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29 de Junio de 1919 – Tratado de Versalles, Cláusulas territoriales


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“Los Estados Unidos de América, el Imperio Británico, Francia, Italia y el Japón, Potencias designadas en el presente Tratado como las principales potencias aliadas y asociadas;

Bélgica, Bolivia, Brasil, China, Cuba, Ecuador, Grecia, Guatemala, Haití, Hedjaz, Honduras, Liberia, Nicaragua, Panamá, Perú, Polonia, Portugal, Rumania, Estado Servo-Croata-Esloveno, Siam, Checoslovaquia y Uruguay,
Que constituyen con las susodichas principales Potencias, las Potencias aliadas y asociadas, por una parte;

y Alemania, por otra parte;

Considerando que a petición del Gobierno imperial alemán se concedió un armisticio a Alemania el 11 de Noviembre de 1918 por las principales Potencias aliadas y asociadas, a fin de poder celebrar con ella un Tratado de Paz.

Considerando que las Potencias aliadas y asociadas están igualmente deseosas de que la guerra a que sucesivamente fueron arrastradas, directa o indirectamente, y que tuvo su origen en la declaración de guerra dirigida el 28 de Julio de 1914 por Austria-Hungría a Serbia, en las declaraciones de guerra dirigidas por Alemania el 1 de Agosto de 1914 a Rusia y el 3 de Agosto de 1914 a Francia, y en la invasión de Bélgica, sea reemplazada por una paz sólida, justa y duradera; las Altas Partes Contratantes (…) han convenido las disposiciones siguientes:

A partir de la entrada en vigor del presente Tratado cesará el estado de guerra. Desde este momento, y a reserva de las disposiciones del presente Tratado, se reanudarán las relaciones oficiales de las Potencias aliadas y asociadas con Alemania o con cualesquiera de los Estados alemanes.

PARTE PRIMERA

Pacto de la Sociedad de Naciones (…)

PARTE SEGUNDA

Fronteras de Alemania

Artículo 27.

Establece las fronteras de Alemania: 1.°con Bélgica, 2.° con Luxemburgo, 3.° con Francia, 4.° con Suiza, 5.° con Austria, 6.° con Checoslovaquia, 7 con Polonia, 8.° con Dinamarca.

PARTE TERCERA

Cláusulas políticas europeas

Sección Primera: Bélgica

Artículo 34. Alemania renuncia además en favor de Bélgica a toda clase de derechos y títulos sobre los territorios que comprenden el conjunto de los círculos de Eupen y Malmedy (…)

Sección Segunda: Luxemburgo

Artículo 40. Alemania renuncia, por lo que concierne al Gran Ducado de Luxemburgo, al beneficio de cualesquiera disposiciones inscritas a su favor en los tratados (…)

Sección Tercera: Orilla izquierda del Rhin

Artículo 42. Se prohíbe a Alemania mantener o construir fortificaciones, sea en la orilla izquierda del Rhin, sea en la orilla derecha, al Oeste de una línea trazada a 50 kilómetros al Este de dicho río.

Artículo 43. Queda igualmente prohibido en la zona definida en el artículo 42, el mantenimiento o la agrupación de fuerzas armadas, sea a título permanente, sea a título temporal, así como las maniobras militares de cualquier naturaleza (…)

Sección Cuarta: Cuenca del Sarre

Artículo 45. En compensación de la destrucción de las minas de carbón en el Norte de Francia, y con cargo al importe de la reparación de daños de guerra debida por Alemania, ésta cede a Francia la propiedad entera y absoluta, franca y libre de cualesquiera deudas o cargas, con derecho exclusivo de explotación, de las minas de carbón situadas en la Cuenca del Sarre (…)

Sección Quinta: Alsacia y Lorena

Habiendo reconocido las Altas Partes contratantes la obligación moral de reparar el daño hecho por Alemania en 1871, tanto al derecho de Francia como a la voluntad de las poblaciones de Alsacia y Lorena, separadas de su patria a pesar de la solemne protesta de sus representantes en la Asamblea de Burdeos, han convenido los artículos siguientes:

Artículo 51. Los territorios cedidos a Alemania en virtud de los preliminares de paz firmados en Versalles el 26 de Febrero de 1871, y del Tratado de Francfort de 10 de Mayo de 1871, quedan reintegrados a la soberanía francesa a partir del armisti cio de 11 de Noviembre de 1918 (…)

Sección Sexta: Austria

Artículo 80. Alemania reconoce, y respetará estrictamente, la independencia de Austria dentro de las fronteras que se fijen en un Tratado celebrado entre dicho Estado y las principales Potencias aliadas y asociadas, y reconoce que esta independencia será inalienable, a no ser con el consentimiento del Consejo de la Sociedad de Naciones.

Sección Séptima: Estado Checoslovaco

Artículo 81. Alemania reconoce, como lo han hecho ya las Potencias aliadas y asociadas, la completa independencia del Estado Checoslovaco (…)

Artículo 82. La frontera entre Alemania y el Estado Checoslovaco estará determinada por la antigua frontera entre Austria-Hungría y el Imperio Alemán, tal como se hallaba en 3 de Agosto de 1914 (…).

Sección Octava: Polonia

Artículo 87. Alemania reconoce, como la han hecho ya las Potencias aliadas y asociadas, la completa independencia de Polonia, y renuncia a favor de Polonia toda clase de derechos y títulos sobre los territorios (aquí se especifican los territorios alemanes que pasan a manos polacas)

Esto, no obstante, las estipulaciones del presente artículo no se aplicarán a los territorios de la Prusia oriental y de la ciudad libre de Danzig (…).

Sección Novena: Prusia oriental

Artículo 94. En la zona comprendida entre la frontera sur del territorio de la Prusia oriental, tal como queda determinada dicha frontera en el artículo 28 de la Parte II (frontera de Alemania) del presente Tratado, y la línea que a continuación se describe, los habitantes serán invitados a manifestar, por medio del sufragio, a qué Estado desean quedar unidos (…).

Sección Décima: Memel

Artículo 99. Alemania renuncia, en favor de las principales Potencias aliadas y asociadas, a todos sus derechos y títulos sobre los territorios comprendidos entre el mar Báltico, la frontera nordeste de Prusia oriental descrita en el artículo 28 de la Parte II (frontera de Alemania) del presente Tratado, y las antiguas fronteras entre Alemania y Rusia (…)

Sección Decimoprimera: Ciudad libre de Danzig

Artículo 100. Alemania renuncia en favor de las principales Potencias aliadas y asociadas a todos sus derechos y títulos sobre el territorio comprendido dentro de los límites siguientes (aquí se detallan los límites del territorio de Danzig y sus alrededores)

Artículo 102. Las principales Potencias aliadas y asociadas toman a su cargo el establecimiento como ciudad libre de (…) y estará bajo la protección de la Sociedad de Naciones.

Artículo 104. Se concertará una convención, cuyos términos serán fijados por las principales Potencias aliadas y asociadas y que empezará a regir al mismo tiempo que se establezca la ciudad libre, entre el gobierno polaco y la ciudad libre de Danzig con objeto:

1º) De colocar a la ciudad de Danzig dentro de los límites de la frontera adua nera de Polonia, y de establecer una zona franca en el puerto;

2.°) De asegurar a Polonia, sin restricción alguna, el libre uso del servicio de las vías acuáticas, diques, dársenas, muelles y otras obras situadas en el territorio de la ciudad libre que sean necesarias para las importaciones y exportaciones de Polonia;

3.°) De asegurar a Polonia la intervención y la administración del Vístula y del conjunto de la red ferroviaria (…)

Sección Decimosegunda: Schleswig

Artículo 109. La frontera entre Alemania y Dinamarca se fijará conforme a las aspiraciones de las poblaciones (…).

Sección Decimotercera: Heligoland

Artículo 115. Las fortificaciones, los establecimientos militares y los puertos de las islas de Heligoland y de Dune se destruirán, bajo la inspección de los principales gobiernos aliados, por el gobierno alemán y a su costa, dentro del plazo que fijen aquellos gobiernos (…).

Sección Decimocuarta: Rusia y Estados rusos

Artículo 116. Alemania reconoce y se compromete a respetar, como permanente e inalienable, la independencia de todos los territorios que formaban parte del antiguo imperio de Rusia el 1 de Agosto de 1914.

(…) Alemania acepta definitivamente la anulación de los Tratados de de Brest-Litovsk, así como todos los demás acuerdos o convenios celebrados por ella con el gobierno maximalista de Rusia.

