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Declaración de Corfú


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La Declaración de Corfú fue el acuerdo alcanzado en el verano de 1917 entre el Comité Yugoslavo, formado por políticos eslavos austrohúngaros en el exilio, y el Gobierno del Reino de Serbia para formar un nuevo Estado yugoslavo cuando finalizase la Primera Guerra Mundial y fue una de las circunstancias que hizo posible la creación del Reino de Yugoslavia.

Debilitadas ambas partes reunidas en Corfú por la postura Aliada, la hostilidad italiana a la formación de un nuevo Estado, y la revolución en Rusia, las dos acordaron, tras largas y tensas negociaciones que duraron más de un mes, sus objetivos de guerra y las características del nuevo Estado yugoslavo que deseaban formar. La declaración conjunta que surgió del acuerdo supuso un impulso para la propaganda yugoslavista pero no logró una estrecha colaboración entre las partes durante el año y medio que aún duró la contienda mundial.

Soldados Serbios en Corfu durante la Primera Guerra Mundial

Contexto

A pesar de proclamar un objetivo común -la unificación de las tres comunidades bajo los Karađorđević- pronto el Comité Yugoslavo y el Gobierno serbio de Pašić mostraron sus diferencias sobre cómo lograrlo. Se sucedieron las recriminaciones mutuas por la postura que debía mantenerse para oponerse al Tratado de Londres, las negociaciones para tratar de lograr el respaldo búlgaro a la Triple Entente o la organización de voluntarios para el frente. La postura Aliada, que no favorecía en principio la disolución de Imperio, la hostilidad italiana y la Revolución de Febrero en Rusia -que privó a Pašić de su principal adalid en la negociación diplomática y le obligó a contemporizar, moderando su panserbianismo- forzaron la cooperación de ambas partes.Para lograrla Pašić invitó a los representantes del Comité a Corfú en la primavera de 1917. Por su parte, el Comité Yugoslavo también tuvo que moderar sus demandas ante las ambiciones territoriales italianas, reconocidas por la Entente en el Tratado de Londres, que amenazaban los territorios que consideraban propios.

Las negociaciones, que duraron más de un mes, fueron tensas y llenas de recriminacines, pero resultaron en la Declaración de Corfú del 20 de julio de 1917.

Partes negociadoras

Los dos principales responsables de la redacción de la Declaración de Corfú fueron el primer ministro serbio Nikola Pašić y el político croata exiliado Ante Trumbić, presidente del Comité. Pašić y los políticos cercanos a la corte habían mantenido el objetivo de una simple expansión a una Gran Serbia por medio de conquistas territoriales a costa del Imperio Austro-Húngaro derrotado como pretensión mínima, defendiendo en otros momentos la unión eslava, oscilando entre ambos objetivos durante la guerra.

El parlamento serbio en el exilio aprobó la creación del Reino de Yugoslavia en una reunión celebrada en el Teatro Municipal de la isla griega de Corfú.

La declaración se firmó cerca del final de la Primera Guerra Mundial, en la isla de Corfú el 20 de julio de 1917 por el Comité Yugoslavo, formado por políticos austrohúngaros en el exilio, que representaban a los eslovenos, croatas y serbios que vivían en el Imperio austrohúngaro y, por otra parte, por los representantes del Reino de Serbia, con el patrocinio político de Gran Bretaña y Francia, en virtud del principio de autodeterminación nacional que habían proclamado como uno de sus objetivos en la contienda. La reunión no contó con representantes del Reino de Montenegro, pero el antiguo primer ministro de este país, Andrija Radović, enemistado con el rey Nicolás I de Montenegro, también en el exilio, respaldó la Declaración. Radović había fundado en Ginebra en febrero de 1917 el Comité Montenegrino para la Unificación Nacional, cercano a Pašić, que prefirió tratar con este que con el Gobierno montenegrino en el exilio.

Términos de la Declaración

La Declaración fue «el primer paso hacia la construcción del nuevo Estado de Yugoslavia», que habría de llamarse «Reino de los serbios, croatas y eslovenos», y preveía el establecimiento de una monarquía parlamentaria basada en la dinastía Karađorđević, un territorio indivisible y poder unificado, con las tres denominaciones nacionales y los alfabetos latino y cirílico iguales ante la ley, libertad religiosa y sufragio universal. La Declaración afirmaba que serbios, croatas y eslovenos formaban una única nación, que deseaba su unificación de acuerdo al derecho de autodeterminación. Las banderas de cada comunidad tendrían igualdad con la de la nación. Se declaraba la necesidad de convocar una Asamblea Constituyente para establecer una Constitución que sería el origen de todos los poderes del nuevo Estado.La aprobación de la constitución debía hacerse por mayoría cualificada y ser aprobada por el rey de Serbia y la asamblea.

Nikola Pašić, primer ministro serbio, en el exilio, firmó la Declaración con los representantes del Comité Yugoslavo, aparcando temporalmente las diferencias entre ambos.

 «Este Estado será una garantía de independencia nacional y de su civilización y progreso nacional, y una poderosa defensa contra la presión de los alemanes», concluía la Declaración.

