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Archivos Mensuales: mayo 2017

Declaración de Mayo


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La Declaración de Mayo de 1917 fue una proclama de los diputados eslavos del sur del Parlamento de Cisleitania a favor de la unión de los territorios de población serbia, croata y eslovena en una nueva unidad administrativa en el Imperio Austrohúngaro. Su rechazo por el Gobierno austriaco, que defendió la estructura administrativa dual, hizo que el movimiento que nació de la Declaración se fuese radicalizando hasta reclamar abiertamente la independencia en 1918.

La Declaración

El 30 de mayo de 1917, el día en que volvía a reunirse el Reichsrat austriaco tras un largo periodo de gobierno sin parlamento, los diputados croatas de Istria y Dalmacia se unieron a sus colegas eslavos del grupo parlamentario yugoslavo (Jugoslavenski klub) para reclamar la creación de una nueva unidad territorial democrática que englobase las áreas de población serbia, croata y eslovena, modificando la división en dos del Compromiso Austrohúngaro de 1867.La Declaración no presuponía una derrota austrohúngara en la guerra y era compatible con el mantenimiento de la dinastía Habsburgo, pero no con el sistema de poder dual acordado por el emperador Francisco José y la aristocracia magiar en 1867. Por otro lado, tampoco tenía posibilidades de salir adelante en caso de una victoria total de los Imperios Centrales, que hubiese dejado intacta la estructura del Imperio: se basaba en la posibilidad de una paz pactada entre los dos bandos que diese lugar a reformas territoriales en el Estado. Cuando esta paz no tuvo lugar, el movimiento yugoslavista fue radicalizándose, pasando de las medidas dentro del Imperio a la defensa de la independencia.

Consecuencias

La Declaración recibió el apoyo del Partido Croata por los Derechos y de algunos diputados serbios en el Parlamento autónomo de Croacia-Eslavonia, disidentes de la Coalición gobernante, siendo rechazada por los frankovci, partidarios del gobierno imperial. La Coalición Croato-serbia, favorable en secreto al proyecto, decidió no pronunciarse sobre la misma al hallarse en el gobierno de la región, temerosa de la reacción del gobierno de Budapest. Stjepan Radić y sus partidarios del Partido Campesino Croata también respaldaron la Declaración.

En la región de Bosnia-Hercegovina, única no perteneciente a alguna de las dos unidades administrativas imperiales sino gobernada por el ministerio de finanzas común austrohúngaro, la Declaración llevó a los partidos a convertir sus programas al yugoslavismo.

En los territorios de población eslovena, en Istria y en Dalmacia la declaración impulsó el nacimiento de un movimiento de protesta nacionalista que reclamaba como mínimo la aplicación del programa de la declaración, exigiendo el derecho de autodeterminación. La radicalización del movimiento llevó a los más serios motines en Cisleitania protagonizados por soldados eslovenos regresados de Rusia, en mayo de 1918 y a la defensa de la Declaración entre los marineros eslovenos que participaron en el motín de las unidades navales de la bahía de Cattaro a comienzos de año. En el mismo mes de mayo el partido socialdemócrata esloveno se unió al movimiento a favor de la Declaración.

El movimiento en favor de la Declaración no se frenó ni con las victorias austro-germanas en el frente italiano ni el temporal abandono por parte de la Entente de su intención de desmembrar el Imperio en enero de 1918 (debido a la posibilidad de lograr una paz negociada). En enero de 1918 el Grupo parlamentario Yugoslavo, aprovechando la Paz de Brest-Litovsk, solicitó que se tratase internacionalmente la situación de los serbios, croatas y eslovenos del Imperio. En marzo representantes de los partidos eslavos se reunieron en Zagreb para tratar de aumentar la cohesión del movimiento, aunque sin contar aún con el respaldo de la Coalición Croato-serbia.