Las Potencias aliadas y asociadas reservan expresamente los derechos de Rusia para obtener de Alemania todas las restituciones y reparaciones que se basen en los principios del presente Tratado (…)

PARTE CUARTA

Derechos e intereses alemanes fuera de Alemania

Artículo 118. Fuera de sus límites de Europa, tales como quedan fijados en el presente Tratado, Alemania renuncia a todos sus derechos, títulos o privilegios relativos a los territorios que hayan pertenecido a ella o a sus aliadas (…)

Sección Primera: Colonias alemanas

Artículo 119. Alemania renuncia a todos sus derechos y títulos sobre sus pose siones de Ultramar en favor de las principales Potencias aliadas y asociadas (…).”

“PARTE QUINTA

Cláusulas militares, navales y aéreas

Con el fin de hacer posible la iniciación de una limitación general de, armamentos de todas las naciones, Alemania se compromete a observar estrictamente las siguientes cláusulas militares, navales y aéreas:

Sección Primera: Cláusulas militares.

CAPITULO PRIMERO

Efectivos y cuadros del ejército alemán

Artículo 159. Las fuerzas militares alemanas serán desmovilizadas y reducidas según las condiciones que se insertan a continuación:

Artículo 160.

(…) Desde ese momento, la totalidad de los efectivos del ejército que constituyen a Alemania no deberá exceder de 100.000 hombres, incluidos los oficiales y depósitos, y será destinado exclusivamente al mantenimiento del orden en el territorio y a la policía de las fronteras (…)

El gran estado mayor general alemán y las organizaciones similares serán disuel tas y no podrán reconstituirse en forma alguna.

CAPITULO SEGUNDO

Armamento. Municiones. Material

Artículo 164. Hasta la época en que Alemania sea admitida como miembro de la Sociedad de Naciones, el ejército alemán no deberá poseer un armamento superior a las cifras que se fijan en el cuadro número 2, anejo a la presente Sección (…).

Artículo 169. Dentro del plazo de dos meses, a partir de la entrada en vigor del presente Tratado, las armas, las municiones y el material de guerra alemán, incluso el destinado a la defensa contra aeronaves, existentes en Alemania y que excedan de las cantidades autorizadas, deberán ser entregados a los gobiernos de las principales Potencias aliadas y asociadas para que sean destruidos o inutilizados. (…)

Artículo 170. Estará estrictamente prohibida la importación en Alemania de armas, municiones y material de guerra, sea cual fuere su naturaleza.

Lo mismo ocurrirá respecto a la fabricación y exportación, con destino a países extranjeros, de armas, municiones y material de guerra, sea cual fuere su naturaleza.

Artículo 171. Estando vedado el empleo de gases asfixiantes, tóxicos o similares, así como los líquidos, a materias o procedimientos análogos (…)

También será igualmente prohibida la fabricación e importación en Alemania de carros blindados, tanques y otros artefactos similares que puedan servir para fines de guerra.

CAPITULO TERCERO

Reclutamiento e instrucción militar

Artículo 173. Quedará suprimido en Alemania todo servicio militar universal obligatorio.

El ejército alemán sólo podrá constituirse y reclutarse por medio de enganches voluntarios (…).

CAPITULO CUARTO

Fortificaciones

Artículo 180. Todas las fortalezas y obras fortificadas de campaña, situadas en territorio alemán a occidente de la línea trazada a 50 kilómetros al este del Rhin, serán desarmadas y desmanteladas.

Sección Segunda: Cláusulas navales

Artículo 181. Pasados dos meses desde la entrada en vigor del presente Trata do, las fuerzas de la flota alemana de guerra no deberán exceder, en buques armados, de (…)

En dichas fuerzas no se deberá comprender ningún barco submarino.

Artículo 190. Queda prohibido a Alemania construir o adquirir otros buques de guerra que los que se destinen a reemplazar a las unidades armadas previstas en el presente Tratado(…)

Sección Tercera: Cláusulas referentes a la aeronáutica militar y naval.

Artículo 198. Las fuerzas militares de Alemania no pueden tener aviación militar y naval (…)”

“PARTE SEPTIMA

Sanciones

Artículo 227. Las Potencias aliadas y asociadas acusan públicamente a Guillermo II de Hohenzollern, ex-Emperador de Alemania, por la ofensa suprema contra la moral internacional de la santidad de los Tratados.

Artículo 228. El gobierno alemán reconoce a las Potencias aliadas y asociadas el derecho de llevar ante sus tribunales militares a los acusados de haber cometido actos contrarios a las leyes y a las costumbres de la guerra (…)

PARTE OCTAVA

Reparaciones

Sección Primera: Disposiciones generales

Artículo 231. Los gobiernos aliados y asociados declaran, y Alemania reconoce, que Alemania y sus aliados son responsables, por haberlos causado, de todos los daños y pérdidas infligidos a los gobiernos aliados y asociados y sus súbditos a con secuencia de la guerra que les fue impuesta por la agresión de Alemania y sus aliados.

Artículo 232. Los gobiernos aliados y asociados reconocen que los recursos de Alemania no son suficientes —teniendo en cuenta la disminución permanente de los mismos, que resulta de las demás disposiciones del presente Tratado— para asegurar la reparación completa de todos los expresados daños y pérdidas.

Los gobiernos aliados y asociados exigen, sin embargo, y Alemania se compromete a ello, que sean reparados todos los daños causados a la población civil de cada una de las Potencias aliadas y asociadas, o a sus bienes, mientras cada una haya sido beligerante con Alemania, en virtud de dicha agresión por tierra, por mar y por los aires, y, en general todos los daños (…)

Artículo 233. El importe de dichos daños, cuya reparación corresponde a Alemania, será fijado por una Comisión interaliada, que llevará el nombre de Comisión de Reparaciones (…)”

“PARTE DECIMOCUARTA

Garantías de Ejecución

Sección Primera: Europa Occidental

Artículo 428. A título de garantía de ejecución, por parte de Alemania, del presente Tratado, los territorios alemanes situados al oeste del Rhin, juntamente con las cabezas de puente, serán ocupadas por las tropas de las Potencias aliadas y asociadas durante un período de quince años, desde que entre en vigor el presente Tratado (…).

Sección Segunda: Europa Oriental

Artículo 433. En garantía de la ejecución de las disposiciones del presente Tratado, por las cuales reconoce Alemania definitivamente la derogación del Tratado de Brest-Litovsk y de todos los tratados, convenios y arreglos concertados por ella con el gobierno maximalista de Rusia y a fin de asegurar el restablecimiento de la paz y de un buen gobierno de las provincias bálticas y en Lituania, todas las tropas alemanas que se encuentran actualmente en dichos territorios regresarán al interior de las fronteras de Alemania, en cuanto los gobiernos de las principales Potencias aliadas y asociadas estimen llegado el momento, teniendo en cuenta la situación interior de dichos territorios (…).”

Versalles, 29 de Junio de 1919

 
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Publicado por en 29 junio, 2019 en 1919, Claves, Tratados

 

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Pangermanismo posterior a la Primera Guerra Mundial


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Tras la derrota en dicha guerra la influencia de las élites alemanas sobre Europa central y oriental se redujo notablemente. En el Tratado de Versalles el territorio de Alemania fue sustancialmente reducido y el Imperio austrohúngaro fue dividido en diversos estados entre las diversas etnias que lo componían. El nuevo y reducido estado austriaco adoptó el nombre de Austria Alemana (Deutschösterreich), pese a que seguián existiendo en su seno numerosas minorías étnicas de habla no alemana. Una división étnica exacta del antiguo imperio austrohúngaro hubiera resultado imposible. Con un territorio reducido y sin una salida al mar este estado votó por abrumadora mayoría la unificación con Alemania. Tanto esta denominación como la unificación con Alemania fueron tajantemente prohibidas por las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial. Los alemanes del Volga que quedaron en zonas dominadas por la Unión Soviética fueron internados en gulags o desplazados durante la Gran Guerra Patriótica.

La Vuelta al Imperio (Heim ins Reich) fue un objetivo político perseguido por los nazis que intentaban convencer a los alemanes que vivían fuera de Alemania (por ejemplo en los Sudetes) de que deberían luchar para anexionar dichas regiones a la Gran Alemania.

 
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Publicado por en 30 noviembre, 2018 en Claves

 

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Armisticio del 11 de noviembre de 1918


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El Armisticio del 11 de noviembre de 1918, también conocido como Armisticio de Compiègne, fue un tratado firmado el 11 de noviembre de 1918 entre los Aliados y el Imperio alemán, en un vagón de un tren en el bosque de Compiègne, con el fin de terminar las hostilidades en el Frente Occidental en la Primera Guerra Mundial.

Pintura que representa a la firma del armisticio en el vagón. De izquierda a derecha están el Almirante alemán Ernst Vanselow, el Conde alemán Alfred von Oberndorff del Ministerio de Relaciones Exteriores, el General alemán von Winterfeldt Detlof (con casco), el Oficial Naval británico Capitán Jack Marriott, y de pie delante de la mesa, Matthias Erzberger, jefe de la delegación alemana. Detrás de la mesa están los dos oficiales de la marina británica, el Contraalmirante George Hope, Primer Lord del Mar almirante sir Rosslyn Wemyss, y los representantes de Francia, el Mariscal Ferdinand Foch (de pie), y el General Maxime Weygand.