La forma del Estado, centralista o federal, quedaba sin definir claramente, y la interpretación de ciertos pasajes de la declaración fue contradictoria.La declaración fue un acuerdo con concesiones mutuas entre los partidarios de un Estado federal y aquellos que abogaban por uno centralista, A pesar de incluir únicamente los asuntos en los que las dos partes habían logrado ponerse de acuerdo, el pacto mostró intención de cooperación y fue celebrado internacionalmente por los partidarios de la unión de los eslavos del sur.

Consecuencias

Como consecuencia de la Declaración, el nuevo Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos se creó el 1 de diciembre de 1918, tras la victoria de la Entente. La Declaración sirvió como base a las instrucciones que la delegación del nuevo Estado de los Eslovenos, Croatas y Serbios, formado por los territorios con población eslava del sur del Imperio austrohúngaro, recibió antes de partir a Belgrado a finales de noviembre 1918 para tratar la formación del nuevo Estado yugoslavo con los representantes del Reino de Serbia.

Trumbić, antiguo miembro del Comité, fue nombrado ministro de Exteriores,y Pašić fue alejado temporalmente del poder a los pocos días, por decisión del regente Alejandro.

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Publicado por en 20 julio, 2017 en Tratados

 

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Declaración de Mayo


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La Declaración de Mayo de 1917 fue una proclama de los diputados eslavos del sur del Parlamento de Cisleitania a favor de la unión de los territorios de población serbia, croata y eslovena en una nueva unidad administrativa en el Imperio Austrohúngaro. Su rechazo por el Gobierno austriaco, que defendió la estructura administrativa dual, hizo que el movimiento que nació de la Declaración se fuese radicalizando hasta reclamar abiertamente la independencia en 1918.

La Declaración

El 30 de mayo de 1917, el día en que volvía a reunirse el Reichsrat austriaco tras un largo periodo de gobierno sin parlamento, los diputados croatas de Istria y Dalmacia se unieron a sus colegas eslavos del grupo parlamentario yugoslavo (Jugoslavenski klub) para reclamar la creación de una nueva unidad territorial democrática que englobase las áreas de población serbia, croata y eslovena, modificando la división en dos del Compromiso Austrohúngaro de 1867.La Declaración no presuponía una derrota austrohúngara en la guerra y era compatible con el mantenimiento de la dinastía Habsburgo, pero no con el sistema de poder dual acordado por el emperador Francisco José y la aristocracia magiar en 1867. Por otro lado, tampoco tenía posibilidades de salir adelante en caso de una victoria total de los Imperios Centrales, que hubiese dejado intacta la estructura del Imperio: se basaba en la posibilidad de una paz pactada entre los dos bandos que diese lugar a reformas territoriales en el Estado. Cuando esta paz no tuvo lugar, el movimiento yugoslavista fue radicalizándose, pasando de las medidas dentro del Imperio a la defensa de la independencia.

Consecuencias

La Declaración recibió el apoyo del Partido Croata por los Derechos y de algunos diputados serbios en el Parlamento autónomo de Croacia-Eslavonia, disidentes de la Coalición gobernante, siendo rechazada por los frankovci, partidarios del gobierno imperial. La Coalición Croato-serbia, favorable en secreto al proyecto, decidió no pronunciarse sobre la misma al hallarse en el gobierno de la región, temerosa de la reacción del gobierno de Budapest. Stjepan Radić y sus partidarios del Partido Campesino Croata también respaldaron la Declaración.

En la región de Bosnia-Hercegovina, única no perteneciente a alguna de las dos unidades administrativas imperiales sino gobernada por el ministerio de finanzas común austrohúngaro, la Declaración llevó a los partidos a convertir sus programas al yugoslavismo.

En los territorios de población eslovena, en Istria y en Dalmacia la declaración impulsó el nacimiento de un movimiento de protesta nacionalista que reclamaba como mínimo la aplicación del programa de la declaración, exigiendo el derecho de autodeterminación. La radicalización del movimiento llevó a los más serios motines en Cisleitania protagonizados por soldados eslovenos regresados de Rusia, en mayo de 1918 y a la defensa de la Declaración entre los marineros eslovenos que participaron en el motín de las unidades navales de la bahía de Cattaro a comienzos de año. En el mismo mes de mayo el partido socialdemócrata esloveno se unió al movimiento a favor de la Declaración.

El movimiento en favor de la Declaración no se frenó ni con las victorias austro-germanas en el frente italiano ni el temporal abandono por parte de la Entente de su intención de desmembrar el Imperio en enero de 1918 (debido a la posibilidad de lograr una paz negociada). En enero de 1918 el Grupo parlamentario Yugoslavo, aprovechando la Paz de Brest-Litovsk, solicitó que se tratase internacionalmente la situación de los serbios, croatas y eslovenos del Imperio. En marzo representantes de los partidos eslavos se reunieron en Zagreb para tratar de aumentar la cohesión del movimiento, aunque sin contar aún con el respaldo de la Coalición Croato-serbia.