Acontecimientos relacionados

La Declaración precedió por escasos meses a la Declaración de Corfú del 20 de julio de 1917, acordada por el gobierno del Reino de Serbia y los representantes del Comité Yugoslavo, en el que ambas partes se comprometían a tratar de lograr un nuevo estado que uniese a los eslavos del sur del Imperio austrohúngaro con los estados serbio y montenegrino lo que suponía, a diferencia de la de Mayo, la disolución del Imperio.

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Publicado por en 30 mayo, 2017 en 1917, Tratados

 

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Los motivos de la germanofilia


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  • Discurso pronunciado en el Ateneo de Madrid (Sección de Ciencias Históricas), el 25 de mayo de 1917, al discutirse la actitud de España ante la guerra.

ESPAÑA ANTE LA GUERRA: LA INDEFENSION MATERIAL

SI ALGUIEN me preguntase ahora cuál es en los días que corren la preocupación
inmediata de los españoles, cuál debe ser el punto sobre que descarguen su máximo
esfuerzo los que sientan la ambición de formular las aspiraciones del pueblo español,
poniéndole frente a frente de sus necesidades morales y materiales y haciéndoselas
comprender con claridad, yo respondería al preguntante que mirase hacia sí, hacia su
propia vida personal, que contemplase también su hogar, sus negocios o su profesión
habituales, el campo, por reducido que sea, de su actividad cotidiana, y me dijese
después si no advierte que todo ello está trastornado, alterado por este acontecimiento
exorbitante: la guerra; la guerra, en la que cada día nos importa menos el aspecto
militar; la guerra, que con su dedo inexorable ha hecho vibrar las fibras más escondidas
de nuestra alma, ha removido todas las rutinas y ha puesto a nuestro pueblo en el
trance,’para muchos insoportable, para todos grave, de fallar y tomar partido en un
problema moral; la guerra, que prepara para mañana, para el día después de la paz, entre
las convulsiones actuales, una nueva revolución.

Jamás ante un suceso de magnitud tamaña se ha encontrado un pueblo menos
preparado que el pueblo español para afrontarlo. Y cuenta que nuestra preparación es
doble, tiene dos aspectos, íntimamente ligados el uno con el otro (vosotros decidiréis
cuál es más grave): no teníamos preparación diplomática ni militar, no teníamos política
europea; no teníamos tampoco preparación moral, no conocíamos los datos del
problema, y carecíamos de la cultura interna necesaria para improvisar una apreciación
de los valores morales que están en litigio.

Es justo proclamar que aquella primera falta de preparación militar, política y
diplomática, es de lo más castizo que se conoce y que con ello no hacemos más que
continuar una tradición española varias veces secular. Si yo fuese inclinado a empavesar
mis discursos con escarceos históricos, me sería fácil demostrar que desde hace casi tres
siglos todos los sucesos capitales en la historia del mundo nos cogen siempre
desprevenidos, y que a favor de esa estúpida imprevisión, de ese atolondramiento
nacional, han ido desenvolviéndose todas las desventuras españolas, desde la
liquidación y aventamiento del antiguo imperio nuestro, pasando por el naufragio de
nuestra independencia y por las últimas guerras coloniales, hasta la miserable empresa de Marruecos, donde no se sabe qué duele más, si el estéril sacrificio de la nación
o el ridículo de que nuestra impotencia nos cubre. Ese descuido, ese abandono, esa
necesidad entronizados en el Gobierno de España han tenido por causa inmediata la
ligereza, la ignorancia, las intrigas, la rapacidad de reyes y ministros, y por causa y
fundamento últimos la resignación y mansedumbre del pueblo, del triste, ignorante,
hambriento pueblo español, que no ha tenido nunca bríos para levantarse fusil en mano
contra sus pastores y en un escarmiento ejemplar imponerles la lección adecuada a su
delincuencia. No penséis que esa preparación de que hablo, que esa indefensión actual
de la nación española, reconocida por sus ministros en estos meses, nazca de otras
causas que las apuntadas; es la misma abyección, la misma impericia que bajo Carlos
III, la misma alocada petulancia que bajo Godoy, la misma oligarquía ya imperante en
las guerras coloniales, la que ahora, al cabo de años de paz, al cabo de gastos sin cuento,
al cabo de lecciones tan rudas como el Tratado de París, nos ha puesto frente a la guerra
europea sin ejército, peor que sin ejército, con una nómina de militares que absorbe
cientos de millones sin que tuviéramos un regimiento completo; sin diplomacia,
entregada la representación de España en el extranjero a unos cuantos señoritos
aristócratas, que usurpan el manejo de intereses importantes del país sin otro motivo que
el de ser miembros de familias distinguidas.