Para la entente, los participantes eran completamente militares:

  • El Mariscal de Francia Ferdinand Foch, comandante supremo de los Aliados.
  • El General Maxime Weygand, jefe de Estado Mayor de Foch (posteriormente Comandante en Jefe en 1940).
  • Primer Lord del Mar Almirante Rosslyn Wemyss, representante británico.
  • Contralmirante George Hope, oficial de la marina británica.
  • El Capitán Jack Marriott, oficial de la marina británica.

Por el Imperio alemán:

  • Matthias Erzberger, un político civil.
  • El Conde Alfred von Oberndorff, desde el Ministerio de Relaciones Exteriores.
  • El Mayor General Detlof von Winterfeldt, del Ejército
  • El Capitán Ernst Vanselow, de la Marina.

El General Weygand no se menciona en la copia francesa del documento armisticio.

Términos

Los siguiente términos que figuran son los principales:1

  • Terminación de las hostilidades militares dentro de las seis horas de la firma.
  • El retiro inmediato de todas las tropas alemanas de Francia, Bélgica, Luxemburgo y Alsacia-Lorena.
  • Posterior eliminación de todas las tropas alemanas del territorio en el lado oeste del Rin, más de 30 km a la redonda del lado derecho del Rin, también de las ciudades de Maguncia, Coblenza y Colonia con el consiguiente ocupación de ellas por las tropas aliadas y estadounidenses.
  • La eliminación de todas las tropas alemanas en el Frente Oriental del territorio alemán, ya que era el 1 de agosto de 1914.
  • La renuncia del Tratado de Brest-Litovsk con Rusia y del Tratado de Bucarest con Rumania.
  • El internamiento de la flota alemana.
  • Entrega de material: 5000 cañones, 25 000 ametralladoras, 3000 morteros, 1700 aviones, 5000 locomotoras y 150 000 vagones de ferrocarril.

Portada del The New York Times en el día del Armisticio, el 11 de noviembre 1918.

 
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Publicado por en 11 noviembre, 2018 en 1918, Claves

 

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Los «Catorce Puntos de Wilson»


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Los Catorce Puntos fueron una serie de propuestas realizadas el 8 de enero de 1918 por el presidente estadounidense Woodrow Wilson para crear unos nuevos objetivos bélicos defendibles moralmente para la Triple Entente que pudiesen servir de base para negociaciones de paz con los Imperios Centrales.

Contexto

Hacia el final de la Gran Guerra, el 8 de enero de 1918, el presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson hizo una llamada a las naciones europeas en conflicto para que detuvieran el fuego y dieran paso a la reconstrucción del continente.

Para esto redactó un discurso conocido como los «Catorce Puntos», que no era más que una serie de propuestas que permitirían desvanecer el fantasma de la guerra en todo el planeta y la conformación de un nuevo orden mundial. El discurso fue dado el 8 de enero de 1918 ante el Congreso de los EE.UU. La intención del presidente era presentar unos objetivos bélicos para la Entente que permitiesen alcanzar la paz y contrarrestar la propaganda pacifista bolchevique; la propuesta de Trotski para negociar una paz inmediata había sido rechazada por la Entente poco antes y esta deseaba evitar con su propia propuesta el efecto adverso de haber rehusado negociar la paz mientras que los Imperios Centrales habían aceptado.

El presidente basó sus propuestas recogidas en los Puntos en las sugerencias presentadas en un informe de la junta informal del Congreso de los Estados Unidos encargada de preparar la futura conferencia de paz pocos días antes.

Los «Catorce Puntos de Wilson»

Dichos puntos son:

  1. Convenios abiertos y no diplomacia secreta en el futuro.
  2. Absoluta libertad de navegación en la paz y en la guerra fuera de las aguas jurisdiccionales, excepto cuando los mares quedasen cerrados por un acuerdo internacional.
  3. Desaparición, tanto como sea posible, de las barreras económicas.
  4. Garantías adecuadas para la reducción de los armamentos nacionales.
  5. Reajuste de las reclamaciones coloniales, de tal manera que los intereses de los pueblos merezcan igual consideración que las aspiraciones de los gobiernos, cuyo fundamento habrá de ser determinado, es decir, el derecho a la autodeterminación de los pueblos.
  6. Evacuación de todo el territorio ruso, dándose a Rusia plena oportunidad para su propio desarrollo con la ayuda de las potencias.
  7. Plena restauración de Bélgica en su completa y libre soberanía.
  8. Liberación de todo el territorio francés y reparación de los perjuicios causados por Prusia en 1871.
  9. Reajuste de las fronteras italianas de acuerdo con el principio de la nacionalidad.
  10. Oportunidad para un desarrollo autónomo de los pueblos del Imperio austrohúngaro.
  11. Evacuación de Rumanía, Serbia y Montenegro, concesión de un acceso al mar a Serbia y arreglo de las relaciones entre los Estados balcánicos de acuerdo con sus sentimientos y el principio de nacionalidad.
  12. Seguridad de desarrollo autónomo de las nacionalidades no turcas del Imperio otomano, y el Estrecho de los Dardanelos libres para toda clase de barcos.
  13. Declarar a Polonia como un estado independiente, que además tenga acceso al mar.
  14. La creación de una asociación general de naciones, a constituir mediante pactos específicos con el propósito de garantizar mutuamente la independencia política y la integridad territorial, tanto de los Estados grandes como de los pequeños.

De aquí sale la iniciativa para la conformación de una Sociedad de Naciones, antecedente de la Naciones Unidas.

 
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Publicado por en 8 enero, 2018 en 1918, Claves

 

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Palestina


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La entrada de Turquía en la guerra, en noviembre de 1914, fue interpretada en Londres como una traición a las decenas de años que llevaba el imperio británico manteniendo con vida al Enfermo de Europa frente a la voracidad rusa y austriaca. No quisieron darse cuenta en la capital inglesa de que, incorporada Rusia a la Entente, Turquía no podría entrar en la guerra más que para oponerse a su ancestral enemigo. Nunca estar contra Rusia había significado estarlo también contra Gran Bretaña, pero ahora sí. No obstante, como no hay bien que por mal no venga, Londres trató de aprovechar la nueva situación y decidió que al menos podría al final de la guerra repartirse con sus aliados los despojos del imperio otomano. Naturalmente, hubo que aceptar que Rusia se haría con Constantinopla y los Estrechos. Así se acordó en un pacto entre las potencias de la Entente en marzo de 1915. Claro que la perspectiva de que Rusia lograra asomarse finalmente con su flota de guerra al Mediterráneo oriental planteaba un nuevo desafío. Precisamente, la clase de desafío que el apuntalamiento del régimen turco había tratado de evitar durante tanto tiempo. No hay que olvidar que Gran Bretaña y Rusia se habían enfrentado duramente en Asia Central en lo que se llamó el Gran Juego y que, aunque éste había terminado con un acuerdo de reparto de esferas de influencia en Persia, la rivalidad persistía. La presencia de los barcos de guerra rusos en las proximidades del Canal de Suez y la posibilidad de que pudieran en el futuro cortar la vía de comunicación de la flota británica con sus colonias en el subcontinente indio exigía hacer algo.

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Sin embargo, mucho antes de que en Londres se decidiera qué hacer, lo que sí se les ocurrió a los turcos fue hostigar a su antiguo amigo, el imperio británico, atacándole donde más daño podía hacerle, en el Canal de Suez. Sin embargo, la ofensiva de principios de 1915 fue un fracaso. Luego, tras pedir auxilio los rusos asediados por los turcos en el Cáucaso, los ingleses trataron de desembarcar en Galípoli, dirigirse directamente contra Constantinopla, ocuparla y entregársela al zar. Es sorprendente que la primera acción de envergadura de los ingleses contra los turcos estuviera pensada para beneficio Nicolás II y no de Jorge V. Pero también esta operación fracasó.

Tras devolver a los ingleses al mar en Galípoli, los turcos, reforzados con los veteranos que desde allí vinieron y con las tropas y pertrechos enviados desde Austria y Alemania, intentaron un nuevo asalto al canal en agosto de 1916. Volvieron a fracasar y tuvieron que retirarse. El general Murray, al mando de las tropas británicas en Egipto, envalentonado por la victoria, decidió que había llegado el momento de pasar a la ofensiva. Logísticamente, la operación era complicada porque había que atravesar la península del Sinaí, cosa que no podría hacer con garantía de éxito sin construir líneas férreas y un acueducto de tubo con el que tener unas líneas de suministro suficientes desde la retaguardia. Murray logró llegar hasta las puertas de Gaza, pero allí fue rechazado por los turcos en dos ocasiones en marzo y abril de 1917.