Acontecimientos relacionados

La Declaración precedió por escasos meses a la Declaración de Corfú del 20 de julio de 1917, acordada por el gobierno del Reino de Serbia y los representantes del Comité Yugoslavo, en el que ambas partes se comprometían a tratar de lograr un nuevo estado que uniese a los eslavos del sur del Imperio austrohúngaro con los estados serbio y montenegrino lo que suponía, a diferencia de la de Mayo, la disolución del Imperio.

 
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Publicado por en 30 mayo, 2017 en 1917, Tratados

 

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Acuerdos Sykes-Picot


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El Acuerdo Sykes-Picot, firmado el 16 de mayo de 1916, fue un acuerdo secreto entre Gran Bretaña y Francia para dividirse los territorios del Próximo Oriente en caso de obtener la victoria en la guerra contra los Imperios Centrales; el Imperio ruso y el Reino de Italia dieron su aceptación. Debe su nombre a los negociadores del pacto, sir Mark Sykes, en representación de Gran Bretaña, y François Georges-Picot por Francia.

Contexto

Inicialmente, las negociaciones incluyeron a Rusia. Desde que los aliados occidentales entraron a la guerra, la Rusia zarista presionó por lograr su antigua ambición de obtener una entrada marítima al Mediterráneo mediante el estrecho de los Dardanelos. Cuando el Imperio Otomano turco se convirtió en aliado del enemigo alemán los rusos lograron que en 1915 los aliados occidentales apoyaran sus demandas de acceso a las costas mediterráneas las cuales debían concretarse si fueren vencedores en la guerra. El Tratado de Paz de Brest Litovsk (marzo de 1918), firmado entre el gobierno Bolchevique de Rusia y el Imperio Alemán, liberó a los restantes aliados del cumplimiento de los términos de estos acuerdos hacia los rusos. No obstante durante la revolución de Octubre los Bolcheviques hicieron público el contenido de este y otros acuerdos secretos, causando muchas dificultades a las alianzas que los británicos tenían con los líderes nacionalistas árabes.

Los acuerdos están basados en la partición del Próximo Oriente en cinco zonas; una de control británico, una de control francés; una de influencia británica o protectorado británico; una de influencia francesa o protectorado francés y una de administración internacional (Las ciudades de Jerusalén y Nazareth). Originalmente los acuerdos mencionan también una zona de control ruso, pero al parecer estos fueron cambiados de mutuo acuerdo en 1917 y luego fueron refrendados durante la conferencia de San Remo y recibieron también un aval de la Liga de Naciones.

Historia

El 3 de enero de 1916 Sir Mark Sykes representando a Gran Bretaña y François Georges-Picot representando a Francia acordaron la división general del Oriente Medio una vez terminada la guerra y derrotado el imperio otomano. Francia recibiría la Siria de hoy y su zona costera que se convertiría en el Líbano actual. Ejercería un ámbito de influencia hacia el Este, hasta Mosul. Los británicos obtuvieron Basora y Bagdad y un ámbito de influencia hacia el Este, hasta Persia (el futuro Irán.)

Palestina quedó indefinida, pero finalmente fue otorgada bajo un mandato de la Sociedad de Naciones a Gran Bretaña. En el momento de las negociaciones de Sykes-Picot, los británicos negociaban también con el jerife de La Meca Husayn ibn Ali el apoyo aliado a una revuelta contra los otomanos, de la que debería surgir un Estado árabe unificado en todos los territorios arrebatados a los turcos, desde Siria hasta el Yemen. De estas negociaciones, cuyos acuerdos Gran Bretaña no tenía intención de cumplir (pues contradecían las propias conversaciones Sykes-Picot) surgió la Rebelión Árabe, que supondrá la efímera independencia del Hiyaz, la aún más efímera unificación de los territorios árabes otomanos bajo la acción de las tropas árabes y, finalmente, la colocación de la dinastía de los hachemíes en varios tronos de la zona y la creación del nuevo reino de Transjordania. En la rebelión participaría como enlace británico Thomas Edward Lawrence (conocido como Lawrence de Arabia).

Igualmente los británicos, cautelosos con sus palabras, alentaron a los judíos al señalar que veían con buenos ojos el establecimiento de un futuro estado judío en Palestina, mediante la llamada Declaración Balfour. En efecto, como medida de guerra, los británicos alentaban las aspiraciones nacionalistas de las comunidades árabes en los mismos territorios.

A partir de la Conferencia de Paz de París (1919), Gran Bretaña no solamente obtuvo un mandato en Palestina, sino también tomó Mosul, al que agregó Basora y Bagdad para crear el reino de Irak. Recortó a Siria (ya ocupada por Francia) un territorio, que añadió a Iraq, y la Alta Galilea para poder transportar mediante oleoducto el petróleo de Mosul a Haifa. Todas estas adjudicaciones territoriales estuvieron de acuerdo con las directrices de los acuerdos Sykes-Picot.

Compensó a la familia Hussein por ser expulsados de Siria, separando Transjordania de Palestina, que otorgó al segundo hijo de Hussein, Abd Allah como monarca. Iraq se lo otorgó a Faysal como monarca, pero siempre manteniendo un mandato o un protectorado sobre los territorios.

