero el invento tiene ya más de 150 años de historia, y partió del sencillo alambre que en el último tercio del XIX empezó a utilizarse en el Lejano Oeste para separar al ganado.

La necesidad agudiza el ingenio, y para evitar que las vacas rompiesen el vallado al apoyarse, se les ocurrió completarlo con alambre enroscado en forma de púa que mantenía al ganado a raya. Y, claro, como buenos estadounidenses se apresuraron a registrar el invento, con la consabida guerra de patentes de por medio. Antes de que acabase el siglo ya se estaba utilizando con funciones defensivas en el ámbito militar, en la Guerra de Cuba y la de los Boer, pero fue en la Primera Guerra Mundial donde alcanzó su máximo esplendor.

Kilómetros y kilómetros de alambre de espino blindaban las trincheras y contribuía a esa guerra en la que nada se movía. Quedar atrapado en la alambrada era sinónimo de muerte asegurada, y repararla, como hacen los alemanes de la imagen, una tarea ardua y arriesgada.

 
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Publicado por en 9 julio, 2014 en Iconos de guerra

 

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Iconos de guerra (5) Sentimiento antialemán


El Mundo

Leonard Raven-Hill | Wikimedia Commons

Objetos cotidianos, enseres bélicos, personajes insólitos que nos revelan pequeños detalles de una terrible contienda que debía durar unas semanas y se prolongó durante años y que retratan el alma de una sociedad en guerra.

El sentimiento antialemán.- Entre los países aliados, aquello que oliese a alemán se borró de la faz de la Tierra. Desde Australia a Reino Unido, apellidos, topónimos, platos culinarios fueron rebautizados con nomenclaturas más afines. Así, el pequeño pueblo australiano de Germanton se transformó en 1915 en Holbrook, en honor a un aguerrido comandante cuya pericia y valor al frente de un submarino británico le hizo valedor de la Cruz de Victoria. Fue uno de muchos. En EEUU, la localidad de Berlín, en Michigan, pasó a denominarse Marne en 1919, en honor a los caídos en la segunda batalla librada en este departamento francés. En torno a cuatro millones de alemanes habían dejado su país en la segunda mitad del siglo XIX, buscando nuevas vidas en EEUU o Gran Bretaña. Nunca imaginaron lo que les esperaba. El sentimiento antialemán hizo que dejaran de hablar su lengua materna, cambiaran sus apellidos y que el alemán desapareciese de la vida pública: ni se comía ‘sauerkraut’ ni los recién casados salían de la iglesia al compás de la marcha de Mendelsson.

El pánico llegó hasta la mismísima familia real inglesa, como bien ilustra esta caricatura publicada en la época en la revista satírica ‘Punch, or the London Charivari’. El 17 de julio de 1917 el hasta entonces rey Jorge V de la Casa de Sajonia-Coburgo-Gotha (en alemán Sachsen-Coburg und Gotha) rebautizaba la dinastía británica con el nombre de Windsor, como el castillo, huyendo de cualquier vínculo con lo alemán. No sólo esto, también se modificó el apellido Battenberg por Mountbatten, que en 1960 sería adoptado por Isabel II para distinguir su prole (los Mountbatten-Windsor) del resto de la parentela real (los Windsor, a secas).

 
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Publicado por en 8 julio, 2014 en Iconos de guerra

 

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Iconos de guerra (4) Tu país te necesita


El Mundo

Portada de la revista ‘London Opinion’ y cartel de reclutamiento de EEUU. | Biblioteca del Congreso de EEUU

Objetos cotidianos, enseres bélicos, personajes insólitos que nos revelan pequeños detalles de una terrible contienda que debía durar unas semanas y se prolongó durante años y que retratan el alma de una sociedad en guerra.

Tu país te necesita.- A muchos les resultará más familiar la imagen del Tío Sam reclutando soldados para el combate, pero lo cierto es que la idea original es británica. El de la imagen no es otro que Horatio Kitchener, Secretario de Estado de la Guerra británico. Con la mirada firme y el dedo imponente, el ilustrador Alfred Leete utilizó su figura como símbolo de la extensa campaña de reclutamiento que Gran Bretaña puso en marcha apenas un mes después de iniciada la guerra. El 5 de septiembre de 1914 el cartel se estrenaba en la portada de la revista ‘London Opinion’, y viviría después sucesivas reencarnaciones como póster. Fue efectivo, consumando una de las campañas de reclutamiento más fructíferas de toda la guerra.

Poco imaginaban, además, que sería el inicio de uno de los ‘memes’ más populares de todos los tiempos. Tres años después, en 1917, Estados Unidos recurría a la misma idea y ponía en circulación un más colorido Tío Sam cuya capacidad de evocación persiste hasta nuestros días. La que para los americanos era por aquel entonces ‘la guerra europea’ se había convertido en una trituradora de soldados que hacía parecer insuficiente la reserva de cualquier ejército.

 
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Publicado por en 7 julio, 2014 en Iconos de guerra

 

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