Mientras, los ingleses, en su esfuerzo de revertir la estrategia alemana de levantar contra Londres a los súbditos musulmanes del imperio británico, trataron de ayudar a las tribus árabes, que se habían rebelado en parte contra Constantinopla durante la primavera de 1916. A tal fin fueron enviados a tratar con Husein ibn Alí, jerife de La Meca, diversos asesores militares, entre los que se encontraba Thomas Edward Lawrence, más conocido luego como Lawrence de Arabia. Los árabes asolaron el ferrocarril que recorría la región de Hiyaz. Estratégicamente, la línea no era muy importante, pero políticamente su interrupción constituía un grave revés al prestigio turco porque la línea terminaba en Medina, la ciudad en la que gobernó y murió Mahoma, sobre la que los sultanes de la Sublime Puerta habían imperado con orgullo durante siglos. El éxito militar más notable de Lawrence en Arabia lo constituyó la toma del puerto de Aqaba en julio de 1917. Fue importante porque, gracias a su posesión, los rebeldes árabes pudieron recibir ayuda material de sus aliados ingleses por el Mar Rojo.

Mientras, en Londres, surgió un nuevo factor que considerar en la política británica para Oriente Medio, y fue el incremento de la influencia del sionismo. El movimiento sionista no era nuevo, pero se había revitalizado enormemente gracias a la persecución de la que los judíos rusos habían sido víctimas por parte del gobierno zarista. Los pogromos obligaron a muchos judíos a emigrar y las poblaciones judías de los países occidentales crecieron exponencialmente, a la vez que entre estos emigrantes se afianzó la necesidad de una patria judía en Palestina. De hecho, algunos de los judíos que huyeron de Rusia se establecieron allí. Por supuesto, no todos los judíos europeos eran sionistas. Los más integrados en las sociedades en las que vivían, especialmente en Alemania y en Gran Bretaña, creían que la creación de un Estado independiente judío los convertiría en extranjeros en sus propios países, al pasar a ser considerados ciudadanos de otra nación. Con todo, el sionismo despertó ciertas simpatías en la sociedad inglesa. El problema, tal y como lo vieron el primer ministro Asquith y el secretario del Foreign Office Grey, era que no era posible apoyar el sionismo sin a la vez violar lo que habían pactado con Francia en cuanto al futuro de Oriente Medio, entonces en manos del imperio otomano. En efecto, en el acuerdo Sykes-Picot (por los apellidos de los representantes inglés y francés que lo negociaron), suscrito en mayo de 1916, las dos potencias coloniales se repartieron Oriente Medio. Para Gran Bretaña el acuerdo era importante porque, de llevarse a efecto, quedaría abierta una ruta terrestre hacia la India desde los puertos del Levante, disminuyendo así la importancia de la amenaza que en el futuro pudieran constituir los rusos desde los estrechos, cuando hubiera que entregárselos conforme a lo pactado. En el acuerdo con Francia, Palestina quedaba sujeta a una futura administración internacional cuyos detalles se pactarían más adelante. Así que, pensaban Asquith y Grey, si Gran Bretaña se comprometía a respaldar la creación de una patria judía en Palestina, se encontraría comprometida en la zona de tres formas contradictorias, pues, además de chocar con lo acordado con Francia, violaría igualmente la vaga promesa hecha a las tribus árabes de apoyar la creación de una nación independiente para ellas.

El obstáculo que representaban Asquith y Grey desapareció en diciembre de 1916 cuando fue nombrado primer ministro Lloyd George. Éste fue ganado para el sionismo por Haim Weizmann, que lo convenció de que los intereses del sionismo eran coincidentes con los estratégicos del imperio británico. Tras ciertos vaivenes en los que tuvo mucho peso que el presidente de los Estados Unidos, Wilson, apoyara el sionismo, el 2 de noviembre de 1917 el Gobierno británico respaldó abiertamente la creación de una patria judía (lo que no significaba necesariamente un Estado independiente judío) por medio de la Declaración Balfour. Muy poco después, Lloyd George relevó a Murray del mando de las tropas británicas en Egipto y envió en sustitución del mismo al brillante general Allenby, con el encargo de conquistar Jerusalén como un regalo de Navidad para el pueblo británico. Se suponía que el objetivo no era dar a los judíos una patria, sino alejar al enemigo del Canal de Suez empujándolo hacia el norte, fuera de Palestina. En cualquier caso, Allenby cumplió brillantemente el encargo y antes de que terminara el año entró efectivamente en la ciudad santa, tras expulsar a los turcos de ella. La noticia fue acogida con júbilo en Londres. Sin embargo, cuando terminó la guerra surgió la necesidad de dar coherencia a los contradictorios compromisos ingleses. Cómo se resolvió el problema es otra interesante historia diplomática.

 
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Publicado por en 7 julio, 2015 en Claves

 

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Tratado de Londres – 26 de Abril de 1915


El Tratado de Londres, también conocido como Treaty of London (en inglés) o Patto di Londra (en italiano), fue firmado en Londres el 26 de abril de 1915. Por él Italia entró en la Primera Guerra Mundial del lado de la Entente. El tratado era secreto y los países firmantes fueron: El Reino de Italia, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, Francia y el Imperio Ruso.

Según el tratado, Italia recibiría las zonas habitadas por italianos en el Imperio Austrohúngaro, gran parte de la costa dálmata y el resto de los territorio balcánicos del Imperio Austrohúngaro se repartiría entre tres Estados independientes: el Reino de Serbia, el Reino de Montenegro y Croacia.

A cambio, Italia se comprometía a abandonar la Triple Alianza, que la unía a los imperios alemán y austrohúngaro y entrar en la guerra del lado de la Entente. El cambio de bando se había acordado ya a comienzos de septiembre de 1914 en un convenio secreto firmado en Londres. La entrada en la guerra debía producirse en menos de un mes desde la firma del tratado y así se hizo, siendo la declaración de guerra italiana proclamada el 23 de mayo.

La aplicación del tratado quedó muy condicionada por la disolución del Imperio Austrohúngaro y el surgimiento de nuevas naciones, especialmente Yugoslavia, que no estaban dispuestas a aceptar las concesiones prometidas a Italia por la Entente, y por la entrada en la guerra de los Estados Unidos, que definieron nuevos objetivos bélicos y se negaron a admitir la entrega de territorios de mayoría eslava a Italia. Finalmente Italia obtuvo parte de los territorios prometidos en una serie de acuerdos rubricados en el primer lustro de la década de 1920, aunque el régimen fascista mantuvo la teoría de que el país había sido engañado y perdido lo que le correspondía por las maquinaciones de sus aliados.

Negociaciones italianas

El 16 de octubre de 1914, murió el principal ministro del gabinete de Antonio Salandra y este cayó a finales de mes, siendo reconstituido el 5 de noviembre de 1914 con la presencia del nuevo ministro de Exteriores Sidney Sonnino. De ideas claras y moderado, Sonnino se había mostrado partidario de la inclusión del Reino de Italia en la Triple Alianza desde el comienzo. Ya en el verano de 1914 había defendido la entrada en guerra de Italia del lado de los Imperios Centrales. En noviembre, aún inseguros de su duración en el cargo, el primer ministro y su ministro de Exteriores se mostraron muy cautos hacia los bandos enfrentados. A pesar de una campaña de prensa a favor de la inclusión de Istria y Dalmacia (con un 96 % de población eslava en la segunda y un 54 % en la primera) el Gobierno no exigió su entrega, aunque el diario de Sonnino, el Giornale d’Italia, se mostró favorable a los irredentistas.

El ministro de Exteriores italiano, Sidney Sonnino, que llevó a cabo negociaciones secretas en paralelo con los dos bandos enfrentados en la Primera Guerra Mundial, firmando finalmente el Tratado de Londres con la Entente.

El 3 de diciembre de 1914, el Gobierno recibió el respaldo del parlamento y Sonnino decidió pasar a la acción, ordenando al embajador italiano en Viena, el duque de Avarna, que reclamase compensaciones territoriales al Imperio Austrhúngaro de acuerdo al artículo VII del pacto de la Triple Alianza. El Gobierno de Viena no había respetado las cláusulas del tratado de alianza, que estipulaban la consulta al resto de aliados antes del comienzo de operaciones militares y la compensación a Italia en caso de ventajas en los Balcanes para Austria-Hungría, y había permitido así que el Gobierno de Roma pudiese mantener la neutralidad en la guerra. Una vez quedó clara la imposibilidad de un rápida victoria austro-germana, Italia decidió negociar con los dos bandos para lograr el mayor beneficio posible de la situación.