Una preocupación más para los británicos, que tenían muchas colonias pobladas por musulmanes, era eliminar el poder del Califa turco sobre el panislamismo. Esta es una de las razones por las qué apoyaron al jerife Husayn ibn Ali en la Meca y dejaron neutral a Abdul Aziz ibn Saud en el centro de Arabia, para que sirvieran de contrapeso a cualquier movimiento pan-islámico. Se movieron para reducir la influencia individual del Califa a través del Oriente Medio fomentando el nacionalismo secular árabe y creando, cuando fue posible, nuevos pequeños estados, en una forma compatible con la política exterior del Imperio Británico.

Consecuencias

Donde se vieron frustrados los planes del tratado Sykes-Picot fue en Turquía al surgir la figura de Mustafa Kemal Atatürk para dirigir la Guerra de Independencia y liberar a ese país del control foráneo que se intentaba al finalizar la guerra. Pero en general, el tratado fue implementado en los términos para los que fue concebido. Las consecuencias de su implementación crearon las condiciones de dominio Francés y Británico y los conflictos regionales que han eludido una paz duradera desde esa fecha.

 
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Publicado por en 16 mayo, 2016 en 1916, Tratados

 

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Tratado de Londres – 26 de Abril de 1915


El Tratado de Londres, también conocido como Treaty of London (en inglés) o Patto di Londra (en italiano), fue firmado en Londres el 26 de abril de 1915. Por él Italia entró en la Primera Guerra Mundial del lado de la Entente. El tratado era secreto y los países firmantes fueron: El Reino de Italia, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, Francia y el Imperio Ruso.

Según el tratado, Italia recibiría las zonas habitadas por italianos en el Imperio Austrohúngaro, gran parte de la costa dálmata y el resto de los territorio balcánicos del Imperio Austrohúngaro se repartiría entre tres Estados independientes: el Reino de Serbia, el Reino de Montenegro y Croacia.

A cambio, Italia se comprometía a abandonar la Triple Alianza, que la unía a los imperios alemán y austrohúngaro y entrar en la guerra del lado de la Entente. El cambio de bando se había acordado ya a comienzos de septiembre de 1914 en un convenio secreto firmado en Londres. La entrada en la guerra debía producirse en menos de un mes desde la firma del tratado y así se hizo, siendo la declaración de guerra italiana proclamada el 23 de mayo.

La aplicación del tratado quedó muy condicionada por la disolución del Imperio Austrohúngaro y el surgimiento de nuevas naciones, especialmente Yugoslavia, que no estaban dispuestas a aceptar las concesiones prometidas a Italia por la Entente, y por la entrada en la guerra de los Estados Unidos, que definieron nuevos objetivos bélicos y se negaron a admitir la entrega de territorios de mayoría eslava a Italia. Finalmente Italia obtuvo parte de los territorios prometidos en una serie de acuerdos rubricados en el primer lustro de la década de 1920, aunque el régimen fascista mantuvo la teoría de que el país había sido engañado y perdido lo que le correspondía por las maquinaciones de sus aliados.

Negociaciones italianas

El 16 de octubre de 1914, murió el principal ministro del gabinete de Antonio Salandra y este cayó a finales de mes, siendo reconstituido el 5 de noviembre de 1914 con la presencia del nuevo ministro de Exteriores Sidney Sonnino. De ideas claras y moderado, Sonnino se había mostrado partidario de la inclusión del Reino de Italia en la Triple Alianza desde el comienzo. Ya en el verano de 1914 había defendido la entrada en guerra de Italia del lado de los Imperios Centrales. En noviembre, aún inseguros de su duración en el cargo, el primer ministro y su ministro de Exteriores se mostraron muy cautos hacia los bandos enfrentados. A pesar de una campaña de prensa a favor de la inclusión de Istria y Dalmacia (con un 96 % de población eslava en la segunda y un 54 % en la primera) el Gobierno no exigió su entrega, aunque el diario de Sonnino, el Giornale d’Italia, se mostró favorable a los irredentistas.

El ministro de Exteriores italiano, Sidney Sonnino, que llevó a cabo negociaciones secretas en paralelo con los dos bandos enfrentados en la Primera Guerra Mundial, firmando finalmente el Tratado de Londres con la Entente.

El 3 de diciembre de 1914, el Gobierno recibió el respaldo del parlamento y Sonnino decidió pasar a la acción, ordenando al embajador italiano en Viena, el duque de Avarna, que reclamase compensaciones territoriales al Imperio Austrhúngaro de acuerdo al artículo VII del pacto de la Triple Alianza. El Gobierno de Viena no había respetado las cláusulas del tratado de alianza, que estipulaban la consulta al resto de aliados antes del comienzo de operaciones militares y la compensación a Italia en caso de ventajas en los Balcanes para Austria-Hungría, y había permitido así que el Gobierno de Roma pudiese mantener la neutralidad en la guerra. Una vez quedó clara la imposibilidad de un rápida victoria austro-germana, Italia decidió negociar con los dos bandos para lograr el mayor beneficio posible de la situación.