Ha sido preciso que la guerra estalle y que los Gobiernos se hayan encontrado sin esos dos instrumentos de acción; ha sido preciso que una vez más tropecemos con la realidad inexorable para que un presidente del Consejo de ministros dijera en las Cortes: “¡No tenemos ejército, no tenemos cónsules ni diplomáticos.!”

Pues con ser tan grave este daño, aún me aflige más, como hombre y como
español, la otra falta de preparación ante la guerra: la falta de preparación moral, ¿por
qué no llamar a las cosas por su nombre?, la incultura de los sentimientos morales, que
ha impedido a los españoles ver desde el primer día la causa de la justicia.

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Publicado por en 25 mayo, 2017 en 1917

 

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Lothar von Richthofen


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Lothar von Richtofen.

Lothar-Siegfried Freiherr von Richthofen (Breslau, 27 de septiembre de 1894 – Hamburgo, 4 de julio de 1922) fue un piloto y as alemán de la Primera Guerra Mundial acreditado con 40 victorias durante la guerra. Era el hermano más joven del as de la aviación Manfred von Richthofen (el “Barón Rojo”) y primo del mariscal de campo de la Luftwaffe Wolfram von Richthofen.

Tras comenzar la guerra como oficial de la caballería, Lothar fue transferido al servicio aéreo alemán del ejército (Luftstreitkräfte) en 1915, consiguiendo ser destinado a la Jasta 11 que mandaba su hermano Manfred.

Lothar voló durante el período de la dominación alemana conocido como Abril Sangriento en 1917 y al comienzo de mayo había anotado ya 16 victorias. Cuando Manfred se iba de permiso, Lothar asumía el mando de la escuadrilla. Manfred consideraba a su hermano algo imprudente, describiéndolo como un “tirador” más que “cazador”.

En la tarde del 7 de mayo, el Jasta 11 de Lothar se encontró cerca de Douai con once aviones británicos de la escuadrilla Nº 56 de la “élite”, incluyendo al as inglés Albert Ball.

En una batalla encarnizada y debido a la falta de visibilidad, el avión se fue de su ruta. Lothar fue atacado por el as inglés Albert Ball. Durante el combate ambos aviones chocaron, cayendo el avión de Ball tras las líneas alemanas. Ball murió, pero Lothar sobrevivió y fue acreditado con la victoria aunque probablemente el avión inglés se haya desorientado y perdido el control.

Lothar empezó a volar inmediatamente, aumentando su cuenta a 23 derribos antes del 13 de mayo en que, mientras perseguía a un BE.2, el fuego antiaéreo lo hirió en la cadera y se estrelló. El 14 de mayo le concedieron la Pour le Mérite, pero sus lesiones lo dejaron fuera de combate durante cinco meses. Lo hirieron otra vez, gravemente, en marzo de 1918.

Lothar anotó su victoria final el 12 de agosto de 1918, volando un Fokker D.VII momentos antes de que lo hirieran una vez más. En vista de la cantidad de tiempo que pasó en el frente y en hospitales, era uno de los ases más eficientes, posiblemente aún más que su hermano Manfred.

Después de la guerra, voló como piloto comercial. El 4 de julio de 1922 murió en accidente del avión D1481 que cubría el trayecto de Berlín a Hamburgo, debido a un fallo del motor.

 
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Publicado por en 7 mayo, 2017 en Ejército alemán, Personajes

 

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