El 24 de diciembre de 1914, tras un tiroteo en el puerto de Valona, la ciudad fue ocupada por tropas italianas, teóricamente para proteger a los residentes italianos. Sonnino se apresuró a asegurar a los austrohúngaros que la ocupación sería temporal, para evitar que a su vez exigiesen compensaciones territoriales como él mismo estaba haciendo por el ataque al Reino de Serbia.

Aunque Sonnino apoyaba la campaña de prensa que reclamaba la entrega de Dalmacia al Reino de Italia, el Gobierno no exigía aún su entrega, usando la publicidad simplemente para que el Gobierno vienés accediese a entregar el Trentino y Trieste, sus verdaderos objetivos en aquel momento. Las conversaciones entre Sonnino y el embajador austrohúngaro Macchio no lograron sus frutos ya que este último utilizó una táctica dilatoria para retrasar las posibles compensaciones territoriales a Italia.

El ministro de Exteriores austrohúngaro, el conde Leopold Berchtold, fue entonces sustituido por el húngaro barón Esteban Burián, amigo y protegido del primer ministro húngaro Esteban Tisza. Berchtold se había mostrado contrario a las indicaciones alemanas de acceder a las peticiones territoriales italianas. Burián mantuvo la misma actitud de su predecesor, convencido de que las amenazas de Sonnino eran un farol.

El 17 de febrero de 1915, Sonnino exigió tener derecho a veto sobre las operaciones militares austrohúngaras en los Balcanes a menos que el Gobierno de Viena cediese a las reclamaciones italianas. La delicada situación del frente oriental, la epidemia de tifus que acababa de estallar en la península balcánica y la actitud de Sonnino detuvieron las operaciones militares de Viena durante los primeros meses de 1915. Alemania redobló sus presiones sobre el Gobierno austrohúngaro para satisfacer a los italianos.

El 9 de marzo de 1915, Burián comunicó al embajador italiano su disposición a negociar la cesión de territorio austrohúngaro, a lo que hasta entonces su Gobierno se había negado.

Sergéi Sazónov, ministro de Exteriores ruso y principal opositor a las exigencias italianas para entrar en la guerra del bando de la Triple Entente por sus efectos adversos para las aspiraciones eslavas en los Balcanes.

Mientras y secretamente, sin embargo, Sonnino había dado instrucciones al embajador italiano en Londres, el marqués Imperiali, para que comenzase conversaciones con la Triple Entente y expusiese las condiciones bajo las que Italia estaba dispuesta a entrar en la guerra de su lado. Sonnino se mostró especialmente interesado en mantener secretas estas conversaciones paralelas y en ocultarlas al Gobierno serbio. A partir de ese momento, Sonnino mantuvo negociaciones paralelas con los dos bandos enfrentados. Las exigencias italianas se presentaron a Lord Grey el 4 de marzo.

Serbia y los representantes del Comité Yugoslavo acabaron enterándose de los manejos de Sonnino, teniendo en el ministro de Exteriores ruso, Sergéi Sazónov a su mejor defensor. Italia explicó su deseo de obtener Dalmacia no por su población italiana, sino por razones estratégicas, para controlar el Adriático. Durante las siguientes semanas, Sazonov se mostró contrario a las exigencias italianas, que consideraba excesivas, mientras que los Gobiernos francés y británico mostraban su impaciencia porque Italia entrase cuanto antes en la contienda, creyendo que su participación les daría la victoria.

El 29 de marzo de 1915, el Gobierno italiano renunció por fin a conseguir Split, lo que los franceses utilizaron para presionar a los rusos y empujarles a aceptar el resto de reclamaciones italianas.Sazonov, sin embargo, no accedió, considerando estas contrarias al principio de nacionalidad por el que supuestamente estaban combatiendo. La opinión pública rusa se preocupaba por el destino de las poblaciones eslavas y especialmente por la serbia, y el ministro de Exteriores ruso creía que no aceptaría las concesiones que Italia exigía.

El 1 de mayo de 1915, Edward Grey fue relevado en las negociaciones por Herbert Henry Asquith por parte británica.

Mientras, las negociaciones con Viena encontraron un nuevo escollo: la exigencia italiana de que los territorios cedidos fuesen entregados de inmediato (21 de marzo de 1915) y no tras el final de la guerra, como proponían los austrohúngaros. El 27 de marzo de 1915, Burián comunicó al embajador italiano que el emperador había accedido a entregar el Trentino a cambio de la neutralidad italiana y su aquiescencia a las campañas austrohúngaras en los Balcanes. El 8 de mayo de 1915, Sonnino respondió a la propuesta con un memorándum de once artículos con las reclamaciones italianas.

Mientras tanto, entre marzo y abril, se aceleraron los preparativos militares en Italia. En Londres Asquith redactaba una propuesta que reflejaba la postura rusa, como última oferta para los italianos. El 9, ante la falta de acuerdo, volvió a presentar una propuesta por la que Italia conseguía la costa dálmata entre Zara y el cabo Planka, Curzola y sus islas menores, y la desmilitarización de la costa entre Planka y Cattaro, salvo la que se entregaría a Serbia. El 14, el marqués Imperiali aceptó esta oferta, renunciando a la península de Sabioncello. Sólo reclamó que no se erigiesen fortificaciones en la cercanías de Cattaro, mientras que Sazonov aceptó que la representación internacional de Albania quedase en manos italianas. Siguió exigiendo, sin embargo, que continuasen las negociaciones sobre ciertos detalles.

Francia y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda presionaron entonces al zar Nicolás, que ordenó ceder a Sazonov, a pesar de sus aprensiones sobre lo correcto del pacto. El 21 de abril de 1915, Sazonov indicó al embajador ruso en el Reino Unido que rubricase el acuerdo.

El 16 de marzo de 1915, el Gobierno austrohúngaro respondió a las exigencias italianas, de manera en general negativa. Ante esta, el pacto con la Entente se firmó el 26 de mayo de 1915 en Londres, comprometiéndose el Reino de Italia a entrar en guerra inmediatamente contra el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Alemán y a no firmar una paz por separado.

Reparto de territorios

Según el acuerdo, Italia recibiría:

Territorios ofrecidos por la Entente a Serbia y a Montenegro en 1915:      Territorio asignado a Serbia      Territorio a repartir entre Serbia y Montenegro

  1. El Tirol hasta la separación de cuencas, situada en los Alpes, que incluía las provincias del Trentino-Alto Adigio.
  2. Trieste.
  3. El condado de Gorizia y Gradisca.
  4. Istria, sin Fiume (Rijeka).
  5. Parte de Carniola (los distritos de Vipava, Idrija y Ilirska Bistrica, excluyendo Postojna).
  6. El norte de Dalmacia, incluyendo Zara (en croata: Zadar) y la mayoría de las islas del Adriático.
  7. El archipiélago del Dodecaneso, controlado desde la Guerra ítalo-turca de 1911-1912.
  8. Vlorë (en italiano: Valona).
  9. El control de la política exterior de la nueva Albania, reducida por la partición de la mayoría del territorio entre el Reino de Serbia y Reino de Grecia.
  10. Parte de las colonias alemanas en África y Asia, en caso de que Francia y Reino Unido obtuviesen nuevas colonias. Se confirmaba además la posesión italiana de Libia.
  11. Antalya, en caso de que se repartiese Asia Menor.

Con los cambios fronterizos propuestos entre Italia y el Imperio, basados tanto en la unión de los italianos del Imperio Austrohúngaro como en razones de defensa estratégica, aquella recibía una minoría de cerca de un cuarto de millón de alemanes y tres cuartos de millón de eslavos. Las ganancias territoriales en el Adriático garantizaban también el control del mismo, una de las aspiraciones italianas.Las concesiones al Reino de Italia se agrupan en cuatro sectores, definidos con precisión variable:

  • El Noroeste, donde las peticiones italianas habían quedado satisfechas.
  • El Adriático y los Balcanes, donde Italia había tenido que realizar algunas concesiones.
  • Asia Menor, donde las concesiones eran más generales y menos definidas.
  • África, donde la ambigüedad de las cláusulas era mayor.

A Serbia se le prometió:

  1. La costa dálmata entre Krka y Ston, incluyendo la península de Pelješac (en italiano: Sabbioncello), el puerto de Split (en italiano: Spalato), y la isla de Brač (en italiano: Brazza).

A Montenegro se le adjudicaban:

  1. La costa dálmata entre Budva y Ston, incluyendo Ragusa y la bahía de Kotor (en italiano: Cattaro, desmilitarizado), excluyendo la península de Pelješac.
  2. La costa sur, hasta el puerto albanés de Shëngjin (en italiano: San Giovanni di Medua).

Asimismo, aunque sin mucho detalle, se prometió al Reino de Serbia:

  1. Bosnia y Herzegovina.
  2. Srem.
  3. Bačka.
  4. Eslavonia (a pesar de los reparos italianos).
  5. Partes de Albania, que quedaría dividida entre el Reino de Serbia, el Reino de Montenegro y el Reino de Grecia, sin detallar.