El 24 de diciembre de 1914, tras un tiroteo en el puerto de Valona, la ciudad fue ocupada por tropas italianas, teóricamente para proteger a los residentes italianos. Sonnino se apresuró a asegurar a los austrohúngaros que la ocupación sería temporal, para evitar que a su vez exigiesen compensaciones territoriales como él mismo estaba haciendo por el ataque al Reino de Serbia.

Aunque Sonnino apoyaba la campaña de prensa que reclamaba la entrega de Dalmacia al Reino de Italia, el Gobierno no exigía aún su entrega, usando la publicidad simplemente para que el Gobierno vienés accediese a entregar el Trentino y Trieste, sus verdaderos objetivos en aquel momento. Las conversaciones entre Sonnino y el embajador austrohúngaro Macchio no lograron sus frutos ya que este último utilizó una táctica dilatoria para retrasar las posibles compensaciones territoriales a Italia.

El ministro de Exteriores austrohúngaro, el conde Leopold Berchtold, fue entonces sustituido por el húngaro barón Esteban Burián, amigo y protegido del primer ministro húngaro Esteban Tisza. Berchtold se había mostrado contrario a las indicaciones alemanas de acceder a las peticiones territoriales italianas. Burián mantuvo la misma actitud de su predecesor, convencido de que las amenazas de Sonnino eran un farol.

El 17 de febrero de 1915, Sonnino exigió tener derecho a veto sobre las operaciones militares austrohúngaras en los Balcanes a menos que el Gobierno de Viena cediese a las reclamaciones italianas. La delicada situación del frente oriental, la epidemia de tifus que acababa de estallar en la península balcánica y la actitud de Sonnino detuvieron las operaciones militares de Viena durante los primeros meses de 1915. Alemania redobló sus presiones sobre el Gobierno austrohúngaro para satisfacer a los italianos.

El 9 de marzo de 1915, Burián comunicó al embajador italiano su disposición a negociar la cesión de territorio austrohúngaro, a lo que hasta entonces su Gobierno se había negado.

Sergéi Sazónov, ministro de Exteriores ruso y principal opositor a las exigencias italianas para entrar en la guerra del bando de la Triple Entente por sus efectos adversos para las aspiraciones eslavas en los Balcanes.

Mientras y secretamente, sin embargo, Sonnino había dado instrucciones al embajador italiano en Londres, el marqués Imperiali, para que comenzase conversaciones con la Triple Entente y expusiese las condiciones bajo las que Italia estaba dispuesta a entrar en la guerra de su lado. Sonnino se mostró especialmente interesado en mantener secretas estas conversaciones paralelas y en ocultarlas al Gobierno serbio. A partir de ese momento, Sonnino mantuvo negociaciones paralelas con los dos bandos enfrentados. Las exigencias italianas se presentaron a Lord Grey el 4 de marzo.

Serbia y los representantes del Comité Yugoslavo acabaron enterándose de los manejos de Sonnino, teniendo en el ministro de Exteriores ruso, Sergéi Sazónov a su mejor defensor. Italia explicó su deseo de obtener Dalmacia no por su población italiana, sino por razones estratégicas, para controlar el Adriático. Durante las siguientes semanas, Sazonov se mostró contrario a las exigencias italianas, que consideraba excesivas, mientras que los Gobiernos francés y británico mostraban su impaciencia porque Italia entrase cuanto antes en la contienda, creyendo que su participación les daría la victoria.

El 29 de marzo de 1915, el Gobierno italiano renunció por fin a conseguir Split, lo que los franceses utilizaron para presionar a los rusos y empujarles a aceptar el resto de reclamaciones italianas.Sazonov, sin embargo, no accedió, considerando estas contrarias al principio de nacionalidad por el que supuestamente estaban combatiendo. La opinión pública rusa se preocupaba por el destino de las poblaciones eslavas y especialmente por la serbia, y el ministro de Exteriores ruso creía que no aceptaría las concesiones que Italia exigía.

El 1 de mayo de 1915, Edward Grey fue relevado en las negociaciones por Herbert Henry Asquith por parte británica.

Mientras, las negociaciones con Viena encontraron un nuevo escollo: la exigencia italiana de que los territorios cedidos fuesen entregados de inmediato (21 de marzo de 1915) y no tras el final de la guerra, como proponían los austrohúngaros. El 27 de marzo de 1915, Burián comunicó al embajador italiano que el emperador había accedido a entregar el Trentino a cambio de la neutralidad italiana y su aquiescencia a las campañas austrohúngaras en los Balcanes. El 8 de mayo de 1915, Sonnino respondió a la propuesta con un memorándum de once artículos con las reclamaciones italianas.

Mientras tanto, entre marzo y abril, se aceleraron los preparativos militares en Italia. En Londres Asquith redactaba una propuesta que reflejaba la postura rusa, como última oferta para los italianos. El 9, ante la falta de acuerdo, volvió a presentar una propuesta por la que Italia conseguía la costa dálmata entre Zara y el cabo Planka, Curzola y sus islas menores, y la desmilitarización de la costa entre Planka y Cattaro, salvo la que se entregaría a Serbia. El 14, el marqués Imperiali aceptó esta oferta, renunciando a la península de Sabioncello. Sólo reclamó que no se erigiesen fortificaciones en la cercanías de Cattaro, mientras que Sazonov aceptó que la representación internacional de Albania quedase en manos italianas. Siguió exigiendo, sin embargo, que continuasen las negociaciones sobre ciertos detalles.

Francia y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda presionaron entonces al zar Nicolás, que ordenó ceder a Sazonov, a pesar de sus aprensiones sobre lo correcto del pacto. El 21 de abril de 1915, Sazonov indicó al embajador ruso en el Reino Unido que rubricase el acuerdo.

El 16 de marzo de 1915, el Gobierno austrohúngaro respondió a las exigencias italianas, de manera en general negativa. Ante esta, el pacto con la Entente se firmó el 26 de mayo de 1915 en Londres, comprometiéndose el Reino de Italia a entrar en guerra inmediatamente contra el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Alemán y a no firmar una paz por separado.

Reparto de territorios

Según el acuerdo, Italia recibiría:

Territorios ofrecidos por la Entente a Serbia y a Montenegro en 1915:      Territorio asignado a Serbia      Territorio a repartir entre Serbia y Montenegro

  1. El Tirol hasta la separación de cuencas, situada en los Alpes, que incluía las provincias del Trentino-Alto Adigio.
  2. Trieste.
  3. El condado de Gorizia y Gradisca.
  4. Istria, sin Fiume (Rijeka).
  5. Parte de Carniola (los distritos de Vipava, Idrija y Ilirska Bistrica, excluyendo Postojna).
  6. El norte de Dalmacia, incluyendo Zara (en croata: Zadar) y la mayoría de las islas del Adriático.
  7. El archipiélago del Dodecaneso, controlado desde la Guerra ítalo-turca de 1911-1912.
  8. Vlorë (en italiano: Valona).
  9. El control de la política exterior de la nueva Albania, reducida por la partición de la mayoría del territorio entre el Reino de Serbia y Reino de Grecia.
  10. Parte de las colonias alemanas en África y Asia, en caso de que Francia y Reino Unido obtuviesen nuevas colonias. Se confirmaba además la posesión italiana de Libia.
  11. Antalya, en caso de que se repartiese Asia Menor.

Con los cambios fronterizos propuestos entre Italia y el Imperio, basados tanto en la unión de los italianos del Imperio Austrohúngaro como en razones de defensa estratégica, aquella recibía una minoría de cerca de un cuarto de millón de alemanes y tres cuartos de millón de eslavos. Las ganancias territoriales en el Adriático garantizaban también el control del mismo, una de las aspiraciones italianas.Las concesiones al Reino de Italia se agrupan en cuatro sectores, definidos con precisión variable:

  • El Noroeste, donde las peticiones italianas habían quedado satisfechas.
  • El Adriático y los Balcanes, donde Italia había tenido que realizar algunas concesiones.
  • Asia Menor, donde las concesiones eran más generales y menos definidas.
  • África, donde la ambigüedad de las cláusulas era mayor.

A Serbia se le prometió:

  1. La costa dálmata entre Krka y Ston, incluyendo la península de Pelješac (en italiano: Sabbioncello), el puerto de Split (en italiano: Spalato), y la isla de Brač (en italiano: Brazza).

A Montenegro se le adjudicaban:

  1. La costa dálmata entre Budva y Ston, incluyendo Ragusa y la bahía de Kotor (en italiano: Cattaro, desmilitarizado), excluyendo la península de Pelješac.
  2. La costa sur, hasta el puerto albanés de Shëngjin (en italiano: San Giovanni di Medua).

Asimismo, aunque sin mucho detalle, se prometió al Reino de Serbia:

  1. Bosnia y Herzegovina.
  2. Srem.
  3. Bačka.
  4. Eslavonia (a pesar de los reparos italianos).
  5. Partes de Albania, que quedaría dividida entre el Reino de Serbia, el Reino de Montenegro y el Reino de Grecia, sin detallar.

La ciudad adriática de Fiume, objeto de duras disputas en la posguerra entre Italia y Yugoslavia, quedaba asignada «a Croacia, Serbia y Montenegro».

Los italianos reclamaron que la posesión de la costa entre Zara e Istria se decidiese tras la guerra, a lo que accedieron los países de la Entente. Además, insistieron en que no debía comunicarse el acuerdo a Serbia,cosa que no lograron, pues la Entente envió una nota oficial sobre el mismo el 4 de agosto de 1915 en la que se indicaban sus ganancias territoriales que recibiría al terminar la guerra. A finales de abril de 1915, partidarios de Yugoslavia en Gran Bretaña ya conocían a grandes rasgos las características del acuerdo, gracias a las confidencias de Sazonov, obtenidas por Frano Supilo.