La ciudad adriática de Fiume, objeto de duras disputas en la posguerra entre Italia y Yugoslavia, quedaba asignada «a Croacia, Serbia y Montenegro».

Los italianos reclamaron que la posesión de la costa entre Zara e Istria se decidiese tras la guerra, a lo que accedieron los países de la Entente. Además, insistieron en que no debía comunicarse el acuerdo a Serbia,cosa que no lograron, pues la Entente envió una nota oficial sobre el mismo el 4 de agosto de 1915 en la que se indicaban sus ganancias territoriales que recibiría al terminar la guerra. A finales de abril de 1915, partidarios de Yugoslavia en Gran Bretaña ya conocían a grandes rasgos las características del acuerdo, gracias a las confidencias de Sazonov, obtenidas por Frano Supilo.

Sonnino, a pesar de haber firmado el pacto con la Entente, alargó las negociaciones con Viena. El 3 de mayo de 1915, el embajador austrohúngaro en Roma se enteró de la conclusión de las negociaciones con la Entente y avisó a Burián, que trató de mejorar su oferta anterior a los italianos, pero demasiado tarde: el mismo día Sonnino rescindía la alianza con los Imperios Centrales. Aun así recibió a Macchio el 6, mostrándose dispuesto a comunicar sus propuestas al gabinete.

La población, inflamada repentinamente de nacionalismo, forzó al parlamento, favorable a mantener la neutralidad del país, a aprobar el pacto con la Entente, haciendo caer al gabinete de Salandra el 13 de mayo de 1915. Rechazada la renuncia por el rey, el parlamento se avino a aceptar el Tratado y a conceder plenos poderes al Gobierno el 20 de mayo de 1915, por amplia mayoría.

El 23 de mayo de 1915, se declaraba la guerra al Imperio Austrohúngaro, aunque no con los resultados esperados por los Aliados.

El pacto, que debía haber permanecido en secreto, fue publicado por los bolcheviques rusos tras su toma del poder en el diario Izvestia, en noviembre de 1917.

Clarificación: el acuerdo de St. Jean de Maurienne

La futura repartición del Imperio otomano se decidió entre los tres socios originales de la Triple Entente, sin tener al comienzo en cuenta a Italia. Esta no recibió información sobre los acuerdos anteriores o posteriores al tratado por el que entró en la contienda y sus intentos de lograr esta información fueron baldíos hasta el otoño de 1916. Dada la vaguedad de la cláusula sobre el Imperio otomano del tratado, continuaron las negociaciones para definir con más claridad la porción que le correspondería a Italia en caso de desmembramiento del Imperio, lo que se logró en el acuerdo de St. Jean de Maurienne en abril de 1917. A cambio Italia reconocía los acuerdos anteriores franco-británicos, en especial el Tratado Sykes-Picot.

Italia habría de obtener el suroeste de Asia Menor, llegando hasta la concesión francesa por el Este y hasta Esmirna por el Norte, junto con una zona de influencia al norte de esta. El acuerdo, sin embargo, quedaba sujeto a la aprobación del Gobierno ruso, que acababa de cambiar con el triunfo de la Revolución de Febrero que había acabado con el zarismo. Rusia nunca llegó a expresar su opinión sobre el acuerdo, que jamás llegó a ser ratificado como tratado formal.Juntos, no obstante, el Tratado de Londres y el Acuerdo de St. Jean de Maurienne reunían las aspiraciones italianas en caso de victoria de la Entente.

Cambios de la situación bélica

Dos hechos fundamentales afectaron a la aplicación del tratado tras la guerra mundial:

  • El aumento del descontento de las comunidades que formaban el Imperio austrohúngaro al alargarse la contienda, y la creación de movimientos independentistas, en general mal vistos por el Gobierno italiano.Su mayor acercamiento a estos se dio con los mayores reveses bélicos para Italia tras la derrota de Caporetto, tras los que se celebró el «Congreso de Nacionalidades Oprimidas» en Roma en abril de 1918.
  • La entrada en el conflicto de los Estados Unidos del lado de la Entente. El poderío estadounidense y las circunstancias de su entrada en guerra les convirtieron en el forjador de los objetivos de los Aliados en la guerra, reflejados en los «Catorce Puntos» del presidente Woodrow Wilson. El noveno de ellos se refería a Italia, indicando que «un reajuste de las fronteras de Italia debería realizarse de acuerdo con líneas nacionales claramente reconocibles», lo que chocaba con lo estipulado por el tratado de 1915. La debilidad italiana hizo que el Gobierno no se enfrentase a los estadounidenses acerca de este punto y optase por aceptar los puntos de Wilson junto con el tratado de 1915.

La Conferencia de París

Negociaciones y estancamiento

Parte de la delegación yugoslava en la Conferencia de Paz de París: Ante Trumbić (tercero por la izquierda) , Nikola Pašić (segundo), Milenko Vesnić (primero) y Ivan Žolger. Algunos delegados eran de procedencia austrohúngara, para disgusto italiano.

Después de la guerra, la posición italiana era complicada. Exigir el cumplimiento del Tratado de Londres hubiese significado un conflicto inmediato con Wilson, mientras que un abandono del mismo era un riesgo que ningún Gobierno italiano podía contemplar, quedando la opción de una cesión parcial a cambio de compensaciones, que requerirían la aceptación del resto de potencias que habrían de otorgarlas.

Tras la llegada de Wilson a París el 4 de diciembre de 1918, las relaciones entre este y los representantes italianos no mejoraron. El informe de los expertos estadounidenses no tenía en cuenta las disposiciones del tratado de 1915, definía una frontera intermedia entre la basada en el idioma y la que dictaban los intereses de seguridad italianos. Los italianos respondieron solicitando la frontera definida en el tratado con pequeñas modificaciones y añadiendo la petición de poder anexionarse Fiume, que produjo una disputa exagerada.La ciudad, enclave de población italiana en una región de mayoría eslava, había quedado asignada a Croacia en el Tratado de Londres. La agitación nacionalista en Italia, permitida por el Gobierno, había colocado a este en una situación que le impedía ceder en su demanda por la ciudad, a pesar de no haber sido reclamada anteriormente.

Los italianos expresaron su deseo de negociar únicamente con Serbia y Montenegro como aliados suyos durante la contienda, pero no con representantes del enemigo derrotado, categoría en la que englobaban a los representantes del nuevo Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. Su malestar con la delegación yugoslava era aún mayor al contarse entre sus miembros antiguos diputados austrohúngaros (como los croatas Ante Trumbić y Josip Smodlaka y el esloveno Otokar Rybář). Un delegado, el esloveno Ivan Žolger, había sido incluso ministro del gabinete austriaco durante la guerra.

En abril, con el regreso a la conferencia del presidente americano, se retomó el caso italiano, ofreciendo franceses y británicos el cumplimiento estricto del Tratado de Londres (lo que excluía la concesión de Fiume a Italia) o la entrega de Fiume y el abandono del tratado. Ante la falta de acuerdo, Wilson decidió hacer un llamamiento al pueblo italiano dejando de lado a su Gobierno, logrando únicamente enfurecer a la opinión pública italiana y que los representantes italianos se retirasen de la conferencia de paz. Durante la ausencia italiana los Aliados decidieron enviar la expedición militar a Esmirna, decisión que aquellos aceptaron tras su regreso a París dos semanas más tarde. La repartición de mandatos se realizó también mientras los italianos se hallaban lejos de París.

Avances y definición de fronteras en los Balcanes

Tirol, desmembrado en 1918. Parte quedó en el lado austriaco (en rojo) y se llamó Nordtirol y Osttirol, formando el Estado Federado de Tirol.

 A pesar de la continuación de las conversaciones, centradas siempre en el destino de Fiume, no hubo avances hasta la firma del tratado con Alemania y la marcha de Wilson el 28 de junio. La oposición de Wilson y su capacidad de vetar cualquier acuerdo impedían los progresos.

En septiembre, sin embargo, el tratado con Austria fue favorable a Italia, que logró la frontera de los Alpes como se había le prometido en Londres en 1915.

Incapacitado Wilson y derrotado su partido en las elecciones de Estados Unidos y hartas Francia y el Reino Unido de las inacabables conversaciones, estas decidieron que las negociaciones pasasen a realizarse directamente entre italianos y yugoslavos. Esto llevó a un rápido acuerdo que se plasmó en el Tratado de Rapallo de noviembre de 1920. Este concedía a Italia la frontera que deseaba en el Noreste, pero limitaba sus ganancias en el Adriático a cuatro islas y la ciudad de Zara. Fiume y sus alrededores se establecían como Estado libre.

Albania fue evacuada y su independencia reconocida según las fronteras trazadas en 1913, salvo la isla de Saseno, a la entrada de la bahía de Valona, que Italia se anexionó.

Acontecimientos posteriores

En Asia Menor, los griegos aprovecharon la ausencia italiana en la primavera para lograr que fuesen sus tropas las enviadas a Esmirna, situación que los italianos aceptaron tras débiles protestas a su regreso a la conferencia de paz. Por el Tratado de Sèvres firmado el 10 de agosto de 1920, Italia vio reconocida la posesión del Dodecaneso y se le concedió una zona de influencia en Anatolia, que se correspondía aproximadamente a la definida en los acuerdos de St. Jean de Maurienne, salvo en los alrededores de Esmirna. Italia, insatisfecha con el resultado, se apresuró a mostrar su simpatía a Mustafá Kemal tan pronto como surgió movimiento nacionalista, evitando respaldar a las tropas griegas. En el Tratado de Lausana que puso fin a la guerra Italia conservó la posesión del Dodecaneso.

En África, mencionada en los artículos 10 y 13 del Tratado de Londres, Italia logró la concesión final de Libia por parte del sultán otomano en el Tratado de Sèvres, tras haber tenido que reconquistar el territorio, controlado precariamente, en 1919.

Las colonias alemanas, por su parte, fueron repartidas como mandatos durante la ausencia italiana, saliendo el Reino Unido muy beneficiado, seguido de Francia. Italia exigió ser compensada, pero aceptó la repartición realizada. Quedó entonces la posibilidad de rectificaciones fronterizas, que se decidió debían negociarse bilateralmente entre Italia por una parte y Francia y el Reino Unido por la otra. El 12 de septiembre de 1919, Francia e Italia alcanzaban un acuerdo, que cedía ciertos salientes de la frontera entre Libia y las colonias francesas a los italianos. En 1925 se produjo la firma del acuerdo con Gran Bretaña en el que Italia logró la frontera que deseaba entre Libia y Egipto.

En Somalia, ante la negativa francesa a ceder la Somalia Francesa, se ofreció la entrega de cierto territorio junto al río Juba, que Italia aceptó.

 
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Publicado por en 26 abril, 2015 en 1915, Claves, Tratados

 

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Juicio de Sarajevo – Sentencia: 28 de Octubre de 1914


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Las autoridades austrohúngaras capturaron y procesaron a los conspiradores de Sarajevo, así como a los agentes y los campesinos que ayudaron a ejecutar los planes. La principal acusación era conspiración para alta traición con relación a los círculos oficiales del Reino de Serbia, cuya pena era la muerte. El juicio se celebró entre el 12 y el 23 de octubre y el veredicto fue dictado el 28 de octubre de 1914.

Gavrilo Princip (en círculo), junto a otros acusados, siendo custodiados durante el Juicio que se le realizo en Sarajevo

Los reos adultos, que podían ser condenados a pena de muerte, se presentaron en el juicio como participantes involuntarios de la conspiración. La declaración de Veljko Cubrilović (agente de la Narodna Odbrana, que ayudó a coordinar el transporte de armas) es ilustrativa de esa táctica de defensa. Este declaró al tribunal: «Princip se me encaró y me dijo enérgicamente: “Si lo quieres saber, esa es la razón por la que vamos a realizar el asesinato del heredero, y ya que lo sabemos, debes mantenerlo en secreto. Si nos traicionas, tú y tu familia seréis asesinados”». Interrogado por su abogado, Cubrilović describió con detalle los motivos que le obligaron a cooperar con Princip y Grabež. Explicó que una organización revolucionaria, capaz de cometer grandes atrocidades, estaba detrás de Princip, que este conocía la existencia de esa organización en Serbia y que, por ello, temía que destruyeran su casa y que mataran a su familia si no hacía lo que querían. Cuando le preguntaron sobre por qué se arriesgó a ser castigado por la ley en vez de contar con su protección ante tales amenazas, respondió: «Tenía más miedo al terror que a la ley».

Para rechazar esta acusación, los conspiradores de Belgrado —que, debido a su corta edad, no podían ser condenados a pena de muerte— intentaron salvar a los órganos oficiales serbios modificando sus declaraciones y asumiendo toda la culpa de la conspiración. Princip declaró: «Soy un nacionalista yugoslavo y creo en la unificación de todos los eslavos meridionales bajo cualquier forma de Estado libre de Austria». Interrogado sobre cómo pretendía realizar ese objetivo, respondió: «Por medio del terror». Cabrinović, sin embargo, declaró que las convicciones políticas que lo motivaron a matar a Francisco Fernando eran las mismas defendidas en medios serbios. El tribunal no creyó en las historias de los reos, alegando que pretendían eximir a Serbia de la culpa. El veredicto fue: «El tribunal considera probado por las pruebas que tanto la Narodna Odbrana como ciertos círculos militares del Reino de Serbia responsables de los servicios de espionaje, colaboraron con la conspiración».

Según la ley austrohúngara, los detenidos con edad inferior a 20 años en el momento del delito podían ser condenados a una pena máxima de 20 años de cárcel. A pesar de que hubo dudas sobre la edad real de Princip, el tribunal determinó que tenía menos de 20 años en el momento del asesinato. Como Bosnia y Herzegovina no pertenecían formalmente al Imperio austrohúngaro, el gobernador bosnio —y ministro de Finanzas austriaco— Leon Biliński pidió clemencia a Francisco José I para los condenados a muerte. El emperador atendió a dos de las peticiones. Las sentencias fueron las siguientes:

Nombre Sentencia
Gavrilo Princip 20 años de cárcel.
Nedjelko Čabrinović 20 años de cárcel.
Trifko Trifun Grabež 20 años de cárcel.
Vaso Čubrilović 16 años de cárcel.
Cvjetko Popović 13 años de cárcel.
Lazar Djukić 10 años de cárcel.
Danilo Ilić Muerte por ahorcamiento (ejecutado el 3 de febrero de 1915).
Veljko Čubrilović Muerte por ahorcamiento (ejecutado el 3 de febrero de 1915).
Nedjo Kerović Muerte por ahorcamiento, conmutada por 20 años de cárcel por el emperador Francisco José I.
Mihaijlo Jovanović Muerte por ahorcamiento (ejecutado el 3 de febrero de 1915).
Jakov Milović Muerte por ahorcamiento, conmutada por 20 años de cárcel por el emperador Francisco José I.
Mitar Kerović Cadena perpetua.
Ivo Kranjcević 10 años de cárcel.
Branko Zagorac 3 años de cárcel.
Marko Perin 3 años de cárcel.
Cvijan Stjepanović 7 años de cárcel.
Otros 9 detenidos Absueltos.

Durante el juicio, Čabrinović expresó su arrepentimiento por los asesinatos. Tras la condena, recibió una carta de perdón de los tres huérfanos de Francisco Fernando y Sofía. Čabrinović y Princip murieron de tuberculosis en la cárcel.

 
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Publicado por en 28 octubre, 2014 en Claves

 

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Breve referencia histórica y geográfica de Bélgica en 1914


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Llevamos días hablando de la ocupación de Bélgica y queremos aprovechar para explicar el entorno histórico y geográfico de este país.

El reino de Bélgica lindaba con Francia por el oeste, suroeste y sur. La frontera con Francia tenía en 1914 614 kilómetros; al este limitaba Bélgica con el Gran Ducado de Luxemburgo, con una frontera de 129 kilómetros, la frontera con el Imperio Alemán, localizada también en el este, tenía una extensión de 97 kilómetros. Al norte y noreste confinaba con los Países Bajos, con una frontera de 431 kilómetros. Así mismo su costa del Mar del Norte tenía una extensión de 67 kilómetros.

La suma general del territorio era la de un triángulo irregular, cuya base suroeste se apoya en la frontera con Francia y cuyo remate, confinando con los países bajos, miraba hacia el nordeste.

La superficie total del Reino era de 29.450 kilómetros cuadrados y su población de 7.500.000 habitantes.

Según los historiadores el nombre de Bélgica deriva de una tribu que hacia el siglo II a.C., ocupó al país después de arrojar de la zona a los celtas, que fueron sus primeros pobladores. En esta región considerada parte de las Galias, vivían 47 pueblos o tribus que opusieron gran resistencia a Julio César, que logró dominarlos hacia el año 50 a.C.

La metrópoli de Bélgica en tiempos de los romanos era Duro Castrorum, hoy Reims, y el país sufrió varias divisiones territoriales.

En el siglo VII los habitantes del país eran paganos, pudiéndose decir que hasta el siglo XII no se cristianizaron por completo.

La historia de Bélgica apenas registra hechos de importancia hasta después de la era feudal.

El estado llano comenzó a figurar hacia el siglo XII, tomando fuerza y representación los municipios, hasta el punto que muchas ciudades por sí silas pudieron levantar ejércitos.

Los belgas lucharon especialmente contra los reyes de Francia en la Guerra de los Cien Años, debido a que los intereses materiales y mercantiles llevaban a las ciudades belgas a favorecer la causa de Inglaterra.