Sonnino, a pesar de haber firmado el pacto con la Entente, alargó las negociaciones con Viena. El 3 de mayo de 1915, el embajador austrohúngaro en Roma se enteró de la conclusión de las negociaciones con la Entente y avisó a Burián, que trató de mejorar su oferta anterior a los italianos, pero demasiado tarde: el mismo día Sonnino rescindía la alianza con los Imperios Centrales. Aun así recibió a Macchio el 6, mostrándose dispuesto a comunicar sus propuestas al gabinete.

La población, inflamada repentinamente de nacionalismo, forzó al parlamento, favorable a mantener la neutralidad del país, a aprobar el pacto con la Entente, haciendo caer al gabinete de Salandra el 13 de mayo de 1915. Rechazada la renuncia por el rey, el parlamento se avino a aceptar el Tratado y a conceder plenos poderes al Gobierno el 20 de mayo de 1915, por amplia mayoría.

El 23 de mayo de 1915, se declaraba la guerra al Imperio Austrohúngaro, aunque no con los resultados esperados por los Aliados.

El pacto, que debía haber permanecido en secreto, fue publicado por los bolcheviques rusos tras su toma del poder en el diario Izvestia, en noviembre de 1917.

Clarificación: el acuerdo de St. Jean de Maurienne

La futura repartición del Imperio otomano se decidió entre los tres socios originales de la Triple Entente, sin tener al comienzo en cuenta a Italia. Esta no recibió información sobre los acuerdos anteriores o posteriores al tratado por el que entró en la contienda y sus intentos de lograr esta información fueron baldíos hasta el otoño de 1916. Dada la vaguedad de la cláusula sobre el Imperio otomano del tratado, continuaron las negociaciones para definir con más claridad la porción que le correspondería a Italia en caso de desmembramiento del Imperio, lo que se logró en el acuerdo de St. Jean de Maurienne en abril de 1917. A cambio Italia reconocía los acuerdos anteriores franco-británicos, en especial el Tratado Sykes-Picot.

Italia habría de obtener el suroeste de Asia Menor, llegando hasta la concesión francesa por el Este y hasta Esmirna por el Norte, junto con una zona de influencia al norte de esta. El acuerdo, sin embargo, quedaba sujeto a la aprobación del Gobierno ruso, que acababa de cambiar con el triunfo de la Revolución de Febrero que había acabado con el zarismo. Rusia nunca llegó a expresar su opinión sobre el acuerdo, que jamás llegó a ser ratificado como tratado formal.Juntos, no obstante, el Tratado de Londres y el Acuerdo de St. Jean de Maurienne reunían las aspiraciones italianas en caso de victoria de la Entente.

Cambios de la situación bélica

Dos hechos fundamentales afectaron a la aplicación del tratado tras la guerra mundial:

  • El aumento del descontento de las comunidades que formaban el Imperio austrohúngaro al alargarse la contienda, y la creación de movimientos independentistas, en general mal vistos por el Gobierno italiano.Su mayor acercamiento a estos se dio con los mayores reveses bélicos para Italia tras la derrota de Caporetto, tras los que se celebró el «Congreso de Nacionalidades Oprimidas» en Roma en abril de 1918.
  • La entrada en el conflicto de los Estados Unidos del lado de la Entente. El poderío estadounidense y las circunstancias de su entrada en guerra les convirtieron en el forjador de los objetivos de los Aliados en la guerra, reflejados en los «Catorce Puntos» del presidente Woodrow Wilson. El noveno de ellos se refería a Italia, indicando que «un reajuste de las fronteras de Italia debería realizarse de acuerdo con líneas nacionales claramente reconocibles», lo que chocaba con lo estipulado por el tratado de 1915. La debilidad italiana hizo que el Gobierno no se enfrentase a los estadounidenses acerca de este punto y optase por aceptar los puntos de Wilson junto con el tratado de 1915.

La Conferencia de París

Negociaciones y estancamiento

Parte de la delegación yugoslava en la Conferencia de Paz de París: Ante Trumbić (tercero por la izquierda) , Nikola Pašić (segundo), Milenko Vesnić (primero) y Ivan Žolger. Algunos delegados eran de procedencia austrohúngara, para disgusto italiano.

Después de la guerra, la posición italiana era complicada. Exigir el cumplimiento del Tratado de Londres hubiese significado un conflicto inmediato con Wilson, mientras que un abandono del mismo era un riesgo que ningún Gobierno italiano podía contemplar, quedando la opción de una cesión parcial a cambio de compensaciones, que requerirían la aceptación del resto de potencias que habrían de otorgarlas.

Tras la llegada de Wilson a París el 4 de diciembre de 1918, las relaciones entre este y los representantes italianos no mejoraron. El informe de los expertos estadounidenses no tenía en cuenta las disposiciones del tratado de 1915, definía una frontera intermedia entre la basada en el idioma y la que dictaban los intereses de seguridad italianos. Los italianos respondieron solicitando la frontera definida en el tratado con pequeñas modificaciones y añadiendo la petición de poder anexionarse Fiume, que produjo una disputa exagerada.La ciudad, enclave de población italiana en una región de mayoría eslava, había quedado asignada a Croacia en el Tratado de Londres. La agitación nacionalista en Italia, permitida por el Gobierno, había colocado a este en una situación que le impedía ceder en su demanda por la ciudad, a pesar de no haber sido reclamada anteriormente.

Los italianos expresaron su deseo de negociar únicamente con Serbia y Montenegro como aliados suyos durante la contienda, pero no con representantes del enemigo derrotado, categoría en la que englobaban a los representantes del nuevo Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. Su malestar con la delegación yugoslava era aún mayor al contarse entre sus miembros antiguos diputados austrohúngaros (como los croatas Ante Trumbić y Josip Smodlaka y el esloveno Otokar Rybář). Un delegado, el esloveno Ivan Žolger, había sido incluso ministro del gabinete austriaco durante la guerra.

En abril, con el regreso a la conferencia del presidente americano, se retomó el caso italiano, ofreciendo franceses y británicos el cumplimiento estricto del Tratado de Londres (lo que excluía la concesión de Fiume a Italia) o la entrega de Fiume y el abandono del tratado. Ante la falta de acuerdo, Wilson decidió hacer un llamamiento al pueblo italiano dejando de lado a su Gobierno, logrando únicamente enfurecer a la opinión pública italiana y que los representantes italianos se retirasen de la conferencia de paz. Durante la ausencia italiana los Aliados decidieron enviar la expedición militar a Esmirna, decisión que aquellos aceptaron tras su regreso a París dos semanas más tarde. La repartición de mandatos se realizó también mientras los italianos se hallaban lejos de París.

Avances y definición de fronteras en los Balcanes

Tirol, desmembrado en 1918. Parte quedó en el lado austriaco (en rojo) y se llamó Nordtirol y Osttirol, formando el Estado Federado de Tirol.

 A pesar de la continuación de las conversaciones, centradas siempre en el destino de Fiume, no hubo avances hasta la firma del tratado con Alemania y la marcha de Wilson el 28 de junio. La oposición de Wilson y su capacidad de vetar cualquier acuerdo impedían los progresos.

En septiembre, sin embargo, el tratado con Austria fue favorable a Italia, que logró la frontera de los Alpes como se había le prometido en Londres en 1915.

Incapacitado Wilson y derrotado su partido en las elecciones de Estados Unidos y hartas Francia y el Reino Unido de las inacabables conversaciones, estas decidieron que las negociaciones pasasen a realizarse directamente entre italianos y yugoslavos. Esto llevó a un rápido acuerdo que se plasmó en el Tratado de Rapallo de noviembre de 1920. Este concedía a Italia la frontera que deseaba en el Noreste, pero limitaba sus ganancias en el Adriático a cuatro islas y la ciudad de Zara. Fiume y sus alrededores se establecían como Estado libre.

Albania fue evacuada y su independencia reconocida según las fronteras trazadas en 1913, salvo la isla de Saseno, a la entrada de la bahía de Valona, que Italia se anexionó.

Acontecimientos posteriores

En Asia Menor, los griegos aprovecharon la ausencia italiana en la primavera para lograr que fuesen sus tropas las enviadas a Esmirna, situación que los italianos aceptaron tras débiles protestas a su regreso a la conferencia de paz. Por el Tratado de Sèvres firmado el 10 de agosto de 1920, Italia vio reconocida la posesión del Dodecaneso y se le concedió una zona de influencia en Anatolia, que se correspondía aproximadamente a la definida en los acuerdos de St. Jean de Maurienne, salvo en los alrededores de Esmirna. Italia, insatisfecha con el resultado, se apresuró a mostrar su simpatía a Mustafá Kemal tan pronto como surgió movimiento nacionalista, evitando respaldar a las tropas griegas. En el Tratado de Lausana que puso fin a la guerra Italia conservó la posesión del Dodecaneso.

En África, mencionada en los artículos 10 y 13 del Tratado de Londres, Italia logró la concesión final de Libia por parte del sultán otomano en el Tratado de Sèvres, tras haber tenido que reconquistar el territorio, controlado precariamente, en 1919.

Las colonias alemanas, por su parte, fueron repartidas como mandatos durante la ausencia italiana, saliendo el Reino Unido muy beneficiado, seguido de Francia. Italia exigió ser compensada, pero aceptó la repartición realizada. Quedó entonces la posibilidad de rectificaciones fronterizas, que se decidió debían negociarse bilateralmente entre Italia por una parte y Francia y el Reino Unido por la otra. El 12 de septiembre de 1919, Francia e Italia alcanzaban un acuerdo, que cedía ciertos salientes de la frontera entre Libia y las colonias francesas a los italianos. En 1925 se produjo la firma del acuerdo con Gran Bretaña en el que Italia logró la frontera que deseaba entre Libia y Egipto.

En Somalia, ante la negativa francesa a ceder la Somalia Francesa, se ofreció la entrega de cierto territorio junto al río Juba, que Italia aceptó.

 
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Publicado por en 26 abril, 2015 en 1915, Claves, Tratados

 

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