En el siglo XI las fábricas, los mercados y las ferias eran numerosos en Bélgica.

En el siglo XII se estableció la unificación de pesas y medidas.

En el siglo XIII l ciudad de Brujas era uno de los depósitos más importantes de la célebre Liga Hanseática.

En el siglo XIV las manufacturas de Bruselas surtían a toda Francia y las naves matriculadas en el puerto de Amberes tenían invadidos casi todos los puertos de Europa con un comercio casi mundial.

La salazón del arenque, el hierro laminado, la talla del diamante, el esmalte, la pintura al óleo y otros inventos tuvieron a Bélgica por su país de origen.

Después de las adquisiciones territoriales en Francia hechas por Felipe el Atrevido y por Felipe el Bueno, los Países Bajos en general y con ellos Bélgica pasaron a la casa de Austria por el casamiento de María, única hija de Carlos el Temerario, último duque de Borgoña, con el archiduque Maximiliano, hijo del emperador de Alemania Federico III.

Al fallecer la duquesa María, su hijo Felipe el Hermoso se casó con doña Juana la Loca, hija de los Reyes de Castilla y, por virtud de ese matrimonio, el estado belga pasó a poder de Carlos V de Alemania y I de España.

Más tarde, en tiempos ya de Felipe II, empezaron las guerras llamadas de Flandes y de los Países Bajos, resultado de las cuales fue le independencia de Holanda, o sea, de las 7 provincias unidas.

La mayor parte de Bélgica, esto es, las provincias católicas, funcionaron continuamente bajo el dominio de España, hasta que, por sucesivos tratados, la Península fue perdiendo territorios y Francia, en 1794, llevó a cabo la invasión y conquista de aquellas provincias.

El tratado de Campo Formio sancionó esto hechos.

Por los tratados de París de 1814 y 1815, Francia perdió Bélgica, que fue unida a Holanda para formar parte de los Países Bajos, hasta que en 1830 los belgas se declararon independientes y ofrecieron la corona al rey Luis Felipe de Francia, que aceptó.

Puede decirse que la independencia de Bélgica se debió casi por completo el apoyo resuelto que le prestó Inglaterra.

Gran Bretaña, con el concurso de Francia, fue en efecto la que firmó la independencia belga, cuando Prusia preparaba ya sus tropas para ayudar a Guillermo I de los Países Bajos a someter la sublevación belga.

Por el artículo 65 del acta final de Congreso de Viena, Bélgica formaba, con las provincias de los Países Bajos, el reino de este nombre, bajo soberanía del príncipe de Orange-Nassau. Sin embargo, Bélgica, eminentemente católica, no aceptaba de buen grado la supremacía de los holandeses protestantes, y el hecho de que Guillermo I persiguiera a los obispos católicos por reclamar contra la ley fundamental del estado, que otorgaba a un príncipe protestante el derecho de intervenir en los asuntos religiosos de los católicos, determinó que los belgas comenzasen a acariciar la idea de lograr la independencia absoluta de su país.

El 26 de agosto de 1830 se alborotó el pueblo de Bruselas y su actitud de rebeldía fue secundada por Lieja.

El movimiento se extendió rápidamente.

Para contener la sublevación el rey Guillermo envió a su hijo el príncipe de Orange, con un ejército que atacó Bruselas, trabándose un sangriento combate en las calles de la ciudad.

Pero el pueblo belga se levantó en masa y los holandeses del rey Guillermo no tuvieron nada que hacer y fueron derrotados.

Por efecto de este descalabro, Guillermo I acudió a las potencias que le aseguraron la posesión de Bélgica.

Rusia y Austria eludieron el compromiso contraído y abandonaron a Guillermo I a su suerte. En cambio Prusia se apresuró a ofrecer su ejército al rey de Holanda, pero, al notificar el embajador de Prusia en París, Barón de Werther, al Ministro de Negocios Extranjeros de Luis Felipe, Conde de Molé, las intenciones de su soberano, se encontró con la declaración de que si las tropas prusianas entraban Bélgica, inmediatamente entrarían en el mismo territorio las francesas.

El Conde de Molé defendió esta actitud invocando el principio de no intervención, adoptado por los prohombres de la revolución de julio, aunque en el fondo tal conducta obedecía a la seguridad que se tenía de que Francia fuese secundad por Inglaterra y a la esperanza de que el trono de Bélgica fuese ocupado por un príncipe de la casa de Orleáns.

El último propósito de Francia no fue secundado por Inglaterra porque si bien esta deseaba la independencia de Bélgica, quería también sustraerla de la influencia francesa.

El protocolo que el 15 de octubre formaron Lord Aberdeen y Mr. Tallyllerand y, precisamente a causa de los citados deseos de Inglaterra, se consiguió que Francia no pretendiese en modo alguno anexionarse Bélgica ni colocar en su trono a un príncipe de su casa; que la definitiva situación de Bélgica se resolvería por virtud de un acuerdo diplomático de las cinco grande potencias y que éstas no se opondrían a establecer como soberano del nuevo estado a un príncipe de la casa de Nassau.

Tan pronto como este protocolo quedó ultimado, Inglaterra se negó resueltamente a atender la demanda de socorro que le hizo Guillermo I.

De no haber existido el acuerdo previo entre Inglaterra y Francia que dejamos trascrito y que constituyó, por decirlo así, la base fundamental de la independencia belga, es casi seguro que Bélgica, al emanciparse de los Países Bajos habría caído en manos de su vecina Francia.

Por fin los representantes de las cinco grandes potencias que debían determinar acerca de la suerte de Bélgica, se reunieron en Londres; pero al iniciarse las conferencias, su Congreso nacional, convocado en Bruselas, declaró la independencia de aquella nación, instauró la monarquía constitucional como forma de gobierno y acordó que los príncipes de la casa de Nassau quedasen excluidos del trono.

Estos sucesos acontecidos en Bruselas hicieron sospechar desde los primeros momentos que aquéllos se habían verificado con la aquiescencia y hasta el apoyo de Francia y que ésta no renunciaba a su propósito de que se coronase rey de Bélgica el Duque de Nemours, hijo segundo de Luis Felipe.

Austria, Rusia, Prusia y esencialmente Inglaterra vieron con disgusto extraordinario los manejos franceses, llegándose a tal tirantez de relaciones con Francia que, durante algunos días, se creyó inminente una conflagración. Si no se llegó a tal extremo fue porque Francia, ante los acontecimientos que se le echaban encima y tal vez no creyéndose lo suficientemente fuerte para hacerles frente, depuso su actitud, cejo e sus ambiciones y cuando una diputación del Congreso belga se presentó en París para ofrecer la corona al Duque de Nemours, el rey declinó el ofrecimiento en nombre de su hijo, publicando el 17 de febrero de 1831 una declaración en la que así lo hizo constatar.

A partir de esa decisión del Rey de Francia, ya nada se opuso a que prosperase la independencia del nuevo reino.

A raíz de la proclamación concertaron varios tratados, firmándose el primero en Londres el 4 de noviembre de 1831, quedando en ellos reconocida la independencia del reino de Bélgica, constituido este por las provincias de Brabante, Lieja, Namur, Hainault, Flandes Oriental y Occidental, parte de Limburgo y Amberes.

El primer soberano belga, Leopoldo I de Coburgo, fue un modelo de reyes constitucionales y ya es su época se inició a gran escala el desarrollo de la riqueza de la nueva nación.

A la muerte de Leopoldo I, acaecida en 1865, subió al trono Leopoldo II, durante cuyo reinado el florecimiento belga llegó a su máximo esplendor. Leopoldo II, que murió al poco tiempo, cedió a Bélgica la propiedad de sus dominios coloniales del Congo africano, conocido a partir de entonces como Congo Belga.

Al no tener sucesión directa Leopoldo II, subió al trono el monarca que reinaba en Bélgica en 1914, Alberto I.

 
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Publicado por en 1 septiembre, 2014 en Claves

 

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Mas ejemplos de las atrocidades alemanas


 

“En Charleroi, cerca de la puerta de Waterloo, los alemanes se apoderaron de diez mineros que acababan de subir de la mina y llevaban aún su lámpara en la mano. Los obligaron a marchar delante de las tropas, y todos los mineros acabaron muertos.

La misma táctica adoptaron en Mont-sur-Marchiennes, donde doscientos alemanes, sorprendidos por los franceses, pusieron delante de ellos a seis vecinos, entre ellos mujeres y niños. Al legar nuevas tropas francesas, tuvieron los alemanes que refugiarse en una granja, donde fueron aniquilados”

 
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Publicado por en 20 agosto, 2014 en Claves

 

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Los orígenes de la Primera Guerra Mundial. Documental


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Publicado por en 12 agosto, 2014 en 1914, Claves

 

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